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domingo, 8 de marzo de 2026

Lucha de espías en las Islas Canarias

El archipiélago canario tuvo un papel relevante en la Segunda Guerra Mundial, de hecho, por orden de Hitler se preparó un plan para apoderarse de las islas españolas y de las portuguesas Azores. Este plan no era demasiado factible, ya que poder mantener esos territorios era costoso y muy complejo. Hitler desistió y planteó controlar el mar mediante la "Operación Seeräuber" con el que atacaría a cualquier navío aliado que se aproximara a las islas. 

Lucha de espías en las Islas Canarias
Los Aliados no eran desconocedores de la posición estratégica de Canarias para los alemanes y los británicos tenían sus planes para invadir Canarias si España atacaba Gibraltar, pero, con el desarrollo de los acontecimientos, los aliados decidieron tratar a España como una nación neutral en 1942. Aunque no lo era del todo. Debido a la importancia que el Eje y los Aliados daban a Canarias, en las islas hubo una destacada lucha de espías. Principalmente entre estadounidenses y germanos. 

Para los estadounidenses, había dos lugares clave dentro de su control: el Puerto de La Luz en Las Palmas de Gran Canaria y la refinería de Tenerife. En esta última, Thomas Alfree Weir, del OSS ejercía como "observador de petróleo" gracias a un acuerdo con el gobierno español para que Estados Unidos siguiese suministrando petróleo a España, pero aprovechó este trabajo para el espionaje. Colaborando con él se encontraba Harry Clifton Jordan, un oficial que ejercía de observador para la US Navy en el Puerto de La Luz que se encargaba de vigilar todas las actividades navales alemanas en el archipiélago. Los estadounidenses también se dedicaron a llevar un control de los alemanes que vivían en las islas.

Lucha de espías en las Islas Canarias
Mientras tanto, por parte Alemana, se encontraba el espía del Abwehr del almirante Canaris, Edmund Nehrkorn, alias Niemann o Nemo. Nehrkorn se encargaba de más de 70 agentes alemanes y españoles que llegaban a Cabo Juby, Ifni o Fernando Poo, o al norte de África desde Canarias, y fue un auténtico quebradero de cabeza para el OSS. Además, los alemanes tenían a Jacob Ahlers, Walter Sauermann u Otto Bertram, agentes de inteligencia naval vinculada con la Etappenorganisation, que se encargaba del suministro a los U-Boote y la vigilancia marítima. La Abwher además instaló en las islas una red de estaciones de radio para controlar las comunicaciones de los aliados. Hay quien afirma que la Casa Winter en Fuerteventura fue una de ellas, pero hay ninguna prueba que lo corrobore.  

Los alemanes contaban con una amplia comunidad histórica, al igual que los británicos, aunque los alemanes contaban con ciudadanos que llegaron durante el conflicto. Mientras, la presencia de ciudadanos estadounidenses en el archipiélago era prácticamente inexistente. Este hecho, junto a las buenas relaciones de los alemanes con las autoridades españolas, complicó el papel de EE.UU. en Canarias, aunque el control del petróleo era un arma importante.

Lucha de espías en las Islas Canarias
Entre los miembros del espionaje estadounidense es reseñable el papel de Lillie Mae Hubbard, una de las primeras mujeres afroamericanas en EE.UU. en servir en el servicio diplomático. Aprovechando su puesto como secretaria del cónsul estadounidense en Las Palmas de Gran Canaria, Clifton Reginald Wharton, organizó una muy destacable red de información durante la guerra.

El archipiélago canario fue además un escenario clave para el suministro de submarinos y la vigilancia marítima, contando con el apoyo directo de oficiales del ejército español, autoridades portuarias y de la aviación, así como colaboradores civiles, lo que facilitó las operaciones clandestinas del III Reich en Canarias y el océano Atlántico. De hecho, Alemania con sus "manadas de lobos grises" estuvieron a punto de cortar las comunicaciones entre América y Europa en marzo de 1943.

Para saber más:
Universidad de Las Palmas
La Provincia
El Imparcial
Atlántico Hoy
ABC

domingo, 16 de noviembre de 2025

Las espías tejedoras

En plena Gran Guerra, una anciana belga tejía junto a su ventana. Al pasar un tren, bordó una puntada irregular con sus dos agujas de punto. Cuando pasó otro se saltó unos puntos, con lo que dejó intencionalmente un agujero. Más tarde, arriesgaría su vida entregándole la tela a un miembro de la resistencia belga que trabajaba para derrotar a las fuerzas de ocupación alemanas.

Las espías tejedoras
Historias similares a esta, se repitieron tambien durante la Segunda Guerra Mundial por todos los territorios ocupados. Donde había tejedoras, a menudo había espías. Un par de ojos observando entre cruces y cruces de agujas de punto. 

Cuando las tejedoras utilizaban el tejido para codificar mensajes, se realizaba mediante la esteganografía, una forma de ocultar un mensaje físicamente, como, por ejemplo, ocultar el código morse en algún lugar de una postal o una carta. Para mensajes relativamente sencillos, tejer es ideal para ello. Cada prenda tejida se compone de diferentes combinaciones de solo dos puntos: un punto del derecho y uno del revés, que al hacer una combinación específica de derechos y revés en un patrón predeterminado, los espías podían pasar una pieza, ante quienes los podían vigilar, y leer el mensaje secreto, escondido en una inocente bufanda o un acogedor jersey. 

Las espías tejedoras
La mayor parte de estos códigos usados por la resistencia o los espías en territorio enemigo aparecían en el libro de 1942 Una guía de códigos y señales. Estos mensajes tambien se ocultaban en telas bordadas o haciendo nudos a ciertos intervalos en los hilos, que tras destejerse podían descodificarse.

Una de las espías que más usó este sistema durante la Segunda Guerra Mundial fue la agente británica Phyllis Latour Doyle, que actuó de enlace en Normandía. Phyllis, que solía llevar vestidos o blusas bordadas, siempre llevaba consigo hilo de seda, sobre el que transmitía mensajes en morse a partir de nudos que hacía sobre los hilos, luego los cosía en una tela de seda con la que siempre se atada el cabello. Según contó, en una ocasión: "Una mujer soldado nos hizo quitarnos la ropa para ver si escondíamos algo. Miraba sospechosamente mi cabello, así que me solté el cabello y sacudí la cabeza. Eso pareció satisfacerla. Me recogí el pelo con el encaje. Fue un momento angustioso". 

