domingo, 14 de junio de 2026

Winston, el ornitorrinco de Churchill

Es de sobra conocido que los grandes personajes tambien tienen grandes excentricidades y Winston Churchill, el que fue Primer Ministro Británico durante la Segunda Guerra Mundial tenia unas cuantas. Así, en marzo de 1943, conocido por su amor por los animales, solicitó insistentemente al gobierno australiano que le enviaran media docena de ornitorrincos a pesar de que no tenían ninguna utilidad estratégica para exhibirlos como mascotas. Finalmente, se acordó enviar tan solo uno de estos peculiares animales, al que llamaron Winston.     

Winston, el ornitorrinco de Churchill
El encargado de capturar los ornitorrincos fue el biólogo australiano David Fleay. Sabedor de lo extremadamente delicados que son estos animales, hizo todo lo posible para que tan solo se enviara un ejemplar. Para intentar recrear su hábitat, el desdichado ornitorrinco vivió dentro de una caja especial construida por Fleay con agua dulce, túneles artificiales y barro del río, complementada con una reserva de 5.000 gusanos "especialmente seleccionados". El 28 de septiembre, el ornitorrinco Winston partió en el MV Port Phillip rumbo a Liverpool. Hasta que llegara, Churchill recibió la piel disecada de otro espécimen llamado Splash que fue una celebridad durante sus cuatro años que estuvo en un zoo australiano.

El encargado de cuidarlo durante la travesía fue un joven grumete inexperto al que se le prometió una gratificación si Winston llegaba con vida a Gran Bretaña. Para que el pobre ornitorrinco lograra sobrevivir, durante el largo viaje en barco, el biólogo estableció unas estrictas normas de cuidado y seguridad. Se debía vigilar la temperatura del aire y agua, sustituir la paja y controlar su delicada alimentación basada principalmente por gusanos. Cuando el Port Philips cruzó el canal de Panamá, parte de la tripulación tuvo que dedicar dos días a buscar gusanos. El animal consumía 750 al día, aunque al final se tuvo que conformar con apenas 600. 

Winston, el ornitorrinco de Churchill
Los dos Winston no llegaron a conocerse. El 6 de noviembre de 1943, a cuatro días de llegar a puerto, Winston apareció muerto. Las causas de su muerte fueron un cúmulo de circunstancias. Por un lado están los cambios de temperatura: del clima templado australiano, al frío del Atlántico, pasando por calor del ecuador. Otro causante pudo ser la reducción de su dieta. Ya en el Atlántico, tuvieron que lanzar cargas de profundidad cuando detectaron un U-boot alemán, por lo que el fuerte ruido y la vibración pudieron ser el remate. Fleay cuando supo de la muerte afirmó que con total seguridad fue esto último lo que le mató en el acto. Los picos de los ornitorrincos tienen muchos receptores sensoriales encargados de detectar pequeñas vibraciones de sus presas invertebradas. Churchill supo del hecho el 22 de noviembre y se mostro muy decepcionado. 

El cuerpo embalsamado de Winston fue entregado al Royal College of Surgeons, donde ocupó el lugar del ejemplar de ornitorrinco destruido durante el Blitz aunque actualmente no se sabe nada de su paradero. Nunca volvió a intentarse una expedición similar en tiempos de guerra ni ha llegado ningún ornitorrinco a Gran Bretaña. 

Winston, el ornitorrinco de Churchill
La muerte de Winston marcó el final de una misión que pretendía unir diplomáticamente Gran Bretaña y Australia además de aportar conocimientos sobre estos animales ovíparos y mamíferos. Una muerte que ha quedado como una anécdota sobre el gusto por los animales y la compleja personalidad de Winston Churchill que poseía una selección de animales que incluía cisnes negros, un león, canguros blancos o el loro Charlie, al que, según la leyenda, enseñó a decir “¡Fucking Nazis!” y “¡Fucking Hitler!”. El beneficiado por la muerte de Winston fue Nelson, el gato favorito de Churchill que habría tenido que "exiliarse" porque el felino podría haber "matado al ornitorrinco en pocos minutos".

Para saber más:
The Guardian
El Diario
Discover Wildlife
Yorokobu
Es la Guerra

domingo, 31 de mayo de 2026

El camarón pistola y la guerra del Pacífico

Entre las rocas de las aguas poco profundas de los mares y océanos tropicales vive un curioso animal de cuerpo alargado que apenas mide unos 5 centímetros. A simple vista, lo que más destaca de esta criatura, es que posee tan solo una pinza muy grande, desproporcionada, del tamaño de la mitad del resto de su cuerpo. 

El quelípodo, que es como se llama su pinza, está muy desarrollada y es capaz de producir una burbuja que libera un potente sonido como un estallido y sonoluminiscencia con lo que consigue matar o aturdir a sus presas, como peces o moluscos. Por esta característica se le conoce como camarón pistola. La potencia de la explosión de la burbuja que genera su sobredimensionada pinza puede producir temperaturas de varios miles de grados y velocidades superiores a los 100 km/h.

