domingo, 17 de febrero de 2019

La resistencia de la Rosa Blanca

Hay ciudades emblemáticas vinculadas al movimiento nacionalsocialista como Nüremberg por sus increíbles y espectaculares reuniones multitudinarias en el Campo Zeppelín, pero la más unida a los nazis es sin duda Münich, dónde Hitler se dirigía cada año a su vieja guardia durante el aniversario del putsch que protagonizó del 8 y 9 de noviembre de 1923 y que le llevó a la cárcel, dónde dicto a su lugarteniente Rudolf Hess el Mein Kampf.

la Rosa Blanca
Precisamente en la universidad Ludwig-Maximilians de la capital bávara, durante 1941, empezaba a florecer un movimiento de oposición al régimen nazi.

Donde había una política de silencio algunos no callaban.

Alexander Schmorell y Hans Scholl de 22 y 23 años, ambos, como miles de jóvenes alemanes pertenecieron a las Hitlerjugend, escucharon de los soldados heridos las atrocidades cometidas por la tropas alemanas mientras realizaban sus practicas como médicos. Esto los volvió más decididos a luchar contra los nazis.

A ellos se unieron otros estudiantes, como Cristoph Probst, amigo de Schmorell, Willi Graf, Hans Leipelt y Sophie Scholl, la hermana pequeña de Hans, tambien se le unió Kurt Huber, uno de sus profesores de filosofía. Ellos crearon el movimiento de la Rosa Blanca (Die Weisse Rose). Cuando varios de ellos tuvieron que partir al frente pudieron corroborar lo que habían oído.

la Rosa Blanca
Durante junio y julio de 1942, los miembros de la Rosa Blanca, empezaron a distribuir sus primeros panfletos antinazis por todo Münich y otras ciudades alemanas, donde advertían de que la guerra en la que se encontraba Alemania y que había provocado Hitler reduciría las ciudades alemanas a escombros o contaban como 300.000 judíos polacos habían sido "asesinados del modo más brutal".

Sus octavillas terminaban pidiendo:
"Por favor, haz todas las copias que puedas de este panfleto y distribúyelas".

Otro de sus métodos era garabatear mensajes del estilo a "Hitler, asesino de masas", "Abajo Hitler" o "Libertad".

La Gestapo no pasó por alto esta clase de resistencia que minaría la moral patriótica de los alemanes e investigaron las octavillas y su procedencia mientras la Rosa Blanca seguía promoviendo la resistencia contra los nazis y denunciando sus crímenes.

Sus panfletos estaban impresos en tinta de te para evitar ser descubiertos. El último de sus pasquines empezaba: "Desde las llamas de Beresina y Stalingrado los muertos nos convocan..."

Solo pudieron crear seis pasquines. Sus actividades duraron poco, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie Scholl pegaron y repartieron algunas octavillas y las que les quedaban las lanzaron al aire en el hall de la universidad. El ruido que provocó el lanzamiento alertó a un conserje que agarró a Sophie y los guardias de la universidad los arrestaron. La Gestapo se hizo cargo de ellos y durante los interrogatorios asumieron toda la culpa y no delataron a sus compañeros. En el registro de la casa de Sophie encontraron pruebas que inculpaban a Christoph Probst.

la Rosa Blanca
Tras un juicio sumarísimo, dirigido por el vulgar y soez juez Ronald Freisler, que no fue más que una farsa judicial, Hans, Sophie y Probst fueron acusados de alta traición y sentenciados a la pena capital por el método de la guillotina, por orden expresa de Freisler.

Con este método fueron decapitadas 2.800 personas contrarias al régimen nazi, entre 1940 y el final de la guerra.

Las investigaciones de la Gestapo llevaron a la detención del resto de los miembros de La Rosa Blanca. Hubo nuevos juicios en abril de 1943 y octubre de 1944, con cuatro condenas a muerte y penas de prisión.

Sus muertes no apagaron su mensaje. La última de sus octavillas llegó hasta Gran Bretaña gracias al mariscal antinazi Helmuth von Moltke, se realizaron miles de copias que fueron lanzadas por la RAF sobre Alemania a finales 1943.

El último de sus pasquines terminaba:
"Nuestro pueblo se alza contra la esclavización de Europa a manos del nacionalsocialismo en una nueva irrupción de libertad y honor"

Para saber más:
La Rosa Blanca, los estudiantes que se alzaron contra Hitler, de José M García Pelegrín
Detectives de la Historia
Curiosidades de la Historia
Holocaust Research Project
BBC
Kurioso

domingo, 10 de febrero de 2019

El violinista de Stalingrado

En Stalingrado, durante la Nochevieja de 1942, los mandos del Ejercito Rojo que defendían la ciudad a orillas del Volga organizaron varios actos en homenaje de los artistas que llegaban a la ciudad con la intención de entretener a las tropas y hacer que por unos minutos olvidaran la dura batalla y el implacable invierno ruso.

Uno de esos artistas era el genial violinista Mijaíl Goldstein. Goldstein, tomó su violín y se encaminó hacia las trincheras de primera línea para dar un concierto, como solista, para los soldados.