Otra bordadora fue Elizabeth Bentley, una agente doble que trabajaba para Estados Unidos y la Unión Soviética. Ella tejió en un bolso, que siempre llevaba consigo, los planos de los primeros B-29 además de información sobre los avances aeronáuticos soviéticos.

Para saber más:
An Encyclopedia of American Women at War: From the Home Front to the Battlefields, de de Lisa Tendrich Frank

domingo, 27 de julio de 2025

La fábula de la base secreta nazi en la Antártida

Incluso antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial comenzó a extenderse un rumor que relacionaba a los nazis con la Antártida. Según algunos pseudo historiadores y expertos, Hitler habría construido una base secreta con forma de pirámide en el Polo Sur para desarrollar naves espaciales. Esto no es más que una fábula.

La fábula de la base secreta nazi en la AntártidaVarias expediciones militares internacionales y libros publicados por conspiranoicos y revisionistas dieron origen al bulo que afirma que los nazis construyeron platillos volantes y los ovnis que vemos tienen su origen en la tecnología creada en el III Reich. 

Es sabido que el III Reich realizó un buen número de misiones de exploración, la investigación científica (y pseudo científica) o arqueológica. Precisamente la simbología nazi está basada en las runas y su estandarte, la esvástica, ha sido utilizada en muchas culturas milenarias como la hindú o la antigua Roma. Los nazis buscaron supuestos "objetos de poder" como la Lanza del Destino o el Santo Grial que buscaron en España. Hicieron expediciones al Tíbet en busca del origen de la raza aria, estuvieron en el Ártico, el Polo Norte y hasta en el Amazonas

La fábula de la base secreta nazi en la Antártida
Entre finales de 1938 y primeros del año 1939 se realizó la expedición a la Antártida con el único motivo de controlar el territorio y así dominar la caza de ballenas (Alemania era el mayor consumidor de su aceite), establecer un puerto estratégico y realizar estudios meteorológicos. A partir de entonces se comenzó  a especular sobre la construcción de una base secreta y a la búsqueda de un punto de acceso a la tierra hueca, en donde, supuestamente, viviría una sociedad tecnológicamente avanzada que habría dado a Alemania la tecnología de los platillos volantes. Un par de años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial el ejército estadounidense había anunciado que llevaría a cabo una misión militar en la Antártida, la más grande hasta la fecha como “un intento del ejército norteamericano de destruir la base secreta nazi”. Los conspiranoicos afirman que el intento estadounidense fue un fracaso al ser derrotados por "platillos volantes" nazis. Asi que en 1958 Estados Unidos lanzó tres bombas atómicas sobre la base secreta nazi para arrasarla definitivamente.

Toda la teoría conspiranoica relacionada con la base secreta en la Antártida se originó a base de rumores, especulaciones y muchos hechos sacados de contexto. Es cierto que un buen número de nazis lograron escapar, al igual que otros se unieron a Estados Unidos a través de la Operación Paperclip. El caso más conocido es el de Wernher Von Braun, pieza fundamental para el programa espacial estadounidense.  

¿Es cierto que en 1947 los EEUU estuvieron en misión militar en la Antártida? ¿Lanzaron en 1958 bombas nucleares sobre las tierras heladas del Polo Sur? En 1947 se realizó la Operación Highjump. Fueron unas maniobras militares para mejorar las tácticas de combate en condiciones climáticas de frío extremo, ante una hipotética guerra con la Unión Soviética. Por entonces estaba empezando la Guerra Fría.

Respecto a las tres bombas atómicas lanzadas sobre la base secreta fueron realmente ensayos nucleares realizados a miles de kilómetros de la supuesta ubicación supuesto enclave oculto en el que fabricarían los "ovnis nazis".

En 1942 los alemanes realmente establecieron una base meteorológica a unos mil kilómetros del Polo Norte, que dos años después tuvieron que abandonar debido a una seria intoxicación al comer carne de oso polar. La base se llamó “Schatzgraber” (cazador de tesoros) y llevó a especular que su misión no era estudiar el clima si no más bien buscar de reliquias antiguas que pudieran tener poderes sobrenaturales.

Para saber más:
Hitler’s Antarctic base: the myth and the reality, de Colin Summerhayes y Peter Beeching

domingo, 13 de julio de 2025

El héroe más joven de la Resistencia francesa

Marcel Pinte, tenía tan solo 6 años cuando luchaba en la resistencia francesa contra los nazis y se ganó el respeto de los demás miembros de la resistencia. El pequeño Marcel tenía una gran capacidad para memorizar códigos y debido a su corta edad fue un correo excepcional.

El héroe más joven de la resistencia francesa
Apodado Quinquin, por una canción muy famosa de la época llamada “Le petit Quinquin”, era hijo de Eugène Pinte (alias Athos), un importante miembro de la resistencia en la región de Limoges, en el centro de Francia, que llegó a tener  1200 combatientes. Salía con su mochila escolar para transportar órdenes e información entre diversos grupos de resistencia cercana al pueblo de La Gaubertie, una aldea francesa perteneciente a Aixe-sur-Vienne, donde vivía.

En su casa de campo, ubicada en un lugar escondido, discreto y de difícil acceso se reunían guerrilleros de la resistencia y ocultaron a un paracaidista británico y a un operador de radio con el que se comunicaban con Londres.

Cuando en el verano de 1944 los aliados desembarcaron en Francia el grupo al que pertenecía el pequeño Marcel recibió una comunicación de Londres en la que les comunicaban que recibirían armas y pertrechos en paracaídas el 19 de agosto. Mientras esperaban al avión que les traía el material, una de las ametralladoras Sten se disparó por accidente y mató a Marcel, que recibió varios impactos.

El héroe más joven de la resistencia francesa
Marcel fue enterrado del día 21 con los honores de un combatiente y su féretro cubierto con la enseña francesa. Para evitar que la Gestapo investigara y descubriera a los guerrilleros se emitió un certificado de defunción falso. En Londres se enteraron del desafortunado incidente y en el siguiente envío los paracaídas eran negros en su honor.

