jueves, 24 de noviembre de 2011

La trágica muerte de Erwin Rommel, el héroe del III Reich

El día 14 de octubre de 1944, la radio alemana emitía una de las noticias mas tristes que llegaron a los ciudadanos alemanes:
El mariscal de campo Erwin Rommel, el más famoso y querido generalfeldmarschall del Reich, moría en su hogar de Herrlingen a consecuencia de las graves heridas recibidas en el frente de Normandía el pasado 17 de Julio.

La realidad muy diferente, y es posible que nunca se conozcan los detalles que rodearon la muerte del Zorro del Desierto, pero pueden reconstruirse parcialmente los acontecimientos. Tras la fallida conjura del 20 de julio, el general Von Stülpnagel, después de intentar suicidarse, pronunció en su delirio varias veces el nombre de Rommel. Lo cierto es que si Rommel tenía algún conocimiento del atentado, nunca se unió al grupo ni participó en ninguna de las reuniones de los conspiradores, pero la Gestapo fiel a su historia centró inmediatamente sus sospechas en el.


El día 7 de septiembre, su jefe de estado mayor, general Hans Speidel, es detenido por la Gestapo, e inmediatamente Rommel se pone en contacto con el Alto Mando para que le expliquen los motivos de la detención, pero no recibe explicación alguna. Justo un mes después, Keitel le llama a Berlín, pero por los consejos de los médicos se niega a realizar el viaje. El mariscal estaba ya al corriente de las sospechas que pesaban sobre él.

El día 13, el V Distrito Militar de Stuttgart le llama anunciándoles la visita de dos generales el día siguiente. El día 14, los generales Burgdorf y Maisel llegan a Heirrlingen. Durante la conversación ponen al mariscal al corriente de la situación. Por orden de Hitler, Rommel debe elegir entre dos alternativas; someterse a juicio, en el que la sentencia estaba ya dictada, o bien suicidarse con una capsula de cianuro. Rommel escoge ésta última opción y se despide de su mujer, de su hijo, y de su ayudante Aldinger.


Rommel sube a su coche y tras pocos cientos de metros el vehículo se detiene. El chofer, el soldado Doose de las SS, recuerda:
El general Maisel y yo bajamos del coche y no alejamos unos treinta metros; Burgdorf nos llamó y volvimos rápidamente. Rommel estaba echado hacía adelante y su gorra estaba caída en el suelo del automóvil. Mientras volvíamos a Herrlingen, Burgdorf me ordenó ir al hospital militar de Ulm porque el mariscal se había sentido mal durante la conversación. Para entonces el glorioso mariscal, héroe de África, era ya un cadáver.
Lugar donde Rommel se suicidó.
Cuatro días después se celebraron los funerales oficiales con la asistencia de altos dignatarios del III Reich. Posteriormente, el cadáver fue incinerado y los restos del héroe alemán descansan en el cementerio cercano a su villa de Herrlingen.



Para saber más:
Historia Vera
Biografías y vidas
El País

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