lunes, 28 de septiembre de 2015

El masajista de Himmler

Felix Kersten, un médico finlandés, de origen estonio, fue durante años el el fisioterapeuta personal de Himmler, el todopoderoso jefe de las SS y la Gestapo y que ordenó la muerte de millones de personas.

La relación entre ambos comienza en marzo de 1939 cuando Himmler, aquejado de dolor estomacal crónico hace llamar a Kersten al cuartel general de las SS en Berlín. Kersten logró paliar el malestar de Himmler con sus sesiones de masaje y este le pide que se convierta en su médico personal. Pero Kersten no quiere saber nada de Himmler y se dirige a la embajada finlandesa para pedir ayuda para salir de Alemania, pero en la legación le piden que siga junto al jerarca nazi ya que será más útil junto a Himmler que fuera del país.


Kersten pudo cobrar a Himmler la cantidad que quisiera, pero decidió aprovechar su situación para que sus honorarios fueran en vidas humanas. De este modo tras cada sesión le entregaba a Himmler un papel con nombres de personas que quería que fueran liberadas. La relación entre ambos se hace cada vez más estrecha, le acompaña en sus viajes y hasta permanece en reuniones del máximo nivel de las que luego informaba a los servicios secretos aliados. Incluso en una reunión, celebrada ya en los últimos momentos del III Reich, le pidió que no destruyera los campos de concentración y que permitiera que llegara ayuda humanitaria a los presos, con lo que salvo a miles de personas de una muerte segura. Tambien actuó como mediador no oficial entre la Cruz Roja y las SS.


A pesar de sus esfuerzos por salvar la vida a miles de personas, que según el Congreso Judío Mundial fueron 60.000, tras la guerra fue tratado como criminal de guerra. En 1949 fue absuelto y propuesto al Premio Nobel de la Paz en ocho ocasiones pero no fue suficiente para que prácticamente desapareciera de la Historia de la Segunda Guerra Mundial.

Fuente:
Felix Kersten, el médico de Satán (2010). Documental de Emmanuel Amara
The Devil´s Doctor: Felix Kersten and the Secret Plot to Turn Himmler Against Hitler, de John H. Waller
La Aldea Irreductible
Ideal
Foros Segunda Guerra Mundial

jueves, 24 de septiembre de 2015

Como dos libélulas que se apareaban

El capitán Glenn Rojohn, del 100º grupo de bombardeo de la octava fuerza aérea, pilotaba su bombardero B-17G en una incursión sobre Hamburgo. Su formación se había enfrentado a fuego antiaéreo pesado cuando se disponían a lanzar sus bombas. Tras el bombardeo, la formación gira 180 grados para salir sobre el Mar del Norte y de nuevo a Inglaterra, cuando son atacados por cazas alemanes a 22.000 pies de altura.
Los Messerschmitt Me-109 realizaban su ataque tan de cerca que Rojohn podía ver las caras de los pilotos alemanes. Él y otros pilotos lucharon para permanecer en la formación para que pudieran defenderse unos a otros. Rojohn vio un B-17 por delante que estalló en llamas. Aceleró su avión para llenar el vacío en la formación cuando sintió un gran impacto. El gran bombardero se estremeció, sintió que de pronto se había vuelto muy pesado y comenzó a perder altitud.

Otro B-17, pilotado por el teniente William G. McNab, había chocado por debajo de él. La torreta superior del avión de McNab ahora estaba empotrada en el vientre del avión de Rojohn y la torreta de bola de Rojohn había penetrado a través de la parte superior del de McNab. Los dos aparatos quedaron casi perfectamente alineados, como un tripulante más tarde recordó: "Como dos libélulas que se apareaban."


Los cuatro motores del aparato de Rojohn todavía funcionaban pero el cuarto motor del bombardero de McNab estaba en llamas y el fuego se empezaba a extender al resto de la aeronave. Los dos estaban perdiendo altura rápidamente. Rojohn intentó varias veces tirar del timón y aumentar la potencia de de sus motores para liberarse del otro avión. Los dos estaban irremediablemente pegados. Ante el temor de un incendio, Rojohn cortó sus motores y ordeno que se prepararan para abandonar la nave mientras intentaba mantener el avión bajo control.

La torreta de bola, era considerada una trampa mortal, el peor puesto en el bombardero. El sargento Edward L. Woodall, que tenía ese puesto en el bombardero de McNab, sintió el impacto de la colisión por encima de él y peor aún, se dio cuenta de que la energía eléctrica e hidráulica había desaparecido. Pero pudo accionar el sistema manual para liberarse.
Ya liberado, Woodall vio un espectáculo escalofriante, la torreta bola del otro aparato sobresale por el techo, con el sargento Joseph Russo dentro de ella. La tripulación de Rojohn trataron frenéticamente de hacer girar la torreta de Russo para que pudiera escapar, pero fue imposible. Por los auriculares de la tripulación sonó la voz de Russo rezando.

