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domingo, 25 de diciembre de 2022

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad

Autor invitado: Gustavo Adolfo Ordoño

Más de un millón de soldados alemanes cruzaban el 1 de septiembre de 1939 la frontera con Polonia. Cuarenta y ocho horas después, el 3 de septiembre, Francia y Gran Bretaña declaraban la guerra a Alemania. Es la fecha hito para dar por comenzada la Segunda Guerra Mundial en los libros de historia. Sin embargo, para millones de personas que vivieron esa fecha en Londres y París, todavía no era más que el otoño que precede al invierno navideño. 

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
Las noticias bélicas de esos tres primeros meses del conflicto se limitaron a los logros de la Wehrmacht en su exitosa «invasión relámpago» de Polonia. También se atendió a las informaciones preocupantes del ataque soviético a Finlandia en noviembre. Pero el resto de los movimientos bélicos no inquietaban. El Ejército francés se atrincheró en la Línea Maginot y los germanos se posicionaron en su Línea Sigfrido. Era la "calma tensa" antes de la tormenta. 

Se procuró en las dos capitales de las potencias aliadas aparentar un ambiente de tranquilidad, con la preparación de unas Navidades en "normalidad". Era lógico que en París se viviera con mayor preocupación los movimientos alemanes. En la anterior guerra mundial, la capital francesa había estado seriamente amenazada. El Ejército alemán estuvo a las puertas de París en la llamada primera batalla del Marne, en septiembre de 1914. Pero una vez que pasó el miedo inicial a los bombardeos de la Luftwaffe, que no se dieron en esos primeros meses, el optimismo y las ganas de festejar predominaron en los parisinos de la Navidad de 1939. No fue un diciembre muy frío y las terrazas de los cafés de París tuvieron su animada y habitual clientela esas Navidades. Incluso la famosa noche parisina de espectáculos de cabaret aumentó su oferta en Navidad. 

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
En realidad, eran los gobiernos francés y británico los que mostraban más señales de angustia ante la situación bélica que los propios ciudadanos. Desde el gobierno de París se hicieron constantes llamamientos a los ciudadanos para que se enviasen regalos de Navidad a los soldados movilizados. Aumentar el patriotismo, porque temía que los civiles se despreocuparan demasiado en esas fiestas del conflicto y se olvidasen de los militares. La verdad es que los parisinos, teniendo una premonición de la llegada de malos tiempos, disfrutaron esa Navidad de su ciudad como si fuera la última a celebrar... y, desde luego, acertaron al sufrir la invasión nazi de su país en junio de 1940. 

Curiosamente, Londres estaría más angustiada con los posibles ataques alemanes y le costó más despreocuparse para celebrar unas "Navidades normales" en 1939 que a la Ciudad de la Luz. En todo momento se estuvo alerta ante los temidos bombardeos de la Luftwaffe. Ni el pasar de las semanas sin movimientos aéreos preocupantes, sólo con noticias de esporádicas batallas navales, tranquilizó a los regidores de Londres. Se organizó, desde el mismo septiembre, una evacuación masiva de niñas y niños londinenses, mandados a la campiña inglesa para salvarlos de los bombardeos nazis. En diciembre de 1939 se alcanzó la cifra de 850.000 niños evacuados. Fueron enviados con familias de acogida a la Inglaterra rural, mientras sus padres se quedaban en la "defensa de Londres". 

La Navidad de 1939 en Londres y París, la calma antes de la tempestad
A pesar de medidas tan estrictas como esa, que separaba a las familias en plenas Navidades, el ambiente optimista y festivo de Navidad se forzó en la gran ciudad como una manera de insuflar ánimos. Resultaba complicado preparar las fiestas por detalles como el obligado apagón de luces, hasta de los faros de los coches, como norma contra los posibles bombardeos nocturnos. Ir de compras en las noches navideñas, con los escaparates apagados, sin farolas y los vehículos sin luces, aumentó los atropellos de viandantes. Al final se tuvo que dejar el uso de tenues linternas, porque las tiendas todavía estaban repletas de suministros y la Navidad es época de consumir. 

En efecto, los almacenes estuvieron más llenos que nunca esas Navidades. Parece que el anuncio del gobierno británico de empezar con el racionamiento a partir de 1940, animó a los londinenses a disfrutar todo lo posible de esas Fiestas Navideñas. Ese «disfrute al máximo» no solamente se daría en los hogares, se vio un incremento de fiestas y de reservas para celebraciones navideñas en los restaurantes y hoteles más lujosos de Londres. Unos hoteles como el Savoy o el  Ritz, que tuvieron aforos completos en las comidas y cenas de aquellas fiestas. Unos lugares, como muchas de las casas de los londinenses, que pronto serían objetivo de esos temidos y aún no llegados bombardeos de la Luftwaffe.

Gustavo Adolfo Ordoño es historiador y periodista. Es el autor del blog Pax Augusta: "La única web sobre civilización y barbarie". 

domingo, 10 de abril de 2022

Operación Archery ¿La batalla que dividió las fuerzas de Hitler?

Autor invitado: Pablo Montoya 

En la actualidad sobrevive mucha documentación y relatos de operaciones llevadas a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos, hay una de las operaciones aliadas que cambiaron el curso de la guerra, pero, ¿a favor o en contra de quien? En este nuevo artículo invitado de Pablo Montoya intentaremos aportar algunas respuestas.

