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domingo, 16 de noviembre de 2025

Las espías tejedoras

En plena Gran Guerra, una anciana belga tejía junto a su ventana. Al pasar un tren, bordó una puntada irregular con sus dos agujas de punto. Cuando pasó otro se saltó unos puntos, con lo que dejó intencionalmente un agujero. Más tarde, arriesgaría su vida entregándole la tela a un miembro de la resistencia belga que trabajaba para derrotar a las fuerzas de ocupación alemanas.

Las espías tejedoras
Historias similares a esta, se repitieron tambien durante la Segunda Guerra Mundial por todos los territorios ocupados. Donde había tejedoras, a menudo había espías. Un par de ojos observando entre cruces y cruces de agujas de punto. 

Cuando las tejedoras utilizaban el tejido para codificar mensajes, se realizaba mediante la esteganografía, una forma de ocultar un mensaje físicamente, como, por ejemplo, ocultar el código morse en algún lugar de una postal o una carta. Para mensajes relativamente sencillos, tejer es ideal para ello. Cada prenda tejida se compone de diferentes combinaciones de solo dos puntos: un punto del derecho y uno del revés, que al hacer una combinación específica de derechos y revés en un patrón predeterminado, los espías podían pasar una pieza, ante quienes los podían vigilar, y leer el mensaje secreto, escondido en una inocente bufanda o un acogedor jersey. 

Las espías tejedoras
La mayor parte de estos códigos usados por la resistencia o los espías en territorio enemigo aparecían en el libro de 1942 Una guía de códigos y señales. Estos mensajes tambien se ocultaban en telas bordadas o haciendo nudos a ciertos intervalos en los hilos, que tras destejerse podían descodificarse.

Una de las espías que más usó este sistema durante la Segunda Guerra Mundial fue la agente británica Phyllis Latour Doyle, que actuó de enlace en Normandía. Phyllis, que solía llevar vestidos o blusas bordadas, siempre llevaba consigo hilo de seda, sobre el que transmitía mensajes en morse a partir de nudos que hacía sobre los hilos, luego los cosía en una tela de seda con la que siempre se atada el cabello. Según contó, en una ocasión: "Una mujer soldado nos hizo quitarnos la ropa para ver si escondíamos algo. Miraba sospechosamente mi cabello, así que me solté el cabello y sacudí la cabeza. Eso pareció satisfacerla. Me recogí el pelo con el encaje. Fue un momento angustioso". 

Otra bordadora fue Elizabeth Bentley, una agente doble que trabajaba para Estados Unidos y la Unión Soviética. Ella tejió en un bolso, que siempre llevaba consigo, los planos de los primeros B-29 además de información sobre los avances aeronáuticos soviéticos.

Para saber más:
An Encyclopedia of American Women at War: From the Home Front to the Battlefields, de de Lisa Tendrich Frank

domingo, 14 de septiembre de 2025

Lectura recomendada: Patton

Hablar del general "sangre y agallas", un mando militar poco convencional, es hacerlo de un tipo que tenía cierta "sensibilidad" para escribir poesía como era un auténtico arrogante malnacido. Es ciertamente un hombre muy poliédrico y Fernando del Castillo Durán lo presenta en su libro en sus múltiples caras.

En este completísimo libro conocemos en profundidad la vida de George S. Patton en el ejército y su paso por la prestigiosa academia de West Point, incluyendo su intervención en las dos guerras mundiales, su relación con sus tropas y sus tácticas militares rápidas, arriesgadas que provocaban temor en sus enemigos. Tanto es así, que durante los preparativos de la Operación Overlord, una de las tácticas de engaño empleadas fue hacer creer a los alemanes que Patton estaba al mando de las tropas que desembarcarían en el Pas de Calais. Para ello se creó un ejército totalmente falso de cartón piedra y vehículos hinchables.

Del Castillo cuenta pormenorizadamente su aprendizaje en West Point y su primera experiencia de combate en la guerra durante la campaña de la frontera contra México de 1916. En ella mató al rebelde mexicano Julio Cárdenas, el jefe de la guardia personal de Pancho Villa, lo que le supuso cierta fama. Ascendido a capitán continuó la lucha en la Gran Guerra en los recién aparecidos tanques llegando a alcanzar el grado de teniente coronel participando en la batalla de Saint-Mihiel en septiembre de 1918. Fue de los primeros en abogar por los carros blindados, mandando importantes unidades de ellos durante la Segunda Guerra Mundial en el norte de África, en la invasión de Sicilia y en el escenario europeo.

A pesar de que Patton era un guerrero brillante y feroz, lo que dio su famoso apodo era un solitario líder militar con multitud de insubordinaciones y transgresiones que le supusieron arrestos y enemistades posiblemente debido a su inestabilidad emocional.

Incluso para los que disfrutan de un buen "salseo" también nos cuenta la singular relación que mantuvo con Jane Gordon, hija de una hermana de su esposa Beatrice que terminó sus días con la más que controvertida muerte en un accidente de automóvil de Patton. Jane apreció muerta tras haber inhalando gas en su apartamento de Manhattan. Tampoco se olvida de otras partes menos conocidas de su vida como su participación en los Juegos Olímpicos de 1912. 

Profusamente documentado, incluyendo sus diarios, “Patton, soldado en dos guerras mundial”, de Fernando del Castillo da un toque tremendamente cercano y rara vez visto, de un controvertido personaje fundamental en la historia de la Segunda Guerra Mundial.

“Patton, soldado en dos guerras mundiales”, está editado por Sekotia y se puede comprar en tu librería de confianza, en plataformas y en la web de la editorial.

Fernando del Castillo Durán es catedrático y doctor en Hispánicas, tiene publicadas las novelas “El librero de Cordes”, “Memoria de la niebla”, “El sable torcido del general” y “El organista de Montmartre”, además de múltiples artículos. Su anterior libro es “La desaparición de Hitler. Mitos, falacias y fraudes”.


domingo, 18 de mayo de 2025

La Casa Winter

En un impresionante valle que desemboca en la costa de barlovento, en el sur de la isla canaria de Fuerteventura, se encuentra una edificación que destaca por estar totalmente fuera de lugar. Es la  Casa Winter. 

