martes, 12 de septiembre de 2017

El peor viaje del mundo, los convoyes del Ártico

Después de entrar en guerra con Alemania, la Unión Soviética necesitaba suministros de los Aliados para intentar detener el avance alemán. Desde agosto de 1941 y hasta el final de la guerra en Europa en mayo de 1945, 78 convoyes, con cerca de 1400 mercantes, partieron desde Gran Bretaña y Estados Unidos hacia los puertos de Murmansk y Arcángel (Arkhangelsk), con pertrechos vitales según el Plan de Préstamo y Arriendo. Durante los convoyes se perdieron 85 mercantes y 16 navíos de escolta de la Royal Navy.


Realizar estos convoyes por el Ártico suponían soportar condiciones muy duras. En invierno el clima era atroz, con violentos temporales con tempestades de nieve y la noche eterna; en verano, debido a que había luz permanente, los convoyes eran acosados por aviones, barcos y submarinos alemanes que partían desde bases en la Noruega ocupada y en varias ocasiones se tuvieron que suspender los viajes. Al principio algunos mandos navales dudaban de que los convoyes pudieran llegar a su destino. Pero el primero de los convoyes denominados PQ, para el viaje de ida y QP para el de vuelta seguido del número de orden, que partió de Islandia en 1941, llegó intacto al puerto de Árcangel diez días después.

En 1941 hubo 5 convoyes, y solo se perdió un mercante por un ataque de submarinos. Fue en 1942 cuando las perdidas comenzaron a aumentar, al igual que las necesidades soviéticas de suministros, y en mayo de ese año, Churchill declaró que, aunque tan solo llegara la mitad de los convoyes, valdría la pena el sacrificio; y los llamó "El peor viaje del mundo". Entre julio y septiembre de 1942 y marzo y noviembre de 1943 no se realizaron viajes, debido al desastre del convoy PQ17 que perdió 23 de los 33 barcos que lo formaban llevándose al fondo del mar 410 tanques, 210 aviones, 350 vehículos y más de 100.000 toneladas de pertrechos.

Tripulantes del HMS Vansittart despejan la cubierta de unas 200 toneladas de hielo y nieve en febrero de 1942
En diciembre de 1942, cada bando perdió un destructor en la batalla del mar de Barents, pero lograron llegar a su destino los 14 mercantes que formaban el convoy. El 26 de diciembre de 1943, en la batalla del Cabo Norte, la Kriegsmarine perdió el crucero de batalla Scharnhorst y la vida de 1932 marinos en una emboscada. Por ese motivo, el almirante alemán Karl Dönitz se convenció de que los navíos de superficie ya no eran efectivos sin el radar.

A pesar de los casi 3000 marinos británicos muertos en estos convoyes, estos jugaron un papel de vital importancia en la supervivencia de la ciudad de Leningrado (San Petersburgo) que sufrió un terrible asedio de casi 900 días, desde el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944. Ya retirado el sitio a la ciudad, los convoyes continuaron debido a su valor estratégico y simbólico.

Extracto de la novela Mar Cruel de Nicholas Monsarrat, superviviente de los convoyes:
El frío está en todas partes, dentro de los barcos como fuera; no se llega nunca a entrar en calor. Hemos tenido que retirar con palas toneladas de nieve y descongelar los mecanismos de los cañones una docena de veces con chorros de vapor...
Uno de los marineros se quitó los guantes para abrir una caja de munición. La piel de toda la palma de una mano quedó pegada al metal como un medio guante sanguinolento.
Para saber más:
Mar Cruel, de Nicholas Monsarrat
Foro Segunda Guerra Mundial
Independent
Dovegreyreader Scribbles
Historias de la Historia

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