Tripulación del B-17 de Glenn Rojuhn
Rojohn decidió que la tripulación saltara a través del hueco de la torreta de cola. El artillero de la torreta superior y su operador de radio, su navegante y su bombardero, así como el artillero de la cintura, y el artillero de cola fueron capaces de saltar.

Ahora el avión de McNab estaba en llamas y el fuego se dirigía al ala izquierda del Rojohn. Podía sentir el calor desde abajo y escuchar el sonido de la munición estallar por culpa de las llamas. Rojohn ordenó a Leek, su copiloto, que saltara. Leek sabía que sin su ayuda no podría mantener los controles y que el avión caería en una espiral de llamas.

Tripulación del B-17 de William G. McNab
Finalmente se estrellaron. El avión de McNab explotó, lanzando el B-17 de Rojohn hacia arriba y hacia adelante. Cayó de nuevo al suelo, deslizándose hasta que el ala izquierda golpeó un edificio de madera y se detuvo. Rojohn y Leek aún estaban vivos y sentados en su cabina. El morro del avión estaba relativamente intacto, pero el resto del B-17 estaba destruido.
Leek se arrastró fuera de la cabina y sacó un cigarrillo y cuando estaba a punto de encenderlo observó que un soldado alemán le apuntaba con su arma. El soldado le quitó el cigarrillo a Leek y señaló a la gasolina derramada por el impacto. El soldado alemán le salvó la vida. Rojohn y Leek fuero hechos prisioneros.

El resto de los tripulantes no tuvo tanta suerte. Dos de los seis hombres que saltaron en paracaídas desde el avión de Rojohn no sobrevivieron al salto. Sorprendentemente cuatro hombres de otro aparato, incluyendo al artillero de la torreta de bola Woodall, sobrevivieron. Todos fueron atrapados por los alemanes.

Fuente:
Piggy Back Flight
World War II Stories
Truth or Fiction

sábado, 19 de septiembre de 2015

La boda entre Adolf Hitler y Pilar Primo de Rivera

Hitler es amigo del régimen franquista, al que ayudó a ganar la Guerra Civil Española. Para los elementos más católicos del régimen necesita ser "reeducado" para la causa católica y el beneficio de España. Quieren devolver la gloria del impero de Carlos V y devolver a España al centro de una nueva Europa controlada por el III Reich.


Para conseguir una buena posición en Europa quieren hacerlo, como en la edad media, mediante el matrimonio y no se les ocurre una candidata mejor que Pilar Primo de Rivera que posee una profunda fe católica, por su pureza de sangre y sobre todo porque arrastraría a todas las jóvenes españolas que podrían unirse con prefectos alemanes arios. La idea es presentada a Magda Goebbles, la mujer del Ministro de Propaganda nazi, por el principal impulsor del enlace, el diplomático Ernesto Gimenez Caballero que tenía como objetivo "renovar una nueva dinastía hispano-austríaca"  como en los mejores momentos de la España imperial, en la que nunca se ponía el sol.

El 23 de diciembre de 1941, Magda Goeebles está de invitada en casa del diplomático y asiste impasible a tan extraordinaria proposición. Sin embargo, la señora Goebbles tiene una mala noticia: "Sería posible... si Hitler no hubiera recibido un disparo en un genital, de la Primera Guerra Mundial, que le ha invalidado para siempre. No habría continuidad para la estirpe".

No se sabe a ciencia cierta si las palabras de Magda Goebbles son verdad o no pero la boda quedó finalmente frustrada.

Fuente:
El Franquismo. Biblioteca El Mundo.
La pasión de Pilar Primo de Rivera, de José María Zavala
Identidad Europea

domingo, 13 de septiembre de 2015

La última carga de caballería

La caballería había dominado durante siglos los campos de batalla, pero en la Segunda Guerra Mundial los modernos blindados habían relegado a los caballos a simples tareas de transporte. Se recuerda la carga de la caballería polaca contra los panzer alemanes en la invasión de Polonia. Pero hay una gesta casi desconocida, la del Regimiento Savoia Cavalleria, que realizaron la que es considerada como la última carga de caballería.


En agosto de 1942, durante la primera ofensiva soviética sobre el río Don, el regimiento Savoia quedó rodeado sin posibilidad de apoyo externo, por lo que debía romper el cerco. Al anochecer del día 23 el coronel Alessandro Bertoni, al mando del regimiento, tomó la decisión de enfrentarse a los 3.000 soldados rusos del 812 regimiento siberiano que los rodeaban. Al aparecer las primeras luces del día Bertoni se puso al frente de sus tropas y al grito de ¡Savoia! se lanzó contra el enemigo.
El combate fue cuerpo a cuerpo. Tras varias horas de duros combates los soviéticos se retiraron cruzando el río Don. El campo de batalla estaba lleno de cadáveres de hombres y caballos. Los soviéticos perdieron 250 hombres y los italianos 32 hombres y casi doscientos caballos. Los supervivientes, como manda la tradición de caballería, rindieron honores con sus sables a los caídos.


