lunes, 2 de mayo de 2016

¿Fueron los alemanes cómplices del nazismo?

Muchos historiadores han investigado si la población alemana eran cómplices indirectos del genocidio llevado a cabo por sus líderes. El principal investigador sobre este tema es el alemán Götz Aly, en su libro "La Utopía Nazi". En su libro sostiene que Adolf Hitler compró a los alemanes y niega que los crímenes cometidos por los nazis fueran solo obra de Hitler y sus secuaces.

En su libro detalla gran cantidad de datos económicos que demuestran como la población aria alemana se benefició económicamente durante el III Reich y ascendió profesionalmente durante ese periodo, lo que facilitó su tolerancia con los crímenes que se cometían en Alemania y en los países ocupados. Los alemanes arios salían ganando con la política de Hitler. Vivían mucho mejor. Un ejemplo fue el proyecto "fuerza a través de la alegría" o KDF que se ve claramente reflejado en la ciudad de vacaciones de Prora, donde los trabajadores alemanes disfrutarían de teatros, restaurantes y residencias que sumaban 10000 habitaciones. En palabras de Hitler, que la KDF "haga todo lo posible para que su tiempo de ocio les proporcione el necesario descanso. Mi deseo es que el pueblo alemán sea mentalmente fuerte".


¿Como fue posible ese "estado del bienestar", sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial? A pesar del enorme gasto que suponía el esfuerzo bélico, Hitler preservó el nivel de vida del ario medio a costa de las condiciones de vida de otros ciudadanos considerados inferiores.
Los más afectados por esa política fueron los judíos, a quienes antes de la guerra se le obligó a pagar por el simple hecho de ser judíos, una especie de "impuesto judío" que llegaba al 20% del patrimonio de los que tenían propiedades valoradas en más de 5000 reichmarks que al comenzar el conflicto aumentó hasta el 25%. En total el estado recaudó más de 1500 millones de reichmarks. Más avanzada la guerra se les expropió todo.

Hitler ya culpaba de los males de Alemania a los judíos en su obra "Mi Lucha" en la que escribe que "si se hubiera tratado a los corruptores hebreos del pueblo con gas venenoso a principios de la Gran Guerra, no habría sido en vano el sacrificio de millones en el frente". Incluso en una carta escrita en 1919 dijo que el "objetivo final debe ser, de una manera inquebrantable, la total eliminación de los judíos". La eliminación de los judíos dejaría libre el "espacio vital" que los germanos arios necesitaban. Un espacio que no era solo un espacio físico, territorial, también económico.


Otras medidas de explotación económica también se aplicaron en los territorios ocupados, cuya caja fue saqueada haciéndoles pagar gastos de guerra y apropiándose de sus recursos, principalmente los que beneficiaban a la industria bélica.

Del mismo modo que el estado nazi y sus jerarcas se transformaron en una maquina de pillaje, los alemanes corrientes se dejaron corromper y sobornar con ese "estado del bienestar".

Para saber más:
La utopia nazi, de Götz Aly
Mi lucha, de Adolf Hitler
Mein Kampf, historia de un libro, de Antoine Vitkine

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