Operación Archery ¿La batalla que dividió las fuerzas de Hitler?
Hablamos de la Operación Archery, en la que participó el ejército británico, la Royal Navy, la RAF, grupos de comandos especiales formados por británicos y  noruegos de la Norwegian Independent Company 1 (NOR. IC1).

Para diciembre de 1941 el mundo está sumido en la guerra total. Suramérica, indirectamente, contribuye con el bloque aliado enviando combustibles de hidrocarburos (petróleo), o con el Eje, en colaboraciones logísticas y transportes. El día 7, Japón ataca por sorpresa la base naval estadounidense de Pearl Harbor. La mayoría de los estados americanos condenan tales actos y le declaran la guerra al Imperio del Japón (a excepción de Argentina). Alemania hace lo propio con EE.UU. Los británicos batallan en África contra alemanes e italianos, los soviéticos defienden su tierra ante la invasión alemana y los estadounidenses luchan (el 8 de diciembre) para defender Filipinas de los japoneses. El mundo se ha sumido en el caos de la guerra...

Operación Archery ¿La batalla que dividió las fuerzas de Hitler?
El día 27 luego de varios retrasos por culpa del clima, los alemanes son tomados por sorpresa en Noruega (ocupada desde 1940) cuando ven que aviones y barcos británicos bombardean las costas de la ciudad portuaria de Maloy; comenzando así la operación Archery. La operación tiene como objetivo la isla noruega de Vågsøy, en la que Alemania tiene fábricas de producción de explosivos. Los británicos buscan con esta operación intervenir la producción de estos explosivos e incitar a Hitler a dividir sus fuerzas (concentradas en el frente Oriental contra Rusia). ¿Resultó la estrategia?

Las fuerzas alemanas cuentan con más de 200 hombres, 100 trabajadores de las fábricas, apoyo aéreo de parte de tres aeródromos, un tanque, algunos barcos y artillería costera.    

Las fuerzas británicas cuentan con un crucero, 4 barcos destructores, aviones y 570 hombres, entre ellos los comandos británicos y noruegos entrenados especialmente para este tipo de misiones. La operación comienza con fuertes bombardeos aéreos y artillería naval. Al final de la batalla, los británicos logran sus objetivos: destruyendo fábricas, almacenes, centrales telefónicas, combustibles, municiones e instalaciones militares. 

Operación Archery ¿La batalla que dividió las fuerzas de Hitler?
Al Norte de la isla, en la ciudad de Maloy, un peculiar capitán británico, llamado Jack Churchill, dirige una unidad de comando. Cabe destacar, que al mismo tiempo en que se desarrolla esta operación, al norte se lleva a cabo la operación Anklet. La situación da un giro inesperado para los británicos cuando una unidad de la Gebirgsjäger (tropas alemanas de montaña) experimentadas por el combate en el frente oriental se encuentra de permiso en la zona. La batalla se convierte en combates casa por casa, con francotiradores.

Estas tropas alemanas dan dura batalla a las fuerzas británicas. Tanto que son necesarios tres asaltos para desalojarlas de un hotel de la zona en el que se había atrincherado. Sin embargo, no pueden defender su baluarte por mucho tiempo, ya que el comandante británico John Durnford-Slater, ante los informes de las dificultades que tienen sus unidades, solicita apoyo de las tropas de reserva, de la artillería naval y aérea. Finalmente los alemanes terminan siendo derrotados.  

Operación Archery ¿La batalla que dividió las fuerzas de Hitler?
La operación Archery terminó con el resultado de 98 prisioneros alemanes y una valiosa copia del código naval alemán. Fueron capturados varios Quisling (colaboradores de los alemanes) y reclutados 70 partidarios noruegos para luchar por la liberación de Noruega. La información del código naval alemán fue muy importante; contenía señales de radio de buques alemanes en Noruega y Francia. Esta operación terminó siendo exitosa, fue una victoria para los británicos. Luego del desastre de Dunkerque, elevó su moral y afectó psicológicamente a los alemanes, ya que la armada alemana terminó trasladando al Norte de Noruega importantes unidades como el acorazado Tirpitz y otros navíos de guerra, que los alejó de las rutas de convoyes que venían de América.

Estas incursiones fueron suficientes para que Hitler desviara una parte de sus fuerzas militares: 30.000 soldados se destinaron a Noruega (soldados que hubieran sido muy útiles en el frente oriental) y se construyeron más defensas costeras. Todo esto a pesar de que los británicos no tenían mucho interés en Noruega. 

Pablo Montoya es un apasionado por la historia y la cultura de tiempos remotos y presentes. Le podéis seguir en su blog Estructura Espiral y sus redes sociales.

Para saber más:
Wikipedia (Jack Churchill) 

domingo, 15 de agosto de 2021

El desembarco de Dieppe

Autor invitado: Toño Taboada

Ante la presión de la URSS para que sus aliados abrieran un segundo frente en la zona occidental europea que pudiera descargar de tensión el frente oriental “distrayendo” efectivos alemanes y poder desarrollar una contraofensiva, el Alto Mando británico especialmente se puso manos a la obra para buscar ese nuevo frente. Y el elegido fue Dieppe. Además lo consideraban un buen “ensayo” de desembarco a gran escala de cara a un futuro.

Dieppe se encontraba dentro del radio de acción de la aviación con base en el sur de Inglaterra y había objetivos militares muy jugosos como una estación de radar en las cercanías, un aeródromo, baterías de cañones pesados y el puerto. Aunque también se  criticaría a posteriori, por estar fuertemente defendida, tener acantilados muy altos desde donde se hacía más fácil el control defensivo, con arrecifes rocosos muy peligrosos para las lanchas con los cambios de marea y playas de guijarros que hicieron muy dificultoso el transitar de hombres y carros blindados.

