domingo, 9 de diciembre de 2018

Lectura recomendada: Los Horcher

Durante décadas, han aparecido multitud de historias alrededor de la familia Horcher. Historias que no solo hablan de su excelente gastronomía y su exquisito servicio, si no tambien de historias de espías y conspiraciones en el Madrid de posguerra, convertido en una pequeña Berlín. En este 2018 se han cumplido 75 años del mítico restaurante Horcher.

Los Horcher
En la novela histórica "Los Horcher", Elisabeth, la bisnieta del fundador, desvela la fascinante historia y los entresijos de una de las sagas hosteleras más emblemáticas de Madrid y lo hace a través de sus recuerdos fotografías del archivo familiar, con la colaboración de la escritora madrileña Mª Ángeles López de Celis.

La novela, publicada en octubre por La Esfera de Los Libros, cuenta en sus 300 páginas la historia de la Europa del siglo XX a través del diario de una judía alemana llamada Esther Zickerman. Elisabeth, fascinada por conocer la historia de su familia comienza a leerlo y descubre como sus páginas desgranan la historia entrelazada de los Goldman y los Horcher, desde la Primera Guerra Mundial, pasando por el régimen nazi y la persecución a los judíos, hasta la Segunda Guerra Mundial y el asentamiento de la familia en la capital de España.

Gustav Horcher siempre soñó abrir un restaurante en Berlín y su sueño se cumple en 1904. Desde el restaurante de la Martín Lutherstrasse, próxima a la Postdamer Paltz hasta hoy han pasado cuatro generaciones y 114 años de negocio familiar. En 1943, con la Segunda Guerra Mundial en pleno auge, Otto Horcher se traslada en un tren alquilado por el mismo, en el que viajaron desde Berlín, pasando por París, con su familia, todo los enseres y los empleados del restaurante, entre los que había varios judíos; hasta llegar a Madrid, donde hay escasez, cartillas de racionamiento y estraperlo, para reabrir un negocio de alta cocina que se convirtió en un lugar de encuentro de toda clase de personajes, artistas, miembros de casas reales, empresarios, políticos y espías.

Otto Horcher en los años 40
Muchos de los protagonistas de la historia del siglo XX han pasado por los salones de los restaurantes Horcher que partiendo de Berlín, se han ido abriendo en Viena, Londres, Oslo, Riga, Tallin, Lisboa y el de Madrid.

Entre sus comensales se encontraban Salvador Dalí y su esposa Gala, Charlie Chaplin, así como Sofia Loren, John Wayne, Burt Lancaster o el escritor Ernest Hemingway. La realeza de toda Esuropa ha pasado por sus salones exquisitamente decorados. Para los Horcher cualquier cliente siempre ha sido bienvenido y aunque en los años de la Segunda Guerra Mundial comían en su restaurante, tanto alemanes como ingleses. Los abuelos de Elisabeth no eran simpatizantes nazis, ni en Madrid ni en Berlín.

Una novela histórica, de amena lectura, que nos atrapa en la historia de una familia y la historia del Siglo XX, con algunas pinceladas de ficción. Como guinda del pastel, el libro incluye un buen número de las recetas de sus platos más característicos. Muy recomendable.

Para saber más:
La Esfera de los Libros
Vanitatis
Horcher
El Mundo
El Confidencial

viernes, 30 de noviembre de 2018

Cultura y espionaje en el British Council de Madrid durante la Segunda Guerra Mundial

Francia acaba de ser ocupada. Es un momento dulce para la Alemania nazi, que ha conquistado prácticamente toda Europa. Solo queda Gran Bretaña para combatirla.

British CouncilEs muy necesario que países afines a los nazis y los fascistas alemanes e italianos, no participen activamente en el conflicto. Es imprescindible ampliar las zonas de influencia británicas. Precisamente por ello, y porque en territorio de la península ibérica se encuentra Gibraltar, un importante enclave británico fundamental para controlar el paso de barcos a través del Estrecho, España es un punto de vital importancia estratégica.

En ese contexto, en el verano de 1940, aparece en Madrid el British Institute, ahora British Council. El artífice de este proyecto es Walter Starkie, un católico irlandés que, aprovechando su reconocido hispanismo, su amistad con el duque de Alba (embajador en Londres) y su puesto como Académico Correspondiente en la RAE, lo establece en el 17 de la calle Mendez Nuñez, junto al madrileño parque de El Retiro y próximo al Hotel Ritz que se había convertido en un nido de espías.

