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miércoles, 9 de mayo de 2018

Leningrado: El pan fue la medida de la vida y la muerte

Durante los casi 900 días del asedio alemán, en los que Hitler pretendía rendir la ciudad como en la Edad Media, por hambre, y a los sucesivos ataques a los recurso alimentarios de la ciudad, los habitantes de Leningrado (actual San Petersburgo) se vieron forzados a hacer pan con una serie de ingredientes que a día de hoy nos parecerían una aberración pero para no morir de hambre había que recurrir a cualquier cosa. En situaciones extremas se llegó incluso al canibalismo.

LeningradoEl pan es un alimento básico en la dieta del ser humano y en Leningrado fue la medida de la vida y la muerte. Como los alimentos eran muy escasos, desde el principio se estableció un régimen de racionamiento en el que a los habitantes de la ciudad tan solo le llegó a corresponder apenas 125 gramos al día. Este pan se conoció como el "pan del bloqueo"

Los ingredientes básicos para el pan del bloqueo eran tres cuartas partes de harina de Centeno y el 25% restante estaba formada por un 10% de celulosa alimentaria y un 5% de partículas de restos que quedaban en los sacos, de polvo acumulado en la ensacadora y de hojas de pino. Todo cocido en recipientes untados con aceite diésel, pues era el único del que disponían.

LeningradoSegún pasaban los meses de sitio la receta fue variando. Al comienzo, el pan se preparaba de una mezcla de harina de centeno, avena, cebada, soja y malta. Un mes después, a la receta se le añadió diferentes derivados del aceite de lino, salvado y harina rancia. Posteriormente, la masa llevaba celulosa, subproductos de algodón, polvo de la ensacadora, restos que se sacudían de los sacos de harina de maíz y de centeno, abedul y pino.

Para abastecer a la ciudad se creo un corredor de socorro a través del helado lago Ládoga. Este corredor se conoció como el "Camino de la Vida" ya que era la única vía de abastecimiento a la ciudad. Este camino era tremendamente peligroso pues eran constantemente atacados por la Luftwaffe y la artillería. Así cuando los camiones o los trineos que llevaban la harina a Leningrado se hundían en el lago, unas brigadas especiales sacaban los sacos del agua con ganchos y cuerdas. La harina podía llegar a estar más de dos semanas bajo el agua pero en el centro del saco solía quedar algo de harina seca, el resto se transformaba en una corteza dura que se trituraba para reutilizarla en la elaboración del pan reduciendo así la cantidad de añadidos poco apropiados.

A pesar de los esfuerzos por hacer llegar el socorro a la ciudad entre 700.000 y 1.500.000 personas murieron por frío, inanición o por los bombardeos a los que fueron sometidos durante 2 años, 4 meses y 19 días. Las dudas sobre la cifra real de muertos se debe a los fallos en el registro de muertos realizado por el ayuntamiento. Además, la ciudad acogía a un gran cantidad de refugiados, cifra que podría rondar el millón de personas. 

Leningrado
El pan del bloqueo, y cualquier otro alimento, no tenía precio. Valía casi más que la propia vida. Tras vivir el hambre y la miseria de la guerra y las posguerra, los rusos valoran de tal modo el pan que no tiran a la basura ni una miga, sabiendo que este sencillo alimento salvó la vida de miles de personas.





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