martes, 17 de abril de 2018

La mayor explosión no nuclear de la Segunda Guerra Mundial

Pasados 11 minutos de las 11 de la mañana del 27 de noviembre de 1944, los sismógrafos situados en Suiza detectaron lo que pensaron que era un terremoto, pero en realidad eran los efectos de una explosión masiva producida a 1000 kilómetros de distancia, en Gran Bretaña. que se oyó a más de 50 kilómetros. Solo se han registrado tres explosiones más grandes durante la guerra, las de Hiroshima, Nagasaki y las pruebas nucleares de Nuevo México.


Los sismógrafos suizos detectaron la detonación de 4.000 toneladas de bombas con alto explosivo y municiones de aviación almacenados bajo tierra en un depósito de la Royal Air Force (RAF) situado en Fauld, una antigua mina de yeso de 5500 metros cuadrados de galerías de hasta 3,5 metros de alto por 6 de ancho, cerca del pueblo de Hanbury, adquirido por la RAF en 1937. No hay datos exactos, pero se estima en setenta las personas que murieron, de las que 18 nunca fueron encontradas, posiblemente volatilizadas. Además numerosas casas y granjas fueron destruidas por los efectos de la explosión. A pesar de la magnitud de la detonación, la mayoría de las muertes se debieron a la liberación repentina de más de 22 millones de litros de agua desde un embalse, próximo al depósito de munición, que afectó principalmente a una fábrica de placas de yeso cercana, y a todo lo que arrastró el agua en su camino.
Las barreras de hormigón y roca entre las secciones 3ª y 4ª impidió una reacción en cadena mayor con otras áreas de almacenamiento. La explosión generó una nube en forma de hongo, de unos 45 metros de ancho y más alta de lo que alcanzaba la vista. Tras caer gran cantidad de rocas cayó un fino polvo de yeso que formó una capa por el que, según los testigos, se podía caminar sin hacer ruido.


Cuatro horas después de la explosión, en una granja, se encontró a una pareja de ancianos sentados a la mesa con su comida cubierta con restos del techo, sentados en estado de shock solo mirándose uno al otro. Después de volver a asegurarse de que no habría más explosiones, se les llevó con unos parientes de una localidad próxima.

Las operaciones de rescate duraron tres meses y fueron extremadamente complejas y peligrosas, debido a la aparición de bolsas de gas, a las toneladas de escombros y al agua derramada por el embalse.


La tremenda explosión dejó un cráter de 30 metros de profundidad y 228 metros de ancho, y se estima que su fuerza fue de aproximadamente una quinta parte de la bomba atómica que destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima. Mucha de la fuerza de la explosión se redujo debido a que el deposito era subterráneo aunque todo lo que se encontraba en un rádio de 1.300 metros quedó totalmente arrasado.

Según una investigación realizada por la RAF, que se publicó en 1974, el incidente se podría haber evitado y la explicación más probable es que alguien intentó sacar el detonador de una de las bombas con un cincel de latón, en lugar de utilizar uno de madera, lo que produjo una chispa que desencadenó una explosión en cadena. Al parecer se almacenaron bombas con sus detonadores todavía instalados, en lugar de almacenarlos por separado.

El informe concluyó que fue una negligencia debida a que el personal que se encargaba del material no estaba cualificado sobre el manejo de explosivos. 189 prisioneros de guerra italianos estaban trabajando en las minas en el momento del accidente, o eran irresponsables o bien carecían de una dirección apropiada por parte de los mandos de las instalaciones.


Aunque gran parte de las instalaciones de almacenamiento fueron destruidas por la explosión, continuó en uso por parte de la RAF hasta 1966. En 1979 se cercó la zona y se prohibió el acceso. Casi 5 hectáreas de terreno todavía contienen artefactos explosivos sin detonar. Cerca del borde del cráter se encuentra la placa de la primera conmemoración de la catástrofe que recuerda a los fallecidos en la mayor explosión no nuclear sucedida en Gran Bretaña.

Para saber más:
Daily Mail
Daily Mail
Wikipedia
Metro
Tutbury
Walking Britain

lunes, 9 de abril de 2018

El paracaidista más fotografiado de Normandía

El paracaidista más fotografiado de Normandía es el soldado John Marvin Steele, el paracaidista estadounidense que aterrizó en la torre de la iglesia de Sainte-Mere-Eglise, el primer pueblo en Normandía liberado por el ejército de Estados Unidos en el Día D, el 6 de junio de 1944.

En la noche previa al desembarco en las playas normandas (5-6 de junio de, 1944) se lanzaron unidades paracaidistas tras la lineas enemigas para que en el amanecer pudieran apoyar a las tropas que llegarían por mar. Esa noche, las tropas aerotransportadas estadounidenses del 82º fueron lanzadas en paracaídas en la zona oeste de Sainte-Mère-Église. La ciudad había sido blanco de un ataque aéreo previo y una bomba incendiaria había provocado un incendio en una vivienda al este de la plaza del pueblo. La campana de la iglesia comenzó a tañer para alertar a la población de la emergencia.
Pasada la una de la madrugada la plaza del pueblo estaba iluminada por el fuego y llena de soldados alemanes y aldeanos cuando dos aviones cargados de paracaidistas del primer y segundo batallón los dejaron caer por error directamente sobre el pueblo.


