domingo, 10 de octubre de 2021

Las Chapas de Identificación en la Segunda Guerra Mundial

Las chapas de identificación, conocidas coloquialmente como Dog Tags por su similitud a las usadas en los collares de los perros son utilizadas por prácticamente todos los ejércitos del mundo aunque su diseño y los datos incluidos difieren de unos países a otros.

Las Chapas de Identificación en la Segunda Guerra Mundial
Chapa del ejercito alemán
Durante la Segunda Guerra Mundial, no todos los países las usaron y estas eran muy diferentes, aunque la finalidad fuera la misma: identificar al soldado caído en combate.

En Alemania se utilizaban las Erkennungsmarken, llamadas por los soldados Hundemarke, que iban colgadas por un cordón al cuello del soldado. Esta placa, fabricada en aluminio o zinc, de forma ovalada contenía la información básica del soldado consistente en la unidad, un número, y en ocasiones el grupo sanguíneo, pero no el nombre. La placa tenía en el centro unas ranuras para que pudiera romperse por la mitad, de tal modo que la parte superior quedaba en el cuerpo del soldado caído, mientras la mitad inferior se recogía para registrar su muerte. Estas placas fueron utilizadas desde 1918 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Las Chapas de Identificación en la Segunda Guerra Mundial
Chapa de identificación de un soldados francés
Como las chapas carecían del nombre del soldado, cada unidad disponía de una lista de sus miembros y su placa de identificación. Estas listas, conocidas como “Erkennungsmarkenverzeichnis”, se actualizaban cada mes y se enviaba una copia a Berlín.

El Ejercito francés adoptó un sistema similar al alemán de chapas divisibles, pero en este caso se incluía el nombre y apellido del soldado y su número se identificación por una de las caras y por la otra su procedencia. La placa se colgaba al cuello por un cordón o una cadena.

Las Chapas de Identificación en la Segunda Guerra Mundial
Chapas de identificación de oficial de la Royal Air Force Volunteer Reserve
Los británicos identificaban a sus soldados con unas chapas realizadas con una fibra prensada. Una de forma octagonal en un color gris verdoso y otra redonda de color rojo. Algunas unidades del ejército portaban un segundo disco rojo que se guardaba en la funda de la mascara de gas. Las chapas eran estampadas a mano con el apellido y las iniciales del portador, número de servicio, si era oficial y si pertenecía a la fuerza aérea incluía las siglas RAF (Royal Air Force). En la parte posterior de la chapa verdosa, que se quedaba en el cuerpo del soldado caído, se colocaba la inscripción "Do Not Remove" (no retirar). Este mismo sistema fue utilizado por Canadá, Australia y Nueva Zelanda, países miembros de la Commonwealth.

Junto a las Erkennungsmarken alemanas, las chapas más conocidas son las utilizadas por el ejercito de los Estaos Unidos y eran las que aportaban más datos sobre el soldado al disponer de hasta cinco líneas con dieciocho espacios para incluir información.

Las Chapas de Identificación en la Segunda Guerra Mundial
Chapas estadounidenses
La identificación utilizada por los estadounidenses constaba de dos chapas metálicas de acero inoxidable o latón idénticas, una con una cadena larga y otra con una cadena más corta que es la que sería retirada del soldado caído. En las chapas se colocaban una serie de datos mediante estampación. Los datos incluidos en las mismas fueron variando en diferentes periodos de la guerra mundial, pero básicamente incluían el nombre del soldado, segunda inicial, apellido, número de serie del ejército, año de vacunación contra el tétanos y grupo sanguíneo. Hasta julio de 1943 se incluía, además, el nombre del pariente más cercano y su dirección, así como la religión del soldado que las portaba. 

Para saber más:
A Short History of Identification Tags, del Captain Richard W. Wooley
Wehrmacht Info
The World War Two Tommy
Strictly-G.I.
Popular Science
Todo Colección
Zheit

domingo, 3 de octubre de 2021

La locura de lanzar mulas en paracaídas

Los aliados, antes de lanzar el gran desembarco de Normandía, decidieron iniciar la invasión de Europa a través de Italia, aliada de Alemania, en mayo de 1943 ya que tenían controlado el norte de África. El lugar elegido para comenzar la invasión fue Sicilia. Controlando la isla pretendían resguardar su retaguardia antes de salto a la península Itálica. 

La locura de lanzar mulas en paracaídas
La complicada orografía de la isla italiana era un problema ya que dificultaría los movimientos de las tropas. El problema recaía principalmente en la 82ª división aerotransportada norteamericana. Como realizarían en Normandía, debían saltar tras las líneas enemigas antes del desembarco anfibio, pero no se podían utilizar planeadores que tan eficaces resultarían en el asalto a Francia y durante la malograda Operación Market-Garden.

