lunes, 29 de junio de 2020

Operación Chariot, comandos en Saint-Nazaire

El 28 de marzo de 1942, los británicos lazaron una de las operaciones de comandos más atrevidas de la Segunda Guerra Mundial. La operación consistió en un ataque a los muelles del puerto de Saint-Nazaire, en la Francia ocupada. Fue una hazaña de audacia y astucia que ayudó a cambiar el modo de hacer la guerra.

Operación Chariot
Saint-Nazaire, situada en la costa francesa del Golfo de Vizcaya en el estuario del río Loira, disponía de un dique seco construido en 1932 que había sido el más grande del mundo. Estratégicamente, para los alemanes era de gran importancia, ya que era capaz de albergar grandes navíos de guerra como el Tirpitz.

Al bloquear los muelles de Saint-Nazaire, los británicos esperaban obligar a que los grande buques alemanes tuvieran que ir a hacer reparaciones a los puertos alemanes, con lo que tendría que realizar una ruta más larga. De este modo estarían mucho más tiempo expuestos a un ataque al verse forzados a tomar rutas fuertemente defendidos por la Royal Navy o la RAF.

La fuerza operativa para la Operación Chariot (Carruaje) estaba formada por 256 comandos y 346 marinos de la Royal Navy .

Operación Chariot
El plan consistía en que el HMS Campbeltown, un anticuado destructor de la Primera Guerra Mundial cedido por la US Navy, fuera despojado de parte de su equipo y defensas, reforzado es su proa y cargado con más de 4,5 toneladas de alto explosivo. Para camuflarlo se le cortaron dos chimeneas y se eliminaron otras dos, para que su silueta se pareciera más a un barco alemán.
La operación incluía además, una pequeña flotilla de lanchas a motor que darían apoyo de fuego y transportarían a los soldados al final de la incursión.

Las defensas alemana contaban con unos 5.000 hombres en la zona. 28 cañones de 75 mm a 280 mm protegían los acceso al puerto y 43 antiaéreos. En los muelles se encontraban varios navíos armados. Los alemanes creían que "un ataque a la base sería altamente improbable".

Operación Chariot
Media hora antes de la medianoche del 27 de marzo se realizó un ataque aéreo, pero el bombardeo no era usual, lo que llamó la atención de los alemanes sospechando un ataque de paracaidistas. Más de una hora después todo quedo a oscuras, pero tiempo suficiente para que los atacantes hubieran entrado en el estuario. A la 1:20 fueron detectados por los focos alemanes. Aunque se identificaron como amigos, los alemanes no creyeron el engaño y abrieron fuego.

Aun así el Campbeltown logró estrellarse contera las puertas del dique a 19 nudos (35 km/h). Los comandos saltaron a los muelles y a pesar de la defensa alemana lograron destruir diversas instalaciones del puerto. Mientras varias lanchas a motor fueron hundidas y algunas no lograron llegar al punto de recogida. Más de 100 comandos se habían quedado en tierra.

Operación Chariot
Los comandos se dirigieron hacia la Ciudad Nueva, pero eran superados en número. Tras agotar la munición y sufrir varias bajas, se rindieron. Cinco comandos lograron huir hacia el Sur, llegando finalmente a España y de ahí a Inglaterra.

¿Que pasó con los explosivos del Campbeltown? Los detonadores estaban programados para que estallaran a las 4:30, pero fallaron. Avanzada la mañana, mientras los alemanes lo estaban inspeccionando estalló la carga matando a unos 150 alemanes. Minutos después estallaron unos torpedos de espoleta retardada aumentando la destrucción de dique seco. Con ello las instalaciones quedaron fuera de juego durante el resto de la guerra.

En diciembre de ese mismo años se llevó a cabo una operación tan impresionante como esta en el puerto de Burdeos, la Operación Frankton.

Para saber más:
Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial, de Jesús Hernández
David López Cabia
Revista de Historia
Imperial War Museum
US Naval Institute
Commando Veterans Archive

lunes, 22 de junio de 2020

La estación fantasma de Down Street

Localizada en Mayfair, en el oeste de Londres, Down Stret es una estación del metro en desuso. De la cerca de una veintena de estaciones que están fuera de servicio es la mas conocida del metro de Londres.