La Casa Winter
La zona es un paraje azotado por los vientos del norte y al que solo se podía acceder por los pedregosos caminos del barranco del Ciervo a lomos de burros o camellos, aunque en la actualidad se puede llegar por angostas pistas de tierra bordeando barrancos y acantilados. La mansión fue mandada construir por el alemán Gustav Winter y en ella destaca una torre con varias ventanas que permiten observar todo a su alrededor. En su interior hay un patio al que dan varias estancias distribuidas en dos plantas. La más destacable es el gran salón con vista al océano. Todo el que se acerca al Parque Natural de Jandía desde el mirador de Cofete se queda impresionado al ver la Casa Winter, pero lo más misterioso es su historia.

La Casa Winter
La pista que llega a Cofete y Villa Winter
Existen dos versiones sobre el origen y el uso de esta gran casa. Una de ellas, y la más plausible, afirma que tan solo se construyó como uso vacacional en 1946/47, pero su actual habitante, Pedro Fumero, afirma que esto no es así. Según su testimonio, la construcción se encuentra sobre unas grutas naturales sumergidas que llegan hasta el mar, lo que permitiría que pudiesen llegar submarinos hasta la casa para abastecerse y ocultarse accediendo a través de unas escaleras al sótano. Bien es cierto que eso no se ha demostrado y las aguas de esa zona son de escasa profundidad. Además, no hay constancia de abastecimiento de submarinos alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial, en Fuerteventura.  

La Casa Winter
Hay relatos de lugareños de la cercana aldea de Cofete que además era un sitio en el que se hacían interminables fiestas con música, alcohol y prostitutas en las que se divertían militares alemanes y que en el gran salón de la casa se encontraba un retrato de Hitler. Fumero empezó una investigación a principios de la década de los 2000 y cuenta que descubrió salas secretas a las que se accedía por pequeñas puertas, un búnker en el sótano y pasillos de aspecto siniestro que quedaron tapiados por algún motivo, además de una cocina con un diseño que recuerda a un laboratorio. En los exteriores hay restos de un gran generador eléctrico y en las proximidades lo que dice que fueron pistas de aterrizaje. Todos estos detalles hacen pensar que la Casa Winter no tuvo precisamente un típico uso vacacional.

La Casa Winter
Una construcción tan fuera de lugar, en un paraje tan desolador, la época en que se empezó a construir, además del origen alemán de su promotor, no han hecho más que fomentar la leyenda de un lugar tan singular. La verdad es que todo lo que huele a nazis resulta muy atractivo y posiblemente uno de los que enriquecieron la leyenda fuera Alberto Vázquez-Figueroa con su novela Fuerteventura.

Gustav Winter fue un hombre peculiar que durante la Primera Guerra Mundial fue prisionero de guerra y además de trabajar en varios lugares, se dedicó a la exportación de productos alemanes y construyó la central eléctrica de Las Palmas de Gran Canaria. Para mediados de la década de 1930 se convirtió en propietario de toda la península de Jandía y en 1939 empezaron los paso para construir la mansión. Hasta 1944, Winter estuvo a caballo entre Fuerteventura, la Bélgica y Francia ocupadas, obteniendo pingues beneficios en sus negocios. Pero como le pasó a Alemania, lo perdió casi todo y tuvo que escapar a España, en donde conocería a su segunda esposa y se trasladarían definitivamente a Fuerteventura. Según el mito, ordenó vallar con alambre la península y controlar el acceso con guardias armados, aunque en realidad la valla solo sirvió para controlar el ganado y no hay pruebas del control armado. Winter no llegó a vivir en la casa y en 1958 intentó venderla o arrendarla. Los primeros que habitaron la vivienda llegaron en 1965: fueron la familia Pérez Acosta que se encargaban de cuidarla, pero solo estuvieron unos tres años.

Para saber más:
Casa Winter Cofete
Casa Winter
Fuerteventura, de Alberto Vázquez-Figueroa 
Diario de Fuerteventura
Majorero
Mi pueblo

domingo, 23 de febrero de 2025

Las SA de Hitler

Desde que aparecieron en 1921 como unas secciones deportivas del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) hasta que en 1934 sufriera su descabezamiento en la dramática "Noche de los Cuchillos Largos", las SA o Secciones de Asalto tuvieron un papel fundamental en el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania.

Las SA de Hitler
Desarrollaron rangos paramilitares que fueron adoptados posteriormente por las SS y sus ocupaciones eran diversas: repartían folletos y octavillas, pegaban carteles, vendían la prensa del partido, recaudaban fondos y afiliaban a simpatizantes, desfilaban por las calles al son de las bandas de música militar o auxiliaban a sus camaradas desamparados en comedores sociales o con alojamiento. Las SA regentaban los Sturmlokale, una red de bares y cervecerías que servía a su vez de sede de la organización. Pero además eran tremendamente violentos, atacaban a los judíos y reventaban los actos de los partidos contrincantes, en especial los comunistas, y les daban palizas. También se encargaban de la seguridad en sus propios actos políticos.

Las SA de HitlerSu violencia en muchas ocasiones era contestada por sus rivales en un clima violento próximo en ocasiones a la guerra civil. Tanto es así que más de 400 SA perdieron la vida en las calles. Esta situación llevó a la dirección del partido a sufragar un seguro colectivo para sus miembros.

Las SA atrajeron a millones de hombres sin rumbo en una Alemania hundida por el paro. Aun así, sus miembros pagaban de su bolsillo hasta el uniforme. Una parte notable de sus miembros tenían pasado comunista, por ese motivo se decía de las SA que eran como un filete; "pardo por fuera y rojo por dentro" debido al color de sus uniformes y a su pasado político. Pero a todos ellos le unía un elemento común: su fascinación por la violencia, de hecho su consigna favorita era "nos pegamos a lo grande".

Las SA de Hitler
Hitler con Röhm (1933)
Su trabajo, dedicado en cuerpo y alma al partido, fue muy mal "pagado". De ahí su anhelada "Segunda Revolución", que le costará la cabeza a sus dirigentes tras la toma del poder de Hitler, con su líder Ernst Röhm en primer lugar. Röhm quería que el ejército del Reich se integrara dentro de las SA, por lo que Himmler y Heydrich redactaron un informe falso, que presentaron ante Hitler, donde aseguraban que Röhm pretendía usar a sus SA contra el Führer. Detenido el 30 de junio de 1934 en el Hotel Hanselbauer en Bad Wiessee fue confinado en la prisión de Stadelheim donde dos miembros del SD (servicio de inteligencia de las SS) lo mataron a balazos.