Finalizada la guerra no figuró en el monumento a los caídos de su pueblo natal, pero en 1950 fue homenajeado oficialmente concediéndole el grado de sargento. En 2013 el gobierno francés le otorgó la tarjeta oficial para "combatientes voluntarios de la Resistencia". El 11 de noviembre de 2020, en el Día del Armisticio de la Primera Guerra Mundial, se honró su memoria en una ceremonia en Aixe-sur-Vienne, cerca de la ciudad de Limoges, en el centro de Francia. Oficialmente es el héroe más joven de la Segunda Guerra Mundial.

Su padre Eugène Pinte murió en 1951 y está enterrado junto a Marcel en el cementerio de Aixe-sur-Vienne.

Para saber más:
El Correo
Yahoo Noticias
El Confidencial
El Mundo
BBC

domingo, 29 de junio de 2025

La "motocicleta humana" de Hitler

El futbolista español y gallego de Ribadeo, Juan Gómez de Lecube al que se le conocía como "la motocicleta humana" se convirtió durante la Segunda Guerra Mundial en un espía al servicio de la Alemania de Hitler

La "motocicleta humana" de Hitler
Su curioso apodo le vino por ser uno de los jugadores de fútbol más rápidos en la segunda década del siglo XX, además era muy fácil reconocerle en el campo por llevar un pañuelo con el que intentaba ocultar su calvicie. Su carrera deportiva se desarrolló principalmente en el Celta de Vigo, donde marcó 14 goles en 23 partidos, el Atlético de Madrid, el Valencia y el Gimnástico de Valencia, que actualmente es el Levante. Su debut como futbolista profesional fue en la Gimnástica de Torrelavega.

Pero tras su vida deportiva, se encontraba un hombre que nunca escondió su admiración por Hitler y el nacionalsocialismo, hecho que no pasó desapercibido para Fritz Ruggeberg, el cónsul de Alemania en Barcelona. Este lo enganchó para el Abwehr en 1941 y le encargaron realizar tareas de espionaje en el Canal de Panamá para informar de los movimientos de los aliados y le dieron el nombre en clave "Dorn" (Espina).

La "motocicleta humana" de Hitler
Tras pasar por un periodo de entrenamiento en Madrid y Barcelona, fue enviado a Panamá, en donde no fue un espía demasiado eficaz, ya que los británicos se dieron cuenta muy pronto de sus intenciones e interceptaron sus mensajes que enviaba a Berlín. Fue arrestado en la isla de Trinidad y enviado a la mansión victoriana de Latchmere House (Camp 020), un centro secreto de interrogatorios de Londres, por el que pasaron otra veintena de españoles. Duramente interrogado, no abrió nunca la boca y se convirtió en su prisionero más duro. Estuvo tres meses encerrado en una celda de castigo, cuatro más estuvo incomunicado y otros dos los pasó sin poder salir de su celda. Siempre negó ser un espía y durante su encierro solicitó su libertad, pero no obtuvo respuesta. Tras finalizar la guerra fue liberado y enviado a España, donde fue un protegido del gobierno de Franco.  

En España regresó al deporte del balompié, pero esta vez como entrenador en varios equipos de las categorías inferiores como el Lleida y el Hospitalet. El 2 de mayo de 1966, Juan Gómez de Lecube falleció en Barcelona a los 62 años de edad. Posiblemente, el único futbolista que pasó de los campos de futbol al espionaje nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Para saber más:
Lecube, el futbolista de Hitler, de Oriol Jové 

domingo, 15 de junio de 2025

Entre setas y nazis

Esta seta, de la familia de los coprinus, que recibe, entre otros, los nombres de apagavelas por su forma, sombrerillo, chipirón de monte o seta de tinta, que crece especialmente en prados y cunetas con mucha materia orgánica e incluso estiércol, tuvo un papel relativamente destacado durante la Segunda Guerra Mundial

Entre setas y nazis
Este hongo, de color blanquecino, tiene un sombrero que puede tener hasta 15 cm de diámetro, con escamas superpuestas algo más oscuras. Posee un pie largo, liso y hueco de hasta puede alcanzar 30 cm de altura y 1,5 cm de diámetro. El hecho de que sus láminas cuando se pudren (se autodigieren) se vayan disolviendo hasta convertirse en una especie de tinta negra la hizo especialmente útil para los servicios de seguridad nazis. 

Esta singularidad era ya conocida desde la Edad Media y era muy utilizada por los monjes. Estos las recogían y las guardaban dejando que se pudriesen. La pasta resultante se filtraba para usar el líquido derivado como tinta para sus escritos. Este uso fue el que interesó a los nazis para crear un sistema de defensa para evitar las falsificaciones. Tanto Hitler como su entorno más cercano, especialmente los militares, firmaban todos los documentos de carácter oficial con esta peculiar tinta. Para conocer su autenticidad, en caso de duda, se observaba el documento bajo un microscopio: si se veían con claridad  las esporas, el documento era verificado como auténtico. En caso contrario, era claramente una falsificación. 

Entre setas y nazis
Pero ahí no queda la cosa. Además, el coprinus comatus, que es su nombre científico, es comestible. Abundante desde primavera hasta finales de otoño, se debe consumir en el día, mientras sus láminas sean blancas, ya que se pudre con facilidad. Pero cuidado: nunca debe tomarse con alcohol, ya que provoca el llamado síndrome coprínico. En su composición hay una sustancia común a esta familia de hongos, la coprina, que puede llegar a provocar palpitaciones, sofocos, náuseas y vómitos, aunque no son efectos especialmente graves. Pero mejor no hacer la prueba. De todas los hongos de la familia, el coprinus atramentarius es sin duda el que más reacciona al alcohol. Según la medicina tradicional china tiene efectos curativos en el aparato digestivo.

Para saber más:
La casa de las setas
Amanita cesarea
Youtube
El Correo Gallego
Clinica Medizen

domingo, 18 de mayo de 2025

La Casa Winter

En un impresionante valle que desemboca en la costa de barlovento, en el sur de la isla canaria de Fuerteventura, se encuentra una edificación que destaca por estar totalmente fuera de lugar. Es la  Casa Winter. 

La Casa Winter
La zona es un paraje azotado por los vientos del norte y al que solo se podía acceder por los pedregosos caminos del barranco del Ciervo a lomos de burros o camellos, aunque en la actualidad se puede llegar por angostas pistas de tierra bordeando barrancos y acantilados. La mansión fue mandada construir por el alemán Gustav Winter y en ella destaca una torre con varias ventanas que permiten observar todo a su alrededor. En su interior hay un patio al que dan varias estancias distribuidas en dos plantas. La más destacable es el gran salón con vista al océano. Todo el que se acerca al Parque Natural de Jandía desde el mirador de Cofete se queda impresionado al ver la Casa Winter, pero lo más misterioso es su historia.