Down Street estuvo un periodo relativamente corto en servicio. Fue inaugurada el 15 de marzo de 1907 por la Great Northern, Piccadilly and Brompton Railway, tres meses después de que se abriera el resto de la linea de Picadilly. Nunca fue una estación rentable y solo en algunas ocasiones los trenes se detenían en ella ya que está situada en una zona residencial de viviendas de gente adinerada que no solía usar el metro. Su baja rentabilidad, junto a su proximidad a otras estaciones provocó su cierre el 21 de mayo de 1932.

Ya cerrada se convirtió en fundamental durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue transformada en secreto en un búnker por el Railway Executive Committee que controlaba los trenes en Gran Bretaña durante la guerra. La transformación se llevó a cabo reforzando los techos de los corredores y la zona de plataformas con acero y hormigón. Se instalaron puertas de acero y los conductos de ventilación se mejoraron con filtros para prevenir ataques con gas. El ascensor de estilo Eduardiano se quitó para aprovechar el hueco como sistema de ventilación adicional.

Durante los primeros compases de la guerra, Winston Churchill y su Gabinete de Guerra usó este refugio mientras las "Cabinet War Rooms" (Salas del Gabinete de Guerra) en Whitehall no estaban disponibles. Las plataforma estuvieron divididas en estancias mediante tabiques de ladrillo para su uso como oficinas, diversos espacios almacenes y dormitorios. Cuando estuvo establecido en Down Street, Churchill lo llamó "el Granero" debido a las corrientes de aire que silbaban cuando los trenes pasaban.

De su uso durante la Segunda Guerra Mundial aun quedan muchos rastros con varios aseos, zonas de trabajo, un fregadero de la cocina y unos azulejos pequeños y cuadrados de cerámica con la letra G que marcaba el lugar de una puerta a prueba de gas instalada como prevención ante un ataque de gas tóxico por parte de los Alemanes durante el Blitz.

Físicamente, la estación de Down Street solo se puede visitar previa petición y con un guía. Otra forma de hacer una visita virtual a través la página web de la Estación de Down Street en el sitio de la Historia del Metro de Londres.
Las "Cabinet War Rooms" forman parte del Imperial War Museum y están abiertas al público. Es una interesante visita para turistas y aficionados a la historia de la Segunda Guerra Mundial.


Para saber más:
Gizmodo
ABC
Underground History
Exordio

lunes, 15 de junio de 2020

Unidad 731, la unidad secreta que experimentaba con humanos para crear armas biológicas

Cuando pensamos en la brutalidad llevada a cabo durante la Segunda Guerra Mundial, todos tenemos en mente lo ocurrido en el campo de exterminio de Auschwitz, con protagonistas tan sádicos como el “doctor” Josef Mengele y sus experimentos con humanos. Lo que quizás no sepamos, es que los japoneses tampoco se quedaron cortos en esto de hacer experimentos crueles con seres humanos. De eso, vamos a hablar hoy, de la Unidad 731.

Entre 1936 y 1945, los japoneses crearon una instalación, supuestamente departamento científico y de purificación de aguas, en la ciudad de Harbin, al norte de la China invadida por los nipones. En este lugar, practicarían todo tipo de aberraciones utilizando prisioneros de guerra chinos (en su mayoría), aunque también rusos, coreanos, mongoles… Bajo esta falsa forma de planta purificadora de agua se distribuían más de 150 edificios, ocupando unos 6 kilómetros cuadrados. Se estima que cerca de diez mil personas, fueron objeto de estos crueles experimentos.

Los experimentos humanos que llevaron a cabo consistían en infectar a los prisioneros con “simpáticos” virus letales como el cólera, la disentería, ántrax o tifus. Anotaban cómo los diferentes cuerpos reaccionaban a las enfermedades. Las operaciones quirúrgicas, extirpaciones de miembros o vivisecciones eran diarias. Lo más cruel es que no solían utilizar anestesia, ya que creían que podría alterar los resultados. El fin último, era crear nuevas armas biológicas y armas de destrucción masiva para utilizarlas en la contienda. El resultado de tales armas biológicas se cifra en decenas de miles de muertes, nada más que en China. Por ejemplo, criaron pulgas infectadas de tifus, ántrax o peste bubónica en ratas para ser utilizadas contra el Ejército Rojo. Lanzaron desde aviones pulgas infectadas con la peste bubónica, o entregaron comida infectada con bacterias de cólera en varias provincias chinas.