Las SA siguieron existiendo, aunque sin apenas relevancia; la mayor parte de sus miembros pasó a las SS. Sorprendentemente, el mismísimo Himmler defendió la misma posición de reemplazar a la Wehrmacht por las SS una vez acabara la guerra.

Para saber más:
Nazis a pie de calle, de Jesús Casquete
Historia virtual del Holocausto
Spartacus educational
Vivir Diario
Mundo SGM

domingo, 8 de septiembre de 2024

El vagón del Armisticio

Un simple coche restaurante de los ferrocarriles franceses se convirtió en testimonio del fin de la Gran Guerra y de una venganza algo más de veinte años después. Primero fue el 11 de noviembre de 1918, y en el mismo lugar, un segundo, el 22 de junio de 1940.

El vagón del armisticio
Propiedad de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, el coche comedor CIWL 2419 D, fue construido en 1914 en Saint-Denis y su uso era para que los viajeros adinerados disfrutaran de selectos menús mientras viajaban de París al lujoso balneario de Deauville. Su destino cambió en agosto de 1918, cuando el mariscal Ferdinand Foch, lo convirtió en su oficina ambulante, en un momento en que el final de la guerra parecía muy cercano.

El vagón del armisticio
La idea inicial, era que la rendición alemana se firmara en Senlis, donde Foch tenía su cuartel general, pero la población había sido brutalmente atacada por los germanos antes de la primera Batalla del Marne, en 1914. Pero se temía una brutal reacción de la población que decidiera vengarse. Para evitar cualquier altercado se resolvió hacerlo en un lugar más aislado y el bosque de Compiègne fue el sitio elegido.

La delegación alemana cruzó la línea del frente la noche del 7 de noviembre de 1918 en varios automóviles escoltados por tropas francesas. Diez horas después llegaron a Compiègne. En el vagón lo esperaba el mariscal Foch junto a un alto oficial británico sin ninguna pretensión de negociación. Foch se limitó a entregarle un documento que imponía a Alemania una fuerte desmilitarización, la pérdida de territorios, el pago de grandes indemnizaciones de guerra, junto a otras concesiones. Tenían 72 horas para aceptar las condiciones.

Los germanos protestaron enérgicamente ante tan severas condiciones. No se podía considerar un armisticio. Que era una rendición incondicional. Todo fue en vano, no se cambió absolutamente nada del texto. Humillados, se vieron obligados a firmar. La rúbrica se materializó a las 5:30 del 11 de noviembre en el vagón sin la presencia de testigos, salvo los firmantes y un oficial del ejército francés. Tras la rendición, Foch ordenó que el coche oficina fuera trasladado a París para ser expuesto como triunfo sobre los alemanes

El vagón del armisticio
22 años después la situación fue muy diferente. Alemania parecía imparable y Francia había caído derrotada en pocas semanas. París cayó en manos alemanas el 14 de junio y el gobierno francés, que se encontraba en Burdeos, quiso pedir un armisticio. El presidente Paul Reinaud era contrario y renuncio a su cargo, por lo que fue sustituido por el mariscal Philippe Pétain, Hitler tenía clara la venganza por la derrota de la Primera Guerra Mundial. El vagón del armisticio de 1918 volvería al bosque de Compiègne.

Para rematar la humillación francesa, Hitler se sentó en el mismo lugar que el mariscal Foch y obligó a los franceses a hacer lo mismo en los lugares que ocuparon, más de dos décadas antes, los representantes alemanes. Tras unas palabras Hitler se retiró, y el mariscal Keitel entregó las condiciones del armisticio que determinaba, entre otras condiciones, que Alemania ocuparía dos terceras partes del país dejando el resto a un gobierno colaboracionista y que Francia debía costear los gastos del ejército de ocupación estimado en unos 400 millones de francos diarios. Evidentemente, los franceses se quejaron de unas condiciones tan duras, pero, como sucedió en 1918, los alemanes se mantuvieron inflexibles.

El vagón del armisticio
Tras la firma, Hitler ordenó destruir todo lo referente a la victoria francesa de 1918, salvo la estatua del mariscal Foch y que el vagón fuera trasladado a Berlín, como se hizo más de veinte años antes en París. Se colocó una pasarela a su alrededor para que a través de sus ventanas se viera el interior en el que se exponía el original del Tratado de Versalles.

En 1945 una delegación del ejército francés se dedicó a buscar el vagón para llevarlo de vuelta a París, pero fue en vano. Poco a poco fueron apareciendo algunas partes del vagón del armisticio que actualmente se pueden ver en el Museo del Armisticio de Compiègne. Hitler ordenó a las SS destruirlo para que no volviera a ser usado para la rendición de Alemania. Desde 1950 un coche comedor perteneciente a la misma serie y acondicionado como el original CIWL 2419 D se encuentra en el mismo lugar de Compiégne.

Para saber más:
Museo del Armisticio
National Geographic
La Razón
France24
Asuntos Ferroviarios
AP News

domingo, 5 de mayo de 2024

Las mártires de Nowogródek

Terminaba el verano de 1929 cuando dos monjas de la orden de la Sagrada Familia de Nazaret decidieron instalarse en un pequeño pueblo llamado Nowogródek y crear un convento que llegó a ser el refugio de varios miles de personas.

Nowogródek era una población que pasó a formar parte del territorio polaco tras el fin de la Primera Guerra Mundial, aunque tras la invasión soviética de Polonia, producida dos semanas después de que lo hiciera Alemania, fue tomada por el Ejército Rojo. Esto provocó que las monjas tuvieran que abandonar el convento y trasladarse a diversas casas de los parroquianos. Para 1941 los alemanes tomaron la población y las religiosas volvieron al convento. Desde el desmembramiento de la URSS la población forma parte de Bielorrusia.

En su campaña de exterminio de los judíos, los alemanes comenzaron las matanzas en Nowogródek a finales de 1941 asesinando a más de cinco mil judíos, para el verano del año siguiente asesinaron a otros 4.500.

En la región se encontraban diversos grupos de resistencia polaca y el grupo partisano judío de los Hermanos Tuvia, Aaron, Alexander y Assael Bielski. Entre el 17 y el 19 de julio de 1943, la Gestapo, la policía secreta nazi, arrestó a 180 personas, con la intención de eliminar a la resistencia, y en seguida se supo que todos ellos serían ejecutados.