La Casa Winter
La pista que llega a Cofete y Villa Winter
Existen dos versiones sobre el origen y el uso de esta gran casa. Una de ellas, y la más plausible, afirma que tan solo se construyó como uso vacacional en 1946/47, pero su actual habitante, Pedro Fumero, afirma que esto no es así. Según su testimonio, la construcción se encuentra sobre unas grutas naturales sumergidas que llegan hasta el mar, lo que permitiría que pudiesen llegar submarinos hasta la casa para abastecerse y ocultarse accediendo a través de unas escaleras al sótano. Bien es cierto que eso no se ha demostrado y las aguas de esa zona son de escasa profundidad. Además, no hay constancia de abastecimiento de submarinos alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial, en Fuerteventura.  

La Casa Winter
Hay relatos de lugareños de la cercana aldea de Cofete que además era un sitio en el que se hacían interminables fiestas con música, alcohol y prostitutas en las que se divertían militares alemanes y que en el gran salón de la casa se encontraba un retrato de Hitler. Fumero empezó una investigación a principios de la década de los 2000 y cuenta que descubrió salas secretas a las que se accedía por pequeñas puertas, un búnker en el sótano y pasillos de aspecto siniestro que quedaron tapiados por algún motivo, además de una cocina con un diseño que recuerda a un laboratorio. En los exteriores hay restos de un gran generador eléctrico y en las proximidades lo que dice que fueron pistas de aterrizaje. Todos estos detalles hacen pensar que la Casa Winter no tuvo precisamente un típico uso vacacional.

La Casa Winter
Una construcción tan fuera de lugar, en un paraje tan desolador, la época en que se empezó a construir, además del origen alemán de su promotor, no han hecho más que fomentar la leyenda de un lugar tan singular. La verdad es que todo lo que huele a nazis resulta muy atractivo y posiblemente uno de los que enriquecieron la leyenda fuera Alberto Vázquez-Figueroa con su novela Fuerteventura.

Gustav Winter fue un hombre peculiar que durante la Primera Guerra Mundial fue prisionero de guerra y además de trabajar en varios lugares, se dedicó a la exportación de productos alemanes y construyó la central eléctrica de Las Palmas de Gran Canaria. Para mediados de la década de 1930 se convirtió en propietario de toda la península de Jandía y en 1939 empezaron los paso para construir la mansión. Hasta 1944, Winter estuvo a caballo entre Fuerteventura, la Bélgica y Francia ocupadas, obteniendo pingues beneficios en sus negocios. Pero como le pasó a Alemania, lo perdió casi todo y tuvo que escapar a España, en donde conocería a su segunda esposa y se trasladarían definitivamente a Fuerteventura. Según el mito, ordenó vallar con alambre la península y controlar el acceso con guardias armados, aunque en realidad la valla solo sirvió para controlar el ganado y no hay pruebas del control armado. Winter no llegó a vivir en la casa y en 1958 intentó venderla o arrendarla. Los primeros que habitaron la vivienda llegaron en 1965: fueron la familia Pérez Acosta que se encargaban de cuidarla, pero solo estuvieron unos tres años.

Para saber más:
Casa Winter Cofete
Casa Winter
Fuerteventura, de Alberto Vázquez-Figueroa 
Diario de Fuerteventura
Majorero
Mi pueblo

domingo, 6 de abril de 2025

Tokyo Rose

Iva Ikuko Toguri d'Aquino, o "Tokyo Rose", como se la conoce, fue una mujer norteamericana de origen japonés que se hizo famosa por ser la presentadora de un programa de radio japonés dirigido a las tropas estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial diseñado para transmitir propaganda.

Durante la Segunda Guerra Mundial, era muy habitual que los soldados estadounidenses se reunían habitualmente alrededor de los receptores de radio para escuchar “Zero Hour” (Hora Cero), un programa de música y noticias en inglés que se producía en Japón y se retransmitía por todo el Pacífico
Los japoneses pretendían que el programa sirviera como propaganda que debilitaba la moral de la tropa, pero la mayoría consideraban que era más bien una distracción agradable a la monotonía de sus obligaciones. Los soldados desarrollaron una particular fascinación por la presentadora femenina de voz ronca del programa, que repartía burlas y bromas entre las canciones más populares del momento.

Los soldados estadounidenses inventaron una gran variedad de historias exóticas para la mujer a la que llamaron "Tokyo Rose", pero ninguna se acercaba a la verdad. Su nombre real era Iva Toguri, y en lugar de ser una agente enemiga, era una ciudadana estadounidense que había llegado a la radio casi por accidente. Más tarde alegaría que se había mantenido leal a su país trabajando activamente para socavar el mensaje de sus programas de propaganda.

Nacida el 4 de julio de 1916, Iva Toguri era hija de inmigrantes japoneses que tenían una pequeña empresa de importación en Los Ángeles. Había pasado su juventud sirviendo en las Girl Scouts y jugando en el equipo de tenis de su escuela, y más tarde se graduó en zoología por la universidad de UCLA. En 1941, sus padres la enviaron a un viaje a Japón para ayudar a cuidar a una tía enferma. Toguri, de 25 años de edad, nunca había estado en el extranjero y enseguida empezó a sentir nostalgia, pero todo se complicó en diciembre, cuando un problema burocrático le impidió lograr un pasaje de vuelta a Estados Unidos. Unos pocos días después, los japoneses bombardearon Pearl Harbor.

Con Estados Unidos y Japón en guerra, Toguri se encontraba atrapada en un país que apenas conocía. La policía militar japonesa intentó persuadirla para que renunciara a su ciudadanía estadounidense y jurara lealtad a Japón, un camino que tomaron muchos otros estadounidenses que residían en Japón, pero ella se negó. Como resultado, fue clasificada como una enemiga extranjera y vigilada de cerca. Toguri pasó los siguientes meses viviendo con sus familiares, pero el acoso frecuente por parte de los vecinos y la policía militar la llevaron a trasladarse a Tokio, donde trabajó de secretaría. En agosto de 1943, encontró trabajo como mecanógrafa en la organización de radiodifusión Radio Tokyo.