Los prisioneros eran denominados “marutas”, en castellano “troncos”, ya que no se les consideraban humanos al tratarse de enemigos, conspiradores o espías. Para los científicos que allí trabajaban eran individuos que ya estaban muertos, simplemente, ahora morían por segunda vez; ejecutaban su sentencia de muerte. Por ejemplo, comunicaban en clave:
"Hemos cortado un tronco, luego dos troncos". 
Pero no solo realizaron experimentos para desarrollar armas biológicas, sino que realizaron todo tipo absurdos y sádicos "ensayos en humanos":

  • Forzar a los prisioneros a inhalar gases tóxicos
  • Abandonar a los prisioneros en medio del frío invierno para analizar las diferentes fases de la congelación y determinar los efectos de la putrefacción y la gangrena sobre la carne humana
  • Amputar un miembro sano y dejar al prisionero desangrarse para precisar cuánta sangre podía perder un individuo antes de morir
  • Irradiación a altas dosis de rayos X
  • Inyección de aire en el flujo sanguíneo
  • Privación de alimentos, agua y sueño para precisar el tiempo que aguantaba hasta morir
  • Inyectar orina de caballo en el hígado (no sabemos con qué fin…)
  • Uso de blancos humanos atados a postes para probar nuevas armas como granadas, lanzallamas, bombas convencionales o químicas…
  • Vivisecciones sin anestesia a mujeres embarazadas para extraer los fetos o personas infectadas con diversas enfermedades para observar los efectos de la enfermedad en diferentes órganos…

Muchos de los cadáveres de niños y adultos fueron guardados en las instalaciones conservados en formol… Imagínense la estampa.

Shiro Ishii. El creador del Escuadrón 731
La persona al mando del Escuadrón 731 fue el militar Shiro Ishii, microbiólogo japonés y obsesionado con el uso del armamento bacteriológico. Para él, la prohibición del uso de estas armas decretada en 1925 en la Convención de Ginebra, no era más que una oportunidad para realizar armas más eficaces de este tipo.
Con este argumento, convenció al emperador Hirohito para recibir el visto bueno y la financiación que necesitaba para poner estas instalaciones en marcha: laboratorios, una línea de ferrocarril, una pista de aterrizaje, quirófanos, hornos crematorios, lugares de ocio para los soldados y hasta un templo sintoísta fue construido en el complejo.

Lo peor de lo que ocurrió es que, cuando finalizó la Guerra, Estados Unidos pasaría a tener el control de los archivos militares durante nueve años, pero los detalles del Escuadrón 731 no salieron a la luz, por lo que militares y científicos de la instalación quedaron impunes e incluso tuvieron prósperas carreras públicas.

Al parecer, EEUU otorgó inmunidad por crímenes de guerra a los médicos japoneses a cambio de la información recolectada en el programa, por eso, dichos crímenes se mantuvieron en secreto; tenían miedo de que dicha información cayera en manos de la URSS y se pudiera volver en su contra.

Solo la URSS procesó a unos pocos implicados los llamados juicios sobre crímenes de guerra de Jabáravosk. Además, con los años, Estados Unidos ha ido desclasificando más de 1000 documentos de la Unidad 731.
No sería hasta décadas después, en los 80 cuando brotaron los duros testimonios de supervivientes de este lugar. Los diferentes gobiernos implicados, comenzaron a recopilar información. E incluso, alguno de los médicos que trabajaba allí, confesaron las actuaciones que habían desarrollado, muchos justificándose en que solo cumplían órdenes.

En este contexto, en 1997 se presentó una demanda colectiva contra el Estado japonés por parte de 180 ciudadanos chinos (familiares y supervivientes), en la que pedían 84.000 dólares de compensación para cada uno. Sin embargo, la corte rechazó en 2002 el pago de reparaciones, aunque era la primera vez que un tribunal japonés admitía la existencia de un programa de guerra biológica durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque los demandantes apelaron al Supremo, en 2005 se rechazó, nuevamente, el pago de compensaciones económicas a las víctimas, aludiendo a que la ley internacional no permite que ciudadanos extranjeros exijan reparaciones al gobierno japonés por actos de guerra.