Aunque no está debidamente documentado y solo existen algunos testimonios, como el relato del sacerdote Alexander Zienkiewicz, que era buscado por los germanos, las mujeres de la ciudad pidieron ayuda a las monjas, que, además de rezar por ellos, pidieron a los alemanes que las dejaran ocupar el lugar de los prisioneros. Para entonces, solo eran 12 monjas y fueron requeridas en las oficinas de la Gestapo. En el convento se quedó la hermana Małgorzat, que trabajaba como enfermera en el hospital. Pensaban que todo se arreglaría y que, como mucho, serían enviadas a Alemania.

La mayor de las religiosas, la hermana Mary Stella, dijo antes de ser arrestada:

Oh Dios, si es necesario el sacrificio de la vida, acéptalo de nosotras que estamos libres de obligaciones familiares y perdona a los que tienen esposa e hijos a su cargo.

Un centenar de presos fueron deportados para trabajar en la granja del oficial al cargo de guarnición de la ciudad, Wilhelm Traub, que pertenecía a una familia con muchas tierras en Alemania y unos pocos fueron liberados. Todos ellos lograron sobrevivir a la guerra.

Las 11 monjas católicas no tuvieron esa suerte.  El 1 de agosto de 1943 fueron asesinadas en un bosque a las afueras de la ciudad, convirtiéndose en “Las mártires de Nowogródek”. Aunque el traslado de los presos y el asesinato de las religiosas coincidieron en el tiempo, no hay ninguna evidencia de que existieran las negociaciones para que esas mujeres dieran sus vidas a cambio de los prisioneros

El padre Zienkiewicz, que permaneció escondido, después de que los alemanes fueran expulsados en ese territorio, dirigió la exhumación de los cuerpos de las monjas y las volvió a enterrar cerca de su iglesia. Para él, el asesinato de las monjas fue debido a un error, al ser confundidas con otros religiosos sospechosos de colaborar con la resistencia. Todos los que fueron testigos de la vida de estas monjas están seguros de que sacrificaron sus vidas "guiadas por la fe y el amor a Dios y al prójimo".

Las "Mártires de Nowogródek" son las hermanas María Stella del Santísimo Sacramento, María Imelda de Jesús la Hostia, María Raimunda de Jesús y María, María Daniela de Jesús y María Inmaculada, María Canuta de Jesús en Getsemaní, María Gwidona de la Divina Misericordia, María Sergia de Nuestra Señora de los Dolores, María Kanizja, María Felicyta, María Heliodora y María Boromea de 26 años. Fueron beatificadas por el Papa Juan Pablo II en el año 2000. 


Para saber más:
Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret
Churchpop
College of the Holy Cross
Opoka

domingo, 11 de febrero de 2024

Los camiones de hormigón

En una anterior entrada hablábamos de un acorazado de hormigón en las Filipinas y en otra sobre la primera heladería flotante tambien fabricada con este material de construcción. En esta ocasión traemos unos peculiares vehículos fabricados por los británicos.

Los camiones de hormigón
En los primeros compases de la guerra había escasez de vehículos blindados y surgió de la mente de John G. Ambrose y Charles B. Mathews blindar con hormigón vehículos preexistentes y presentaron su proyecto Bison (bisonte) al Ejército, que lo terminó aprobando. La relación de estos dos hombres con el cemento forjado viene de cuando sirvieron en el Cuerpo de Ingenieros británico durante la Primera Guerra Mundial, cuando crearon búnkers prefabricados. Tras el conflicto decidieron unirse para fundar la Concrete Ltd., y dedicarse a la fabricación de estructuras prefabricadas. 

Para desarrollar los bisontes no se partió de un modelo determinado, se recurrió a aprovechar los camiones de los que se iban disponiendo, tanto civiles como militares. Esto hizo que cada Bison fuera una pieza única y peculiar. Para crear estos búnkers rodantes se los dejaba en el chasis y posteriormente se realizaba un encofrado de madera para para verter el hormigón. 

Los camiones de hormigón
Se calcula que se fabricaron entre 200 y 300 vehículos. Lamentablemente, no hay ningún superviviente. En el museo de aviación de Lincolnshire, en East Kirkby, se encuentra la única pieza original perteneciente a un bison y en el museo de tanques de Bovington exhiben una réplica de fibra de vidrio de un Thornycroft Tartar 6X4 de 1931. Curiosamente estos vehículos comparten el nombre con un cañón autopropulsado alemán, que se montaba sobre el chasis del PzKpfw 38(t) SdKfz 140.

Los camiones de hormigón
El hormigón se siguió utilizando para intentar aumentar el blindaje de los carros de combate pero con escaso éxito ya eran incapaces de detener los proyectiles de carga hueca y los tanques adquirían un peso extra que los hacía mucho más lentos y gastar más combustible. No hay que confundir este blindaje con el Zimmerit ya que este producto lo desarrollaron los alemanes para evitar las bombas magnéticas y no ofrecían un blindaje real. Los soviéticos llegaron a crear un blindaje total de hormigón para el T-34, pero se terminó descartando por su coste. 

Esta curiosa historia me ha hecho recordar los tres tanques construidos con cemento en Menorca, situados junto a la carretera de la Mola, entre el Cap Negre y Es Freus. 

Para saber más:
Foro Transporte Profesional
Blitzkrieg
Menorca
Historias SGM

domingo, 21 de mayo de 2023

El amor de Hitler por los perros

Adolf Hitler es un personaje tan conocido como controvertido. Un hombre que menospreciaba la vida de quienes consideraba untermenschen (subhumanos) y no dudaba en enviarlos a la muerte, pero que mostraba un profundo afecto por los perros que le acompañaron a lo largo de su vida. Esta peculiaridad fue aprovechada por la propaganda para mostrarle como una persona cariñosa del mismo modo que hicieron con las imágenes con niños.

El amor de Hitler por los perros
No se sabe a ciencia cierta si tuvo algún can en su infancia o juventud pero en la Gran Guerra, donde luchó como soldado, adoptó un perro callejero al que llamó Fuchsl (Zorrito) cuando lo encontró vagando por Ypres. Hitler, se dedicó a su cuidado en el tiempo libre de que disponía. Pero su amigo canino se perdió en una estación de ferrocarril y acusó a sus compañeros de habérselo robado.

