miércoles, 18 de octubre de 2017

Construir un barco en solo 80 horas

Una de las razones por las que los Aliados ganaron durante la Batalla del Atlántico fue que Estados Unidos tenía su capacidad industrial intacta y era capaz de construir barcos más deprisa de lo que los submarinos alemanes podían hundirlos. En el periodo de 1939-1940 Estados Unidos fabricó tan solo 102 navíos de alta mar. Pero en septiembre de 1941 Washington lanzó una campaña para reunir a los mejores ingenieros navales y astilleros para producir un barco excepcional, el Liberty.


A partir de los navíos de carga de la clase Ocean, un diseño británico fabricado a base de remaches que ya quedaba obsoleto y era lento y costoso de construir, un equipo coordinado por el constructor William F. Gibbs consiguieron que a finales de 1942 se hubieran construido más de 600 barcos de carga de los que 597 eran de la clase Liberty, y las botaduras superaron los hundimientos en el Atlántico. En 1943 se llegó a la cifra de 140 Liberty al mes.

En todos los astilleros norteamericanos, más de un millón y medio de trabajadores y trabajadoras aprendieron a soldar y remachar diversos componentes prefabricados que daban como resultado un barco de 135 metros de eslora, que en 3 turnos ininterrumpidos de ocho horas y a un coste de 2 millones de dólares se tardaba en construir, unos diez días. Podían navegar 17000 millas a 11 nudos de velocidad debido a que usaba unos viejos y fiables motores de vapor. No eran unos barcos de líneas estilizadas ni demasiado rápidos, pero sus líneas rectas y planas los hacían sencillo y fácil de ensamblar, y tenían una capacidad de carga de 10800 toneladas.


El genio que se encontraba detrás de los Liberty era el ingeniero Henry J. Kaiser, un contratista californiano de 60 años que ya habia terminado las gigantescas presas de Boulder, Bonneville y Grand Coulee entes de que se cumpliera el plazo de construcción gracias a sus técnicas constructivas. Kaiser era un mago de la construcción de barcos y vio que la construcción de la mayor parte de los barcos en tierra era el secreto del éxito. Los módulos eran fabricados por todo el país, eran trasladados en camiones o trenes hasta los astilleros, donde eran almacenados, como en un archivo, a lo largo de la dársena donde eran construidos los cascos. Cuando el casco estaba terminado, unas inmensas grúas elevaban los mamparos, cubiertas y superestructuras y la colocaban en su lugar. Cuando lo cascos eran botados, los remolcadores los trasladaban a otras zonas donde se instalaban elementos como los motores.

El récord de soldadura lo establecieron tres mujeres en un astillero de California. Fueron las camareras Ina Hickman y Mary Vincente y la costurera Billie Elliott. Todos los astilleros competían entre si por batir el récord de construcción y hallar modos de reducir el tiempo y los costes. Los trabajadores que aportaban ideas útiles con esta finalidad eran premiados de diversos modos. La mayor parte de los astilleros se encontraban en la costa Oeste, sobre todo en California, ya que el tiempo era más benigno y eso aceleraba el proceso de fabricación. El récord de fabricación fue de tan solo, 80 horas y 30 minutos.


Tan rápido se llegaban a construir que se contaba la anécdota de una mujer que se adelantó con una botella de champán, lista para bautizar el nuevo barco, pero ni siquiera se le había colocado la quilla. La mujer preguntó: "Y ahora ¿que hago?", Kaiser le contestó: "Empiece a balancear la botella, antes de que llegue ya estará colocada".

Para saber más:
Wikipedia
The Liberty ships of World War 2, de Bill Lee
Armed Guard
Liberty Ship
Skylighters

domingo, 15 de octubre de 2017

Lectura Recomendada: Pequeña historia de Treblinka

Para finalizar la trilogía sobre la Segunda Guerra Mundial “Las cenizas de Oradour” (2015) y “Las ruinas de Leningrado” (2016), el autor Arcadio Rodriguez Tocino nos trae su nueva novela: “Pequeña historia de Treblinka”. Con esta trilogía Arcadio Rodriguez, un escritor español que todo el mundo debería de conocer, nos aproxima a importantes episodios de la Historia para muchos desconocidos.


