jueves, 27 de abril de 2017

El campo de prisioneras alemanas de Vilvoorde

Siempre se ha sabido de la existencia de los campos de prisioneros en los que estaban recluidos los soldados capturados por sus enemigos, o sobre los campos de concentración en que los nazis internaban a los judíos y a otros elementos considerados "indeseables" durante la Segunda Guerra Mundial. Pero poco se sabe de los campos que internaban mujeres.


Entre los 9 campos que los británicos establecieron en Bélgica estaba el campo de prisioneros 2218 que se encontraba en Vilvoorde,en el Brabante Flamenco, al Noreste de Bruselas. El campo, de los tres que se encontraban en Vilvoorde (2218, 2221 y 2230), era controlado por el 21 Grupo de Ejército británico del mando del British Army Of the Rhine (BAOR) y llegó a tener una población reclusa de más de 12.000 prisioneros del eje tanto del Heer, la Luftwaffe y en un número más reducido de la Kriegsmarine. El campo se construyó aprovechando una serie de instalaciones cuartelarías de la Wehrmacht. Fue abierto en agosto de 1945.
El campo tenía una zona apartada, reservada al personal femenino en el que las internas pertenecían principalmente a las SS, la Luftwaffe, además de algunas prisioneras del personal civil de la Wehrmacht. El personal encargado de la vigilancia en el interior del recinto también eran mujeres del Servicio Territorial Auxiliar Británico.


Las fotografías fueron tomadas en junio de 1945 por el teniente O'Brien, de la Unidad Fotográfica y Cinematográfica y del 5º Ejército británico, muy posiblemente con fines propagandísticos, y forman parte de la colección del Imperial War Museum de Londres.



Para saber más:
Argunners Magazine
Delcampe
Wehrmacht-awards
Hansard 

domingo, 23 de abril de 2017

La paloma que llevó las primeras noticias del Día D

La noticia de los desembarcos llevados a cabo el Día D, el 6 de junio de 1944, fue llevada a Gran Bretaña por Gustav, un valiente palomo mensajero de la RAF (Royal Air Force), que había sido soltado por el corresponsal de guerra de la agencia de noticias Reuters, Montague Taylor.


Su entrenador fue Frederick Jackson de Cosham, en en condado de Hampshire. Según Jackson su nombre podía sonar sospechosamente alemán, pero no podía ser más inglés. Desde el comienzo de la guerra existía en Gran Bretaña una seria psicosis con los espías enemigos que pudieran estar infiltrados entre sus ciudadanos. Hasta las palomas eran sospechosas, ya que estaba muy extendida la idea de que los espías enemigos ocultaban palomas mensajeras en lugares a lo largo y ancho del país, y que la utilizaban para enviar comunicaciones a Alemania.

Taylor informó a su agencia:
El ejército invasor ha pensado en todo, incluyendo en palomas mensajeras para llevar las buenas nuevas a casa si todo lo demás falla. Un teniente de aviación había llegado allí solo unas horas antes de que yo embarcara en mi buque de desembarco y me enseñó una cesta con cuatro palomas, complementada con comida y equipos para enviar mensajes.  
A las 8.30, del 6 de junio, Montague soltó a Gustav. Volando con un viento en contra de 48 kilómetros por hora, nubes densas y fuego enemigo esporádico, la paloma completó su recorrido a su palomar en la isla de Thorney, cerca de Portsmouth, en tan solo cinco horas y dieciséis minutos, un récord del Día D.
El sargento Harry Halsey recogió el mensaje que llevaba sujeto en la pata, y lo transmitió a Londres:
Estamos a tan solo unos treinta kilómetros de las playas.
Las primeras tropas de asalto desembarcaron a las 07:50.
Echando chispas sin parar en formación.
Lightings, Typhoons y Fortalezas cruzando desde las 05.45.
No hemos visto aviones enemigos.

A Gustav, el 1 septiembre de 1944, le concedieron la Medalla Dickin, el equivalente para animales de la Cruz Victoria, para "destacar su actuación el Día D", pero murió poco después de la guerra cuando su criador la pisó mientras limpiaba el palomar. Otras palomas tuvieron un papel importante durante el Día D, como Paddy que fue el palomo más rápido en llegada a su destino con un mensaje desde Normandía, o Navy Blue que a pesar de las heridas recibidas consiguió entregar un importante mensaje desde el frente.

Para saber más:

lunes, 17 de abril de 2017

Fuego amigo en Pearl Harbor

No todos los civiles que murieron durante el ataque japonés a Pearl Harbor, del 7 de diciembre de 1941, fue causado por las bombas japonesas. Muchos murieron debido a los proyectiles antiaéreos estadounidenses.

Según el testimonio del trabajador portuario John García en el libro The Good War: Oral History of World War Two:
Algunos de nuestros marineros estaban disparando cañones de cinco pulgadas contra los aviones japoneses. No se puede derribar un avión con un proyectil de cinco pulgadas. Los proyectiles sin explotar estaban cayendo en Honolulú. Los proyectiles tiene un alcance de diez millas (16 km). Hirieron y mataron a un montón de gente en la ciudad.
Kawaiahao Church
García pasó tres días en la base trabajando para reparar las consecuencias del ataque. Cuando regresó, para descansar, a Honolulu:
Me dijeron que un proyectil había caído en la casa de mi chica. Llevábamos saliendo juntos, unos tres años. Su casa se encontraba a pocas manzanas de mi casa. En ese momento, me dijeron que fue por una bomba japonesa. Más tarde nos enteramos de que fue un proyectil antiaéreo estadounidense. Mi novia fue asesinada. Se estaba preparando para ir a la iglesia en es preciso momento.
El cañón de cinco pulgadas era el cañón antiaéreo standard de la armada estadounidense desde finales de la década del 1920. La munición para este tipo de cañón requería que se ajustara la espoleta de detonación a una altura predeterminada, para que detonara en el aire. Debido a la emergencia de la situación, y la inexperiencia de los servidores, muchos de ellos jóvenes adolescentes, muchos de los proyectiles no fueron ajustadas o lo fueron de manera indebida, y en lugar de explotar en el aire, cayeron de vuelta al suelo, donde muchas detonaron. No es que no se pudieran utilizar esos cañones para derribar aviones.
Gracias a Antonio Pérez por la aclaración sobre el cañón de 5 pulgadas.

Para saber más:
The Good War: Oral History of World War Two  de Studs Turkel