Durante la dura vida de la posguerra Hitler tuvo un nuevo amigo perruno, Prinz (Príncipe), un pastor alemán. La situación económica del futuro Führer era tan precaria que tuvo que encontrarle un nuevo hogar. Al parecer, Prinz se escapó y dio de nuevo con su antiguo amo. Esa muestra de lealtad impresionó de tal modo a Hitler que hizo que esa raza alemana fuera su preferida. Para Hitler, la lealtad y la obediencia de los pastores alemanes encarnaba el ideal de devoción al Reich y como era una raza  “pura” por ser tan semejante con sus ancestros los lobos y, sobre todo, por ser una raza alemana los convertía en un claro ejemplo de las ideas raciales nazis.

El amor de Hitler por los perros
Después de su leal Prinz tuvo otros tres perros: un ovejero alemán llamado Muckl y dos perras pastor alemán (madre e hija) llamadas Blonda. La cuarta en llegar fue una hembra, también pastor alemán, regalada por Martin Bormann, su secretario personal. Blondi (Rubia). Llegó en 1941 siendo tan solo una cachorra. Hitler amaba a Blondi, más que a su amante Eva Braun, que según se cuenta odiaba a Blondi, a la que a la que golpeaba si tenía la ocasión. Le dejaba dormir en su cama y le gustaba mostrar a quien le visitaba los trucos que hacía la perra,  que le había enseñado Fritz Tornow, el Feldwebel que adiestraba a los perros del Führer. También adquirió otra pastor alemán que hiciera compañía a Blondi llamada Bella. Eva Braun, prefería a Negus y Stasi sus dos perros terriers escoceses.

Blondi fue su fiel compañera hasta el último momento. Hasta los últimos días en el búnker de Berlín y en donde ambos terminaron muriendo. Como posteriormente hizo consigo mismo, Hitler prefirió quitarle la vida antes de permitir que cayera en manos de los soviéticos. Le dieron a ingerir una cápsula de cianuro de las preparadas para el Führer. Sus cachorros corrieron igual suerte, fueron sacrificados a tiros por su cuidador. 

Para saber más:
National Geographic
Wikipedia
El Correo
Ciencia Histórica
ABC
Estudio de Hitler

domingo, 16 de abril de 2023

Los Hermanos del Bosque

Los Hermanos del Bosque fue un grupo guerrillero que se formó a principios del siglo XX aglutinando a muchos jóvenes en edad militar que se negaron a luchar por el Imperio Ruso contra Japón en la Guerra Ruso-Japonesa.

Los Hermanos del Bosque con el tiempo se fueron disolviendo hasta que en 1940 Stalin se empezó a hacer con el control de Lituania, Letonia y Estonia sacando partido al pacto de no agresión firmado con la Alemania nazi entre Molotov y Ribbentrop. Este dejaba vía libre a la anexión de territorios y que Stalin aprovechó para anexionarse las tres repúblicas bálticas perdidas en la Gran Guerra. En la actualidad se sigue creyendo que estos tres países se unieron a la Unión Soviética de manera voluntaria. Nada mas lejano de la realidad.

Desde el principio comenzó la represión en la región, con asesinatos, detenciones y deportaciones, lo que fomentó el regreso de los Hermanos del Bosque.
En Estonia, 75.000; en Letonia, unas 34.250; y en Lituania, 75.000 personas fueron deportadas por las razones más peregrinas, como cantar canciones populares en público. Todo esto motivó que las gentes abandonara sus casas para refugiarse en los bosques del interior de la costa báltica oriental y desde allí luchar contra el invasor ruso. Muchos de los que no huyeron a los bosque fueron obligados a servir en las filas del Ejército Rojo por orden directa de Stalin.

Los guerrilleros de los bosques empezaron a formarse con ex soldados y oficiales de las repúblicas bálticas y por guardias de fronteras. A ellos se unieron las personas que huían de la represión del NKVD.

El 22 de junio de 1941 Hitler rompió el pacto de no agresión y lanzó la Operación Barbarroja comenzando la invasión de la Unión Soviética. En julio las tropas de la Wehrmacht llegan a Estonia, Letonia y Lituania expulsando a los soviéticos. Tras la "liberación" y hasta 1943 algunos guerrilleros del bosque fueron englobados, primero en el Heer y posteriormente en las divisiones de las Waffen SS de cada uno de estos países. Finalmente casi desaparecieron, quedando solo unos pequeños grupos dispersos.

Cuando Alemania estaba en retirada tras la derrota del 6º ejército alemán en Stalingrado cambiaron las tornas para los tres países bálticos. De nuevo llegó el terror soviético. Hasta 1951 más de 600.000 personas fueron deportadas a Siberia. Estas deportaciones masivas reactivaron nuevamente a los Hermanos del Bosque. Lucharon hasta diez años después de acabar la Segunda Guerra Mundial contra los soviéticos. Fueron acosados por el Ejército Rojo y el NKVD que infiltró a sus agentes en algunos grupos guerrilleros. Algunos grupos formados por el NKVD se hacían pasar por Hermanos del Bosque, asesinando a campesinos para fomentar la antipatía hacia los verdaderos guerrilleros.
Desde comienzos de los 50, los Hermanos del Bosque contaron con el apoyo de suministros y de inteligencia de los servicios secretos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Suecia, pero duró poco.

El número de guerrilleros variaba según la zona, pero los Hermanos del Bosque se contaron por miles. Solo en Estonia se calcula que fueron unos 15.000 combatientes. A partir de la muerte de Stalin, y gracias a una amnistía fueron disminuyendo sus acciones hasta disolverse por completo.

Para saber más:
Eurasia 1945 [1] [2] [3]
Russia Beyond
Culture Trip
Wikipedia
Forest Brothers (Documental de 2014)

domingo, 25 de diciembre de 2022

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad

Autor invitado: Gustavo Adolfo Ordoño

Más de un millón de soldados alemanes cruzaban el 1 de septiembre de 1939 la frontera con Polonia. Cuarenta y ocho horas después, el 3 de septiembre, Francia y Gran Bretaña declaraban la guerra a Alemania. Es la fecha hito para dar por comenzada la Segunda Guerra Mundial en los libros de historia. Sin embargo, para millones de personas que vivieron esa fecha en Londres y París, todavía no era más que el otoño que precede al invierno navideño. 