Sin medios móviles los paracaidistas no se podrían desplazar con efectividad por aquel terreno pedregoso y reseco. Y para ello necesitaban un elemento de transporte muy importante: las mulas. Para solucionar ese problema, un "iluminado" aportó una solución: embarcar las mulas en los aviones para lanzarlas en paracaídas cargadas con el equipo necesario para las operaciones paracaidistas. 

Una operación de esta índole jamás se había llevado a cabo y el encargado de desarrollarlas fue el mayor Mark Alexander, que aunque era muy escéptico sobre la viabilidad de esa idea, la llevó a cabo. Para esta operación se fabricaron paracaídas especiales para los animales, con materiales más resistentes y arneses adaptados. Tras conseguir mulas y equiparlas, estas fueron embarcadas en aviones de transporte C-47 como los que usarían los paracaidistas. Pero ya desde el comienzo la operación se complicó. Los mulos no querían entrar en los aviones y a pesar de que se les vendó los ojos, los pobres animales estaban muy nerviosos.

La locura de lanzar mulas en paracaídas
A la complicación del embarque de los animales se sumó el vuelo. Según el avión iba cogiendo altura, el nerviosismo de los animales hizo que la estabilidad del aparato se pusiese en peligro debido al continuo movimiento de los intranquilos animales de carga.

Cuando el avión alcanzó la altura de salto los nerviosos paracaidistas equinos fueron lanzados. Como cabría esperar, el resultado fue desastroso. Cuando los soldados llegaron al pedregoso erial de la zona de lanzamiento, descubrieron que la mayor parte de las mulas se habían roto las patas. Tuvieron que sacrificarlas. Este primer lanzamiento aerotransportado de mulas fue en Oujda, en el norte de Marruecos donde el terreno era muy similar al que se encontrarían en Sicilia.

La locura de lanzar mulas en paracaídas
El desastroso ejemplo de Oujda, hizo que el plan de lanzar mulas en paracaídas fuera definitivamente cancelado y se continuó con la Operación Husky, la conquista de Sicilia, sin las mulas paracaidistas. Cuando las tropas ya estaban en tierra (los servicios de inteligencia del ejército estadounidense no lo tuvieron en cuenta) descubrieron que los sicilianos, que tenían que lidiar en su día a día con su orografía y malas comunicaciones, utilizaban desde generaciones las mulas, por lo que un importante número de ellas fueron adquiridas por los aliados a los lugareños, a las que se sumaron varios centenares que desembarcaron en las playas. 

Tras la Operación Husky los aliados saltaron a la península italiana tiempo después. A pesar de la superioridad de medios aliados, los alemanes continuaron luchando hasta el final de la guerra sobre suelo italiano

Para saber más:
Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial, de Jesús Hernández 
Los Animales y la Guerra, de Gonzalo Lorén Garay 
Adabsurdum

domingo, 26 de septiembre de 2021

El encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya

El 23 de octubre de 1940, pasados veinte minutos de las tres de la tarde, entra en la estación francesa de Hendaya un tren especial. El "Erika" tiene varios compartimentos de pasajeros y un coche salón-comedor, defendidos por cañones antiaéreos montados en vagones de plataforma. Lo más importante del tren es su pasajero: Adolf Hitler.

Hitler y Franco en HendayaOcho minutos después llega otro tren más modesto, procedente de San Sebastián. En el llega el dictador Francisco Franco y su cuñado Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores.

Cuando Franco desciende del tren es presentado a Hitler por el embajador alemán Eberhard von Stohrer para a continuación pasar revista a las tropas alemanas que les rinden honores.

Pasadas las seis y media de la tarde Hitler y Franco se reúnen en en el coche salón del tren alemán, acompañados por el ministro de exteriores español y su homólogo alemán, Joachim von Ribbentrop y dos interpretes. A las nueve pararon para cenar. A las diez y media continuaron las conversaciones que duraron hasta la media noche cuando Hitler, furioso con la intransigencia y las peticiones de Franco, puso fin al encuentro.

Se desconoce sobre que se discutió exactamente ni exactamente que exigencias irritaron a Hitler, pues solo se conoce el testimonio de Serrano Suñer y una pequeña parte de las actas del encuentro. Lo que si se sabe es lo que hablaron en el mes de septiembre Serrano Suñer y Ribbentrop en Berlín. En esa reunión el gobierno franquista aportaría dos millones de soldados a cambio de material bélico, ayuda económica y abastecimientos necesarios como la gasolina, que escaseaba en España, pero los nazis no estaban dispuestos a dar tanto a cambio de nada y exigieron que España entrara en guerra lo antes posible.