Se había fijado la fecha del 4 de julio, lo que se conocería como Operación Rutter (nombre original de la operación que al reactivarse se conoció como Jubilee), pero tuvo que ser postergada por cuestiones meteorológicas. Los soldados participantes ya conocían el destino y se corrió el riesgo de que se filtrara información al enemigo. De hecho había excesivo optimismo y se relajó en exceso cualquier medida de seguridad tan necesaria en operaciones de este calado. Se fijó una nueva fecha, el 19 de agosto.

Aquel día se pusieron en marcha un total de 237 naves, con 8 destructores, 9 buques de transporte de tropas y 179 lanchas de desembarco que dejarían en la playa a casi 5.000 canadienses, poco mas de 1.000 comandos británicos y 50 Rangers estadounidenses apoyados por un batallón de 58 carros de combate Churchill. Contarían también con cobertura aérea por parte de la R.A.F. y aviación estadounidense a parte de la naval. Se ponían en juego la Operación Jubilee.

Se realizarían ocho desembarcos a lo largo de un frente de 16 km, con el epicentro en Dieppe (dos sectores: playas Blanca y Roja). En el extremo oriental (playas Amarilla 1  y 2, en Bernebal y Belle-ville-sur-mer) y cerca de Dieppe (Puys, playa Azul). Otras dos playas en el extremo occidental (Naranja 1 y 2, en Varengebille y Quiberville) y cerca nuevamente de Dieppe, en la boca del río Scie, Pourville, la playa Verde. Los ataques en los flancos se iniciarían a 4:50 y los desembarcos principales media hora más tarde. 

Las defensas alemanas no aparentaban ser muy poderosas, formadas principalmente por “alemanes étnicos” recientemente incorporados al ejercito provenientes de los países conquistados. Sembraron las playas de alambradas y minas, bien abastecidas de nidos de ametralladoras emplazadas en búnkeres estratégicamente situados y camuflados. La guarnición de la ciudad, por ejemplo, la formaban unos 1.500 hombres y en la defensa de la playa otros 150. El resto de playas todavía tenían una defensa más débil.

Los primeros problemas surgieron antes de llegar a las playas amarillas 1 y 2 cuando un grupo de lanchas se encontraron con un convoy costero alemán. El inevitable encuentro provocó el caos entre los atacantes y de las 23 lanchas solo 7 alcanzaron el objetivo inicial. El apoyo naval no llegó ya que supusieron que la defensa provenía de tierra. Esta incursión fue un desastre, aunque los pocos hombres que llegaron pudieron neutralizar la batería costera Goebbels, durante un tiempo antes de tener que reembarcar y volver.

En playa azul las cosas no mejoraron para la Royal Regiment of Canada en su objetivo de tomar Puys y asaltar la playa que estaba presidida por un acantilado vertical. Un considerable retraso de las lanchas y dispersión de las mismas, hizo que la llegada a la playa fuera de día por lo que fueron repelidas con cierta facilidad sufriendo un gran número de bajas. El fracaso esta vez fue total y sus consecuencias nefastas. Este objetivo era clave para todo el desarrollo de la operación. Solo 2 oficiales y 63 soldados volvieron a Inglaterra. Los alemanes sufrieron dos muertos y 9 heridos.

Mejor se dio en el flanco (playas naranja 1 y 2) gracias a los comandos del extravagante Lord Lovat (primera foto). Sus 250 hombres desembarcaron sin mayores problemas y capturaron la batería Hess. El único éxito de toda la operación.

Otro desembarco exitoso lo protagonizaron las unidades canadienses South Saskatchewan Regiment y Cameron Highlanders en playa verde aunque el éxito inicial no pudo ser mantenido ante la llegada de refuerzos alemanes y el fracaso de la unión prevista con tanques y tropas provenientes de los desembarcos principales.

Las playas blanca y roja se encontraban a cargo del Essex Scottish Regiment y del Royal Hamilton Light Infantry.  A los que seguirían los carros Churchill de la Calgary Tank Regiment y elementos de zapadores e ingenieros. El objetivo era ocupar los edificios que conformaban el frente marítimo a lo largo del bulevar de Verdún. Las lanchas alcanzaron las playas en la hora prevista, pero fueron recibidos por un mortal fuego desde las posiciones alemanas. A pesar de ello se logró desembarcar 27 de los 30 carros de combate previstos. Unos 12 llegaron al bulevar de la ciudad, pero fuero detenidos por bloques de cemento y no pudieron penetrar en la ciudad.

La primera dificultad era recorrer el tramo de playa de guijarros bajo el fuego enemigo hasta llegar a un muro de metro y medio y otro a medias de construcción. Esto supuso ya un 30% de pérdidas. Tras ellos unos 200 metros de explanada hasta llegar a las primeras casas, totalmente libres para ser barridos por el fuego alemán. Por que todo el escenario estaba dominado por dos acantilados en los extremos con posiciones enemigas de ametralladoras y cañones de diverso calibre que debían haber sido neutralizados con los ataques por los flancos, pero ya sabemos qué había pasado. Ni el fuego de cobertura de los navíos ni la R.A.F. fueron eficientes. Si los carros hubieran desembarcado desde el inicio a lo mejor el resultado hubiera sido distinto. Pero también quedó demostrado que los gruesos guijarros de la playa no era el mejor firme para ellos, pues avanzaban con grandes dificultades y con frecuencia quedaban varados.