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
Las noticias bélicas de esos tres primeros meses del conflicto se limitaron a los logros de la Wehrmacht en su exitosa «invasión relámpago» de Polonia. También se atendió a las informaciones preocupantes del ataque soviético a Finlandia en noviembre. Pero el resto de los movimientos bélicos no inquietaban. El Ejército francés se atrincheró en la Línea Maginot y los germanos se posicionaron en su Línea Sigfrido. Era la "calma tensa" antes de la tormenta. 

Se procuró en las dos capitales de las potencias aliadas aparentar un ambiente de tranquilidad, con la preparación de unas Navidades en "normalidad". Era lógico que en París se viviera con mayor preocupación los movimientos alemanes. En la anterior guerra mundial, la capital francesa había estado seriamente amenazada. El Ejército alemán estuvo a las puertas de París en la llamada primera batalla del Marne, en septiembre de 1914. Pero una vez que pasó el miedo inicial a los bombardeos de la Luftwaffe, que no se dieron en esos primeros meses, el optimismo y las ganas de festejar predominaron en los parisinos de la Navidad de 1939. No fue un diciembre muy frío y las terrazas de los cafés de París tuvieron su animada y habitual clientela esas Navidades. Incluso la famosa noche parisina de espectáculos de cabaret aumentó su oferta en Navidad

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
En realidad, eran los gobiernos francés y británico los que mostraban más señales de angustia ante la situación bélica que los propios ciudadanos. Desde el gobierno de París se hicieron constantes llamamientos a los ciudadanos para que se enviasen regalos de Navidad a los soldados movilizados. Aumentar el patriotismo, porque temía que los civiles se despreocuparan demasiado en esas fiestas del conflicto y se olvidasen de los militares. La verdad es que los parisinos, teniendo una premonición de la llegada de malos tiempos, disfrutaron esa Navidad de su ciudad como si fuera la última a celebrar... y, desde luego, acertaron al sufrir la invasión nazi de su país en junio de 1940. 

Curiosamente, Londres estaría más angustiada con los posibles ataques alemanes y le costó más despreocuparse para celebrar unas "Navidades normales" en 1939 que a la Ciudad de la Luz. En todo momento se estuvo alerta ante los temidos bombardeos de la Luftwaffe. Ni el pasar de las semanas sin movimientos aéreos preocupantes, sólo con noticias de esporádicas batallas navales, tranquilizó a los regidores de Londres. Se organizó, desde el mismo septiembre, una evacuación masiva de niñas y niños londinenses, mandados a la campiña inglesa para salvarlos de los bombardeos nazis. En diciembre de 1939 se alcanzó la cifra de 850.000 niños evacuados. Fueron enviados con familias de acogida a la Inglaterra rural, mientras sus padres se quedaban en la "defensa de Londres". 

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
A pesar de medidas tan estrictas como esa, que separaba a las familias en plenas Navidades, el ambiente optimista y festivo de Navidad se forzó en la gran ciudad como una manera de insuflar ánimos. Resultaba complicado preparar las fiestas por detalles como el obligado apagón de luces, hasta de los faros de los coches, como norma contra los posibles bombardeos nocturnos. Ir de compras en las noches navideñas, con los escaparates apagados, sin farolas y los vehículos sin luces, aumentó los atropellos de viandantes. Al final se tuvo que dejar el uso de tenues linternas, porque las tiendas todavía estaban repletas de suministros y la Navidad es época de consumir. 

En efecto, los almacenes estuvieron más llenos que nunca esas Navidades. Parece que el anuncio del gobierno británico de empezar con el racionamiento a partir de 1940, animó a los londinenses a disfrutar todo lo posible de esas Fiestas Navideñas. Ese «disfrute al máximo» no solamente se daría en los hogares, se vio un incremento de fiestas y de reservas para celebraciones navideñas en los restaurantes y hoteles más lujosos de Londres. Unos hoteles como el Savoy o el  Ritz, que tuvieron aforos completos en las comidas y cenas de aquellas fiestas. Unos lugares, como muchas de las casas de los londinenses, que pronto serían objetivo de esos temidos y aún no llegados bombardeos de la Luftwaffe.

Gustavo Adolfo Ordoño es historiador y periodista. Es el autor del blog Pax Augusta: "La única web sobre civilización y barbarie". 

domingo, 16 de octubre de 2022

Las marcas de la victoria

Contabilizar las victorias ante el enemigo ha sido una práctica común desde la prehistoria, ya sea en una pintura en una cueva, una "muesca" en la culata de un arma de fuego o un símbolo pintado en un avión.

Las marcas de la victoria
Durante la Segunda Guerra Mundial, junto al Nose Art, el uso de marcas en el costado de los aviones era algo muy extendido, al igual que en navíos o vehículos terrestres. Esta costumbre se heredó principalmente de los escuadrones aéreos de la Gran Guerra que registraban las muertes en combate o los derribos en un tablero ubicado en la base de operaciones y que mostraba la insignia (escarapela) del enemigo derribado. Estos símbolos fueron evolucionando con el tiempo, variaron en estilo y fueron realizados en gran parte por los pilotos y el personal de tierra para aumentar la moral y llevar la cuenta de las acciones y victorias durante la guerra

Las marcas de la victoria
Estos símbolos se encontraron en casi todos los tipos de aviones durante todo el conflicto y se han mantenido hasta la actualidad. Desde bombarderos y cazas hasta transportes, todas estas aeronaves exhibieron estas marcas, así como las de misión. Aunque no todas las misiones o victorias se contabilizaron a través de estas marcas, estos símbolos cuentan una parte importante de la historia del avión y sus tripulaciones

Los aparatos aliados solían llevar estas marcas pintadas en el costado, próximos a la cabina del piloto, mientras que los pilotos de caza alemanes los situaban en la cola del avión. Es destacable que en su marcas distinguían con una flecha hacia arriba si el derribo se había producido en el aire y hacía abajo si la destrucción fue en tierra.

Las marcas de la victoria
No hay duda de que para un As de caza estas marcas eran de gran importancia, ya que señalaban sus logros en combate. Una victoria en el combate había que contarla y contabilizarla. Para ello, lo corriente era exhibir la insignia o marca nacional del enemigo para marcar el derribo. Se usaban las esvásticas, banderas imperiales japonesas, estrellas rusas, fasces romanas, banderas estadounidenses o cualquier símbolo que pudiera representar las victorias, como los anillos blancos que marcaban en sus cañones los servidores de los cañones o blindados alemanes. Resulta curiosa la historia del piloto estadounidense Louis E. Curdes que tiene en su haber el derribo de un avión de transporte C-47 de los suyos y que ya contamos en otro artículo.

