domingo, 7 de marzo de 2021

Lesbianas en el III Reich

Desde el fin de la Gran Guerra y hasta los primeros años 30 del siglo XX en Alemania hubo una cierta relajación moral y legal que permitió a los homosexuales cierta libertad, sobre todo en clubes y cabarets de las grandes ciudades, como bien se refleja en el musical "Cabaret", la excelente película de Bob Fosse.

Cuando los nacionalsocialistas llegaron al poder acabarían con esa "libertad sexual" cerrando los cabarets y prohibiendo toda expresión de las lesbianas, como la revista "Die Freudin", considerada como obscena e inmoral. A partir de entonces el lesbianismo permanecería oculto, pero sin un excesivo control. Algo que si hicieron con los hombres que fueron perseguidos e internados en campos de concentración.

Las leyes creadas por los nazis que prohibían las relaciones entre varones llevaron a la detención de 100.000 hombres de los que unos 50.000 fueron procesados y casi 15.000 terminarían en cárceles o campos de concentración marcados con un triángulo rosa. Mas de la mitad de ello no saldrían vivos de los campos. Curiosamente entre las filas nazis había personajes abiertamente homosexuales como Ernst Röhm, el jefe de las SA, mandado asesinar por Himmler en la "Noche de los cuchillos Largos".

Felice Schragenheim y Elisabeth Wust
Para los nazis la mujer tan solo tenía el papel de esposa y madre. Las mujeres eran totalmente inferiores, incapaces de autonomía, siempre necesitadas de que un hombre les diera sentido y su lugar estaba claramente en el ámbito privado, no en cargos públicos. Sus tareas eran “Kinder, Küche und  Kirche” (Hijos, Cocina e Iglesia), por lo que el lesbianismo no era una amenaza seria ya que por su naturaleza eran dependientes del hombre. De este modo consideraban que la sexualidad femenina era pasiva. También ese supuesto lado frágil y emocional de las mujeres hacía que entre estas fueran comunes y aceptados los gestos de afecto de tal modo que sería complicado diferenciar los actos que eran delito y los que no.

A pesar de esa cierta permisividad, la vida de las lesbianas distaba mucho de ser tranquila. Hubo una persecución hacia las lesbianas que obligó a muchas de ellas a abandonar sus ciudades y hasta el país o a casarse, en muchos casos con amigos homosexuales, para así protegerse entre ambos. Alguno de estos matrimonios llegaron incluso a tener varios hijos y obteniendo la Ehrenkreuz der deutschen Mutter, la Cruz de Honor de la Madre Alemana. A pesar de ello, hay casos como el de Margot Liu, una lesbiana de Berlín casada con un chino que fue denunciada por su marido por su conducta sexual.   

Pocas lesbianas fueron a la cárcel, ya que por lo general, la policia no las solía clasificar en sus informes como homosexuales. Aún así en algunos casos fueron clasificadas como judías o gitanas, aunque algunas realmente no lo fueran. Otras eran fichadas por "subversión de la defensa nacional" o "sospechosa política", por lo que es difícil cuantificar cuántas lesbianas fueron enviadas a los campos de concentración y marcadas con el triangulo negro de los asociales.

Stolpersteine en recuerdo de Elli Smula en Berlín
Entre esas mujeres que acabaron en los campos de concentración está Felice Schragenheim, una judía que mantuvo una relación con Elisabeth Wust que estaba casada con un alto cargo nazi. Felice fue detenida por la Gestapo en 1944, y enviada al campo de Theresiendstadt, del que no volvió. Su relación fue llevada al cine en 1999 en la película "Aimée y Jaguar", escrita y dirigida por Max Färberböck.

Otros casos son los de Elli Smula, que denunciada por su propia empresa, que gestionaba los tranvías de Berlin, y deportada al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück o Inge Scheuer, militar auxiliar desde 1943. Internada en el hospital psiquiátrico Brandenburg-Görden y posteriormente enviada tambien a Ravensbrück. En ese mismo campo se puso en 2015 una lápida en memoria de las lesbianas perseguidas y asesinadas allí, para para rescatar del olvido una historia que permaneció oculta durante décadas.

