domingo, 19 de abril de 2026

La increíble fuga de los cuatro del SAS

Seguro que has visto la serie de HBO sobre los "chalados" hombres del SAS, pero la realidad va mucho más allá. Han pasado más de ocho décadas y hace poco ha visto la luz una de sus más increíbles andanzas: la épica fuga de un comando del SAS británico de las garras de la Gestapo nazi, tras una misión de sabotaje en la Francia ocupada. 

La increíble fuga de los cuatro del SAS
El 15 de septiembre de 1944 comenzaba la operación Pistol, cuando la unidad del sargento Alcock, un antiguo carnicero de Yorkshire, fue lanzada en paracaídas cerca de Audviller, en la región de Alsacia-Lorena. La misión consistía en realizar acciones de sabotaje en las vías del tren y de comunicación vitales para el ejército alemán. Tras ello debían intentar reunirse con los estadounidenses que ya venían avanzando desde Normadía. La pequeña unidad de comandos de Alcock, la formaban los cabos Holden y Hannah además del soldado Lyczak.

Desde un principio no lo tuvieron fácil, no tenían transporte y el material del que disponían era escaso. Además su radio no funcionaba y una tormenta desvió al avión que los llevaba obligándoles a saltar sobre unas tierras de cultivo que carecían de protección en una zona llena de patrullas enemigas. Al menos los campesinos les ayudaron dándoles refugio mientras se organizaban para su misión.   

La increíble fuga de los cuatro del SAS
El comando del SAS consiguió colocar explosivos en una línea de ferrocarril en las proximidades de Insming haciendo descarrilar y destruyendo un tren de suministros alemán y la muerte de dos oficiales. La acción atrajo la atención de la Gestapo, que inmediatamente se puso a perseguir a los saboteadores, que en un principio creían miembros de la resistencia.

Mientras intentaban buscar un lugar donde permanecer escondidos, fueron delatados por dos trabajadores polacos. Dos camiones cargados de soldados rodearon la granja en la que se escondían. Alcock se preparó para la defensa en la parte de atrás de la casa, mientras dos muchachas polacas que les ayudaron salieron por delante para distraer a los alemanes. La estratagema funcionó y los alemanes centraron su atención en la puerta principal. Esto proporcionó al comando el tiempo suficiente para entrar en la cocina y disparar contra los alemanes causando al menos dos bajas germanas.

La increíble fuga de los cuatro del SAS
Aprovechándose del desconcierto inicial escaparon al bosque cercano y se prepararon para emboscar a sus perseguidores provocando otras tres bajas más. Desde el bosque escucharon los disparos de represalia que acabaron con la vida de las dos muchachas polacas que los habían ayudado. Hitler había dictado una orden que establecía la ejecución directa de cualquier comando enemigo capturado, como ya había ocurrido en la operación Loyton, en la que una treintena de comandos del SAS fueron ejecutados.

El comando continuó huyendo por los frondosos bosques de los Vosgos para eludir a las patrullas y consiguieron ropas de civil que les dieron algunos lugareños franceses. Fieles al espíritu luchador del SAS, durante dos semanas y con muy mal tiempo, siguieron con su labor de sabotaje, mientras eludían la persecución de la Gestapo.

La increíble fuga de los cuatro del SAS
Por fin, el 1 de octubre de 1944, Alcock, Holden, Hannah y Lyczaky llegaron al frente. Cruzaron un canal y sortearon varias trincheras alemanas hasta llegar a tierra de nadie desde donde vieron una colina ocupada por los estadounidenses. Iban de civil y podían ser confundidos con una unidad alemana que intentaba infiltrarse en las líneas enemigas. Alcock decidió tomar un puesto avanzado de ametralladoras estadounidense. Dos comando atrajeron la atención del artillero y el resto flanquearon la posición y redujeron al soldado, cuyo compañero dormía a su lado. Tras el desconcierto inicial aclararon que eran comandos británicos y pidió a los atónitos infantes estadounidenses que les llevaran a hablar con sus mandos.

En el puesto de mando, Alcock aportó toda la información de que disponían de las posiciones alemanas que habían atravesado, y de las acciones de sabotaje que habían perpetrado. El equipo había causado al menos once bajas enemigas, sin que ninguno de los comandos fuera muerto o herido y aunque no fueron acciones fundamental para el desarrollo de la guerra, la operación Pistol fue exitosa al lograr la destrucción de infraestructuras ferroviarias y por la obtención de información de cierto valor para los Aliados.

Esta aventura del SAS se conoce gracias a los manuscritos de Graham, el hijo del sargento Alcock que escribió los relatos de su padre y a que conservó su archivo de guerra. Este valioso material lo compartió con el historiador Damien Lewis, que contó la historia en la cuarta entrega de su libro "SAS Great Escapes“.

Para saber más:
SAS Great Escapes Four, de Damien Lewis 

domingo, 5 de abril de 2026

Un destructor con poca suerte

El destructor estadounidense USS William D. Porter se ganó la reputación de ser un barco que daba “mala suerte” durante su primer servicio operativo. La verdad es que su supuesta mala suerte no tiene una base real, aunque terminó hundido por el ataque de un kamikaze en 1945.