Fue en Radio Tokio donde Toguri se encontró con el comandante Charles Cousens, un oficial militar australiano que había sido capturado en Singapur. Cousens había sido un exitoso locutor de radio antes de la guerra, y ahora estaba siendo forzado a producir un programa de propaganda llamado "La hora cero" para los japoneses. Desafiando a sus captores, él y los demás prisioneros de guerra habían estado trabajando para sabotear el programa haciendo que su mensaje fuera lo más risible e inofensivo posible. Después de entablar amistad con Toguri, quien ocasionalmente le traía suministros de contrabando, Cousens creó un plan para usarla como locutora. Para su propósito, su voz, era justo lo que necesitaba, era áspera, casi masculina, nada que ver con una seductora voz femenina.

Aunque inicialmente dudó ponerse detrás del micrófono, Toguri finalmente se convirtió en una participante clave en el plan de Cousens. A partir de noviembre de 1943, su voz fue una característica recurrente en las transmisiones de "Zero Hour". Toguri adoptó el papel de "Orphan Ann" y se aficionó a leer los guiones de Cousens en tono de broma, a veces incluso advirtiendo a sus oyentes que el programa era propaganda.

Las grabaciones y transcripciones sobrevivientes de los programas de Toguri indican que nunca amenazó a sus oyentes con bombardeos ni se burló que sus esposas les fueran infieles, dos de las estrategias favoritas de los propagandistas de la guerra.

Toguri no era la única locutora de la radio japonesa. Había docenas de otras mujeres de habla inglesa que leían propaganda, y algunas de ellas adoptaron un tono mucho más siniestro. A medida que la guerra se prolongaba, los militares estadounidenses comenzaron a referirse a las diferentes voces femeninas con un único apodo: “Tokyo Rose”. Ninguna de las locutoras, incluido Toguri, había usado en ningún momento ese apodo, pero el personaje terminó convirtiéndose en legendario. El mito era tal que para la mayoría de los estadounidenses era tan famosa como el Emperador Hirohito.

Toguri interpretó su personaje "Orphan Ann" en " Zero Hour" durante aproximadamente un año y medio, apareciendo con menos frecuencia cuando se acercaba la rendición japonesa en 1945. Para entonces, se había casado con un portugués, Filipe D'Aquino y buscaba regresar a casa. Encontrándose en una situación financiera desesperada, cuando dos reporteros estadounidenses llegaron a Japón y le ofrecieron 2.000 dólares por una entrevista con la famosa "Tokyo Rose", ella se decidió ingenuamente a contar su historia. Sería una decisión desastrosa. Una vez que su identidad se hizo pública, Toguri se convirtió en la imagen de la propaganda japonesa y fue arrestada bajo sospecha de traición. Permanecería bajo custodia durante más de un año hasta que una investigación del gobierno concluyera que sus transmisiones no habían sido más que un entretenimiento inocuo.

Toguri intento volver los Estados Unidos después de su liberación, pero el sentimiento anti japonés en los Estados Unidos era aún muy alto. Varias figuras influyentes, entre ellas el famoso comentarista de radio Walter Winchell, comenzaron a presionar al gobierno para reabrir el caso contra ella. La campaña funcionó y en 1948 Toguri fue arrestada de nuevo y acusada de traición.

En su juicio en San Francisco, Toguri afirmó que siempre se había mantenido leal a los Estados Unidos, trabajando para convertir en una farsa sus transmisiones. Charles Cousens incluso fue a Estados Unidos para declarar en su nombre, pero la fiscalía presentó una serie de testigos japoneses que afirmaron haberla escuchado hacer declaraciones incendiarias en el aire. Gran parte del caso se centró en una única transmisión que ocurrió después de la Batalla del Golfo de Leyte, cuando supuestamente ella dijo: “Huérfanos del Pacífico, realmente ahora son huérfanos. ¿Cómo llegarás a casa ahora que tus barcos están hundidos?” Aunque esas frases no aparecían en ninguna de las transcripciones del programa, fue un factor decisivo en el caso. En octubre de 1949, un jurado la declaró culpable de un cargo de traición. La despojaron de su ciudadanía estadounidense, le impusieron una multa de 10.000 dólares y la sentenciaron a diez años de prisión.

Toguri pasó seis años en una prisión para mujeres. Se reunió con su familia, se estableció en Chicago y comenzó a trabajar como empleada en el negocio de su padre, pero su reputación como "Tokyo Rose" continuó. En 1976, dos de los testigos clave de su juicio admitieron que habían sido amenazados para que testificaran contra ella. En esa misma época, el un miembro del jurado que la condenó dijo que el juez del caso les había presionado para que se emitiera un veredicto de culpabilidad.

Con la opinión pública a favor de Toguri, 19 de enero de 1977 el presidente Gerald Ford concedió el indulto total a Toguri, que por entonces tenía 60 años, devolviéndole la ciudadanía estadounidense. "Tokyo Rose", murió en Chicago en 2006.

Para saber más:
The Hunt for "Tokyo Rose", de Russell Warren Howe.
Vintag.es

domingo, 16 de febrero de 2025

Lectura recomendada: La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes

Hace tiempo que no recomendaba un libro de ensayo y creo que “La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes” de Fernando del Castillo es una oportunidad estupenda para retomar estas sugerencias.

Alrededor de la figura de Adolf Hitler se ha escrito mucho, pero mucho, y lo que queda. Algunos libros con gran acierto y otros tantos que lo único que han hecho es fomentar aún más lo que Fernando del Castillo desmonta en este interesantísimo libro. Pero pongámonos en contexto. Cuando el fin de su imperio estaba próximo, Hitler se encerró en su búnker, se casó con su compañera Eva Braun, se quitó la vida y ordenó que su cuerpo fuera incinerado para no sufrir el trágico final de su amigo Benito Mussolini, cuando fue ajusticiado y exhibido en la plaza del Loreto en Milán. Esta es la versión de la historia que se da como oficial y que diversos testigos corroboran.

Como el cuerpo no apareció, desde el primer momento han ido circulando multitud de mitos, rumores y bulos de toda índole. Todo comenzó en 1945 y en 2025, tras ochenta años siguen vigentes. Hay historias que afirman que quien fue quemado era un doble o que no era nada de eso. Otras que huyó de Alemania a través de España hasta Argentina o Brasil y hasta que se quedó en España protegido por el dictador Francisco Franco; que escapó a Japón y que llegó a la Antártida, donde los nazis tenían una base secreta. En todos los casos disfrutó de una generosa vida librándose de ser juzgado. Estas son solo una pequeña porción de las múltiples teorías sobre el final de Hitler que “La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes” desmonta con rigor, apoyándose en toda la documentación disponible y con las declaraciones de testigos presenciales.