“Pequeña historia de Treblinka” es una novela entre el género negro y la narrativa ambientada, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en el gueto de Varsovia y que continúa en el campo de exterminio de Treblinka. Autoeditada a través de Circulo Rojo, cuenta con 230 páginas.


Treblinka fue el tercer campo construido dentro de la operación llamada Aktion Reinhard, en honor de Reinhard Heydrich, el carnicero de Praga. En su inicio era un campo de trabajo, pero en cuestión de meses su tarea fue única y exclusivamente el exterminio sistemático de judíos.

Situado a unos ochenta kilómetros de distancia de Varsovia, el campo de Treblinka estuvo en funcionamiento durante aproximadamente dieciséis meses. Se calcula que entre 750.000 y 850.000 judíos perdieron la vida en él.
Esta es una pequeña historia sobre su funcionamiento y que comienza en el gueto de Varsovia.


Para adquirir "Pequeña historia de Treblinka” cualquiera de sus libros contactar por E.Maii en: 

Para saber más:

jueves, 12 de octubre de 2017

Un español en el Día D

Manuel Otero Martinez, con apenas 28, fue el único español que participó en el desembarco de Normandía, junto a los aliados, el 6 de junio de 1944, donde dejó su vida en una acción heroica que sirvió para acabar las alambradas que separaban la playa de los búnkers nazis.


Manuel Otero nació en Serra de Outes, A Coruña en 1916. Trabajó como marinero en el barco carbonero "Inocencio Figaredo" que realizaba la ruta entre Asturias y el Mediterráneo. Al comenzar la Guerra Civil Española el barco fue requisado por la república para el traslado de pertrechos desde Rusia a España, pero debido al conflicto el navío se quedó en el puerto soviético de Odessa y la tripulación fue a parar a un campo de concentración que compartieron con miembros de la División Azul, muy cerca del círculo polar ártico. En 1952 volvieron repatriados España.

Manuel Otero no se encontraba en la tripulación enviada a Rusia, se quedó en España y fue herido en la batalla de Brunete. Lo trasladaron a un hospital de Valencia y posteriormente a Barcelona. Volvió a trabajar como marinero y dos años después consiguió un trabajo en un barco que abandonó cuando llegó al puerto de Nueva York, donde tenía familia y decidió quedarse ilegalmente en los Estados Unidos.

La situación de ciudadano ilegal era arriesgada y los Estados Unidos habían entrado en guerra tras el ataque japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, así que en 1943, decidió alistarse en el ejército para obtener la nacionalidad, y además le pagarían los estudios. Como luchó en la Guerra Civil, tenía experiencia en combate fue destinado a la compañía A (Able) del 1er batallón del 16º regimiento de la Primera División de Infantería, la famosa "Big Red One".


Tras la instrucción fue enviado a Inglaterra, donde su unidad se está preparando para el asalto a las costas de Normandía, como reemplazo, con el grado de soldado de primera clase. El 6 de junio de 1944 participó en el asalto de Playa Omaha pero no en una lancha de desembarco LCVP (Lancha de Desembarco de Vehículos y Personal) Desembarcó en una mayor, posiblemente una LCI (L), (Lancha de Desembarco de Infantería (Grande)) fuera de la zona prevista, por culpa de las corrientes.

Tras los primeros estragos producidos por las ametralladoras alemanas, Otero y dos compañeros más, llegaron a las alambradas que impedían el acceso a los búnkeres desde donde les disparaban. Tomaron unos torpedos bangalore y los deslizaron a través de los alambres de espino haciéndolos volar por los aires y dejando vía libre al resto de la unidad. Los tres soldados avanzaron y unos pocos metros más allá murieron por la explosión de una mina. Por ello recibieron el Corazón Púrpura.

Esta historia la conocemos gracias a una sobrina del soldado, que tenía en casa el baúl con sus pertenecías, que puso sobre la pista al escritor Antonio Osende, que tras dos años de investigación ha podido contar la historia de Manuel Otero en su libro "Día D, Normandía, 6 de junio de 1944. Manuel Otero, un gallego en Omaha Beach".


El 6 de junio de 2014 la Asociación Histórico Cultural The Royal Green Jackets, a la que pertenece Antonio Osende, le rindió homenaje frente a su tumba del cementerio de su pueblo natal.

Para saber más:
El Faro de Vigo
Público
El Diario
El Progreso
La Segunda Guerra