Un destructor con poca suerte
Su reputación de gafe comienza el 14 de noviembre de 1943, cuando formaba parte de la escolta del acorazado USS Iowa, en el que viajaba el presidente Franklin D. Roosevelt en la primera etapa de su viaje a la Conferencia de Teherán, donde se reuniría con Churchill y Stalin. Junto al William D. Porter iban los, también destructores, USS Cogswell y el USS Young. Mientras el Iowa realizaba prácticas de tiro antiaéreo, los destructores practicaban ataques con torpedos, usando al Iowa de objetivo. Mientras el Presidente observaba interesado cómo el acorazado hacía estallar los globos meteorológicos desde el costado de babor, sonó la alarma general y se escuchó por los altavoces: “¡Torpedo! ¡Torpedo en el costado de estribor!”. Rooselvelt pidió que lo llevaran en su silla de ruedas al costado de estribor para ver mejor el torpedo.

Desde el William D. Porter intentaron alertar al Iowa del lanzamiento involuntario con una linterna de señales debido a que se había establecido silencio de radio. Un primer mensaje decía erróneamente que el torpedo se acercaba por el costado de babor. El siguiente comunicaba que el destructor estaba en reversa total. A la tercera fue la vencida y el William D. Porter finalmente transmitió con claridad: “¡Lion, Lion, Lion! ¡A la derecha, con fuerza, a la derecha!”. Lion (león) era el nombre en clave del Iowa. 

El Iowa registró haber recibido aviso del torpedo a las 14:38 y realizó un giro de emergencia a babor a toda velocidad: a 28 nudos. Dos minutos después, los observadores a bordo sintieron una explosión en las inmediaciones del navío. Por suerte, la estela de alta velocidad del Iowa había detonado el torpedo a una distancia que los informes sitúan entre los 100 y los 1000 metros.

Un destructor con poca suerte
En el diario del William D. Porter se cuenta: “14:36. Torpedo disparado accidentalmente desde el montaje n.° 2 mientras la batería de torpedos estaba haciendo ejercicios de entrenamiento. Se está llevando a cabo una investigación... 15:03 Iowa reanudó la práctica de disparos de AA”

Una vez que el torpedo explotó y quedó claro que no había habido un ataque de un submarino, desde el destructor se reconoció que había lanzado el torpedo sin darse cuenta por qué no se había quitado un cebador de uno de los tubos. A partir de aquí la exageración y la ficción comienzan a mezclarse con lo que sucedió realmente. Se cuenta que un informe del Iowa indicaba que todos sus cañones apuntaban al destructor. Añadía que la carrera de su capitán había terminado y que el barco y su tripulación fueron arrestados y enviados a Bermudas para someterse a juicio por negligencia grave. Hay quien afirma que esta fue la primera vez en la historia de la US Navy en que se había arrestado a toda la tripulación de un buque de guerra. En el cuaderno de bitácora del Iowa no hay constancia de que se apuntara al destructor. El capitán del William D. Porter, Wilfred A. Walter, permaneció al mando hasta el 30 de mayo de 1944 y se retiró como contralmirante. La historia oficial de la Marina estadounidense no cita ni el arresto del destructor ni de toda su tripulación. El destructor fue enviado a Bermudas con los otros dos escoltas el día 15, cuando se reunieron con tres destructores de relevo.

Un destructor con poca suerte
En Bermudas se realizó una investigación y el primer oficial torpedero Lawton C. Dawson fue trasladado a un tribunal militar general. Se sabe que Dawson fue degradado a torpedero de primera clase. Varias fuentes indican que se le sentenció a 14 años de trabajos forzados y que Roosevelt intervino para que no se le castigara, por lo que él consideraba un accidente. A la historia se le han ido añadiendo más adornos. Se cuenta que el día antes de la salida, y otras que fue durante la partida, del William D. Porter de Norfolk, el 12 de noviembre, su ancla raspó el costado del Cogswell, arrancando las barandillas, algunas balsas salvavidas, un bote del barco, además de otros daños. En ninguno de los registros de cubierta de los tres escoltas, que amarraron juntos en varios momentos durante las dos semanas anteriores a la salida, aparecen registros sobre este suceso. También se suele contar otra historia que dice que el William D. Porter lanzó accidentalmente una carga de profundidad el día 13, que detonó en el mar, provocando la alarma entre los demás buques del convoy, en alerta antisubmarina. Los registros tampoco dicen nada al respecto.

Justo antes de que terminara el supuesto “arresto” del Porter en las islas Aleutianas, a finales de 1945, aunque realmente estuvo ocho meses, hasta septiembre de 1944, se dice que un miembro de la tripulación se emborrachó y disparó un proyectil de 5 pulgadas mientras estaba en el puerto que cayó en el jardín delantero de la casa del comandante de la base. No existen pruebas documentales y en algunas versiones se afirma que cayó en el jardín trasero durante una fiesta.