A las 7:00, sin conocimiento de lo que estaba pasando, llegaron los Fusileros Mont Royal que se vieron sorprendidos por el intenso fuego defensor y no lograron avanzar. Y a las 8:30 se aproximaban a la playa las lanchas con la unidad de Royal Marines pertenecientes al 40 Commando, con 369 hombres. Pero gracias a su comandante el teniente coronel J.P. Phillips, que se dio cuenta de lo que les esperaba en la playa, en pie en la cubierta de su lancha, consiguió señalar a las otras que lo seguía el peligro y pudieron escapar de una muerte segura salvando a unos 200 hombres.

Sobre las 9:00 se dio la orden de retirada para dos horas después, viendo la inutilidad de continuar el ataque. Y la retirada también fue un caos. El reembarque en las lanchas fue tortuoso por la cantidad de heridos y muertos agolpados a su alrededor. Y las propias lanchas ya cargadas con tropas camino de los buques fueron bombardeadas y hundidas una gran parte de ellas.

A las 12:20 se dio por terminada la retirada. Se había logrado rescatar unos 1.000 hombres. 

En tan solo 5 horas los canadienses sufrieron un 68% de bajas sumados a las de  247 comandos. 2.195 hombres fueron hechos prisioneros. Respecto a pérdidas materiales se contabiliza un destructor y 33 lanchas de desembarco con 550 bajas. Y se perdieron los 27 carros de combate de la primera ola, el resto volvió a Inglaterra sin tomar parte en la batalla.

Por parte alemana se contabilizaron unas 600 bajas (132 muertos)

Evidentemente las conclusiones no pueden ser positivas para los aliados, a pesar de los aprendizajes obtenidos y el provecho que les dieron el día D. Se había subestimado las defensas alemanas, no se consiguió la sorpresa, los ataques por los flancos fueron un desastre que dejó en evidencia el ataque frontal, el fuego de cobertura naval no fue suficiente, la inoperatividad y mal uso de los carros de combate en tierra (la idea de los funnies nació en las playas de Dieppe), demasiados objetivos, mala coordinación para alcanzarlos, falta de flexibilidad sin contemplar alternativas y un plan demasiado rígido, son algunos de los defectos de los que adoleció la operación, sumadas a la utilización de tropas sin experiencia en operaciones anfibias.

Otros autores inciden en la idea de que la cancelación de la primera fecha de ataque dio demasiadas pistas a los alemanes pero que la presión de los soviéticos para abrir el tan ansiado segundo frente hizo mantener el objetivo a pesar de todo.

Para los alemanes todo resultó positivo y analizaron los errores aliados. Pero su gran error años mas tarde fue pensar que las características de una operación así se repetirían e iban a estar preparados, sin tener en cuenta que precisamente los aliados aprendieron de todos esos errores y no tenían intención de repetirlos, como así fue.

En definitiva se consideran  que los sacrificios de la “Operación Jubilee” evitaron terribles fracasos en otras operaciones de mayor magnitud, como las que se llevarían a cabo en el norte de África, Sicilia o el territorio peninsular italiano, sin olvidarnos de Normandía.

Toño Taboada es miembro de Divulgadores de la Historia, bloguero y autor del estupendo blog Historia Sin Pretensiones. 

Para saber más:
Dieppe 1942, El desembarco fracasado, de Terence Robertson 

domingo, 13 de junio de 2021

Undercover Mail. Correo clandestino durante la Segunda Guerra Mundial

Autora invitada: Cristina Martín San Roque

El correo durante todas las guerras ha sido muy importante, y aunque se tomaban medidas para evitar el espionaje, o se censuraban las cartas, etc., también se tomaban medidas para que los soldados pudieran enviar su correspondencia y que esta llegara a sus familias, en una época donde el correo era la forma más efectiva de comunicación a larga distancia.

Undercover Mail
Carta con origen en Italia
Durante la Segunda Guerra Mundial, el volumen de correspondencia que mantenían los combatientes fue bastante elevado, además las distancias cada vez se hacían mayores, al desarrollarse la guerra en todo el mundo. Esto suponía un problema para el transporte de correo. Para ello se empleaban sistemas especiales de correspondencia como el correo microfilmado, pero, ¿Qué pasaba si se quería enviar correo postal a zonas beligerantes?

Antes de hablar del "Undercover Mail" durante la Segunda Guerra Mundial, voy a explicar brevemente que es.

En tiempos donde no hay guerras se puede enviar correspondencia entre distintos países sin impedimentos, pero en épocas de guerra, los países beligerantes cierran las fronteras y no puede enviarse correspondencia a otros países con los que se estuviera en guerra. Por norma general se prohibía toda clase de comunicaciones con los países enemigos y quebrantar esta norma acarreaba una serie de consecuencias bastantes graves para los infractores.

Undercover Mail
Carta con origen en Italia
Esto implicaba que familias que tuvieran algún miembro en una zona en conflicto o fuera prisionero de guerra, no pudieran comunicarse directamente. Se permitía mantener correspondencia mediante una serie de sistemas: 

- El Correo de Prisioneros de Guerra que era correspondencia libre de franqueo y que comunicaba a los prisioneros con sus familiares y seres queridos.
- La Cruz Roja, que a través del servicio organizado por este organismo permitía mandar mensajes muy cortos y obtener la respuesta gracias a las distintas organizaciones de la Cruz Roja Nacionales.