Cuando el camarón pistola identifica una presa, abre la gran tenaza, y la cierra en microsegundos, con una fuerza monumental y a una velocidad vertiginosa. Esto genera una burbuja de cavitación que, al explotar, puede alcanzar, en un instante, temperaturas equivalentes a la del Sol y una explosión sónica de hasta 220 decibelios, el equivalente al producido en las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Se calcula que un adulto puede soportar un nivel sonoro de hasta 140 decibelios sin sufrir daños auditivos. La cavitación producida en las hélices de los barcos, especialmente cuando giran a gran velocidad, poco a poco desgastan el metal.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Pacífico fue escenario principal de la guerra entre los Estados unidos y el imperio del Japón. La marina estadounidense descubrió que cuando las colonias de camarones pistola chasqueaban las pinzas llegaban a interferir en los hidrófonos que se usaban para detectar los submarinos. Estos aparatos son capaces de transformar un sonido producido en un medio acuático en electricidad, con lo que se puede detectar e identificar objetos bajo la superficie. Comenzaron a usarse en los submarinos durante la Primera Guerra Mundial y de ellos se llegó a los más modernos sonar.

Esto llevó a que se emplearan para camuflar los movimientos de los submarinos aliados y acercarse para atacar por sorpresa a los objetivos enemigos. Acabada la guerra se siguió investigando este fenómeno para mejorar las tecnologías acústicas y de propulsión submarina para evitar la cavitación, fácilmente detectable.


Para saber más:
RTVE
Nubika
La Brújula Verde
Libertad Digital
Fishpedia
Gizmondo

domingo, 17 de mayo de 2026

De que se reían los acusados en los juicios de Núremberg

Del 20 noviembre de 1945 al 1 octubre de 1946, se celebraron los llamados Juicios de Núremberg. En ellos se juzgó a los principales jerarcas del III Reich bajo la acusación de crímenes de guerra, contra la paz, contra la humanidad y posteriormente se incluyó el delito de conspiración.​ Aunque estos son los juicios más conocidos se celebraron otra docena contra los industriales, jueces o los médicos. 

Quien haya visto algunas fotografías o filmaciones de aquellos juicios posiblemente haya observado algo poco habitual en el acusado de un juicio. Y menos de alguno tan importante como este. Algunos de los acusados se reían y hacían bromas entre ellos mientras escuchaban las acusaciones. Y hasta algunos como Hans Frank o Hermann Göring ocultaban su mirada tras unas gafas negras. Aquello causó tal impacto en aquel tiempo que los medios de comunicación allí presentes lo presentaron como  “la risa más perturbadora del siglo” o "una risa heladora" mostrando una clara falta de arrepentimiento y un fanatismo ideológico lleno de arrogancia.

Pero todo tiene su explicación y su contexto: aquellas risas y bromas no eran espontaneas, tenían una justificación psicológica y está documentada.  

Forman parte de una estrategia en la que los acusados querían deslegitimar al tribunal de un modo desafiante y quitar importancia a las acusaciones mostrando falta de arrepentimiento. También sirvieron para dar una imagen de serenidad, seguridad y dominio de la situación. Las bromas, por otro lado, hacían que se afianzara su pertenencia al mismo grupo o élite y de auto defensa grupal ante el ataque de la acusación. Según los documentos presentados por los psiquiatras del tribunal, los acusados eran inteligentes, pervertidos y bárbaros y reían para evitar choque emocional ante las pruebas y testimonios que se presentaban como un modo de negarlos. 

Göring era quien más destacaba y ante este comportamiento el Tribunal Militar Internacional ordenó callar a los acusados cuando las risas se daban ante pruebas especialmente duras como las relativas al Holocausto. Por supuesto todo quedó registrado en las actas oficiales de los juicios.

Esta actitud de los acusados no se dio durante todo el desarrollo de los juicios y según fue pasando el tiempo y las pruebas presentadas el tono jocoso fue desapareciendo. Cada vez estaban más abrumados y preocupados ante el destino que se les presentaba. Por otro lado, era un modo de intentar reducir su culpabilidad de los crímenes de los que se les acusaba. 

El comportamiento de German Göring, Franz von Papen, Joachim von Ribbentrop,  Alfred Rosenberg, Albert Speer, Julius Streicher o Rudolf Hess se siguen analizando. La mayoría de ellos eran buenos padres de familia y muchos habían tenían educación superior. Se intenta entender cómo y porque actúan así personas que han tenido un poder absoluto en el momento de enfrentarse ante la justicia por unos actos de los que se creían impunes.

Para saber más:
La Mente es Maravillosa
ABC
BBC
Cope
XL Semanal
El Mundo