Goldstein nunca había contemplado un campo de batalla de las dimensiones de  Stalingrado: una ciudad desolada destruida por las bombas. Una ciudad en la que había innumerables pilas de esqueletos de centenares de caballos descarnados por el hambre de un enemigo rodeado.

El horrible panorama que ofrecía el campo de batalla conmovió a de tal modo a Goldstein que tocó como jamás lo había hecho, para unos hombres que, como el pueblo ruso, amaban su música. Y, aunque todas las obras alemanas habían sido prohibidas por el Gobierno soviético, Goldstein dudaba de que ningún comisario político o miembro del NKVD protestase por ello durante aquella noche.

Las melodías que interpretaba fueron dirigidas hacia las trincheras alemanas a través potentes altavoces. A penas unos instantes después de comenzar, súbitamente, cesó el combate. En el sobrecogedor silencio del alto el fuego, el único sonido surgía del violín de Goldstein.

Al finalizar la primera pieza, un gran silencio cayó como una losa sobre los soldados.

Desde las trincheras alemanes, a través de otro altavoz, una voz rompió el silencio:
Por favor: Toquen algo más de Bach. No dispararemos. 
Goldstein tomó su violín de nuevo y empezó a deslizar el arco tocando una viva Gavotte de Bach, y durante más de una hora, los soldados de ambos bandos quedaron extasiados por la música, olvidando por unos instantes que estaban luchando y muriendo en la que sería la batalla más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial.

La interpretación de Goldstein con su violín no fue más que un breve momento sublime de suspensión en los combates: inmediatamente después los disparos continuaron. En Stalingrado dejaron su vida más de 2 millones de personas.

Para saber más:
La Batalla por Stalingrado, de William Craig
National Geographic
ABC

domingo, 3 de febrero de 2019

¿Por que no se bombardeó Auschwitz?

Desde la primavera de 1944 los aliados sabían del asesinato sistemático de personas en los campos de concentración y exterminio. El 9 de agosto, un miembro del Consejo de Estado checoslovaco en el exilio en Londres, el judío Ernst Frischer, envió una misiva al Secretario de Guerra norteamericano, John J. McCloy a través de su ayudante. En la comunicación le pedía que el campo de concentración de Auschwitz - Brikenau fuera bombardeado para destruir sus cámaras de gas.

La cuestión del bombardeo era un asunto que creaba gran debate entre los aliados. La opinión se encontraba dividida sobre la posibilidad de una acción de tal calibre, sobre todo porque la petición de Frischer no fue la primera, después vinieron más.

El secretario McCloy, que entendía los motivos humanitarios expuestos por Frischer, rechazó la petición. El motivo del rechazo que le expuso se basaba en que el bombardeo de Auschwitz - Birkenau requeriría un considerable desvío de las fuerzas aéreas. Además, el bombardeo podría provocar muchas muertes y podrían provocar más represalias en la población, especialmente en los judíos por parte de los alemanes y que el bombardeo sería de "dudosa eficacia" ya que un bombardeo de tal precisión era prácticamente inviable ya que los barracones situados en las proximidades de las cámaras de gas albergaban a miles prisioneros. Nadie estaba seguro de los resultados.

Las razones esgrimidas por McCloy ocultaban en realidad una directiva del Departamento de Guerra, firmada a primeros de año, que establecía que "las fuerzas estadounidenses no se destinaran a rescatar a las víctimas de la represión del enemigo a no ser que los rescates fueran consecuencia directa de operaciones militares que tuvieron como objetivo final vencer a las fuerzas armadas enemigas".

Aunque no se contempló el bombardeo directo de Auschwitz, en junio de 1944, los aliados comenzaron a estudiar el bombardeo de las fábricas adheridas al campo de concentración que fabricaban combustible y caucho sintéticos de I.G. Farben. En los preparativos se tomaron un buen número de fotografías aéreas del complejo de Auschwitz.

Once días después de la petición de Frischer, el 20 de agosto, los B-17 norteamericanos lanzaron más de seiscientos mil kilogramos de bombas sobre las fábricas que se encontraban a menos de de ocho kilómetros del campo y sus cámaras de la muerte.

A los prisioneros de Auschwitz, el bombardeo les dio esperanzas. Según un superviviente: “Ya no temíamos a la muerte; al menos no a esa muerte. Cada bomba que explotaba nos llenaba de alegría y renovaba nuestra confianza en la vida”.

El 27 de enero de 1945, los soviéticos liberaron a 7.600 sobrevivientes del campo de exterminio.

Nunca sabremos si hubiera dado resultado el bombardeo directo a Auschwitz, aunque seguro que los que se hubieran realizado contra las vías que llevaban los "trenes de la muerte" habrían reducido la afluencia de deportados y por consiguiente vidas.
Parece cierto que el bombardeo a las fábricas en 1944 habría salvado muchas vidas aunque llegara demasiado tarde para los miles de personas que murieron en este campo de la muerte.

Para saber más:
United States Holocaust Memorial Museum
Semana
Foro Segunda Guerra
Yad Vashem