A los paracaidistas se le veía claramente como caían por lo que se convirtieron en blancos fáciles y Steele fue uno de los pocos que no fueron alcanzados por el fuego enemigo. Su paracaídas se enganchó en un saliente del campanario de la iglesia, dejándolo colgado durante dos horas. Viendo con horror como sus compañeros morían según iban cayendo, intentó zafarse pero finalmente decidió fingir estar muerto, para evitar que los alemanes lo mataran y lo tomaran como prisionero.

Finalmente los alemanes se dieron cuenta de su presencia y fue capturado, pero poco después logró escapar y se reunió con su división cuando las tropas de infantería paracaidista liberaron el pueblo. Steele fue galardonado con la Estrella de Bronce y el Corazón Púrpura por su valor.


Steele, sobrevivió a la guerra y continuó visitando la ciudad durante el resto de su vida y fue nombrado ciudadano de honor de Ste. Mère-Église. El soldado John M. Steele murió de cáncer de garganta el 16 de mayo de 1969.

Su peripecia fue inmortalizada en el cine por el actor Red Buttons en "El día más largo" dirigida por Darryl F. Zanuck, una adaptación de libro del historiados Cornelius Ryan.
Además del muñeco que cuelga en el mismo lugar donde estuvo Steele, la iglesia tiene una hermosa y colorida vidriera en la que aparece junto a otro paracaidista y a la Virgen María.

Para saber más:
El día más largo, de Cornelius Ryan
ABC
505th Parachute Infantry Regiment
The New York Times
US Army 39-45
YouTube

lunes, 2 de abril de 2018

¿Duelo de titanes en las arenas del desierto?

Tras la repetidas derrotas británicas en el Norte de África, que llevaron a las destituciones de los generales Wavell y Auchinleck, el Primer Ministro Winston Churchill un general de carácter intrépido para hacer frente al mito, cada vez mayor que representa Erwin Rommel, "El Zorro del Desierto", tanto entre las tropas alemanas como entre las británicas. Un veterano general de la Primera Guerra Mundial, que luchó en el Somme, el polémico Bernard Law Montgomery, sería el elegido para luchar contra el Zorro del Desierto.


El legendario duelo entre Rommel y Montgomery, que se convertiría en un enfrentamiento personal, ha sido, sin duda alguna, más fruto de la propaganda de guerra tanto alemana como británica, más que un duelo real entre ambos.

Rommel, sabiendo de la aplastante superioridad británica, supo, haciendo gala de una excelente capacidad táctica y de maniobra que caracterizó sus acciones militares, suplir esa deficiencia táctica con todo tipo de trucos y argucias, que rozaban la truhanería.
La figura del Zorro del Desierto ha despertado siempre evidentes simpatías, en ambos bando en conflicto, aunque entre los oficiales italianos no era muy bien visto, muy posiblemente por sus críticas hacia las tropas de Mussolini.
El perfil psicológico de Rommel es complejo. Considerado como un gran maniobrero, era mejor con la estrategia que con la logística y era un oficial cercano a sus hombres. Los mandos italianos consideraban que tenía mucho coraje, pero poco cerebro y Churchill lo definió como "un gran general", lo que causó gran alboroto en la Cámara de los Comunes.


Respecto a su rival, Montogomery, demostró en el desierto unas capacidades estratégicas y tácticas muy destacables, aunque la batalla de El Alamein fue ganada, en realidad, por la potencia industrial de los aliados, de la que tan falto estaban las tropas del Afrika Corps de Rommel.
Soberbio, inflexible y bastante ácido en sus criticas tanto a aliados como enemigos le otorgó cierto aire de egocentrismo. Muy posiblemente su responsabilidad en el desastre de Arnhem, durante Market Garden, fue consecuencia de su afán de protagonismo.
Tocado con su eterna boina negra australiana (no reglamentaria) y un uniforme diseñado por el mismo, le daba una aire extravagante, muy británico, que provocaba las bromas entre sus soldados. Se encerraba en su caravana, que fue capturada a los italianos en el desierto, con la foto de Rommel colgada en la pared, para poder mirar cara a cara a su duro rival.


En la batalla de El Alamein se enfrentaron dos personalidades contrapuestas. Un Rommel cansado y enfermo, abatido por la incomprensión de Hitler (a pesar de que realmente lo apreciara), luchando siempre a la defensiva con pocos recursos materiales y humanos, contra un Montgomery optimista, siempre a la ofensiva y con un ejército bien equipado.
Tras la campaña de África se volvieron a encontrar en Normandía cuando los aliados desembarcaron el 6 de junio de 1944.


Ambos fueron en realidad los dos últimos caballeros guerreros en el campo de batalla, que, si se hubieran conocido, quizás hubieran sido buenos amigos, pero que la guerra los colocó en bandos opuestos.

Los dos tuvieron finales muy diferentes. Rommel se suicidó en 1944 por las acusaciones de intentar matar a Hitler en el atentado perpetrado por el coronel Claus von Stauffenberg y Montgomery fallecido en 1976.

Para saber más:
Monty y Rommel, de Peter Caddick-Adams
Grandes jefes militares, de Bernard Michal
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