Para Fernando del Castillo, tal cúmulo de especulaciones tiene un punto de partida muy interesante y poco conocido. El principal nexo es, ni más ni menos, que el dictador soviético Iósif Stalin que se empeñó en hacer ver que fueron el resto de los aliados quienes facilitaron la huida y posterior vida oculta de Hitler, aunque tuvo en sus manos informes que dejaban claro que Hitler no había huido, que se había suicidado y que había sido incinerado en el exterior del Führerbunker.

En mi opinión, “La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes” es una lectura necesaria para comprender el mito de Hitler, sus últimos días de vida y multitud de elementos fundamentales para descifrar por qué no se admitió desde el principio la muerte del Führer. Fernando del Castillo da respuesta en su libro a multitud de incógnitas y a como algo que sucedió hace ya ocho décadas sigue fascinado y manteniéndose vivo.

 “La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes”, está editado por Sekotia y se puede comprar en tu librería de confianza, en plataformas y en la web de la editorial.

Fernando del Castillo Durán es catedrático y doctor en Hispánicas, miembro de la asociación Historiadors de Cataluña-Antonio de Campmany y tiene publicadas las novelas “El librero de Cordes”, “Memoria de la niebla”, “El sable torcido del general” y “El organista de Montmartre”, además de múltiples artículos.

lunes, 13 de enero de 2025

Los espías alemanes de Pearl Harbor

El espía japonés Takeo Yoshikawa no fue el único que se dedicó a espiar a la flota norteamericana en Pearl Harbor mientras Japón se preparaba para atacarla. El alemán Berard Julius Otto Kuehn, su esposa Friedel y su hija Susie Ruth también obtuvieron información que pasaron a los japoneses.

Otto Kuehn, su esposa Friedel
Kuehn, miembro del partido nacionalsocialista desde 1930, se convirtió en espía a través del ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels, que al parecer había mantenido una aventura extramatrimonial con Susie Ruth. Goebbels les pidió que ayudaran a su aliado asiático.

Tras pasar una temporada en Japón, la familia Kuehn se estableció en la capital de las Islas Hawái, Honolulu en la segunda mitad de la década de 1930. Durante su estancia en Hawái, Kuehn viajó varias veces a Japón, donde recibió importantes cantidades de dinero para financiar sus actividades de espionaje.

Sus actividades consistían, entre otras, en montar lujosas fiestas a las que asistían importantes militares norteamericanos, con quien su hija Susie Ruth flirteaba para obtener información sobre los movimientos de la flota estadounidense. Otro método que usaba Susie para conseguir información era a través de las esposas de los oficiales navales que pasaban por el salón de belleza que regentaba.

En una ocasión, Otto Kuehn vistió su hijo pequeño, de marinero, para realizar una inspección más de cerca de la flota en Pearl Harbor. De este modo hacía que todo pareciera una actividad inocente entre padre e hijo para visitar barcos de guerra. El hijo mayor, Hans Joachim, tenía solo 11 años cuando su padre lo entrenó para hacer preguntas precisas sobre los barcos y submarinos para anotar las zonas más expuestas de esos navíos.

El trabajo de Friedel era recopilar toda la información que obtenía la familia, aunque la información recibida por los japoneses no fue de gran valor.

El 25 de noviembre de 1936, Japón y Alemania habían suscrito el Pacto Antikomintern, reafirmado el 25 de noviembre de 1941, tras la Operación Barbarroja. Esta situación y el conocimiento de que eran pro-nazis hizo que la familia Kuehn llamara la atención del FBI y de los servicios de inteligencia militares.

Pocos días antes del ataque japonés a Pearl Harbor, Otto Kuehn contactó por última vez con el consulado japonés entregando una lista de navíos anclados en la base naval y en la que proponía avisar, durante el ataque, a los submarinos japoneses mediante señales luminosas desde una vivienda que poseía en la costa.

Después del ataque, los tres espías fueron detenidos y juzgados. Otto fue condenado a muerte por fusilamiento, que finalmente fue reducida a 50 años de cárcel al aportar información sobre otros espías japoneses y alemanes. Su mujer y su hija tuvieron penas más leves, pero todos fueron deportados a Alemania.

Para saber más:
FBI
Baomoi
Trivia Library
Criaimages
Star bulletin

domingo, 15 de diciembre de 2024

El espía japonés de Pearl Harbor

En los primeros días, tras el ataque a la basa naval de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, la mayoría de los estadounidenses creían que una importante red de espías japoneses podrían haber proporcionado la información que habría hecho posible que el ataque sorpresa hubiera sido tan preciso y devastador.

espía japonés de Pearl HarborLa realidad era mucho más simple. Los datos con los que contaban los japoneses procedía, en gran parte, de información que siempre había estado disponible para cualquier turista en Hawái, como mapas o guías y que cualquiera podía comprar en las tiendas de souvenirs. Incluso existía un libro que contaban la posibilidad de un ataque titulado "The Great Pacific War". 

El único espía conocido de origen japonés en Honolulú era Takeo Yoshikawa, un alférez de fragata de 25 años asignado al consulado en 1941. Su labor principal consistía en comportarse como un simple diplomático mientras vigilaba las actividades de la flota estadounidense en Pearl Harbor.
espía japonés de Pearl Harbor
Durante el día, Yoshikawa se comportaba como cualquier otro turista que visitaba la isla, con sus pantalones cortos y su camisa hawaiana. Unas veces recorría la isla en taxi, otras paseaba por el puerto en un barco turístico. Incluso un día se tumbó en la hierba del parque de Wheeler Field a observar maniobras aéreas del ejército. En una ocasión alquiló una avioneta y sobrevoló con toda tranquilidad toda la isla de Oahu, mientras sacaba fotos de las bases militares.

espía japonés de Pearl HarborPor las noches solía ir a un salón de té en una colina de Pearl Harbor, donde se dedicaba a flirtear con las camareras, bebiendo lo suficiente para parecer borracho a la vez que mantenía los oídos bien abiertos por si algún cliente hablaba más de la cuenta. El dueño del local, sin saber las intenciones de Yoshikawa, le dejaba dormir la supuesta borrachera en una habitación desde la que tenía una buena vista del puerto y las instalaciones navales.