Para saber más:
Homosexuales en el III Reich de Abe S. Creutz
Amor y horror nazi. Historias reales en los campos de concentración de Mónica G. Álvarez
Journal of Cntemporary History
United States Holocaust Memorial Museum
Marcha
Merca2
Lootis

domingo, 28 de febrero de 2021

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle

El 18 de abril de 1942 se llevó a cabo una audaz misión de combate inigualable que hizo volar a los bombarderos Mitchell B-25 norteamericanos desde la cubierta de un portaaviones y atacar Tokio, la capital del enemigo. El líder de la incursión, única en la historia, fue el legendario aviador de la Primera Guerra Mundial, el teniente coronel James H. "Jimmy" Doolittle.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
Aunque el daño causado por el bombardeo de los bombarderos de Doolittle fue menor en comparación con el ataque que llevó a cabo Japón en Pearl Harbor, esta acción de represalia estadounidense rompió la aparente inviolabilidad del Japón, debido al daño causado en Pearl Harbor y la tremenda distancia entre ambos países, y recordó a los japoneses que ellos también eran vulnerables. Aunque llegó temprano en la guerra, el ataque significó el comienzo de la espiral descendente de la Tierra del Sol Naciente y su eventual derrota en la Segunda Guerra Mundial.

El Raid fue la primera acción conjunta entre las Fuerzas Aéreas del Ejército y la Marina de los Estados Unidos. Esta innovadora misión transportó 16 bombarderos Mitchell B-25B y sus tripulaciones de cinco hombres a bordo del portaaviones USS Hornet a 500 millas de la costa japonesa. La misión culminó con el bombardeo de Tokio y otros centros industriales.

Debido a que el éxito del raid dependía completamente del secreto y el elemento sorpresa, había un código de silencio tan generalizado que los rastros de papel a menudo eran inexistentes y la información era críptica. Dos días después del ataque, el Departamento de Guerra de EE.UU. Informó de la misión al país, pero no su punto de partida. El presidente Roosevelt mantuvo este aire misterioso diciendo que habían despegado de "Shangri-la", en referencia al libro más vendido de 1933 del autor inglés James Hilton, Lost Horizon. El raid comenzó y terminó en secreto y, más de 70 años más tarde, el secreto sigue en el aire. Algunos misterios de la incursión aún permanecen.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
El avión 8
El octavo avión que despegó de USS Hornet fue el único B-25 que se vio envuelto en controversia debido a su aterrizaje poco propicio en Rusia y sus consecuencias. Aunque los 16 aviones no tenían suficiente combustible debido al lanzamiento prematuro del portaaviones, al ser divisado el portaaviones por un barco de pesca japonés, 15 aparatos se dirigieron a China después de lanzar sus bombas. El número 8 se desvió y aterrizó en Vladivostok, Rusia. La idea de que el aterrizaje fue "ordenado" ha seguido al avión y la tripulación desde entonces.

El teniente Nolan A. Herndon, el bombardero-navegante en el avión 8 que, junto con el piloto capitán Edward J. "Ski" York, el copiloto teniente Robert G. Emmens y otros dos tripulantes, fueron internados 13 meses en Rusia después del aterrizaje, supuestamente no autorizado. El teniente Herndon percibió que la verdadera razón del desvío era poner a prueba la lealtad de Rusia en tiempos de guerra y descubrir si su avión tendría permiso para repostar y continuar a China, y también para recopilar información sobre el aeródromo de Rusia para su uso en posibles ataques futuros en Japón. Herndon creía que tanto Emmens como York estaban al tanto del propósito real del vuelo.

