viernes, 28 de octubre de 2016

Los niños perdidos y olvidados

El 8 de mayo de 1945, terminó la Segunda Guerra Mundial en Europa, pero el infierno para su población no había acabado. Millones de personas fueron arrojadas de sus hogares y alejados de sus familias. Vagaban por las ciudades y carreteras. Miles de ellos eran niños huérfanos y separados de sus padres.
Un número significativo de niños separados de sus padres fueron los llamados "niños de la guerra" civil española, que también tuvieron que vivir la guerra mundial. Muchos de ellos no pudieron volver a España hasta que llegó la democracia en 1975.


En el verano de 1945, solo Berlín tenía más de 50.000 niños que sobrevivían en las calles y vivían en sótanos y alcantarillas, entre ellos antiguos niños soldado obligados a servir como soldados en la defensa de Berlín. Hasta mediados de 1947 los aliados, por medio de la Administración de Naciones Unidas para Ayuda y Rehabilitación (UNRRA), en colaboración con la Cruz Roja Internacional, intentaron reunir a los refugiados, especialmente a niños, que se encontraban esparcidos por toda Europa. Se habilitaron centros de reunión, sobre todo, en Alemania y Austria, reutilizando antiguas instalaciones militares y campos de concentración. Y, paradójicamenete, los primeros inquilinos de esas instalaciones fueron los niños judíos, supervivientes del holocausto, volvían a estar detrás de las alambradas que los habían humillado y exterminado.

En los centros de reunificación se crearon escuelas con maestros hebreos procedentes de Estados Unidos e Israel. Tambien se formaron grupos de entretenimiento integrado por antiguos actores y se fomentaron conjuntos de música juveniles. Los más importante era ayudar a los niños independientemente de su religión y enseñarles a olvidar para construir una nueva vida. Muchos habían sido criados en el régimen autoritario del III Reich, en medio de verdades y odios absolutos. Tras la guerra el mundo que conocían ya no existía.  Los horrores de seis años de guerra los habían convertido en adultos prematuros. La gran mayoría de los huérfanos y desaparecidos por la guerra y el exterminio sufrían depresión, ansiedad y baja autoestima, y en casos extremos tenían comportamientos suicidas.


La UNRRA, a través de la Agencia Central de Búsqueda preparó emisiones de radio, avisos en periódicos; y carteles y avisos en lugares públicos, listas de los niños supervivientes y donde se encontraban. Hasta en los cines, donde antes se mostraban los documentales de propaganda, ahora se proyectaban imágenes y datos de los niños perdidos.

Muchos niños, por su corta edad, no recordaban a sus padres y desconocían sus orígenes. La única familia que habían conocido eran sus compañeros de la calle. Miles de padres supervivientes peregrinaban desesperados de un centro a otro con la esperanza de encontrar a sus hijos. Pero, tras las deportaciones realizadas por los nazis por toda Europa era muy complicado, podían pasar meses, e incluso años, sin que el reencuentro familiar se produjera. Los servicios de localización y los registros de supervivientes estaban desbordados. Muchos niños fueron acogidos por personas que se apiadaron de ellos. Pero cuando aparecían sus padres o familiares, que los reclamaban, sus familias de acogida no querían devolverlos y los tribunales tuvieron que intervenir, incluso cuando era el mismo niño el que no quería dejar a sus padres de acogida. Muchas de estas familias ocultaron la identidad de esos niños por miedo a que se los quitasen.

Los que peor suerte tuvieron, seguían viviendo en las calles y los edificios destruidos, formando en muchos casos, bandas para auto protegerse de las redes que los querían utilizar en el mercado negro, para venderlos, incluso a sus propios padres, obligarlos a mendigar o incluso utilizarlos en redes de prostitución infantil. Muchos de estos niños desaparecieron sin dejar rastro.


Otros casos sangrantes fueron los hijos de relaciones de confraternización entre mujeres y soldados de ocupación que vieron como sus madres eran maltratadas, humilladas y apartadas de la sociedad; y ellos repudiados por ser hijos (aunque muchos de ellos no lo eran) de los opresores nazis. Por este motivo muchos niños y sus madres fueron expulsados de sus casas y obligados a emigrar a otros lugares donde no los conocieran. Los mismos problemas sufrieron muchos de los niños del programa Lebensborn, cuyo objetivo era expandir la raza aria y que contaba con hogares de maternidad y administraba orfanatos y programas para dar en adopción a los niños de aspecto ario. Algunos de ellos fueron a parar a España en 1946.

Desde 1947 la UNRRA fue cediendo sus competencias a la Organización Internacional para los Refugiados y cinco años después el trabajo de reunificación de los niños y sus familias se dio por finalizado, cerrándose casi todos los centros de acogida. Pero aún quedarían muchos casos sin resolver.

Para saber más:
El País
Continente salvaje, de Keith Lowe
Se desataron todos los infiernos, de Max Hastings

domingo, 23 de octubre de 2016

René Carmille, el primer hacker de la historia

Las tropas de la Wehrmacht habían ocupado Francia en mayo de 1940 e inmediatamente se pusieron a realizar un censo de la población, principalmente para tener localizados a los judíos franceses y poder enviarlos a los campos de concentración como ya habían hecho en el resto de los países europeos según los iban ocupando.

Para realizar el censo, recurrieron al Departamento de Demografía del gobierno colaboracionista francés de Vichy, en la que trabajaba nuestro protagonista, René Carmille. El conteo se realizaba mediante unas máquinas alemanas fabricadas por una empresa filial de la compañía norteamericana IBM (International Business Machines), fundada en 1911, a través de unas tarjetas perforadoras que incluían todos los datos importantes de filiación de los ciudadanos franceses. Carmille era un experto en la computación con tarjetas perforadas, así que fue puesto al mando de las operaciones tras ser enviado a Alemania a familiarizarse con las maquinas alemanas, creadas en Estados Unidos en el siglo XIX por Herman Hollerith, que junto a otros empresarios fundan IBM a comienzos del siglo XX.