Aunque sí es cierto que el William D. Porter lanzó un torpedo cargado al Iowa, la única evidencia real de su mala fortuna es la relativa a su hundimiento. El 10 de junio de 1945, mientras realizaba tareas de vigilancia frente a Okinawa, fue atacado por un bombardero en picado Aichi D3A1 "Val". Aunque lograron derribarlo los artilleros del destructor, fue muy cerca. Según se hundía el bombardero, las bombas que llevaba explotaron directamente debajo del casco del navío. La tripulación luchó durante más de tres horas para salvarlo, pero fue en vano. El capitán dio la orden de abandonar la nave, y después de 12 minutos, el destructor se hundió. El "barco de la mala suerte" solo la tuvo para consigo mismo, ya que todos los hombres a bordo sobrevivieron. 

Para saber más:
100 historias secretas de la Segunda Guerra Mundial, de Jesús Hernández 
Fuego a discreción, de Javier Sanz y Guillermo Clemares  
UV

domingo, 22 de marzo de 2026

El bombardeo del Vaticano

Ciudad del Vaticano, situada en el corazón de Roma, era un país neutral, pero el 5 de noviembre de 1943 cinco bombas de aviación cayeron sobre su reducido territorio. Cuatro explotaron, causando serios daños en el depósito de agua próximo a la estación de tren, en las oficinas del Governatorato (gobierno) y el taller de restauración de mosaicos. Por efecto de las ondas expansivas, parte de las vidrieras de la Basílica de San Pedro quedaron hechas añicos.

El bombardeo del Vaticano
Tras el suceso, Secretaría de Estado del Vaticano pidió explicaciones tanto al estado italiano y a su aliado alemán como a las fuerzas aliadas, pero nadie se hizo responsable del ataque y tanto la prensa italiana como internacional se hicieron eco del bombardeo.

El mismísimo Duce, Benito Mussolini, afirmó que fue un avión estadounidense, pero el alto mando aliado siempre negó el hecho, quedando sin esclarecer la autoría. Durante décadas se fueron desarrollando diversas teorías sobre la culpabilidad. Estas se resumen básicamente en tres posibles responsables: los fascistas de Mussolini, los nazis de Hitler y los aliados. Los tres en los que se pensó desde un principio. 

El bombardeo del Vaticano
Tras diversas investigaciones y una serie de fotografías encontradas en un mercadillo, el periodista italiano Augusto Ferrara dio definitivamente con el culpable en su libro de 2010 "1943: bombe sul Vaticano". Fueron los mismos italianos y las cinco bombas se lanzaron desde un Savoia-Marchetti SM.79 Sparviero (gavilán), el bombardero medio italiano más importante de la Segunda Guerra Mundial. El aparato despegó de Viterbo, con la misión de bombardear la emisora Radio Vaticana, porque se sospechaba que era utilizada para enviar mensajes ocultos a los partisanos dentro de su programación. Este sistema fue bastante utilizado por la BBC en sus emisiones para el extranjero. La orden provino de Roberto Farinacci, uno de los dirigentes fascistas más destacados y extremista antirreligioso. Responsable de la Albania ocupada por los italianos, en 1945 fue ejecutado por los partisanos.

El bombardeo del Vaticano
Una semana después del bombardeo, el Papa ordenó silencio total a todos los estamentos del Vaticano para "no alimentar el riesgo de una guerra civil" y evitar toda clase de especulaciones. Italia estaba en guerra y en una situación muy compleja. Equivocarse en los culpables podría haber sido catastrófico. Casi con total seguridad Pío XII sabía quién había sido el responsable.

Aunque este fue el único ataque que sufrió la Ciudad del Vaticano, Roma sufrió un primer bombardeo aliado unos meses antes, concretamente el 19 de julio de 1943, que causó unos 3.000 muertos y miles más de heridos. Durante aquel ataque, el Papa Pío XII, aun a riesgo de su propia vida mientras las bombas seguían cayendo y explotando, salió del Vaticano para consolar y ayudar a los romanos. El Papa lo volvió a hacer durante un segundo bombardeo contra la Ciudad Eterna el 13 de agosto. Ese mismo día iba a celebrarse una misa por los muertos en el ataque de hacía menos de un mes.

El bombardeo del Vaticano
La Ciudad del Vaticano estuvo a punto de ser ocupada cuando Italia pasó a estar bajo control alemán cuando Hitler ordenó invadirla, capturar y deportar al Papa Pío XII y hacerse con los archivos y obras de arte del Vaticano, en septiembre de 1943. El general alemán Karl Friedrich Otto Wolff, comandante de las SS en Italia desde el 9 de septiembre de 1943 fue posponiendo el asalto hasta que Hitler desistió. Roma se terminó por establecer como ciudad abierta, para evitar su destrucción, y el 5 de junio de 1944 fue liberada por los aliados. Wolff rindió las fuerzas alemanas en el Norte de Italia, sin permiso de Hitler, y participó en la Operación Sunrise (también conocida como operación Crossword), para llegar a un acuerdo de armisticio con los Estados Unidos para dar fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Para saber más:
1943. Bombe sul Vaticano, de A. Ferrara