lunes, 25 de mayo de 2020

Frederick Duquesne, un espía alemán con más cara que espalda

Muchas veces tenemos la percepción de que la vida de los espías debe ser como si fuera una película de James Bond o de Misión Imposible, llena de acción y de peligros. Sin embargo, y aunque en algunas situaciones excepcionales así pudiera ser, no son pocos los ejemplos documentados de que, para ser un espía, simplemente hay que estar receptivo a lo que dicen los demás... y echarle un poco de jeta, que lo demás viene solo. Tal es el caso de Frederick Duquesne, un espía alemán que en 1939 consiguió información sobre una nueva máscara de gas americana, con la peculiaridad de que no se escondió absolutamente de nadie.

Frederick Joubert Duquesne (1877-1956) era un sudafricano de origen boer (descendiente de los primeros colonizadores holandeses) que se había destacado a finales del siglo XIX por su lucha contra los británicos, en la guerra que estos dos colectivos mantuvieron por la supremacía de la que posteriormente sería la República de Sudáfrica. Duquesne, a raíz de este conflicto, perdió a su madre y a su hermana a manos del ejército británico, y ello le hizo coger una inquina tremenda a los ingleses, que llegó a convertir en su leit motif todo el resto de su vida. En la circunstancia de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Duquesne no dudó en colaborar con Alemania tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial con tal de tocar lo que no suena a británicos y todos sus aliados... y en esas estábamos.

En 1939, Duquesne se encontraba viviendo en Nueva York, donde ejercía de espía a jornada completa, pasando cuanta más información mejor a Hitler. Aunque EE.UU. no había entrado todavía en guerra, simplemente sería cuestión de tiempo que lo hiciera, por lo que ir por delante del aliado más poderoso de Gran Bretaña, nunca estaba de más. Su tarea principal era la de estar ojo avizor y con las orejas limpias para poder estar al caso de cualquier atisbo de novedad interesante. Aunque parezca mentira, una de sus fuentes principales era, ni más ni menos, que la propia prensa norteamericana.

En una de las ocasiones, Duquesne vio una noticia en el New York Times en la que se hablaba de una nueva máscara antigás que se estaba fabricando. La noticia era muy interesante para el espionaje alemán en tanto que se hablaba, también, de nuevos gases venenosos que la industria armamentística norteamericana estaba desarrollando. Duquesne, no se lo pensó dos veces y empezó sus pesquisas para conseguir más información al respecto, desplazándose hasta Aberdeen (Maryland), donde se encontraba el campo de pruebas de la Chemical Warfare Service (Servicio de Guerra Química, actual Chemical Corps) del Ejército de los Estados Unidos.

Una vez en el sitio, Duquesne llegó a la conclusión de que, debido al alto secreto de las instalaciones, introducirse en ellas era prácticamente imposible sin despertar sospechas, por lo que decidió volver a casa y buscar una alternativa. La información era de vital importancia para los generales alemanes, habida cuenta una más que probable utilización de esa nueva arma en territorio europeo, pero...¿cómo obtenerla? La solución la tenía delante mismo de sus narices: pidiéndola. Y la pidió.

Ni corto ni perezoso, Duquesne escribió una carta mecanografiada dirigida al director del Chemical Warfare Service en Washington DC en la que, presentándose como un "responsable escritor y conferenciante", solicitaba información detallada de dicha máscara de gas. Con total desfachatez, el espía no dudó en utilizar su nombre y dirección verdaderas para que se le remitiera la información solicitada. El colmo del cachondeo llegó en forma de nota escrita a mano en el pie de la carta, en la que Duquesne decía "No se preocupe si esta información es confidencial, porque estará en manos de un buen y patriota ciudadano". Como diríamos actualmente, "el puto amo".

El espía no confiaba en absoluto en que la cosa funcionara, por lo que no tenía demasiadas esperanzas puestas en el éxito de su ocurrencia. No obstante, se quedó de pasta de boniato cuando recibió en su domicilio absolutamente toda la información de la máscara de gas que había solicitado. Sorprendentemente, el Chemical Warfare Service había atendido escrupulosamente la solicitud de Duquesne y había proporcionado directamente al espía una valiosísima información de capital importancia para la Alemania de Hitler. Obvia decir que en menos de una semana, dicha información estaba sobre la mesa del Führer.

A estas alturas, aún nadie se explica cómo pudieron saltarse todos los protocolos de seguridad de una información confidencial como la de la máscara de gas y los nuevos gases desarrollados. Se especula que al confirmar la existencia física de esa persona en esa dirección, los servicios de seguridad bajaron la guardia habida cuenta que era complicado que un espía se presentara tan sinceramente y con tanta cara. Asimismo, hemos de recordar que EE.UU. no estaba aún en guerra, por lo que las restricciones y el control de la información no eran demasiado excepcionales, facilitando enormemente el trabajo del espía.