Si bien el documento con las instrucciones al avión número 8 sigue siendo prácticamente imposible de obtener, si realmente existe, hay un interesante rastro en otros documentos del raid sobre Tokio. La última línea del informe de viabilidad de la misión que presentó Doolittle en febrero de 1942 al general Arnold dice:
Si los rusos estuvieran dispuestos a aceptar la entrega de 18 aviones B-25-B, en préstamo, en Vladivostok, nuestros problemas deberían simplificarse enormemente... Vladivostok está a unas 600 millas de Japón, mientras que los campos de China duplicaban esa distancia, por lo tanto, la cooperación de Rusia facilitaría las cosas.
Que los Estados Unidos se fijaron en Rusia para el aterrizaje posterior al bombardeo de Japón, lo demuestra el informe de Doolittle y la Ley de Préstamo y Arriendo que proporcionó miles de millones de dólares de material de guerra a las naciones aliadas, incluida la Unión Soviética. Sin embargo, la Unión Soviética quería mantener a distancia a los Estados Unidos, por lo que la misión siguió adelante sin la cooperación de Rusia y las restantes 15 tripulaciones tuvieron que conformarse con China debido al bajo nivel de combustible, excepto la del número 8.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
De izquierda a derecha: Tte. Nolan A. Herndon, Cap.Edward J. York,
Sgt. Theodore H. Laban, Tte. Robert Emmens. Sgt. David W. Pohl.
El informe del capitán York, tras ser liberado, alimentaron las sospechas de Herndon. York informó que el bajo nivel de combustible fue su única razón para volar a la Unión Soviética, pero también proporcionó información importante sobre los aeródromos de Vladivostok.

También hay escépticos de la historia del número 8. 
Tom Casey, presidente de la asociación Doolittle Tokyo Raiders, calificó la historia de Herndon como una historia que los oficiales militares nunca confirmaron ni negaron. Carroll V. Glines, un historiador que ha escrito tres libros sobre el tema y coescribió la autobiografía de Doolittle, dijo que "Todo lo que sé es que Nolan estaba allí y yo no, pero nunca pude encontrar ninguna pista para confirmar que sucedió de esa modo".

En 1989, el copiloto del avión 8, el teniente Robert G. Emmens, habló sobre el controvertido vuelo y las condiciones cuestionables de la formación de su tripulación en una carta a un amigo. "La nuestra era una especie de tripulación bastarda de Eglin [Base de la Fuerza Aérea, Florida]. Nos formamos como tripulación después de que el resto de los aviones hubieran dejado Eglin para dirigirse a la costa oeste… Nunca habíamos volado juntos y nunca habíamos hecho un despegue antes del verdadero que hicimos con el Hornet".

La afirmación de Emmens de que la tripulación del avión 8 se formó a última hora deja la puerta abierta para especular sobre por qué este avión fue puesto en acción. Hubo 24 tripulaciones, de las que solo 16 volarían en la misión, que pasaron tres semanas de entrenamiento en Eglin perfeccionando las habilidades críticas de despegue del portaaviones, excepto la tripulación del número 8. Todos los aviones tuvieron sus carburadores ajustados cuidadosamente en Eglin para volar la misión de 2,000 millas sin reabastecimiento de combustible, excepto el número 8. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué un equipo no entrenado y un avión no ajustado entraron en servicio cuando ya había suficientes aviones modificados y equipos entrenados?

Para saber más:

domingo, 21 de febrero de 2021

El lápiz de labios también gana la guerra

Mantener alta la moral de las tropas que luchan en el frente, así como la de la población civil en el frente interno es de gran importancia, algo que demostró con creces la población británica durante la batalla de Inglaterra. Esto fue posible, entre otras cosas muy importantes, gracias al pintalabios y al maquillaje.

El lápiz de labios también gana la guerra
El Primer Ministro británico Winston Churchill, fue uno de los que vio la importancia del maquillaje en las mujeres británicas como motivador de la moral, haciendo suyo un eslogan aparecido en la revista Vogue, en 1941: "beauty is your duty" (la belleza es tu deber).

Tambien pidió a las británicas que se maquillaran para levantar el ánimo de los soldados que luchaban por volver a casa con aquellas esposas y novias que los esperaban más guapas que nunca.

