viernes, 17 de mayo de 2019

El silencio aliado sobre la masacre de Katyn

En el mes de abril de 1940 casi 4500 soldados polacos fueron fusilados y enterrados en una fosa común en las proximidades de la ciudad de Smolensk, en el bosque de Katyn.

Esta fue una de las múltiples masacres que fueron realizadas por orden del sanguinario Lavrenty Beria a través del NKVD, que el controlaba, y autorizadas personalmente por Stalin.

Igual que su antagonista Hitler, Stalin quería eliminar cualquiera que tuviera la posibilidad de animar a la población a organizarse para resistir a las fuerzas de ocupación. Hay que tener en cuenta que en esos momentos Polonia estaba dividida en dos entre Alemania y la Unión Soviética. El NKVD ejecutó además de los 4000 de Katyn a otros 11000 soldados y otros 6000 civiles en lo que se consideró, por ser el caso de Katyn el primero en descubrirse, como las masacres de Katyn.

En 1943, tres años después de cometerse los crímenes del bosque de Katyn, en el mismo mes de abril, y tras romper Hitler el pacto con Stalin dos años antes e invadiera la Unión Soviética, los alemanes abrieron las fosas y exhumaron los cadáveres. Durante la exhumación hallaron pruebas que implicaban directamente a los soviéticos. La propaganda nazi se aprovecho de ello e infló la cifra hasta los 10000. Los rusos desmintieron los hechos y culparon del crimen a los alemanes.

Los servicios de inteligencia británicos opinaban igual que el gobierno polaco exiliado en Londres. Ambos sospechaban que los soviéticos querían eludir su responsabilidad en la masacre culpando a los alemanes de falsear las pruebas.

El representante británico ante el gobierno polaco en el exilio, Owen O´Malley redactó un informe secreto que tenía como conclusión que los responsables claros eran los soviéticos, pero a la vez opinaba que los gobiernos británico y estadounidense debían echar tierra sobre el asunto ante la urgente necesidad de establecer "relaciones cordiales" con la Unión Soviética.

El informe lo reenvió el primer ministro Winston Churchill al presidente Franklin D. Roosevelt pidiéndole que se la devolviera para evitar que se filtrara a los medios extraoficiales. En el informe Churchill anotó: "Una historia lúgubre pero bien escrita, tal vez demasiado". La responsabilidad de los alemanes resultaba admisible, teniendo en cuenta de que eran el enemigo común.
Por supuesto Roosevelt tampoco quería enemistarse con su aliado del Este y nunca mencionó el informe de O´Malley.

Aún hoy hay historiadores que mantienen la versión soviética de los hechos a pesar de que en 1990, por orden de Mijaíl Gorvachov se empezaron a desclasificar documentos que desvelaban que las masacres fueron autorizadas desde los más altos estamentos de Moscú. Entre los documentos se hallaba una orden firmada por Stalin y otros líderes soviéticos que llevó a la muerte de más de 20000 prisioneros de guerra polacos. Los miembros del Politburó que aprobaron la matanza de Katyn, fueron, además de Lavrenti Beria, el principal ejecutor de las ordenes: Lázar Kaganovich, Mijail Kalinin, Viacheslav Molotov y Kliment Voroshilov.

Desde 2005 el gobierno ruso mantiene que la matanza no fue un acto de genocidio sino un acto de guerra ya prescrito. En 2004 Vladimir Putin detuvo toda la investigación impulsada por Gorvachov en virtud de una disposición secreta de la Fiscalía Militar que la establecía como alto secreto. Hasta hoy se siguen sin aclarar debidamente los hechos y los culpables.