Con la entrada en la guerra de Estados Unidos todo cambió y, en 1941, Duquesne y 32 colaboradores a su cargo fueron detenidos por el FBI y sentenciados a diferentes penas de prisión por su actividad de espionaje. Sin embargo, el asunto de la máscara de gas dejó bien claro que, tanto en asuntos de espionaje como en la vida cotidiana, todos somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Ireneu Castillo

lunes, 18 de mayo de 2020

La pequeña flota de Dunkerque

En mayo de 1940, el ejército alemán estaba arrasando en Europa, obligando a las fuerzas aliadas de Gran Bretaña, Francia y otras naciones europeas a la retirada y la rendición.

La pequeña flota de DunkerqueDespués de las victorias alemanas, se hizo evidente que la única forma de defender las Islas Británicas de la invasión era evacuar las fuerzas aliadas restantes a través del Canal de la Mancha. Churchill tenía la esperanza de salvar de 30,000 a 50,000 soldados en una evacuación de Dunkerque antes de que las tropas de la Wehrmacht los arrasaran.

En un error, que bien pudo costarle la guerra, Hitler ordenó a las divisiones Panzer de primera línea que detuvieran su avance a las afueras de Dunkerque.
Hay diferentes explicaciones de por qué Hitler permitió que se llevara a cabo la evacuación de Dunkerque en lugar de lidiar con lo que podría haber sido una derrota aplastante para las fuerzas británicas atrapadas en la estrecha línea de costa entre los blindados alemanes y el Canal de las Mancha. Una teoría es que Hitler permitió que los británicos evacuaran Dunkerque como un gesto humanitario para atraer a Gran Bretaña a las conversaciones de paz. Otra es que deseaba dar el golpe final con la fuerza aérea de Hitler, la Luftwaffe .

La pequeña flota de DunkerqueSea cual sea la razón, Dunkerque se convirtió en el principal punto de evacuación a Gran Bretaña para las fuerzas aliadas. Sin embargo, era un lugar poco conveniente debido a sus aguas poco profundas y la falta de un puerto en condiciones que sirvieran para navíos grandes. Esto evitó que los buques de guerra británicos pudieran acercarse lo suficientemente a la costa para realizar un rescate a gran escala.

La situación llevó a que la Royal Navy emitiera una convocatoria para que todos los buques de poco calado se unieran a la Armada británica en una evacuación masiva de Dunkerque.  Enviados de la Royal Navy recorrieron el sureste de Gran Bretaña en busca de cualquier pequeña embarcación que fuera voluntaria o requiera ser puesta en servicio. En total, más de 700 barcos, de toda clase, como pesqueros o yates de recreo y de lugares tan remotos como la isla de Man y Glasgow, se reunieron en Ramsgate, para ayudar en la evacuación, que duraría 10 días. A este esfuerzo se sumaron tambien barcos de otras nacionalidades, como Franceses, Belgas y Holandeses.

La pequeña flota de DunkerqueDurante esos diez días, la armada de pequeños barcos realizó innumerables viajes entre las playas de Dunkerque, los buques de guerra británicos y el estuario del Tamesis y las playas Dover. El humo de Dunkerque y el clima inclemente ayudaron a envolver las playas y los barcos, pero cuando el clima se despejó, la Luftwaffe pudo bombardear varias veces al día sin dificultad los barcos y las playas donde 5,000 hombres perdieron la vida.

La evacuación de Dunkerque es muy interesante por el hecho de convertir una humillante derrota británica y aliada en una historia de heroísmo que impulsó a los espíritus de las fuerzas aliadas, en lo que la prensa llamó “El espíritu de Dunkerque”.

La evacuación se convirtió en un esfuerzo heroico que superó las cifras más optimistas, llegando a rescatar a 340,000 soldados aliados entre el 28 de mayo y el 6 de junio de 1940. El Dean de la catedral de San Pablo fue el que también lo llamó el "Milagro de Dunkerque".

La pequeña flota de Dunkerque
A los soldados rescatados aun les quedaban  quedaban 5 años más de Guerra y muchos de ellos sufrieron serios efectos psicológicos. Un significativo número de soldados no consiguieron aguantar la presión de los constantes bombardeos y la incertidumbre ante la escasa posibilidad de poder ser rescatados y se suicidaron en la playa.

En 1960, se estableció una medalla en nombre del pueblo de Dunkerque. La medalla que en un principio era para los defensores franceses de Dunkerque, en 1970 se extendió a las fuerzas británicas, incluyendo a los civiles voluntarios de los pequeños barcos de Dunkerque.

Esta historia de solidaridad y heroísmo aparece excelentemente reflejada en la película de Christopher Nolan, “Dunkirk”.