Pero, como estos sistemas ofrecían muchas limitaciones, se empezó a usar el conocido como "Undercover Mail" un sistema de correo clandestino, que básicamente consistía en emplear una serie de direcciones encubiertas que no indicaba directamente la dirección final, y la correspondencia se enviaba a una dirección en un país neutral que se encargaba de que llegara a la dirección final. Aunque este sistema se empleó en otras contiendas anteriores, durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un incremento notable.

Undercover Mail
Sede de la agencia de viajes de Thomas Cook
Bastantes organizaciones de ayuda a refugiados organizaron direcciones postales, algunas de ellas con nombres pantallas, para poder establecer un sistema de envío de paquetes de alimentos o de otras ayudas. Además de la ayuda a refugiados, gobiernos en el exilio, judíos, etc., la vía mejor documentada fue la que organizo Gran Bretaña con la colaboración de la agencia de viajes Thomas Cook & Son, en Londres, que en la Primera Guerra Mundial había empleado un sistema parecido.

Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico solicitó a Thomas Cook & Son que fuera intermediario del envío de cartas privadas a territorio enemigo. Este servicio comenzó en 1917 y consistía en mandar cartas a Thomas Cook que las enviaba a su oficina en Ginebra, que las reenviaba al país enemigo. Parece ser que también se usó este sistema durante la Guerra Civil Española, aunque no oficialmente, cuando se mandaba cartas del bando nacional y republicano a Gibraltar, que luego los mandaba al destinatario.

Pero centrándonos en la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña autorizo el uso de dicho sistema el 15 de enero de 1940. En un primer momento se utilizaban una serie de buzones de apartados en Ámsterdam:
601 para Gran Bretaña
115 Sudáfrica
520 Australia
525 Nueva Zelanda
615 Canadá
El sistema estuvo en funcionamiento hasta mayo de 1940, cuando Alemania invadió Holanda. Por ello tuvieron que buscar otro país, y en julio de ese año, se restableció el sistema a través de Portugal y se usaba el apartado 506 para que los países del eje o los países que iban invadiendo los alemanes pudieran enviar correspondencia.

Undercover Mail
Instrucciones para el envío de correspondencia
Para enviar correo a un país ocupado se enviaba una carta privada en un sobre abierto con la dirección del destinatario y las instrucciones de repuesta, que era introducido en otro sobre con la dirección de Thomas Cook en Berkeley Street, Piccadillly.

La censura británica revisaba la correspondencia porque no se permitía ninguna clase de mención a la guerra y se la devolvía a la agencia de viaje que la enviaba al país neutral. En un primer momento a Holanda y luego a Portugal, donde se franqueaba con los sellos del país neutral y se enviaba por correo postal al destinatario. Se añadía un giro postal de dos chelines para costear este sistema.

La respuesta continuaba el camino inverso y era enviado por la agencia de viajes Thomas Cook a Londres, donde la censura británica la revisaba y se enviaba al destinatario.

Undercover Mail
Carta con origen en Dinamarca 
Este sistema tuvo un gran éxito y a finales de 1943 se habían enviado más de 250000 cartas y recibido otras 150000. Entre 1940 y 1945 existían 21 países conquistados por Alemania que podían emplear este sistema.

A este sistema se le dotó de una gran difusión publicitaria para que fuera conocido por el mayor número posible de personas para que pudieran usarlo si lo deseaban.

Lógicamente Alemania e Italia conocían este sistema pero al tratarse de correspondencia con un país neutral tenían que permitirlo. Pero estos envíos fueron censurados también por los alemanes y los italianos y se prohibían por ambas partes cualquier mención a la guerra, información sobre tropas, cuestiones políticas, económicas, etc. En ocasiones las cartas eran devueltas indicando que usaran el sistema de la Cruz Roja y otras veces se perdieron pero el sistema fue muy útil.

Cristina Martín San Roque es licenciada en Filosofía y Letras, la autora del blog El Salón de Cris y una apasionada de la filatelia, la historia y la cultura.

Para saber más:
La censura postal en la Europa del siglo XX, de Jesús García Sánchez 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Tecnología que ayudó a ganar la Segunda Guerra Mundial: El puente Bailey

Autor invitado: Alberto Martínez Diaz

En el imaginario colectivo asociamos las grandes batallas de la Historia a hazañas heroicas individuales o a la defensa de valores identitarios encabezados por brillantes generales dotados de una inteligencia que los hacía salir triunfantes del campo de batalla frente al enemigo. Con el paso del tiempo, cada vez adquirió mayor importancia la superioridad tecnológica y logística de los ejércitos en la consecución de las victorias y hoy en día podemos calificarla como determinante.

El puente Bailey
Durante la Segunda Guerra mundial se libraron simultáneamente dos escenarios de confrontación, uno, lógicamente, en el frente de batalla y el otro en la retaguardia, en el campo científico y de la ingeniería. Aunque los alemanes contaban con mejores científicos e ingenieros y propiciaron grandes avances tecnológicos, finalmente se vieron desbordados por la mayor capacidad de producción de armamento de los EE.UU.