British CouncilEl British Council nació en 1934 para fomentar la cultura británica, la lengua inglesa y las relaciones culturales por todo el mundo y con esa idea Walter Starkie empieza a trabajar en el Madrid de la posguerra, intentando atraer a personas influyentes en el régimen de Franco poco afines al fascismo que controlaba Europa para evitar la entrada de España en la guerra. Pero tras esa fachada de cultura británica y enseñanza del inglés se esconden otras actividades encubiertas.

Durante la Segunda Guerra Mundial España era un nido de espías y lugar de paso para un buen número de personas que huyen de la guerra y las deportaciones. Starkie quiere tomar partido en la lucha contra los nazis y a través del club social, el colegio y la academia comienza a fomentar la influencia británica en la capital española, para ello el embajador británico lo nombra agregado cultural. Con la colaboración de Margarita Taylor, la propietaria del emblemático y ya desaparecido salón de té Embassy, del Paso de la Castellana y Eduardo Martínez Alonso, el médico del colegio y de la embajada británica organiza una serie de rutas de escape clandestinas para sacar de España a huidos de los nazis, principalmente judíos.

Embassy
Quien organizaba las vías de escape era el doctor Eduardo Martínez Alonso que como médico de la Embajada británica, sacaba a presos del campo de concentración de Miranda de Ebro, que atravesaban ilegalmente la frontera francesa, los llevaba a Madrid, donde se alojaban en el mismo British Council, en casas del grupo, o en los sótanos de Embassy, luego cruzaban la frontera con Portugal, por Galicia.

Durante el resto de la guerra lograron salvar varios miles de personas a pesar de que Martínez Alonso poco después de casarse, tuvo que huir por una de sus mismas rutas hacia Portugal e Inglaterra, perseguido por la Gestapo.

El club social tambien fue una importante fuente de información, ya que a el acudían personalidades de la época y por supuesto espías de ambos bandos que también frecuentaban el salón Embassy.

Quiero dar la gracias a Marina Pérez de Arcos por la información obtenida durante la mesa redonda y el desayuno informativo "El British Council y la Segunda Guerra Mundial: lenguaje, cultura y espionaje" que nos ofreció en la sede del British Council en Madrid (28/09/2017) y a su director Andy Mackay.

Articulo anteriormente publicado en la web de la Asociación Sociocultural Cincuentopía, donde colaboro habitualmente con una la sección El Cine y la Historia.

Para saber más:
Yo fui al Británico, editado por el British Council y JdeJ Ediciones
British Council
El Confidencial
El Diario.es
Biografías y Vidas

lunes, 19 de noviembre de 2018

Mussolini y el renacer del Imperio Romano

En 1919 ya había acabado la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles había dejado a Italia ultrajada al no verse complacida en sus pretensiones expansionistas a costa los derrotados y por otra parte el país se encontraba en crisis. En ese contexto, Mussolini, de origen socialista, fundó los “Fasci Italiani di Combattimento”, una organización que usaba como emblema los fasces romanos, un haz de varas de metro y medio de longitud con un hacha en la parte alta. El hacha personificaba la justicia y el haz de varas, la fuerza.

renacer del Imperio Romano
En 1921, tomando como base los Fasci Italiani di Combattimento, Mussolini creó el Partido Nacional Fascista, que en el mes de octubre se hizo con el poder, tras la Marcha sobre Roma, cuando el rey Víctor Manuel III nombró a Mussolini jefe de gobierno. Poco a poco Mussolini se fue apropiando de todos los poderes del estado, convirtiéndose en dictador vitalicio, como ya lo hiciera dos mil años antes Julio César. Mussolini se presentaba como el heredero de Augusto, adoptando el nombre de Duce (líder) como un antiguo césar.