Historia y Vida nº 592
Association of Dunkirk Little Ships
Passage Maker
National Geographic
BBC
Telegraph
Estrella Digital
La Nueva España

lunes, 11 de mayo de 2020

Los españoles de Oradour-sur-Glane

Oradour-sur-Glane a veces es comparado con Belchite, el pueblo aragonés abandonado tras la Guerra Civil. Belchite es el recuerdo de una guerra civil, la peor de las guerras y las ruinas de Oradour-sur-Glane son el testimonio de la barbarie nazi llevada a cabo contra probación civil en un país ocupado.

En Oradour-sur-Glane, en la tarde del 10 de junio de 1944, 642 personas, entre ellas, más de 200 niños, fueron asesinadas por una unidad perteneciente a la División SS Das Reich, al mando del SS-Sturmbannführer Adolf Rudolf Reinhodl Diekmann, en su camino al frente, en Normandía. El pretexto era que en la población se escondía armamento de la resistencia.

De los niños, tan solo uno de ellos logró salvarse. Ese día tocaba vacunación y todos se encontraban en la escuela.

Tras separar a los hombre de las mujeres y los niños, los hombres son ametrallados y luego quemados. La mujeres y los niños son encerrados en la iglesia donde son asesinados disparando su ametralladoras a través de las puertas de madera, tirando granadas de mano al interior. Después incendian el edificio.

Cuando se pudo sofocar el incendio, el espectáculo era dantesco. Había cadáveres de bebés dentro del confesionario, escondidos por sus madres en un intento desesperado por protegerlos. Había cuerpos quemados y desmembrados por las explosiones de las granadas. Otros murieron asfixiados, aplastados o cocidos por las altísimas temperaturas que se alcanzaron en el interior de la iglesia. Apenas una cincuentena eran reconocibles.

Entre las victimas se encuentran varias familias españolas.

Los españoles que vivían en la población francesa tienen todos en común que habían abandonado España tras el triunfo de las tropas sublevadas contra la República. Habían pasado por los campos de concentración franceses en el que habían sido recluidos, tras pasar la frontera. La mayor parte de ellos habían sido trasladados hasta Oradour-sur-Glane para que los hombres trabajaran, inicialmente en la cantera y luego en diversas fábricas y explotaciones en los grupos de trabajo de extranjeros.

En 1944 las familias españolas ya estaban plenamente integradas con la población francesa, aunque para el cura de la localidad eran unos ateos "hijos de Satanás" que nunca acudían a la iglesia.

Sus nombres aparecen en el memorial erigido en el cementerio de la población de Oradour-sur-Glane, aunque con algunos errores.

Según los datos del Foro por la Memoria de Guadalajara, los españoles son: las hermanas Emilia y Angelina Masachs, de 11 y 8 años, de Sabadell, Carmen Silva, de 39 años, de Bilbao, que estaba casada con un francés y cuatro familias.

La familia Gil Espinosa. Formada por matrimonio Francisco Gil Egea y Francisca Espinosa y sus hijas Francisca y Pilar, de 14 años. Además de la familiar Carmen Espinosa Juanos que tenía 30 años. Todos de Alcañiz.

La familia Serrano Pardo eran José Serrano Robles y María Pardo Guirao, junto a sus hijas Armonía de 3 años y los gemel0s Paquito Jacques y Aster Jean de un año. Los tres nacieron en Francia. Los nombres de los gemelos están equivocados en la placa.

Placa colocada por el gobierno de la República en 1945
La familia Lorente Pardo. Llegaron de Barcelona y eran Antonia Pardo, de 29 años y su hijos Nuria de 9 años y Francisco de 11.

Tambien procedentes de Barcelona estaba la familia Téllez Domínguez. Los padres eran Domingo Téllez y María Domínguez y sus hijos Miguel, de 11 años, Armonía de 8 años y Liberto, de dos años, que nació en Oradour.

Las victimas españolas de Oradour-sur-Glane no han recibido ningún homenaje del estado español en democracia. Solo fueron homenajeados en 1945 por el gobierno de la República Española en el exilio.

Respecto a los autores de la matanza, únicamente dos de los acusados fueron condenados a muerte, además de todos los juzgados en rebeldía. El resto, salvo un caso de absolución, fue condenado a penas de prisión o de trabajos forzados. Las dos penas de muerte fueron conmutadas por cadena perpetua en 1954. Los dos condenados salieron en libertad en 1959.

Quiero dar la gracias a Pepe Sedano Moreno, escritor de "Sin Misericordia con José Serrano", que cuenta la historia de la tragedia de Oradour-sur-Glane, por aportarme importantes datos que estaban equivocados.

Para saber más:
UNED
Foro por la Memoria de Guadalajara
Federación estatal de Foros por la Memoria
El diario
El País
Proceso

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