Lo que sí está claro, es que la Unidad 731 existió y supone un oscuro capítulo de la historia de Japón que sigue hoy abierto. El artífice de tales atrocidades, Shiro Ishii, murió, tranquilamente, a los 67 años de edad en 1957. Por lo que no podemos decir que se haya hecho justicia.
No obstante, desde Japón, se siguen desarrollando esfuerzos para esclarecer lo ocurrido en estas instalaciones y revelar una cruda verdad que permanece oculta.

Hoy, más de 75 años después, seguimos sin saber con exactitud cuantas víctimas sufrieron las consecuencias de tales aberraciones.

Rubén Montalbán López

Rubén Montalbán López es el director del proyecto Khronos Historia. Graduado en Geografía e Historia por la Universidad de Jaén y Máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad por la UCM y UAM.

Para saber más:
BBC
Segunda Guerra Mundial
Wikipedia

lunes, 8 de junio de 2020

Cuando un crucigrama pudo acabar con el Día D

El 2 de mayo de 1944, en un crucigrama del diario británico Telegraph apareció la palabra "Utah" bajo la definición de "One of the U.S." (Uno de los Estados Unidos) y el día 22 apreció en las mismas condiciones, "Omaha". Esas simples palabras alertaron a los servicios de espionaje británicos. Parecía una casualidad, pero cinco días después, en otro crucigrama del mismo diario apareció otra palabra clave: "Overlord", el nombre que llevaba la operación aeronaval del Día D. Las palabras aparecidas días antes hacían referencia a dos de las playas donde desembarcarían las tropas norteamericanas.

Cuando un crucigrama pudo acabar con el Desembarco de Normandía
Los preparativos para realizar el desembarco en Francia se llevaban con el más hermético de los secretos y la aparición de esas palabras tenía que ser una brecha de seguridad que podía alertar a los alemanes, que se encontraban al otro lado del Canal de la Mancha.
Desde el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada (SHAEF) se ordenó vigilar estrechamente al autor de los crucigramas, llamado Leonard Dawe, un profesor que daba clase en el Strand School, en Effingham, Surrey, una zona en la que se encontraba una base militar aliada, donde se estaban preparando para el Día D.

En meses anteriores, las palabras de solución "Juno", "Gold" y "Sword", otros nombres de playas del desembarco, habían aparecido pero no habían despertado ningún interés al ser palabras comunes en los crucigramas.

Cuando un crucigrama pudo acabar con el Desembarco de NormandíaMientras se vigilaba e investigaba minuciosamente a Dawe, Volvieron a aparecer dos palabras en sendos crucigramas del Telegraph: "Mulberry". el nombre de los puertos artificiales que se utilizarían en las operaciones del desembarco y "Neptuno", el nombre de la operación Naval que apoyaría a las tropas de desembarco. Una o dos palabras podía ser casualidad, pero cuatro parecía imposible.

Al parecer, Dawe utilizaba a sus alumnos para recolectar palabras interesantes para incluirlas en sus crucigramas. Curiosamente uno de esos alumnos recolectores de palabras tenía acceso al despacho de un oficial del campamento militar cercano al instituto Strand. Aquel chaval se sentía deslumbrado por los militares y su lenguaje. Asi que las palabras que le resultaban más excitantes las apuntaba y después se las proponía al profesor Dawe, pero este dato no se supo hasta cuarenta años después a través de aquel ex alumno llamado Ronald French.

Tras el interrogatorio y las pesquisas realizadas por los servicios secretos, se determinó que era una casualidad que no tenía explicación y el profesor Leonard Dawe fue exculpado de lo que se llamó "la alarma del crucigrama".

Como ya es sabido, el desembarco de Normandía se llevó a cabo el 6 de junio de 1944, sin brechas en la seguridad y Dawe siguió haciendo crucigramas después de aquel histórico 6 de junio de 1944.

Para saber más:
Telegraph
Historias de la Historia
Libertad Digital
La trompeta de Jericó

lunes, 1 de junio de 2020

Las claves de la propaganda nazi

Tras ser nombrado Gauleiter de Berlín en 1926, Joseph Goebbels, que era un gran orador, comenzó a interesarse en la propaganda como método de promoción del partido nazi y su ideología. De este modo cuando llegaron al poder los nazis en 1933 se puso al frente del ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda, llevando la comunicación y la manipulación de masas a un nivel nunca visto. Goebbels era omnipresente, se encontraba en todos los niveles de la propaganda. Todos los medios fuera de su control fueron prohibidos.

Desde el primer momento Goebbels  comenzó a supervisar y controlar todos los medios de comunicación, como la radio, el cine y la emergente televisión; las artes y la información en Alemania, para ser usados con fines propagandísticos. Para Goebbels, la radio era el mayor arma propagandística afirmando que: “con la radio hemos destruido el espíritu de la rebelión”, y ordenó la producción de receptores de radio a precios económicos y así llegar a todos los rincones del III Reich.

Adolf Hitler escribió en Mein Kampf:
"¿A quién debe dirigirse la propaganda? ¿A los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Ella debe dirigirse siempre y únicamente a la masa!(..). La tarea de la propaganda consiste(..), en atraer la atención de las masas sobre hechos y necesidades... Toda propaganda debe ser popular, y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige(..). La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas, por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea." 
Goebbels, fue posiblemente quien marcó de modo más significativo la vida en el III Reich, al presentar a Hitler como un mito infalible enviado por la Providencia De este modo aseguró así el apoyo casi ciego de la nación hasta el final. Para hacer más efectiva esa doctrina de la propaganda establecida en Mein Kampf, Goebbels marcó una serie de principios para la difusión de la propaganda que aún están muy vigentes en gran parte de la publicidad general y la propaganda política:

¡Él es el culpable de las guerras! (1942)
El principio de simplificación y del enemigo único establece una única idea y un único símbolo a la vez que se individualiza al adversario en un único enemigo.

Con el principio del método de contagio se debe reunir diversos adversarios en una solo grupo o individuo.

El principio de la transposición se encarga de imponer al adversario los propios errores y respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que cambien el foco de atención.

El principio de la exageración y desfiguración debe convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en una amenaza grave.

A través del principio de la vulgarización adaptamos y simplificamos la propaganda al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Uno de los elementos utilizados es que la consigna debe sustituir a la realidad, de tal modo que si se repetía un eslogan lo suficiente y se pegaba por todas partes, con el tiempo todo el mundo se lo creería.

La famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad" resume claramente el principio de orquestación, en el que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente desde diferentes perspectivas, pero siempre coincidiendo el mismo concepto.

El principio de renovación se basa en que constantemente hay que lanzar informaciones y argumentos nuevos a a tal velocidad que, cuando el adversario pueda responder, el público esté ya interesado en otra cosa, de tal modo que las respuestas del enemigo nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

Como un claro complemento del anterior se deben construir argumentos a partir de varias fuentes, lanzando globos sonda o informaciones fragmentarias. Este es el principio de verosimilitud.

Cuando no se tienen argumentos en algunas cuestiones se debe aplicar el principio de la silenciación, los mismo que si hay noticias que puedan favorecer al adversario estás se deben disimular, a la vez que se contraprograma con la ayuda de medios de comunicación afines.

Generalmente, la propaganda opera partiendo de una base previa, bien sea un complejo de odios o prejuicios tradicionales. Con el principio de transfusión se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas del público.

El principio de la unanimidad se encarga de convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando la falsa sensación de que "si todos piensan como yo, no puedo estar equivocado".

El Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda no llevó estos principios tan solo a los medios de comunicación y los discursos. Fueron implantados en la sociedad alemana desde las más tierna infancia a través de la educación de los niños y jóvenes (en donde se realizó una estudiada purga de docentes), así como en todas las asociaciones juveniles como las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend).
Absolutamente todo estaba excelentemente orquestado, tanto es así que las ideas esparcidas por parte del nazismo se encuentran aún en la sociedad actual, donde han aumentado los extremismos y los populismos.

Lo que conocemos como "Fake News" funcionan en la actualidad igual que la propaganda nazi.  Ambos usan falsedades y teorías de la conspiración para tratar de manipular los miedos de las personas, provocar sentimientos negativos y sembrar división, prejuicios y odio hacia el contrario.

Para saber más:
Propaganda Nazi, de Norberto Corella
Goebbels, de Ralf Georg Reuth
Cuatro
Confilegal
Javi Pastor
National Geographic