Por esta última epopeya de la gloriosa caballería el Duce, Benito Mussolini, impuso dos medallas de oro a titulo póstumo, medio centenar de plata y otras tantas cruces de guerra. Con esta ultima carga había muerto la caballería pero no la leyenda que aún está presente, con sus caballos, lanzas y corazas, en los desfiles y actos de protocolo.

Fuente:
Que aprendemos hoy
Regio Esercito
Cornisa

martes, 8 de septiembre de 2015

Señor Presidente: "Los bebés han nacido bien"

A comienzos del año 1943, el ejército estadounidense decide que la base de Álamo Gordo, en Nuevo México, sea el lugar donde se desarrolle su programa nuclear. El proyecto Manhattan. La construcción de la instalaciones emplea a 3000 personas. Las medidas de seguridad son extremas. Apenas pueden llamar por teléfono, ni escribir (las llamadas son registradas y el escaso correo es censurado para evitar filtraciones). Se debe mantener su paradero totalmente en secreto y cada vez que tienen que salir del complejo son vigilados por el servicio secreto del ejército. Al mando del proyecto y el personal civil está el físico Robert Oppenheimer y al mando de los militares y la seguridad está el general Leslie Groves.


En la Primavera de 1945, ya está todo a punto para hacer estallar la primeras de las bombas nucleares que se están creando. Durante meses se está estudiando la climatología para que la explosión se haga con seguridad y para que la radiactividad no se pueda extender fuera de una zona controlada y llegue a ningún núcleo urbano. Mientras, el ejército organiza los planes para evacuar a la población civil de las poblaciones más cercanas.
En la base de Roswell también se están realizando vuelos de prueba con un B-29, el mismo aparato que los que lanzaran las bombas de Hiroshima y Nagasaki. El avión se dirige a un punto de lanzamiento sobre el que lanzan un paquete de tamaño similar a las bombas y luego se aleja del lugar a toda velocidad para conocer si una vez lanzada la bomba el aparato puede escapar de la explosión.


El día 16 de julio, a las 5:30 de la mañana, Oppenheimer ordena detonar la bomba. La bomba, de 21 kilotones como la que se lanzará en Nagasaki (la de Hiroshima será de 15), se encuentra en una torre a 30 metros de altura. Cuando la bomba hace explosión todo se llena de una luz cegadora más intensa que el sol seguida de un tremendo impacto de aire caliente a gran velocidad. La explosión produce un cráter de un diámetro de casi 400 metros y el calor fue tan intenso que funde la arena del desierto. La explosión se hizo sentir en muchos kilómetros y para evitar el pánico el ejército da la noticia de que ha sido un accidente que se ha producido en un depósito de munición.


El día 17 llega un mensaje a la Casa Blanca para el presidente Harry S. Truman que dice escuetamente: "Los bebés han nacido bien". Truman sabe muy bien que significa. Los norteamericanos han conseguido la bomba más mortífera de la historia.

Fuente:
Voices of the Manhattan Proyect
Wikipedia
Hipertextual
ABC
Platea

jueves, 3 de septiembre de 2015

Nuevas imágenes desclasificadas muestran el horror de la Segunda Guerra Mundial

Las imágenes, que formaban parte de la colección del general cuatro estrellas Charles Day Palmer, solo eran para uso personal, tras la correspondiente censura, ya que el US Signal Corps las consideró "no aptas" para el uso público. Las fotos fueron tomadas durante el avance del 7º Ejército norteamericano desde Normandía hasta Alemania. Ahora que han pasa 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, las instantáneas, tomadas en Europa, han sido desclasificadas.

En la mayoría de sitios de Internet solo se han mostrado 10 fotografías que muestran situaciones más generales de la guerra, pero Argunners muestra toda esta excelente colección, sin restricciones. Estas son algunas de las duras imágenes de la colección. Más información e imágenes en Argunners.

Soldados norteamericanos  y alemanes antes de ser enterrados por por prisioneros de guerra.

El fusil y el casco marca el lugar donde han caído dos soldados norteamericanos.

Los restos de un B-17 que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia.

Los restos carbonizados de un piloto alemán.

Cuerpos de soldados alemanes muertos.

Civiles alemanes en medio de su pueblo tras ser tomado por los norteamericanos.

Los norteamericanos tomaron el pueblo tras duros combates. En primer plano un soldado estadounidense muerto. 
Fuente:
Argunners