Hitler y Franco en HendayaSegún parece, Franco expuso a Hitler la difícil situación económica que España arrastraba tras una guerra civil y como condición para la entrada de España en la guerra la lado del Eje, Franco insistió en que Gibraltar pasara a manos españolas, así como los territorios franceses de Marruecos y Guinea, además de la ciudad argelina de Orán, entre otros territorios del sur de Francia. Salvo la reivindicación de Gibraltar, a Hitler, las otras peticiones le parecieron totalmente inaceptables, principalmente por su apoyo a Petain con el que se tendría que reunir al día siguiente y la amistad con Mussolini que quería controlar el norte de África.

Alemania exigía la trasferencia de las islas Canarias, como base naval, así como otras tanto en la Península Ibérica como en las colonias españolas de África, tras la declaración de guerra de España a los Aliados. A cambio los alemanes entregarían el combustible y los pertrechos que necesitara el ejército español.
Para el ataque a Gibraltar Hitler aportaría lo necesario para ayudar a la conquista del Peñón y arrebatárselo a los británicos, en la Operación Félix.

Hitler y Franco en Hendaya
Tras la despedida de los dos dictadores. Hitler le dijo a Ribbentrop: "No hay nada que hacer con estos tipos". Un tiempo después comentó a Mussolini que no estaba dispuesto a volver a pasar por una experiencia semejante y que “antes de volver a entrevistarme con él, preferiría arrancarme tres o cuatro muelas”.

A pesar de que el encuentro no tuvo un acuerdo definitivo entre ambos países, Franco firmó un protocolo secreto con el Eje, que afirmaba que España acabaría entrando en la guerra, aunque dejaba en suspenso cuando lo haría, de tal modo que España se controvertiría en un país del Eje:
Entre los gobiernos de Italia, Alemania y España se decide lo siguiente:

1. La entrevista celebrada entre el Führer del Reich alemán y el jefe del Estado español que siguió a la que sostuvieron el Duce y el Fúhrer, así como el intercambio de pensamientos entre los tres ministros de Asuntos Exteriores de los tres países en Roma y en Berlín, han servido para aclarar las posiciones recíprocas de los tres países a las particulares propias de la conducta de la guerra y a la política en general.

2. España se declara dispuesta a entrar en el Pacto que el 27 de septiembre firmaron Italia, Alemania y Japón y con este objeto firmar el correspondiente Protocolo sobre el ingreso resultante por parte de las cuatro potencias en una fecha determinada.

3. Con el presente Protocolo declara España su ingreso en el Pacto de Alianza y Amistad firmado por Italia y Alemania y el correspondiente agregado secreto del 22 de mayo de 1939. 
4. En cumplimiento de sus obligaciones como aliado, España intervendrá en la actual guerra de las potencias del Eje contra Inglaterra, después que éstas hayan otorgado las ayudas militares necesarias para su preparación hasta un punto en el cual, en apreciación conjunta entre las tres potencias, se establezca que se ha alcanzado un punto decisivo en los preparativos. Alemania concederá ayuda económica a España, mediante la entrega de víveres y materias primas, para hacer frente a las necesidades del pueblo español y a las exigencias de la guerra.

5. Además de la incorporación de Gibraltar a España, las potencias del Eje se declaran básicamente dispuestas en relación con un orden conjunto, que deberá establecerse en África y que se fijará en los tratados de paz después de la derrota de Inglaterra a conceder que España reciba en territorio africano en la misma cantidad, en la cual Francia pueda ser compensada, que se le asignen en territorio africano, con lo cual permanecerán en cuenta las pretensiones de Alemania e Italia referentes a Francia.

6. El presente Protocolo tendrá un estricto carácter secreto, y sus participantes se obligan a guardar un estricto secreto sobre él, mientras no se llegue a un acuerdo conjunto de hacerlo público.

Establecido en tres originales en italiano, alemán y español.

Hendaya, 23 de octubre de 1940.
En diciembre de 1940 se cancelaba definitivamente la Operación Félix para tomar Gibraltar.

Tras el encuentro, la propaganda franquista vendió la entrevista como una muestra de las excelentes relaciones entre los dos países (con retoques en las fotografías del encuentro), aunque tras la derrota alemana, cambió para mostrar que Franco fue quien no cedió ante las presiones de Hitler, con lo que evitó que España entrara en el conflicto mundial. 

No es demasiado conocido, pero Franco y Hitler pudieron haber muerto en un atentado por parte de artificieros republicanos españoles, que pretendían lanzar granadas contra el vagón en el que se reunieron, pero la gran seguridad que rodeaba a los dictadores lo hizo inviable.

Para saber más:
Storia ilustrata della Seconda Guerra Mondiale, de Flavio Fiorani