Todos sus movimientos eran tan corrientes que no despertaron ninguna sospecha. Pero cuando Yoshikawa se levantaba por la mañana, lo primero que hacía era tomar notas y elaborar planos y diagramas totalmente de memoria, para luego entregárselos al cónsul general, que posteriormente los enviaba a Tokio a través de la valija diplomática. Cuando esta llegaba a Tokio, los oficiales de inteligencia revisaban todo el material que era de gran utilidad para realizar maquetas a escala de la base de la marina norteamericana.

Tokio preguntó al consulado japonés en Honolulu: ¿Qué día de la semana suele haber más barcos en Pearl Harbor? Yoshikawa respondió que los domingos. El 7 de diciembre de 1941 fue domingo.

Cuando los pilotos japoneses atacaron Pearl Harbor ese 7 de diciembre, tenían sobre su regazo fotos y mapas que detallaban sus objetivos, basados en gran parte en los datos aportados por el alférez Yoshikawa.

La ruta seguida por la fuerza aeronaval japonesa, compuesta principalmente por los portaaviones Akagi, Kaga, Sōryū, Hiryū, Shōkaku y Zuikaku, se realizó partiendo de los datos obtenidos durante los viajes del trasatlántico japonés Yaiyo Maru entre Tokio y Honolulú, a bordo del que viajaba el comandante Suguru Suzuki, experto en aviación naval para evaluar las defensas de Pearl Harbor.

Este no fue el único espía en Pearl Harbor. Pronto conoceremos otros espías del Eje en la base naval hawaiana.

domingo, 28 de julio de 2024

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?

A finales de 1940, la Wehrmacht alemana ya había invadido sus países vecinos. ¿Todos? ¡No! Solo la pequeña y valiente Suiza permanecía libre. Vaya, parece que esté comenzando un comic de Astérix.

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?
Vayamos a lo serio. ¿Por qué Adolf Hitler perdonó a los suizos? Hasta el día de hoy, todavía abunda el mito sobre que esta pequeña nación alpina y su ejército suizo habría repelido al invasor nazi si los hubieran atacado. No es que no existiera un plan. Al contrario, ya se había elaborado la “Operación Tannenbaum” u “Operación Árbol de Navidad”, en la que participarían entre 300.000 y 500.000 soldados alemanes e italianos. Además, Heinrich Himmler tenía a varios candidatos para el puesto de Reichskommissar o Comisionado del Reich para el territorio suizo ocupado.

La mayor parte de los líderes nazis opinaban que Suiza era un país predominantemente germánico y que seguiría el ejemplo de Austria cuando llegara el momento con lo que se uniría al Reich de un modo pacífico. Lo cierto es que eso son pasaba por la cabeza de los suizos, aunque había bastantes simpatizantes nazis. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, la organización suiza de extrema derecha Frontenfrühling o Frente de Primavera cobró vida. El miedo a los comunistas y el odio a los judíos era creciente en Suiza. Sin embargo, el Frontenfrühling solo obtuvo menos del diez por ciento de los votos en las elecciones y muy pocos promovieron un Anschluss con el Reich alemán.

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?

Hitler, por su parte, el 23 de febrero de 1937 prometió en Berlín, que Alemania no atacaría a la Confederación Suiza. Aunque, a tenor de los hechos, esa declaración significaba muy poco.

El 30 de agosto de 1939, la Asamblea Federal de Suiza eligió a un General, un rango militar que solo se otorga en tiempo de guerra o emergencia nacional. El elegido fue Henri Guisan. Bajo su mando, los suizos también comenzaron sus preparativos ante una posible invasión alemana. El gasto militar se incrementó en un plan plurianual que costó cientos de millones de francos suizos. Tras la invasión alemana de Polonia y la declaración de guerra de Gran Bretaña, Guisan ordenó una movilización general. Cuando Francia cayó un año después y Suiza quedó virtualmente rodeada, se elevó la edad de servicio militar obligatorio a los 60 años.

En el caso de un ataque alemán, el ejército suizo, que alcanzaba los 800.000 hombres después del servicio militar obligatorio, y todas aquellas personas que pudieran se retirarían a la llamada Reduite National, la defensa natural de los Alpes. Guisan opinaba que los alemanes podrían tener las llanuras suizas y las ciudades, pero que jamás lograrían conquistar la "Fortaleza de los Alpes".

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?
Hitler nunca dio el visto bueno para que la “Operación Tannenbaum” se llevara a cabo. Pero debido a sus comentarios no es entendible. En junio de 1941, durante una reunión con Benito Mussolini, y su ministro de Relaciones Exteriores, Galeazzo Ciano, Hitler expresó su opinión sobre Suiza:

Suiza posee el pueblo y el sistema político más repugnante y miserable. Los suizos son los enemigos mortales de la nueva Alemania.

En agosto de 1942, Hitler describió Suiza como “un grano en la cara de Europa” y como un país que ya no tenía derecho a existir. Además, denunció a los suizos como “una rama mal nacida de nuestro pueblo”. Por ello se ve que no los tenía en mucha estima.

Entonces, ¿Cuáles fueron los motivos para no invadir el país de los Alpes?

Alemania estaba demasiado ocupada con la Batalla de Inglaterra y, más tarde, con la invasión de la Unión Soviética para preocuparse por Suiza. Además, los suizos eran demasiado útiles como país independiente.

Hitler no era tan tonto como para atacar a su propio banquero. La llamada neutralidad suiza fue un clarísimo ejemplo de hipocresía. El dinero manda. Al parecer fueron los funcionarios suizos quienes tuvieron la idea de poner una “J” de color rojo en los pasaportes de los judíos alemanes con la finalidad de facilitar la identificación de los judíos en la frontera germano-suiza.

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?
Además, los suizos rechazaron en sus fronteras a unos 25.000 refugiados que huían de la persecución nazi. Una cifra muy alejada de un país históricamente tolerante. No hay que olvidar que fue el destino preferido de los hugonotes que huían de Luis XIV unos 300 años antes.

Aun así, y a pesar de las garantías del general Guisan, el gobierno suizo temía a Alemania y lo que los nazis pudieran hacer con su país. Por lo tanto, estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para mantener Suiza neutral. 

