lunes, 1 de junio de 2020

Las claves de la propaganda nazi

Tras ser nombrado Gauleiter de Berlín en 1926, Joseph Goebbels, que era un gran orador, comenzó a interesarse en la propaganda como método de promoción del partido nazi y su ideología. De este modo cuando llegaron al poder los nazis en 1933 se puso al frente del ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda, llevando la comunicación y la manipulación de masas a un nivel nunca visto. Goebbels era omnipresente, se encontraba en todos los niveles de la propaganda. Todos los medios fuera de su control fueron prohibidos.

Desde el primer momento Goebbels  comenzó a supervisar y controlar todos los medios de comunicación, como la radio, el cine y la emergente televisión; las artes y la información en Alemania, para ser usados con fines propagandísticos. Para Goebbels, la radio era el mayor arma propagandística afirmando que: “con la radio hemos destruido el espíritu de la rebelión”, y ordenó la producción de receptores de radio a precios económicos y así llegar a todos los rincones del III Reich.

Adolf Hitler escribió en Mein Kampf:
"¿A quién debe dirigirse la propaganda? ¿A los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Ella debe dirigirse siempre y únicamente a la masa!(..). La tarea de la propaganda consiste(..), en atraer la atención de las masas sobre hechos y necesidades... Toda propaganda debe ser popular, y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige(..). La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas, por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea." 
Goebbels, fue posiblemente quien marcó de modo más significativo la vida en el III Reich, al presentar a Hitler como un mito infalible enviado por la Providencia De este modo aseguró así el apoyo casi ciego de la nación hasta el final. Para hacer más efectiva esa doctrina de la propaganda establecida en Mein Kampf, Goebbels marcó una serie de principios para la difusión de la propaganda que aún están muy vigentes en gran parte de la publicidad general y la propaganda política:

¡Él es el culpable de las guerras! (1942)
El principio de simplificación y del enemigo único establece una única idea y un único símbolo a la vez que se individualiza al adversario en un único enemigo.

Con el principio del método de contagio se debe reunir diversos adversarios en una solo grupo o individuo.

El principio de la transposición se encarga de imponer al adversario los propios errores y respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que cambien el foco de atención.

El principio de la exageración y desfiguración debe convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en una amenaza grave.

A través del principio de la vulgarización adaptamos y simplificamos la propaganda al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida.

La famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad" resume claramente el principio de orquestación, en el que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente desde diferentes perspectivas, pero siempre coincidiendo el mismo concepto.

El principio de renovación se basa en que constantemente hay que lanzar informaciones y argumentos nuevos a a tal velocidad que, cuando el adversario pueda responder, el público esté ya interesado en otra cosa, de tal modo que las respuestas del enemigo nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

Como un claro complemento del anterior se deben construir argumentos a partir de varias fuentes, lanzando globos sonda o informaciones fragmentarias. Este es el principio de verosimilitud.

Cuando no se tienen argumentos en algunas cuestiones se debe aplicar el principio de la silenciación, los mismo que si hay noticias que puedan favorecer al adversario estás se deben disimular, a la vez que se contraprograma con la ayuda de medios de comunicación afines.

Generalmente, la propaganda opera partiendo de una base previa, bien sea un complejo de odios o prejuicios tradicionales. Con el principio de transfusión se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas del público.

El principio de la unanimidad se encarga de convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando la falsa sensación de que "si todos piensan como yo, no puedo estar equivocado".

El Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda no llevó estos principios tan solo a los medios de comunicación y los discursos. Fueron implantados en la sociedad alemana desde las más tierna infancia a través de la educación de los niños y jóvenes (en donde se realizó una estudiada purga de docentes), así como en todas las asociaciones juveniles como las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend).
Absolutamente todo estaba excelentemente orquestado, tanto es así que las ideas esparcidas por parte del nazismo se encuentran aún en la sociedad actual, donde han aumentado los extremismos y los populismos.

Lo que conocemos como "Fake News" funcionan en la actualidad igual que la propaganda nazi.  Ambos usan falsedades y teorías de la conspiración para tratar de manipular los miedos de las personas, provocar sentimientos negativos y sembrar división, prejuicios y odio hacia el contrario.

Para saber más:
Propaganda Nazi, de Norberto Corella
Goebbels, de Ralf Georg Reuth
Cuatro
Confilegal
Javi Pastor
National Geographic

lunes, 25 de mayo de 2020

Frederick Duquesne, un espía alemán con más cara que espalda

Muchas veces tenemos la percepción de que la vida de los espías debe ser como si fuera una película de James Bond o de Misión Imposible, llena de acción y de peligros. Sin embargo, y aunque en algunas situaciones excepcionales así pudiera ser, no son pocos los ejemplos documentados de que, para ser un espía, simplemente hay que estar receptivo a lo que dicen los demás... y echarle un poco de jeta, que lo demás viene solo. Tal es el caso de Frederick Duquesne, un espía alemán que en 1939 consiguió información sobre una nueva máscara de gas americana, con la peculiaridad de que no se escondió absolutamente de nadie.