Desde sus Fasci Italiani di Combattimento instituyó como saludo fascista el saludo romano, que también asumieron los nazis alemanes y los falangistas españoles, llegando a ser un saludo obligatorio en Italia. Para Mussolini, el Imperio Romano era una forma suprema de civilización:“Roma es el corazón palpitante, el espíritu vivo de la Italia imperial que soñamos”, “solo los italianos pueden llamarse descendientes legítimos de Roma. Esto, que es un orgullo, no debe ser un orgullo pasivo”, afirmaciones claramente representadas en la propaganda del estado y resumido en el término “romanità”. Para promover la romanità se creó el Instituto di Studi Romani, que presentaba al fascismo como la continuación natural del Imperio. En 1937 la institución organizó la “Mostra Augustea de la Romanità” en el segundo milenario del nacimiento de Augusto. La exposición contaba la historia del Imperio mediante reconstrucciones que exaltaban su poder militar y la inmortalidad de la idea de la  Roma imperial y su renacimiento en la Italia fascista, que ya fue proclamado por Mussolini el 9 de mayo de 1936.

renacer del Imperio Romano
El fascismo italiano se embarcó en diferentes proyectos arqueológicos en la zona monumental de Roma, pero con poco acierto, destruyendo en muchos casos importantes edificios medievales. Para Mussolini era muy importante la conservación y restauración de los monumentos que glorificaran la Roma de los cesares, marginando y eliminando los restos de las épocas consideradas decadentes. En 1925 dijo que: “En cinco años Roma debe parecer maravillosa a todo el mundo: vasta, ordenada, potente como fue en tiempos del Imperio de Augusto […]. Todo aquello que haya sido construido durante los siglos de decadencia debe desaparecer. […] Los monumentos milenarios de nuestra historia tienen que parecer gigantes en su necesaria soledad”. El vasto programa de reforma urbana debía culminar en la Esposizione Universale de Roma en 1942, pero lo impidió la Segunda Guerra Mundial.

La ciudad sufrió serias modificaciones urbanísticas como la creación de la Via dell´Impero y la Via del Mare arrasando con ello la colina de la Velia y los alrededores del Coliseo, solo para realizar desfiles y ceremonias emulando la antigua gloria de Roma. Otro ejemplo es el proyecto de Armando Brasini  para aislar el Panteón de Roma. El proyecto formaba parte de la “Via Mussolini”, una gran avenida que iría desde el Mausoleo de Augusto hasta el Coliseo y que derribaba la casi totalidad del centro de Roma para aislar los monumentos de la Antigüedad. También se ordenó construir magnos edificios de inspiración clásica. Este proceso es aun visible en la actualidad, como es igualmente evidente en el resto de los gobiernos totalitarios del siglo XX, donde el espacio urbano se convierte en escenario de ritos, coreografías y desfiles militares.

renacer del Imperio Romano
Inauguración de la Via dell´Impero
Con el fin de devolver a Italia el antiguo esplendor militar de Roma, el Duce se embarcó en una política expansionista que comenzó con la ocupación de Etiopía en 1935. En 1939 invadió Albania y pocos meses después lo intentó con Grecia. Debido a que el ejército italiano no estaba debidamente preparado para una campaña de esa magnitud y al contraataque griego apoyado por los británicos, los italianos tuvieron que retroceder abandonando gran parte de los territorios conquistados de Grecia y Albania. A finales de 1940 Hitler tuvo que acudir en rescate de su amigo Mussolini. Tras la derrota en El Alamein el esplendor imperial en el Mediterráneo que quería crear el Duce resulto no ser más que un espejismo.

Cuando los aliados invadieron Italia a mediados de 1943 el fin del añorado Nuevo Imperio Romano estaba definitivamente decidido. En julio, un golpe de estado expulsa a Mussolini del poder y es detenido. Tras pasar por diversos lugares, termina en el Gran Sasso donde fue rescatado por un grupo de paracaidistas alemanes enviados por Hitler y creó una pantomima de república fascista en el norte de Italia, la República Social Italiana. Cuando los aliados se acercaban peligrosamente a Saló, donde estableció su república, decidió huir a la protección de Hitler. En su huida fue capturado por partisanos y ejecutado junto con su amante, Clara Petacci y su cadáver expuesto vilmente en la marquesina dce una gasolinera de Milán. Su final no fue el de un César Imperator, como había deseado. De este terrible modo acabó el sueño de una nueva Roma Imperial en el siglo XX.

Para saber más:
Augusto y Mussolini: la presencia de la antigua Roma en la Roma fascista, de Samuel Amaral
La Italia imperial, ‘¿realidad de mañana?’: Roma y la ‘Romanità’ en los discursos de Benito Mussolini anteriores a la proclamación del Imperio (1915-1933), TFG de Fernando Rodríguez Martínez
Revista Diagonal
Roma Antiqua
El País
El Español