Para saber más:
Manipulando la Historia, de Eric Frattini
Katyn: Stalin's Massacre and the Seeds of Polish Resurrection, de Paul Allen
Libertad Digital
Cold War Museum
El País
La Vanguardia

martes, 7 de mayo de 2019

Stolpersteine en Madrid. Una piedra un nombre

Cuando queda poco más de un año para que se cumplan ochenta años del llamado Convoy de los 927, uno de los primeros envíos de republicanos españoles a los campos de concentración alemanes, ha estado en Madrid Günter Demnig, el creador del proyecto Stolpersteine "tras(pie)dras" que nació cuando se pintaban de blanco los adoquines en frente de la última morada conocida de los deportados a los campos de concentración nazis y que en 1992 se convirtió en la instalación de los pequeños bloques de cemento con una de sus caras de latón con la inscripción del nombre y el fatal destino de una víctima del nazismo. Desde sus comienzos se ha colocado más de 72.000 por todo el mundo.

Tras pasar por 24 países, llegó a España, y gracias al trabajo incansable de Isabel y Jesús llegó a Madrid con la instalación inicial de 12 Stolpersteine, de las que el propio Günter Demnig solo ha podido colocar 8 debido a la gran cantidad de peticiones que recibe.

La historia familiar de Demnig, está relacionada con España. Con 17 años descubrió que padre fue miembro de la Legión Cóndor, que bombardeó Guernica y que fue parte del apoyo que dio  Hitler a los alzados. "Nunca más conseguí hablar de eso con mi padre".

La mañana del 26 de abril Demnig colocó las piedras de Enrique Calcerrada, en el 20 de Bravo Murillo; la que recuerda a Andrés Fariñas en Viriato número 2 y en Virtudes, 22 la de Pedro Díaz. En las calles de Ponzano, Espronceda, Francos Rodriguez, Pino Baja y Nenúfar, se instalaron las de José Bello, Antonio Zurita, Eufemio García, Eusebio Gónzález y Gregorio Rebollo. Por la tarde colocó la de Melchor Antuñano, en el municipio de Moralzarzal.

El 29 se continuó con los homenajes instalando 4 Stolpersteine provisionales (hasta que Demnig haga las definitivas) en el número 150 del Paseo de Extremadura y en las calles de José Antonio Armona, Mesón de Paredes y Huerta del Bayo, que recuerdan a José Fontanet, Pablo Agraz, Manuel García y Juan Antonio García. Para finalizar se celebró una mesa redonda sobre el proyecto Stolpersteine en Madrid, con familiares de deportados en el Centro Cultural Puerta de Toledo.

Hoy solo quedan con vida seis españoles: Vicente García, José Manuel García Peruyera, que estuvieron en Buchenwald; Lázaro Nates, Siegfried Meir, Juan Romero que pasaron por Mauthausen, el conocido como campo de los españoles y Conchita Grangé que sufrió el cautiverio en Ravensbrück. Solo seis de los miles de españoles que fueron deportados a los campos de concentración nazis. En Ravensbrück tambien estuvo Neus Català que falleció el 20 de abril, con 103 años.

Las primeras Stolpersteine llegaron Cataluña, al municipio barcelonés de Navás, donde se instalaron en septiembre de 2015. Desde entonces se han colocado 112 piedras a otros tantos deportados en 18 localidades españolas. Tras la colocación de las 12 de Madrid el proceso habrá de continuar para homenajear a casi 450 madrileños y madrileñas más. Aún se espera por el prometido memorial a los deportados a Mauthausen en Madrid, aunque en la Ciudad Universitaria hay un pequeño monumento a los españoles victimas del Holocausto.

La historia de uno de ellos, Pedro Díaz Clemente, deportado a Mauthausen el 27 de enero de 1941, trasladado a Gusen el 17 de febrero de 1941 y gaseado el 18 de diciembre de 1941, es prácticamente la misma para todos los deportados: luchadores por la república española, obligados a huir de España y pasar calamidades en los campos de "refugiados" franceses para terminar abandonados por el gobierno del dictador Francisco Franco y deportados a los campos de concentración nazis y marcados con el triangulo azul de los apátridas. La mayoría de ellos no volvieron con vida.