Todos recordamos los carros de combate Panzer, especialmente el Tiger (Panzerkampfwagen VI Tiger Ausf. E) muy superiores a los Sherman M4 estadounidenses o al T-34 soviético y a los míticos aviones Mustang estadounidenses, los británicos Spitfire y Hawker Hurricane o los Messerschmitt, Heinkel y Junker alemanes. Menos conocidos por el gran público fueron algunos inventos y desarrollos científicos que no se encuadran en la categoría de armamento pero que cambiaron el curso de la guerra. Me refiero, por ejemplo, al desencriptado de la máquina enigma, que permitió conocer la comunicaciones alemanas y la posición de los letales submarinos alemanes U-Boote con su táctica de manada de lobos (Rudeltaktik), la invención del radar por los ingleses, que permitió a la RAF anticiparse a la Luftwaffe en los cielos, en la denominada Batalla de Inglaterra o al mucho menos conocido, pero no menos importante puente de Bailey.

El puente Bailey
Donald Bailey (1901-1985), era el diseñador jefe del Experimental Bridging Establishment de los Ingenieros Reales, cuando diseñó en 1940 el puente que lleva su nombre, que terminaría reemplazando al puente Inglis (Sir Charles Edward Inglis) como equipamiento del ejército Británico. El puente tuvo tal éxito que fue adoptado por la mayoría de ejércitos del mundo y actualmente todavía se fabrica una variante modernizada del mismo para su uso en zona de desastres o en países subdesarrollados.  

El propio Mariscal Montgomery reconoció en 1947 la importancia del mismo en la contienda: "Los Puentes Bailey fueron una contribución enorme hacia el final de la Segunda Guerra Mundial" En referencia a sus propias operaciones con el VIII Ejército Británico en Italia y el 21º Grupo de Ejército en el noroeste de Europa "no habrían podido mantener el ritmo de avance necesario, y se habrían puesto seriamente en riesgo, de no haber contado con el suficiente suministro de Puentes Bailey".

En 1943 se le otorgó a Donald Bailey el nombramiento de oficial de la Orden del Imperio Británico y en 1946 se le concedió el título de "Sir" en reconocimiento por la contribución de su diseño a la victoria Aliada.

El puente Bailey
La producción dio comienzo en julio de 1941, entrando en servicio a partir de diciembre de ese mismo año. La 237 Field Company fue la primera unidad en construir un puente Bailey en contacto con el enemigo el 25 de noviembre de 1942, cuando levantaron un puente de 30 metros sobre el río Medjerda en Madjez el Bab, Túnez. Durante la guerra fueron fabricadas unas 490.000 toneladas de material, con un total de 320 kilómetros de longitud de puentes fijos y unos 64 km. de puentes flotantes construidos (las cifras varían según las fuentes).

La gran importancia de esta infraestructura durante la guerra proviene de la rapidez y facilidad de su implantación en el terreno tan solo con fuerza humana sin intervención de grúas o maquinaria pesada, incluso bajo fuego enemigo, para cruzar ríos cuyos puentes habían sido destruidos previamente por los alemanes para dificultar el avance de las tropas aliadas.

El puente Bailey
Se trata de un puente portátil de entramado, realizado a partir de módulos prefabricados regulares del tipo "mecano" de unos a 3 metros de longitud, que permite salvar vanos de hasta 60 metros. Las distintas piezas que conforman cada módulo son uniformes, transportables a mano y fijadas mediante sistemas de sujeción que no necesitan herramientas complejas. [Descargar manual]

El elemento básico de este sistema es el panel de tres metros de longitud y un metro y medio de altura realizado mediante vigas en celosía, que son trabadas transversalmente  con vigas simples mediante fijaciones, constituyendo la parte inferior que apoyará en la capa de rodadura.

Las distintas piezas estandarizadas que constituyen el modulo básico son transportadas mediante camiones y el montaje del puente está perfectamente detallado en el manual que describe la forma y modo de ensamblaje de las mismas. Según el manual de 1943 del Departamento de Guerra de EE.UU el tiempo de montaje por soldados especializados oscilaba entre las 2 horas para un puente de 12 metros y las 24 horas para un puente de 60 metros, sin contar el tiempo de preparación de la zona, descarga y otras consideraciones de visibilidad, mal tiempo o actividad enemiga.

El puente Bailey
Dado que este post está pensado para el público en general, no me detendré en las características técnicas del puente diseñado por  Donald Bailey que le confieren la robustez estructural y la capacidad de soportar los esfuerzos y tensiones producidas durante el tiempo que está en voladizo hasta que se apoya en el otro extremo del cauce. 

El propio Donald Bailey explicaba en un video con un sencillo ejemplo fácil de entender el principio básico que otorga tales propiedades al puente. Para ello utilizó cajas de cerillas. Resumo el pequeño experimento que cualquiera puede hacer en casa: Se necesitan varias cajas de cerillas vacías  (cada caja representa un módulo del puente), de las cuales extraeremos parcialmente el cajetín interior más o menos hasta la mitad. Introducimos la parte del cajetín que ha quedado fuera en el hueco posterior de la siguiente caja de cerillas y así sucesivamente hasta obtener un conjunto ensamblado de cajas de cerillas que se comportan como un único objeto. Se adjunta un esquema del ensamblaje para una mejor comprensión.

El puente Bailey
Una vez descargados de los camiones las piezas de los módulos necesarios para salvar la distancia entre orillas del río, se prepara el terreno fijando sobre el mismo una estructura con rodillos encima de la cual se van ensamblando de uno en uno los distintos módulos y deslizándolos (lanzamiento de la estructura) hasta que se alcanza la otra orilla. Finalmente se quitan los rodillos, se fija la estructura y se instala el solado del puente. Inicialmente se hacía con tablones de madera, aunque posteriormente se reforzaría con planchas de acero para evitar los destrozos ocasionados en la misma por las cadenas de los carros de combate.