Frederick Joubert Duquesne (1877-1956) era un sudafricano de origen boer (descendiente de los primeros colonizadores holandeses) que se había destacado a finales del siglo XIX por su lucha contra los británicos, en la guerra que estos dos colectivos mantuvieron por la supremacía de la que posteriormente sería la República de Sudáfrica. Duquesne, a raíz de este conflicto, perdió a su madre y a su hermana a manos del ejército británico, y ello le hizo coger una inquina tremenda a los ingleses, que llegó a convertir en su leit motif todo el resto de su vida. En la circunstancia de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Duquesne no dudó en colaborar con Alemania tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial con tal de tocar lo que no suena a británicos y todos sus aliados... y en esas estábamos.

En 1939, Duquesne se encontraba viviendo en Nueva York, donde ejercía de espía a jornada completa, pasando cuanta más información mejor a Hitler. Aunque EE.UU. no había entrado todavía en guerra, simplemente sería cuestión de tiempo que lo hiciera, por lo que ir por delante del aliado más poderoso de Gran Bretaña, nunca estaba de más. Su tarea principal era la de estar ojo avizor y con las orejas limpias para poder estar al caso de cualquier atisbo de novedad interesante. Aunque parezca mentira, una de sus fuentes principales era, ni más ni menos, que la propia prensa norteamericana.

En una de las ocasiones, Duquesne vio una noticia en el New York Times en la que se hablaba de una nueva máscara antigás que se estaba fabricando. La noticia era muy interesante para el espionaje alemán en tanto que se hablaba, también, de nuevos gases venenosos que la industria armamentística norteamericana estaba desarrollando. Duquesne, no se lo pensó dos veces y empezó sus pesquisas para conseguir más información al respecto, desplazándose hasta Aberdeen (Maryland), donde se encontraba el campo de pruebas de la Chemical Warfare Service (Servicio de Guerra Química, actual Chemical Corps) del Ejército de los Estados Unidos.

Una vez en el sitio, Duquesne llegó a la conclusión de que, debido al alto secreto de las instalaciones, introducirse en ellas era prácticamente imposible sin despertar sospechas, por lo que decidió volver a casa y buscar una alternativa. La información era de vital importancia para los generales alemanes, habida cuenta una más que probable utilización de esa nueva arma en territorio europeo, pero...¿cómo obtenerla? La solución la tenía delante mismo de sus narices: pidiéndola. Y la pidió.

Ni corto ni perezoso, Duquesne escribió una carta mecanografiada dirigida al director del Chemical Warfare Service en Washington DC en la que, presentándose como un "responsable escritor y conferenciante", solicitaba información detallada de dicha máscara de gas. Con total desfachatez, el espía no dudó en utilizar su nombre y dirección verdaderas para que se le remitiera la información solicitada. El colmo del cachondeo llegó en forma de nota escrita a mano en el pie de la carta, en la que Duquesne decía "No se preocupe si esta información es confidencial, porque estará en manos de un buen y patriota ciudadano". Como diríamos actualmente, "el puto amo".

El espía no confiaba en absoluto en que la cosa funcionara, por lo que no tenía demasiadas esperanzas puestas en el éxito de su ocurrencia. No obstante, se quedó de pasta de boniato cuando recibió en su domicilio absolutamente toda la información de la máscara de gas que había solicitado. Sorprendentemente, el Chemical Warfare Service había atendido escrupulosamente la solicitud de Duquesne y había proporcionado directamente al espía una valiosísima información de capital importancia para la Alemania de Hitler. Obvia decir que en menos de una semana, dicha información estaba sobre la mesa del Führer.

A estas alturas, aún nadie se explica cómo pudieron saltarse todos los protocolos de seguridad de una información confidencial como la de la máscara de gas y los nuevos gases desarrollados. Se especula que al confirmar la existencia física de esa persona en esa dirección, los servicios de seguridad bajaron la guardia habida cuenta que era complicado que un espía se presentara tan sinceramente y con tanta cara. Asimismo, hemos de recordar que EE.UU. no estaba aún en guerra, por lo que las restricciones y el control de la información no eran demasiado excepcionales, facilitando enormemente el trabajo del espía.