El mismo día 26 el Consejo de Ministros, presidido por el Presidente Pedro Sánchez, acordó que el 5 de mayo fuera instaurado el "Día del Homenaje a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y en otros campos, y a todas las víctimas del nazismo de España", coincidiendo la la fecha de la liberación del campo de Mauthausen, donde estuvieron internados 7.532 españoles de los que 4.816 murieron. 9.328 españoles, según constancia en documentos nazis, estuvieron presos en campos de concentración. Murieron 5.185, 3.809 lograron sobrevivir y 334 están desaparecidos.

Desde aquí quiero dar las gracias a todos y cada uno de los que han hecho posible este merecido reconocimiento, en especial a Isabel y Jesús (@IStolpersteine) por su cariño y dedicación. También quiero mandar un abrazo a Jorge Díaz, sobrino nieto de Pedro Díaz Clemente.

Triste revisión (09/05/2019):
Ha fallecido a los 94 años, Vicente García,  el último de los españoles de Buchenwald. Que la tierra le sea leve.

Para saber más:
Deportados
Ser Guadalajara
Portal de Memoria Histórica
Ayuntamiento de Madrid
Telemadrid
ABC
La Vanguardia
El País
Público
Wikipedia

martes, 30 de abril de 2019

Historia de una imagen: Clase de educación racial

Los tres grupos que aparecen en la lámina colgada de la pizarra son, de arriba a abajo: "Ostbaltische Rasse" ("raza báltica oriental"), "Ostische Rasse" ("raza alpina") y "Dinarische Rasse" ("raza dinárica"). Estos tres grupos se consideraron parte de las subrazas de la raza caucásica, otros que estaban incluidos en la clasificación eran los nórdicos y mediterráneos.

Clase de educación racialLos Nazis hicieron todo lo posible para inculcar en los jóvenes alemanes el orgullo de su raza a través de la enseñanza de la biología racial. La Liga Nacional de Maestros Nacionalsocialistas (NSLB), en particular, enseñó en las escuelas que deberían estar orgullosos de su raza pura y no de la mezcla racial.

La biología racial tenía como objetivo alentar a los alemanes a mantener la pureza de su raza, el NSLB enfatizó en las escuelas primarias el elemento racial nórdico del Volk (pueblo) alemán, para ello tenían que contrastar este con las diferencias raciales que representan los pueblos considerados como extranjeros, como los judíos.

La política racial nazi no siempre incluía la degradación de los judíos, sino que siempre tenía que mantener la importancia de la sangre alemana y la raza aria. Esto a menudo estaba conectado con la sangre y la ideología de la tierra, de la patria. Mientras se enseñaba a los jóvenes alemanes sobre la importancia de la sangre, al mismo tiempo se les enseñaba sobre los peligros que representan los judíos en Alemania y el espacio vital necesario en el este, en particular en Rusia. Las novelas y los cuentos retrataron a los alemanes como poseedores únicos y poseedores de un destino único y de que los judíos eran el mayor de los males para los arios. Se afirmaba que la segregación de razas era natural, así como las especies separadas no se juntaban en la naturaleza.

Tras las Leyes de Nüremberg, de 1935, cualquier relación entre arios y no arios se convirtió en una ofensa criminalizada. Los arios que fueran declarados culpables bajo las leyes eran acusados ​​de Rassenschande ("vergüenza racial") y se enfrentaban a ser deportado a un campo de concentración, mientras que los no arios se podrían enfrentar la pena de muerte.

La importancia de la pureza racial aria llevó a la adopción de políticas de higiene racial  (Rassenhygiene) no solo entre los que se consideraban "Untermensch" (seres inferiores), sino tambien entre los discapacitados alemanes, que en un primer momento sufrieron la esterilización forzosa y posteriormente el asesinato.

Para saber más:
El tercer Reich, de H. S. Hegner
Tercer Reich, día a día, Christopher Ailsby
Historia de la Historia 
Rare historical photos
Historia y vida