El ejército español tiene actualmente en dotación este tipo de puentes y son numerosos los casos en los que por desastres naturales han instalado puentes Bailey en toda la geografía española, en concreto los últimos se instalaron en Artá (Mallorca) y en El Rubio (Sevilla). Para los aficionados cinéfilos os recomiendo la magnífica  película Un puente lejano (A Bridge Too Far, 1977)  dirigida por Richard Attenborough y basada en la fallida operación Market-Garden, donde aparece el puente Bailey.

Alberto Martínez Diaz es ingeniero civil, autor del blog HA Historia y Arte y escritor. Ha publicado la "Doncella en la Nieve" y recientemente "Las Máscara Alana" a la venta en Amazon. Podéis seguirle en Facebook .

Para saber más:
Wikipedia (Puente Bailey)
Wikipedia (Donald Bailey)
Internet Archive
Youtube (Animación 3d de la instalación)
Revista Ejército nº 141
Youtube The Man Behind The Bailey Bridge (1945)

lunes, 25 de mayo de 2020

Frederick Duquesne, un espía alemán con más cara que espalda

Autor invitado: Ireneu Castillo

Muchas veces tenemos la percepción de que la vida de los espías debe ser como si fuera una película de James Bond o de Misión Imposible, llena de acción y de peligros. Sin embargo, y aunque en algunas situaciones excepcionales así pudiera ser, no son pocos los ejemplos documentados de que, para ser un espía, simplemente hay que estar receptivo a lo que dicen los demás... y echarle un poco de jeta, que lo demás viene solo. Tal es el caso de Frederick Duquesne, un espía alemán que en 1939 consiguió información sobre una nueva máscara de gas americana, con la peculiaridad de que no se escondió absolutamente de nadie.

Frederick Joubert Duquesne (1877-1956) era un sudafricano de origen boer (descendiente de los primeros colonizadores holandeses) que se había destacado a finales del siglo XIX por su lucha contra los británicos, en la guerra que estos dos colectivos mantuvieron por la supremacía de la que posteriormente sería la República de Sudáfrica. Duquesne, a raíz de este conflicto, perdió a su madre y a su hermana a manos del ejército británico, y ello le hizo coger una inquina tremenda a los ingleses, que llegó a convertir en su leit motif todo el resto de su vida. En la circunstancia de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Duquesne no dudó en colaborar con Alemania tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial con tal de tocar lo que no suena a británicos y todos sus aliados... y en esas estábamos.

En 1939, Duquesne se encontraba viviendo en Nueva York, donde ejercía de espía a jornada completa, pasando cuanta más información mejor a Hitler. Aunque EE.UU. no había entrado todavía en guerra, simplemente sería cuestión de tiempo que lo hiciera, por lo que ir por delante del aliado más poderoso de Gran Bretaña, nunca estaba de más. Su tarea principal era la de estar ojo avizor y con las orejas limpias para poder estar al caso de cualquier atisbo de novedad interesante. Aunque parezca mentira, una de sus fuentes principales era, ni más ni menos, que la propia prensa norteamericana.

En una de las ocasiones, Duquesne vio una noticia en el New York Times en la que se hablaba de una nueva máscara antigás que se estaba fabricando. La noticia era muy interesante para el espionaje alemán en tanto que se hablaba, también, de nuevos gases venenosos que la industria armamentística norteamericana estaba desarrollando. Duquesne, no se lo pensó dos veces y empezó sus pesquisas para conseguir más información al respecto, desplazándose hasta Aberdeen (Maryland), donde se encontraba el campo de pruebas de la Chemical Warfare Service (Servicio de Guerra Química, actual Chemical Corps) del Ejército de los Estados Unidos.

Una vez en el sitio, Duquesne llegó a la conclusión de que, debido al alto secreto de las instalaciones, introducirse en ellas era prácticamente imposible sin despertar sospechas, por lo que decidió volver a casa y buscar una alternativa. La información era de vital importancia para los generales alemanes, habida cuenta una más que probable utilización de esa nueva arma en territorio europeo, pero...¿cómo obtenerla? La solución la tenía delante mismo de sus narices: pidiéndola. Y la pidió.

Ni corto ni perezoso, Duquesne escribió una carta mecanografiada dirigida al director del Chemical Warfare Service en Washington DC en la que, presentándose como un "responsable escritor y conferenciante", solicitaba información detallada de dicha máscara de gas. Con total desfachatez, el espía no dudó en utilizar su nombre y dirección verdaderas para que se le remitiera la información solicitada. El colmo del cachondeo llegó en forma de nota escrita a mano en el pie de la carta, en la que Duquesne decía "No se preocupe si esta información es confidencial, porque estará en manos de un buen y patriota ciudadano". Como diríamos actualmente, "el puto amo".

El espía no confiaba en absoluto en que la cosa funcionara, por lo que no tenía demasiadas esperanzas puestas en el éxito de su ocurrencia. No obstante, se quedó de pasta de boniato cuando recibió en su domicilio absolutamente toda la información de la máscara de gas que había solicitado. Sorprendentemente, el Chemical Warfare Service había atendido escrupulosamente la solicitud de Duquesne y había proporcionado directamente al espía una valiosísima información de capital importancia para la Alemania de Hitler. Obvia decir que en menos de una semana, dicha información estaba sobre la mesa del Führer.