Con la entrada en la guerra de Estados Unidos todo cambió y, en 1941, Duquesne y 32 colaboradores a su cargo fueron detenidos por el FBI y sentenciados a diferentes penas de prisión por su actividad de espionaje. Sin embargo, el asunto de la máscara de gas dejó bien claro que, tanto en asuntos de espionaje como en la vida cotidiana, todos somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Ireneu Castillo

lunes, 18 de mayo de 2020

La pequeña flota de Dunkerque

En mayo de 1940, el ejército alemán estaba arrasando en Europa, obligando a las fuerzas aliadas de Gran Bretaña, Francia y otras naciones europeas a la retirada y la rendición.

La pequeña flota de DunkerqueDespués de las victorias alemanas, se hizo evidente que la única forma de defender las Islas Británicas de la invasión era evacuar las fuerzas aliadas restantes a través del Canal de la Mancha. Churchill tenía la esperanza de salvar de 30,000 a 50,000 soldados en una evacuación de Dunkerque antes de que las tropas de la Wehrmacht los arrasaran.

En un error, que bien pudo costarle la guerra, Hitler ordenó a las divisiones Panzer de primera línea que detuvieran su avance a las afueras de Dunkerque.
Hay diferentes explicaciones de por qué Hitler permitió que se llevara a cabo la evacuación de Dunkerque en lugar de lidiar con lo que podría haber sido una derrota aplastante para las fuerzas británicas atrapadas en la estrecha línea de costa entre los blindados alemanes y el Canal de las Mancha. Una teoría es que Hitler permitió que los británicos evacuaran Dunkerque como un gesto humanitario para atraer a Gran Bretaña a las conversaciones de paz. Otra es que deseaba dar el golpe final con la fuerza aérea de Hitler, la Luftwaffe .

La pequeña flota de DunkerqueSea cual sea la razón, Dunkerque se convirtió en el principal punto de evacuación a Gran Bretaña para las fuerzas aliadas. Sin embargo, era un lugar poco conveniente debido a sus aguas poco profundas y la falta de un puerto en condiciones que sirvieran para navíos grandes. Esto evitó que los buques de guerra británicos pudieran acercarse lo suficientemente a la costa para realizar un rescate a gran escala.

La situación llevó a que la Royal Navy emitiera una convocatoria para que todos los buques de poco calado se unieran a la Armada británica en una evacuación masiva de Dunkerque.  Enviados de la Royal Navy recorrieron el sureste de Gran Bretaña en busca de cualquier pequeña embarcación que fuera voluntaria o requiera ser puesta en servicio. En total, más de 700 barcos, de toda clase, como pesqueros o yates de recreo y de lugares tan remotos como la isla de Man y Glasgow, se reunieron en Ramsgate, para ayudar en la evacuación, que duraría 10 días. A este esfuerzo se sumaron tambien barcos de otras nacionalidades, como Franceses, Belgas y Holandeses.

La pequeña flota de DunkerqueDurante esos diez días, la armada de pequeños barcos realizó innumerables viajes entre las playas de Dunkerque, los buques de guerra británicos y el estuario del Tamesis y las playas Dover. El humo de Dunkerque y el clima inclemente ayudaron a envolver las playas y los barcos, pero cuando el clima se despejó, la Luftwaffe pudo bombardear varias veces al día sin dificultad los barcos y las playas donde 5,000 hombres perdieron la vida.

La evacuación de Dunkerque es muy interesante por el hecho de convertir una humillante derrota británica y aliada en una historia de heroísmo que impulsó a los espíritus de las fuerzas aliadas, en lo que la prensa llamó “El espíritu de Dunkerque”.

La evacuación se convirtió en un esfuerzo heroico que superó las cifras más optimistas, llegando a rescatar a 340,000 soldados aliados entre el 28 de mayo y el 6 de junio de 1940. El Dean de la catedral de San Pablo fue el que también lo llamó el "Milagro de Dunkerque".

La pequeña flota de Dunkerque
A los soldados rescatados aun les quedaban  quedaban 5 años más de Guerra y muchos de ellos sufrieron serios efectos psicológicos. Un significativo número de soldados no consiguieron aguantar la presión de los constantes bombardeos y la incertidumbre ante la escasa posibilidad de poder ser rescatados y se suicidaron en la playa.

En 1960, se estableció una medalla en nombre del pueblo de Dunkerque. La medalla que en un principio era para los defensores franceses de Dunkerque, en 1970 se extendió a las fuerzas británicas, incluyendo a los civiles voluntarios de los pequeños barcos de Dunkerque.

Esta historia de solidaridad y heroísmo aparece excelentemente reflejada en la película de Christopher Nolan, “Dunkirk”.

Historia y Vida nº 592
Association of Dunkirk Little Ships
Passage Maker
National Geographic
BBC
Telegraph
Estrella Digital
La Nueva España

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