Cuando durante las misiones se destruían elementos del enemigo como tanques, puentes, navíos o un tren, todos ellos eran representados con su correspondiente silueta. 

Las marcas de la victoria
Las marcas de misión de bombardeo se indicaban dibujando en el fuselaje una bomba para cada misión que variaba en forma tamaño y diseño. Una estrella indicaba que el aparato había sido líder en la misión. En el caso de las misiones de protección a los bombarderos a la bomba se le solía colocar un paraguas que también podía aparecer solo. Para marcar las escoltas se usaba un sombrero de copa con un bastón. Si un caza llevaba pintada una escoba significaba que había participado en una misión de barrido de cazas para limpiar el cielo de aparatos enemigos. En los aviones de transporte fueron importantes las misiones de lanzamiento de carga y de paracaidistas. Estas misiones se indicaron con un paracaídas y un contenedor de carga debajo. Para los lanzamientos de paracaidistas se simbolizaban con la silueta de un C-47 sobre el paracaídas.

domingo, 21 de agosto de 2022

El campo de prisioneros más grande de Gran Bretaña

El campo de prisioneros de Moor Lodge se encontraba cerca de la población de Sheffield, en Yorkshire. Creado durante la Primera Guerra Mundial fue el "Campo de prisioneros de guerra número 17", aunque inicialmente fue un campo de entrenamiento del ejército británico.

El campo de prisioneros más grande de Gran Bretaña
Durante el periodo de la Gran Guerra, entre sus prisioneros "más ilustres" se encontraba el capitán de submarinos Karl Dönitz, capturado en 1918 y que llegó a ser almirante y comandante en jefe de la Kriegsmarine durante la Segunda Guerra Mundial. Dönitz pasó mes y medio en el campo número 17, del que consiguió salir tras fingir una enfermedad mental. Transferido al Hospital Wythenshawe en Manchester, finalmente fue deportado a Alemania.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña construyó en su territorio 1.500 campos de prisioneros. Tras el comienzo de la guerra, a Moor Lodge empezaron a llegar prisioneros italianos, obligados a trabajar en granjas cercanas bajo la supervisión de la población local, con la que mantuvieron muy buenas relaciones. De hecho, en Sheffield viven descendientes de esos presos italianos.

Tras la llegada de prisioneros alemanes, las condiciones del campo de concentración se deterioraron. Los presos pasaban el día bajo la lluvia, el frío y el barro. Llegó a estar tan masificado que en 1944 el Comité Internacional de la Cruz Roja en un informe lo describió como "insuficiente e inhabitable" y en el que una mitad de los cautivos vivían en "chozas" (en realidad eran barracones Nissen) y la otra mitad en "tiendas de campaña". Según algunos testimonios, en los barracones malvivieron hasta 70 prisioneros, cuando el número máximo no debería exceder de los 30.

Moor Lodge, era considerado un campo de tránsito en el que los prisioneros alemanes eran interrogados y clasificados según su lealtad a la causa nazi. Los más leales eran los "negros", los opuestos al régimen eran los "blancos", pero la mayoría eran catalogados como "grises". Los casi 11.000 prisioneros que pasaron en su punto más álgido (a partir del Día D), podían pasar semanas hasta que se determinaba su clasificación.

El 20 de diciembre de 1944 un grupo de prisioneros alemanes organizaron una fuga de Moor Lodge, pero fueron capturados en las cercanías de Rotherham al día siguiente.

Desde el final de la guerra, este campo permaneció oculto hasta que un grupo de estudiantes británicos de arqueología lo descubriera en el verano de 2019, en un bosque, a unas cinco millas al oeste de Sheffield.

Para saber más:
The Great German Escape, de Charles Whiting
The university of Sheffield
The Guardian
Atlas Obscura
Dark Yorkshire

lunes, 11 de julio de 2022

El hombre que pudo haber evitado la Segunda Guerra Mundial

Antes incluso de la anexión de Checoslovaquia a Alemania en 1938, y en un tiempo en que Hitler había sido propuesto para el premio Nobel de la Paz, tras la firma de un acuerdo de paz con el Primer Ministro británico Neville Chamberlain y el Primer Ministro francés Edouard Daladier de Francia, ante Benito Mussolini. E incluso antes de enero de 1939, cuando la revista norteamericana TIME nombró a Hitler "Hombre del Año de 1938" (no ha de ser el mejor del año, sino el más trascendente), Iván Maiski, embajador en el Reino Unido de la Unión Soviética de 1932 a 1943, propuso un frente común contra la amenaza de Hitler en Europa.

El embajador Maiski, intentó crear un pacto entre soviéticos, británicos y franceses contra la Alemania nazi y posiblemente nadie se esforzó tanto para que las relaciones entre el Reino Unido y su patria fueran fluidas. También durante la Guerra Civil Española hizo grandes esfuerzos para que la Unión Soviética se implicara más en la ayuda al gobierno de la II República.

Iván Maiski, un judío muy perspicaz e inteligente, que hablaba un perfecto inglés, era un buen amigo del que en mayo de 1940, fuera nombrado Primer Ministro Británico, Winston Churchill, quien antes de la guerra era un firme opositor a la política del Primer Ministro Chamberlain y apoyó, a pesar de ser anticomunista, la idea de la diplomacia soviética de crear un eje Londres-París-Moscú que parara las intenciones expansionistas de Hitler, evitando de este modo las anexiones previas al conflicto mundial y como consecuencia la Segunda Guerra Mundial en Europa.

En 1938 la mayoría de la clase política británica al igual que la opinión pública británica apoyaban la política de apaciguamiento. El último día de septiembre sin la presencia de los checoslovacos, ni de los soviéticos, se firmaron los acuerdos de Múnich que aprobaron la incorporación de los Sudetes, una parte de Checoslovaquia a Alemania. Así creían que evitaban una nueva guerra, pero lo único que logró fue dar vía libre a las ansias expansionistas de Hitler.

Tras el fracaso diplomático de los acuerdos de Múnich  el comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS, Maksim Litvínov fue despedido de su cargo en 1939. Aunque muchos diplomáticos cayeron con Litvínov, Maiski se mantuvo como embajador en Gran Bretaña aunque el Kremlin envió un agente del NKVD, que se hacía pasar por diplomático, para vigilar sus movimientos.