A estas alturas, aún nadie se explica cómo pudieron saltarse todos los protocolos de seguridad de una información confidencial como la de la máscara de gas y los nuevos gases desarrollados. Se especula que al confirmar la existencia física de esa persona en esa dirección, los servicios de seguridad bajaron la guardia habida cuenta que era complicado que un espía se presentara tan sinceramente y con tanta cara. Asimismo, hemos de recordar que EE.UU. no estaba aún en guerra, por lo que las restricciones y el control de la información no eran demasiado excepcionales, facilitando enormemente el trabajo del espía.

Con la entrada en la guerra de Estados Unidos todo cambió y, en 1941, Duquesne y 32 colaboradores a su cargo fueron detenidos por el FBI y sentenciados a diferentes penas de prisión por su actividad de espionaje. Sin embargo, el asunto de la máscara de gas dejó bien claro que, tanto en asuntos de espionaje como en la vida cotidiana, todos somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.


jueves, 11 de julio de 2019

Los jardines del Diablo

Autor invitado: David López Cabia

Tras ser detenidos en El Alamein, la situación de los soldados alemanes e italianos se complicó. En el ejército británico, el general Auchinleck fue sustituido por un carismático general Bernard L. Montgomery. El nuevo comandante del 8º Ejército preparaba una ofensiva en El Alamein para dar el golpe de gracia al Afrika Korps de Rommel.

Con la Royal Navy dominando los mares y la Royal Air Force haciéndose con la supremacía aérea, los británicos causaban estragos en los convoyes de aprovisionamientos del Eje. Por su parte, Montgomery había acumulado numerosos refuerzos, armas, tanques y suministros para su gran ofensiva en El Alamein.

Viéndose en una situación de inferioridad numérica, el mariscal de campo Rommel pasó a asumir una estrategia defensiva. Así pues, para contener la avalancha del 8º Ejército, dispuso grandes campos minados conocidos como "jardines del diablo".

Para los zapadores alemanes el modo de hacer la guerra cambió considerablemente al llegar al norte de África. Precisamente el desierto presentaba un escenario ideal para la guerra de minas. Pese a que el protagonismo fue acaparado por las tripulaciones de blindados y por la infantería, la guerra en África no puede entenderse sin los zapadores del Afrika Korps, dirigidos por el coronel Hecker. Entre estas unidades cabe destacar a los batallones de zapadores 200, 220 y 900.

Además de los campos de minas convencionales, se sembraron nuevas extensiones de terreno minado, verdaderas trampas explosivas. El entramado defensivo del Eje era una auténtica tela de araña de minas y alambre de espino. Se colocaron alrededor de medio millón de minas para frenar a las fuerzas británicas y de la Commonwealth.

El mariscal Rommel se ocupó de proporcionar a sus tropas todo lo necesario para erigir impenetrables campos de minas. Así, el Afrika Korps recibió numerosos postes de hierro y alambradas para formar unas mortíferas trampas que adquirían forma de U.

Eran multitud de artefactos explosivos los que podían encontrarse en los jardines del diablo. Las minas en forma de plato se dispusieron en tres pisos, de tal manera que, si los británicos desconectaban la primera mina, estallaría la segunda, mientras que, si lograba desactivar la segunda, la tercera terminaría por explotar. En conclusión, una trampa de lo más maquiavélica.

Incluso las granadas de mano italianas fueron sembradas en los jardines del diablo, actuando a modo de minas antipersonas. Ahora bien, especialmente peligrosas resultaban las bombas de aviación. Estamos hablando de bombas de nada más y nada menos que de 100 kilos y de 500 kilos. Estos artefactos se disponían ocultos entre los restos de los vehículos y si se accionaban los alambres unidos a ellas, hacían explosión.

Incluso las tropas que servían en las divisiones acorazadas tenían mucho que temer, pues si pasaban por encima de un poste, podían accionar una carga explosiva capaz de hacer volar por los aires un carro de combate.
No cabe duda de que los zapadores alemanes trabajaron incansablemente, día y noche, para tener a punto los monstruosos campos de minas que debían detener al 8º Ejército británico. De hecho, el propio Rommel inspeccionó personalmente los trabajos de minado en compañía del coronel Hecker, quien le explicaba con todo detalle los esfuerzos de sus zapadores.

Sin duda, los zapadores del Afrika Korps se enfrentaron a unas labores muy peligrosas. Así, los zapadores de Hecker se acercaban al terreno en cuestión con cautela. Una vez llegados al área de operaciones, descendían de sus vehículos mientras una unidad de ametralladoras les proporcionaba escolta.

El trabajo se dividía de la siguiente manera. El primer grupo descargaba las temidas minas de los vehículos, el segundo se encargaba de sembrar las minas y, a continuación, el tercero se encargaba de taparlas. Por último, había que activar las minas. Ahora bien, la colocación de estas minas debía ser lo más precisa posible, de tal manera que se ajustase a la perfección a lo indicado en los mapas.

Y para que la defensa fuese efectiva, tras los jardines del diablo aguardaba la infantería atrincherada. Entre estos campos de muerte, quedaban pequeños espacios que fueron cubiertos por minas T y S. Tan solo pequeños senderos permitían a las compañías alemanas comunicarse entre sí.

David López Cabia es escritor y ha publicado recientemente la novela bélica "Sangre y Fuego en Tobruk".

Para saber más:
Afrika Korps, de Paul Carell
El Alamein, de Jon Latimer
David López Cabia Blog