Las empresas suizas produjeron armamento y material para la economía de guerra alemana. El país suministró diez veces más armamento a Alemania e Italia en comparación con los Aliados. Y, sobre todo, Suiza compró botín de guerra alemán en forma de valores confiscados y el oro perteneciente a los bancos centrales de los países ocupados y robados a los judíos. Los suizos ayudaron a transformar casi las cuatro quintas partes de todo el oro alemán en francos suizos altamente convertibles. Como resultado, Alemania pudo comprar materias primas estratégicas de España y Portugal. En 1941, Alemania recibió mil millones de francos suizos como crédito por la campaña rusa.

Hitler dejó a Suiza en paz porque el país le era más útil como una isla neutral en medio de un continente subyugado. No invadir el país mantuvo intactas sus conexiones financieras con el mundo entero.

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?
Además de todo lo expuesto, hubo otras razones por las que los alemanes nunca se molestaron en invadir el país helvético. Por un lado, hubiera sido demasiado costoso en términos humanos y materiales conquistar un estado tan montañoso. Hasta cierto punto, el general Guisan tenía razón. El ejército suizo habría podido resistir al gigante nazi durante muchos años antes de ser totalmente invadido. Los Alpes eran simplemente un obstáculo demasiado grande. Además, otras naciones pequeñas como los Países Bajos y Bélgica eran mucho más importantes estratégicamente en términos económicos y militares. Ambos países tenían acceso al Mar del Norte y sus economías estaban más o menos alineadas con el Reich. Si la invasión de Francia hubiera tomado más tiempo, quizás pudo haber sido diferente, pero Francia cayó en seis semanas. Poco después, los alemanes pusieron su mirada en el Reino Unido y más tarde en la Unión Soviética. Para entonces, los nazis habían disfrutado de la neutralidad suiza durante demasiado tiempo. Era simplemente más lucrativo tener una Suiza independiente a efectos financieros. Así que, por una vez, Hitler cumplió su promesa diplomática.

¿Por qué los alemanes no invadieron suiza?
A día de hoy, a los niños suizos se les enseña el mito de que fue gracias al miedo de Hitler a una guerra prolongada, en la que los suizos lucharían desde un bastión alpino que mantendría a salvo Suiza. La verdad es muy diferente. Si Napoleón logró conquistar a los confederados suizos, entonces Hitler, con su poder abrumador, habría podido hacer lo mismo. Lo que también es cierto es que, al final de la Segunda Guerra Mundial, más de 110.000 exiliados lograron cruzar la frontera Germano-Suiza, de los que unos 60.000 lograron huir a otros países.

Para saber más:
ABC
Wikipedia
La Brújula Verde
Swiss Community
My Switzerland
Bellumartis

domingo, 2 de junio de 2024

El espía ciego de Normandía

Las personas con discapacidad pueden llegar a suplir sus limitaciones desarrollando otras habilidades. Este fue el caso de un ciego que proporcionó valiosa información que ayudó al éxito del desembarco de Normandía. Los aliados necesitaban conocer la ubicación de las defensas alemanas en la costa, para aniquilarlas antes de que las tropas de infantería desembarcara en las playas. 

El espía ciego de Normandía
Para recopilar toda la información y coordinar a los informantes, se organizó una base de operaciones en Caen. Cuando se disponía de los datos, planos y mapas, todo se llevaba a París, desde donde se enviaba, vía aérea, a Gran Bretaña. En Londres, todos los documentos se estudiaban en detalle para poder confeccionar un mapa de todas las defensas del Muro Atlántico. Aunque la información era muy precisa, había un área en cuestión de la que faltaban datos. Ese espacio vacío correspondía a una posición fortificada ubicada en las proximidades del pueblo de Port-en-Bessin. Los Aliados suponían que los alemanes debían esconder una fuerte defensa en el baluarte, pues existía una amplia zona restringida con bastante vigilancia. Era vital conocer que escondían. En Caen se pusieron inmediatamente a estudiar el modo de colarse en la zona prohibida sin que los germanos sospecharan. Nadie daba con un método eficaz, hasta que el adolescente François Guerin, propuso un plan: entrar con Arthur Poitevin, su profesor de música. Cuando se lo sugirió, este se echó a reír. ¿Cómo iba a espiar si era ciego? Precisamente, esa era la clave. 

El espía ciego de Normandía
Días después, alumno y profesor se fueron hacia las fortificaciones de Port-en-Bessin. Cuando llegaban estaban cerca, un guardia alemán les cortó el paso e invitándoles a marcharse. El joven François le pidió que les dejara pasar porque su amigo quería llegar a la costa para sentir la brisa del mar y el batir de las olas. El soldado observó que Arthur llevaba su bastón blanco y comprobó que sus ojos no eran capaces de ver. Pensó que un chavalín y un ciego no eran un peligro, así que les dejó pasar, pero con la condición de que no se acercaran a las instalaciones militares. Allí no serían tan bien tratados. A pesar de que no podían acercarse lo suficiente, tenían buenas vistas desde el montículo al que se subieron

El espía ciego de Normandía
François le empezó a contar todo lo que veía. Los emplazamientos y el número de cañones, los depósitos de munición, así como el resto de búnkeres y cualquier detalle que pareciera importante. Tras un rato, se volvieron para no despertar sospechas y regresaron a Bayeux. Nada más llegar, el chaval se puso a escribir todo lo que su maestro le iba dictando. Con gran exactitud le fue describiendo todas y cada una de las cosas que horas antes él mismo le había detallado. Para obtener información más precisa, desde otra posición, volvieron días más tarde. Al parecer, cayeron simpáticos a los guardias y repitieron sus visitas, con la invitación expresa de los alemanes. Al cabo de un tiempo llegaron incluso a trabar cierta amistad con algunos soldados con los que solían charlar. Estas conversaciones también les aportaron datos relevantes. 

Todo el material recopilado, incluyendo detallados mapas con las posiciones de las baterías costeras, llegó a Londres. Era la información que, por fin, rellenaría el vacío que quedaba en los mapas del Muro Atlántico. Una importante información conseguida por un adolescente y su profesor invidente. Arthur fue arrestado el 19 de septiembre de 1943. Pasó por varias prisiones hasta que fue trasladado al campo de Natzweiler-Struthof. Allí, compuso la canción La voix du rêve (La voz del sueño), que se convirtió en el himno de los deportados. El último destino fue Dachau, del que fue liberado en 1944.

Para saber más: