jueves, 14 de diciembre de 2017

Lectura recomendada: Indeseables

David López Cabia y yo tenemos en común la pasión por la Segunda Guerra Mundial, que se despertó en ambos desde muy pequeños. Aunque nos una a ambos está pasión por un periodo histórico tan trascendental para la historia de la humanidad, David tiene algo de los que yo carezco, una gran capacidad narrativa y mucho talento.

En sus novelas sabe perfectamente unir las pequeñas historias de sus personajes con la gran historia que les rodea. Para ello investiga a fondo, se documenta. No plantea historia alternativas, son hechos históricos los que viven sus personajes. Aunque estos sean ficticios bien podrían ser perfectamente actores reales en las batallas de la Segunda Guerra Mundial.


Prologado por el prestigioso escritor e historiador Jesús Hernández, "Indeseables", su tercera novela nos transporta hasta la Europa subyugada ante la bota nazi y más concretamente a Dieppe donde los aliados sufrieron un gravísimo revés. En esta encrucijada histórica se encuentra un grupo de "indeseables", unos comandos, al mando del teniente Rodney Moore. Este particular grupos de hombres experimentados se enfrentaran a una dura prueba.
Narrada con un estilo ágil y trepidante, al leerla nos sentimos como si estuviéramos con los soldados. Sentimos sus miedos, su cansancio, sus alegrías y tristeza y su soledad, como si fuéramos un "indeseable" más en sus misiones en Dunkerque, Dieppe o Saint-Nazaire tras las lineas enemigas. Una excelente novela con la que aprender historia, que se devora y que te deja con ganas de más.


En su primera obra, "La última Isla" centra la historia en las duras batallas del Pacífico. En la segunda, "En el Infierno Blanco" todo transcurre en Europa, desde Normandía a los bosques de Las Ardenas. Las dos novelas han sido publicadas por Afronta Editorial.

Cualquiera de sus tres novelas son un soplo de aire fresco en el mundo editorial español que aún tiene pocos títulos ambientados en la Segunda Guerra Mundial.

Si queréis haceros con un ejemplar de "Indeseables" podéis obtener copias firmadas contactando con David en info@davidlopezcabia.es, en dlopezc128@gmail.com o en su página web www.davidlopezcabia.es.
Otras dos opciones son: en formato físico en Amazon, o en eBook en Casa del Libro.

Sus dos primeras novelas las podéis conseguir tambien en Afronta Editorial.

Para saber más:
Círculo Rojo Editorial
Afronta Editorial
David López Cabia

domingo, 10 de diciembre de 2017

Historia de una imagen [1]: El niño del Blitz

Con esta icónica foto de la Segunda Guerra Mundial de Toni Frissell, una de las fotos más desgarradoras sobre el Blitz sobre Londres, quiero empezar una serie de entradas donde intentaré contar la historia detrás de la imagen.

La foto de este niño no dejará indiferente a nadie que la haya visto alguna vez, un niño que quedó huérfano después de que un cohete alemán V-2 destrozara su casa. Esta foto dió la vuelta alrededor del mundo.
La foto tomada en 1944 (de una serie de tres) muestra al niño sentado sobre unos escombros en donde estaría su casa. Su padre, su madre y su hermano habían muerto bajo los escombros. Sentado en unas vigas miraba hacia el cielo, su expresión era de confusión e ingenuidad.


En su inocencia no era consciente de lo que le había sucedido. El niño había vuelto a jugar tras el bombardeo con su peluche hallado entre los escombros.



La Segunda Guerra Mundial dejó más de 20 millones de huérfanos en Europa. Tambien están los niños que aunque no fueran huérfanos sufrieron un enorme golpe psicológico al regresar sus padres, convertidos en muchos casos en completos desconocidos, del frente o del internamiento como presos de guerra. A veces eran muy estrictos, y se daban muchos casos de malos tratos. Los niños no generan las guerras pero son los que más las sufren.

El pequeño londinense sobrevivió a la guerra para convertirse en conductor de camión.
Años después, la primera fotografía fue utilizada por IBM para publicitar un espectáculo en Londres y pasando por delante de las oficinas de IBM, se reconoció en la imagen.

Toni Frissell fue una de las fotógrafos de moda más famosas de la época, y trabajó tanto con Cecil Beaton como con Edward Steichen. Durante la Segunda Guerra Mundial, Frissell fue voluntaria en la Cruz Roja Americana, y luego se convirtió en el fotógrafo oficial del Cuerpo de Mujeres del Ejército. Viajó dos veces al frente europeo y pasó un tiempo en Londres documentando los horrores de la guerra.

Nota: 
Aunque esta fotografía no corresponde excatamente al periodo del 7 de septiembre de 1940 al 21 de mayo de 1941, conocido como "El Blitz", quería ponerlo en el título de la entrada como repersentación de todos los niños que sufrieron los bombardeos sobre sus ciudades.

Para saber más:
MoiMir (en ruso)
Wikipedia
Para los curiosos

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Kamikazes

Kamikaze viene a ser algo así como "viento divino" y tiene su origen cuando unos tifones dispersaron a la flota mongola que intentó invadir Japón en el siglo XIII. Durante la Segunda Guerra Mundial los traductores norteamericanos aplicaron este término a los pilotos japoneses que estrellaban, en un ataque suicida, sus aviones sobre los navíos enemigos, en un intento desesperado por detener el avance aliado por el Pacífico. En Japón son llamados Shinpu Tokobetsu Kogeki Tai (Unidad Especial de Ataque Shinpu.


Durante la invasión de la isla de Okinawa los ataque kamikaze se convirtieron en la principal táctica defensiva de la fuerza aérea y la marina japonesas. Los mandos militares japoneses opinaban que no había ninguna posibilidad de victoria en el aire utilizando los métodos convencionales. Los ataques suicidas eran más eficaces porque la potencia del impacto del avión se sumaba al de las bombas que portaba, además del fuego provocado por la gasolina. Era el único ataque fiable con personal con una formación limitada debido a la escasez de combustible que sufría Japón. Los pilotos suicidas también sirvieron de inspiración para las tropas de tierra y la población.

En Okinawa apareció una nueva arma suicida, que los norteamericanos llamaron en japonés "baka" ("tonto"), que consistía en un planeador propulsado con tres cohetes que que era soltado por un bombardero desde más de 8000 metros de altitud. Cuando se encontraba a unos 5 kilómetros de su objetivo, el piloto kamikaze, encendía los cohetes y se lanzaba a casi mil kilómetros por hora contra su objetivo con más de una tonelada de explosivos. Tanto el kamikaze como el barco contra el que se estrellaba quedaban destruidos en una explosión masiva. 34 buques quedaron fuera de combate con esta técnica. El primero de ellos fue el destructor estadounidense USS Abele.


En las islas Kerama, situadas frente a Okinawa, los Marines capturaron dos barcos kamikaze cargados de explosivos que estaban destinados a lanzarse contra la flota aliada, que ya estaba siendo hostigada por aviones kamikaze. En uno de los días más duros de los ataques kamikaze, unos 700 aviones suicidad atacaron, dañaron o hundieron 13 destructores. En una misión sin retorno, el acorazado Yamato, junto a su escolta, el crucero Yahagi, y 8 destructores partieron hacia Okinawa con los tanques llenos de casi todo el combustible que le quedaba al Japón, pero insuficiente para volver a puerto. La flota japonesa había recibido la orden de embarrancarse frente a la isla de Okinawa, y usar sus cañones para defender a las tropas de tierra que quedaban allí. Pero el poderoso acorazado Yamato fue descubierto por un submarino norteamericano en las proximidades de la isla de Kyushu. Al estar desposeído de toda cobertura aérea y resulto ser una presa muy fácil para los aviones norteamericanos que lo atacaron al día siguiente.

A pesar de este esfuerzo supremo por detener el imparable avance aliado hacia Japón, los constantes ataque aéreos sobre el país y el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki acabaron con la última defensa del país del sol naciente, que posiblemente habría luchado hasta la última gota de su sangre como quería la mayoría de los miembros de la cúpula militar.


Siempre se ha tenido el concepto de que todos los kamikazes eran unos locos suicidas, como ha mostrado la historiografía oficial, pero la realidad no era así. A muchos se les obligaba a realizar estos ataques por orden superior o algunos de los voluntarios lo eran por presión social o de grupo cumpliendo el código de honor del Bushido. En los ataque kamikaze apenas participaron altos mandos. Su desesperación se puede ver en la multitud de cartas que han aparecido publicadas, como las recopiladas en el libro Kamikaze Diaries de la antropóloga japonesa Emiko Ohnuki. Se calcula que solo en la batalla del golfo de Leyte perdieron su vida casi 5000 pilotos en ataques suicidas.

Para saber más:
Kamikazes, de Albert Axel y Heideaki Kase
Conoce Japón
Historia y Biografías
Wikipedia
Actually Notes
Meridianos