El 23 de agosto de 1939 Ribbentrop, por Alemania y Molotov, por la Unión Soviética firmaron un Tratado de no Agresión, conocido por el nombre de los dos ministros de asuntos exteriores. En este caso, igual que con los acuerdos de Múnich, el gobierno soviético creía que evitaba una nueva guerra. Nada más lejos de la Realidad.

El primer día del mes de septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia, dos semanas después lo hizo la URSS, en base a un protocolo adicional secreto incluido en el Pacto Ribbentrop-Mólotov. Casi dos años después, el 21 de junio de 1941 los alemanes lanzaron la Operación Barbarroja, para invadir la Unión Soviética. Un mes después de la invasión Maiski firmó el Acuerdo Sikorski-Maiski que declaró nulo y sin efecto el Tratado de no agresión Germano-Soviético.

Firma del acuerdo Sikorki-Miski.
Wladyslaw Sikorski, Anthony Eden, Winston Churchill, e Ivan Maisky
En 1943, Maiski fue destituido como embajador, quizá por no haber podido convencer a Churchill de abrir el segundo frente en Francia para bajar la presión de la URSS en el Este, aunque aseguró a Stalin que Gran Bretaña no tenía interés en firmar una paz por separado con Alemania y presionaba a Churchill para que abriera ese segundo frente, que no comenzó hasta junio de 1944, con el desembarco en las playas de Normandía.

En 1945, se retiró del servicio activo en la diplomacia soviética y se dedicó a la historia. En la Unión Soviética de los años 50 hubo masivas represiones. Tras el llamado Complot de los Médicos en 1953 (una supuesta conspiración dirigida por prestigiosos médicos judíos), Maiski fue interrogado más de 30 veces. Dos años después de la muerte de Stalin fue puesto en libertad. Falleció a los 90 años.

Para saber más:
El Cuaderno Secreto Iván Maiski, embajador soviético en Londres, 1932 - 1943, de Iván Maiski
Fundación RBA
Eldiario
Curistoria
Wikipedia
No Solo Batallas SGM
El Nacional

domingo, 6 de marzo de 2022

Desertor en la Alemania Nazi

Los tribunales militares alemanes sentenciaron a muerte a 30.000 soldados por el delito de deserción. Se cumplieron 23.000 sentencias, aunque algunas fuentes las calculan entre 15.000 y 18.000. Durante la gran guerra tan solo se ejecutaron 48 soldados alemanes por ese motivo.

Desertor en la Alemania Nazi
Teniendo en cuenta que en el ejército norteamericano tan solo fue ejecutado por deserción el soldado Eddie Slovik, tal cantidad de soldados alemanes ejecutados es una cifra escalofriante. En el caso soviético la cifra de deserciones oscila sobre el millón de soldados, pero se desconoce la cifra de ejecutados por deserción.

Una causa de tan altas sentencias en el ejército alemán es la estricta disciplina germana, que llevó a perseguir y juzgar tan duramente a los desertores como forma de desalentar a cualquier soldado que pudiera tener deseos de escapar del ejército. Por ese motivo muchos optaron por fingir o intensificar enfermedades ya existentes para evitar la entrada en el ejército y hasta la auto-mutilación. Otro recurso era acceder a puestos de trabajo que fueran esenciales para la guerra.

Otros motivos por el que se fue tan enérgico con la deserción hay que buscarlos en el propio sistema nazi que se apoya en que Alemania no fue realmente derrotada en el campo de batalla en la Gran Guerra. Fue traicionada por los políticos y que el Ejército fue demasiado benévolo con los casos de sedición, confraternización y deserción.

Desertor en la Alemania Nazi
Otro pilar del nacionalsocialismo es la glorificación del militarismo. Toda la sociedad estaba de un modo u otro militarizada. El soldado alemán era glorificado como la herramienta infalible que llevaría a Alemania a la victoria en todos los frentes y al incorporarse a filas afirmaba en su juramento que debe obediencia incondicional a Adolf Hitler y de estar preparado como valiente soldado a dar su vida por ese juramento. De este modo el soldado alemán que desertaba o no se encontraba dentro de ese ideal era excluido de esa sociedad militarizada desde la infancia. 

Hitler escribió en Mein Kampf:
Quien combate en el frente puede morir; quien deserta, debe morir. 
Aplicando la sentencia dictada por Hitler en su libro y biblia del nazismo, los desertores, fuese por el motivo que fueses, "debían morir". No se debía permitir vivir a personas que podrían minar la moral alemana y causar un derrotismo que pudiera llevara la derrota.

Desertor en la Alemania NaziDurante los momentos finales de la guerra. las penas de muerte, en multitud de ocasiones eran sentenciadas en juicios rápidos y con pocas, o ningunas, garantías. En esos juicios fueron sentenciados muchos soldados que habían quedado perdidos tras haberse separado de sus diezmadas unidades o en las que eran los únicos supervivientes. Además de la Feldgendarmerie (Gendarmería de campaña), en esos últimos momentos existían grupos especiales, regulares e irregulares, que se dedicaban a la caza de desertores, como la llamada "La Tropa de Herold", compuesta por unos 80 soldados bajo el mando de un falso Hauptmann (capitán) de la Luftwaffe. Este grupo asesinó a más de 150 personas.

Los cientos de desertores que habían sobrevivido a la guerra creían que serían amnistiados. Tuvieron que esperar décadas debido a la fuerte oposición de los grupos de derechas que mantenían que la Wehrmacht no tuvo relación ideológica con los nazis, por lo que considerarlos, del algún modo, como víctimas del régimen nazi era reconocer el papel activo del ejército alemán en los crímenes de guerra.

Las revisiones de las sentencias se fueron realizando una por una y caso por caso, aunque un número importantísimo de ellas se habían perdido debido a los bombardeos o simplemente destruidas para evitar que cayeran en manos aliadas o para borrar la connivencia de los jueces con el régimen.

Después de más de 10 años de lucha, la Federación de las Víctimas de la Justicia Militar Nacionalsocialista, consiguió que en 2002 el Parlamento alemán aplicara una amnistía total, aunque esta no se hizo efectiva hasta 2009. La mayoría de ellos no vivió lo suficiente para ver su honor restablecido.

Para saber más: