martes, 20 de agosto de 2019

Monumentos a las victimas del Holocausto en Madrid

Anteriores al homenaje de las Stolpersteine que se colocaron en Madrid la primavera de 2019 gracias al trabajo de Isabel y Jesús, ya existían en la ciudad dos monumentos en recuerdo a las victimas de la deportación y asesinato por parte de los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial.

El primer monumento se encuentra en uno de los parque más grandes de la capital, el Parque de las Naciones, o de Juan Carlos I, y fue inaugurado el 15 de abril de 2007 por el entonces alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, el presidente de la Comunidad Judía de Madrid, Jacobo Israel Garzón y el embajador de Israel, Víctor Harel. El monumento fu donado por la comunidad judía a la ciudad de Madrid.

El conjunto se encuentra muy próximo al "Jardín de las Tres Culturas" (referencia a la convivencia en España de las civilizaciones hebrea, cristiana y musulmana que hubo durante siglos en la Península Ibérica), concretamente junto al Vergel de los Granados o Jardín Judío.

El memorial está creado por el artista, de origen sefardí, Samuel Nahón, y el arquitecto Alberto Stisin. El motivo central del conjunto, de 10 metros de altura y 4 toneladas, es una proyección vertical de la Estrella de David, colocada sobre una plataforma formada traviesas de ferrocarril, que quieren recordar a los “trenes de la muerte” que llevaban a los deportados hasta los campos de concentración y exterminio.

A un lado, se encuentra, la estremecedora figura de un padre con su hijo en brazos, realizada tambien con traviesas, y un conjunto de otras clavadas sobre el suelo y cantos rodados.

Una placa conmemorativa reza: "En memoria de los seis millones de judíos asesinados durante la shoá por la barbaria nazi, si como de las victimas españolas, gitanas y de otros colectivos, igualmente asesinados en los campos de exterminio".

Actualmente es la pieza nº 19 de la Senda de las Esculturas, un recorrido artístico-didáctico por una serie de creaciones de diferentes escultores que exhiben una gran variedad de propuestas estéticas y simbólicas.

El segundo memorial, mucho más sencillo, está en la Ciudad Universitaria, donde tuvieron lugar duros combates durante la Guerra Civil española.

En la plaza de Ciencias del campus de Moncloa, en los jardines entre las facultades de Física, Química y Matemáticas se encuentra "Columna: un lugar para recordar", un monumento en homenaje a las víctimas españolas que murieron en el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen, en Austria, y en otros campos.

En la escultura se entrelazan cuatro cuatro barras que se colocan en paralelo, formando las aristas de un prisma y que se mezclan en la parte superior e inferior formando dos nudos que se colocan en paralelo, apoyada en una pena de hormigón. La composición creada por el escultor conquense Jesús Molina, fue donada por la Fundación Domingo Malagón.

La inauguración fue realizada el 16 de abril de 2009 por el secretario de la fundación, Javier Ruiz, representantes del gobierno, del Foro por la Memoria. La Universidad Complutense estuvo representada por el rector Carlos Berzosa.

En el acto de inauguración tambien estuvo presente Emiliano Pérez, superviviente de Mauthausen-Gusen y de Concha Carretero, compañera de las "Trece rosas", jóvenes fusiladas en 1939 contra las tapias del cementerio del Este de Madrid (Cementerio de la Almudena).

El campo de concentración de Mauthausen era conocido entre los deportados como "El campo de los españoles", ya que por el pasaron más de 7.500 españoles, muchos de ellos fueron quienes lo construyeron. Mauthausen fue uno de los últimos campos en ser liberados por los aliados, que fueron recibidos con una gran pancarta realizada por los españoles, en la que se podía leer: "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras".

Para saber más:
Ayuntamiento de Madrid
Europa Press
Entre paréntesis
Jesús Molina
El Confidencial

viernes, 9 de agosto de 2019

Un tesoro escondido en una lata de galletas

Es 1940 y Gran Bretaña se encuentra sola ante la máquina bélica alemana. El Rey Jorge VI teme por su país pero debe luchar contra Hitler. La Lufwaffe y la RAF se baten en los cielos en lo que se conoce como la Batalla de Inglaterra. Los ingleses temen que los alemanes invadan su isla.

Un tesoro escondido en una lata de galletasAnte el miedo a de la posible invasión y tras el fracaso en la defensa de Francia y la retirada de Dunkerque, la nación se prepara para la lucha. La monarquía británica decide que las Joyas de la Corona no deben caer, bajo ningún concepto en manos de los alemanes y se decide esconderlas.

Las Joyas de la Corona, la colección más valiosa de la actualidad, tradicionalmente se han guardado custodiadas por los Beefeaters en la Torre de Londres y donde en la actualidad se pueden visitar. Pero durante la Segunda Guerra Mundial no era suficiente. Una bóveda de seguridad o una caja fuerte no eran suficientes. El Rey Jorge VI, padre de la actual reina, Isabel II, recurrió a un sistema poco ortodoxo para esconder las joyas: una sencilla lata de galletas de Fortt's Original Bath Oliver Biscuits.

Un tesoro escondido en una lata de galletas Las piedras preciosas, entre ellas las que destaca el Rubí del Príncipe Negro, que va engarzado en el centro de la corona imperial británica y que se cree que fue usado por Enrique V en su casco en la Batalla de Azincourt en 1415, se pusieron dentro de en la lata y así se llevaron hasta el Castillo de Windsor. La corona imperial británica se confeccionó para la coronación de Jorge VI en 1937.

En el más absoluto secreto se excavó una cámara, protegida con una puerta de acero, junto a una de las salidas secretas del castillo de Windsor, donde se ocultó la caja. Para evitar que el lugar fuera descubierto por posibles espías nazis, la cámara secreta se construía de noche.

El castillo también sirvió de refugio a los miembros de la Casa Real durante la Segunda Guerra Mundial, para alejarse de los bombardeos del Blitz. Entre ellos la entonces princesa Isabel que sirvió como conductora y mecánica de ambulancias en el Women’s Auxiliary Territorial Service, con 18 años. Siendo la única mujer miembro de la familia real que ingresó a las fuerzas armadas y la única cabeza de estado que sirvió en la Segunda Guerra Mundial.

Un tesoro escondido en una lata de galletas
Siempre se sospechó que las joyas se habían guardado en una cámara de seguridad de Canadá, a donde la familia real tenía planeado exiliarse en el caso de que Gran Bretaña fuera invadida. Otra teoría afirmaba que estaban escondidas en una cueva en Gales. Hasta que esta operación la descubrió el bibliotecario Oliver Urquhart Irvine, asistente del encargado de los Archivos de la Reina que halló unas cartas enviadas por el bibliotecario real, Sir Owen Morshead, a la madre del Rey Jorge VI, María de Teck, donde se describía cómo las joyas de la corona se mantenían a salvo en caso de una invasión.

La Reina Isabel II desconocía los detalles hasta que el periodista especializado en la Corona, Alastair Bruce se lo contara para la realización del documental de la BBC, "The Coronation", realizado por el 65 aniversario de su coronación.

Para saber más:
El Ibérico
BBC
Movistar (documental)
Mashable
La Vanguardia