Vogue publicó en 1942:
Ser lo más atractiva posible es casi un deber cívico; Hay tantas cosas tristes y feas en el mundo que las mujeres deberían decirse a sí mismas con humildad, no con vanidad: "Trataré de ser lo más bonita posible para que cuando la gente me mire, se sientan renovadas. haré un esfuerzo para ser agradable a la vista"
Esto puede parecer banal y superficial, pero en su contexto histórico es mucho más importante de lo que parece, teniendo en cuenta el sexismo que existía en la sociedad de esa época. Tanto es así que las autoridades británicas publicaron un documento en el que se afirmaba que, para una mujer su maquillaje era tan importante como el tabaco para el hombre. Pero tambien maquillarse era una forma de dar normalidad a la vida en tiempos de guerra. En tiempos extraordinarios, la gente siente el deseo de arreglarse y lucir lo mejor posible.

El lápiz de labios también gana la guerraDurante la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña se paralizó prácticamente toda industria no esencial para el esfuerzo de guerra, excepto el carmín para los labios, considerado tan de primera necesidad, como el pan, las patatas o la carne y el pescado. Las ventas de cosméticos subieron.

Ante la escasez de medias de seda, por ser esencial para los paracaídas, las mujeres se pintaban la línea de las medias directamente su piel para simular que llevaban medias. Utilizaban los tampones de tinta roja para fabricarse el colorete, se teñían los labios con remolacha o el betún de zapatos era usado como máscara de pestañas, pero el pintalabios se consideró esencial. De este modo un elemento básico de la belleza femenina se convirtió en un elemento que levantaba la moral de la población y en un símbolo de la sociedad moderna.

El lápiz de labios también gana la guerra
En Estados Unidos, la firma cosmética Elizabeth Arden creó un kit de lápiz de labios y esmalte de uñas para que fuera utilizado de forma oficial como parte de la uniformidad de las mujeres que servían en los Marines, de un color llamado Rojo Moctezuma que hacía juego con sus uniformes verdes y Helena Rubinstein tambien se sumó a la cosmética patriótica con pintalabios con nombres como Red Combat o Commando. A ellas se sumaron otras marcas como Ivory soap y Yardley.

Finalizada la guerra la Reina Isabel II, que sirvió en el Servicio Territorial Auxiliar (ATS), encargó que se le fabricara su propio tono de pintalabios en un color rojo con matices azulados, con motivo de su coronación en 1952.

La importancia del pintalabios en la Segunda Guerra Mundial queda clarísimamente reflejado en una entrada del diario del oficial británico Mervin Willet Gonin. Tras liberar con sus tropas el campo de concentración de Bergen-Belsen, descubre que la Cruz Roja llegó al campo con cajas de pintalabios:
No sé quién las pidió, pero me encantaría saberlo. Fue obra de un genio, inteligencia en estado puro. Creo que nada hizo más por estas internas que esas barras de labios. Las mujeres se tumbaban en la cama sin sábanas ni camisones, pero con los labios rojos. Las veías deambular sin nada más que una manta por encima de los hombros, pero con los labios pintados de rojo. Por fin alguien había hecho algo para convertirlas de nuevo en individuos. Eran alguien, ya no solamente un nombre tatuado en el brazo, les había devuelto su humanidad. 
Al contrario que Churchill, Adolf Hitler detestaba que las mujeres se maquillaran. Los pintalabios representaban el espíritu de la independencia, lo contrario de lo que debía tener una mujer en el Reich alemán. Para los nazis las mujeres debían ir "con la cara lavada" y ser sanas y fuertes para poder engendrar hijos para Alemania. El maquillaje se relacionaba con mujeres de escasa moral. Por ese motivo a las muchachas de la Liga de Muchachas Alemanas (BDM) se les indicaba que no usaran ningún tipo maquillaje en sus encuentros con el Führer. De hecho a Hitler no le gustaba nada que su amante Eva Braun usara maquillaje, motivo por el que solía burlarse de ella en privado.
 
Para saber más:
Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon, de Rachel Felder