El gobierno de Vichy, para el que trabaja, desconoce que René Carmille forma parte de una red de la Resistencia llamada "Marco Polo" que hacía las funciones de servicio secreto. Carmille se halla en una posición ideal. Puede aprovechar el censo para combatir a los nazis. Carmille sospecha acertadamente, que la elaboración del censo oculta macabras intenciones por parte de las fuerzas de ocupación. Dos de los datos que se deben incluir en las tarjetas son la religión y la raza del ciudadano, unos datos que son incluidos a petición de los nazis.


Durante más de dos años, Carmille y varios de los miembros de su equipo se dedicaron a "hackear" las tarjetas alterando u omitiendo los datos de filiación de los judíos, lo que complicaba de manera sustancial la tarea de las SS o la Gestapo de localizarlos para deportarlos a los campos de concentración. Los nazis con el tiempo comenzaron a sospechar que tantos errores no eran fortuitos y finalmente dieron con el principal responsable, René Carmille. A comienzos de 1944 la Gestapo en Lyon lo detiene y el mismísimo "Carnicero de Lyon", Klaus Barbie, lo tortura durante varios días para que confesara los nombres de sus colaboradores en el complot y el método utilizado para "hackear" las máquinas del censo. A pesar de la tortura a la que fue sometido, jamás delató a sus colaboradores y asumió toda la responsabilidad. Finalmente fue deportado al campo de concentración de Dachau, donde moriría a causa del tifus a primeros de 1945, unos pocos meses antes de su liberación por las tropas norteamericanas.

Se desconoce la cifra exacta de vidas que salvaron René Carmille y sus colaboradores pero apenas se llegó a deportar a una cuarta parte de los judíos de Francia. Su trabajo también evitó el envío de un buen número de trabajadores forzosos a la industria alemana y ayudo a organizar la Resistencia francesa en Argelia.

Artículo aparecido en el número 10 de WW2 GP Magazine.

Para saber más:
IBM y el Holocausto de Edwin Black
Wikipedia
YouTube
Wikiwand

miércoles, 19 de octubre de 2016

Yanquis en Gran Bretaña

El 26 de enero de 1942, desembarcaron en Irlanda los primeros 4.000 soldados estadounidenses que tocaron suelo europeo desde las fuerzas expedicionarias de la Primera Guerra Mundial. Fueron los primeros de los decenas de miles que fueron destacados en Gran Bretaña en los comienzos de la Operación Overlord. Los primeros planes de despliegue de tropas norteamericanas comenzó en la primavera de 1942, antes de que EEUU entrara en la guerra, con un despliegue previsto de unos 87.000 efectivos, de los que casi la mitad pertenecerían a la fuerza aérea. En junio de ese año se comenzaron a edificar las instalaciones y diez días después del ataque a Pearl Harbor ya estaban listas los primeros acuartelamientos.


Oficialmente el primer soldado en desembarcar en Gran Bretaña fue William H. Henke, de Hutchison, Minnesota. Detrás de el llegó el choque de culturas entre yanquis y británicos que provocó más de un problema, a pesar de que hablaran el mismo idioma. Por ejemplo en Estados unidos un "copper" era un poli, mientras en inglés británico significaba calderilla. Otro ejemplo sería que "vest" es un chaleco para un yanqui, mientras que para un inglés sería una camiseta interior.

Según el manual de instrucciones para los soldados norteamericanos de servicio en Gran Bretaña:
Los británicos suelen comportarse de modo más reservado que nosotros. Si toman asiento en el autobús o el tren sin darte conversación, no es porque sean altivos o antipáticos. Probablemente te estén prestando más atención de la que crees. Pero no hablan por no parecer descorteses o entrometidos. Antes de conocer a la gente les oyes hablar "inglés". Al principio no entenderás de lo que hablan y puede que ellos no entiendan lo que dices. Su acento es muy distinto al que estamos acostumbrados, y muchas palabras suena extrañas...
En 1944, Gran Bretaña estaba "invadida" por más de un millón y medio de soldados estadounidenses que estaban alojados en 1.100 localidades situadas principalmente en el sur del país. Según las costumbres británicas los yanquis eran tremendamente descarados y convirtieron Londres en una especie de bulliciosa Times Square, donde, parafraseando al periodista Ernie Pyle, un británico resultaba tan incongruente como en un pueblo de Nebraska. Un problema fue la necesidad de adaptarse a la conducción por la izquierda, lo que causó más de un accidente.


Las tensiones podían llegar por cualquier cosa. Los soldados británicos cobraban cinco veces menos que los yanquis y los uniformes de estos eran más elegantes y de mejor calidad. El carácter más abierto de los norteamericanos daba un aire fresco a la rigidez social británica y ayudaba a olvidar la guerra. Esto les gustaba especialmente a las jóvenes británicas y para los soldados ingleses esto era una competencia desleal.
Muchas chicas británicas querían salir con los descarados yanquis y salir a bailar con ellos la música de las bandas norteamericanas, como la de Glenn Miller, en los clubes de la Cruz Roja o en el Rainbow Corner, junto a Picadilly Circus. Con perfumes, jabones o medias, los soldados agasajaban a las muchachas, que se sentían muy especiales.
Las relaciones amorosas entre norteamericanos y británicas provocaron tal número de embarazos que las clínicas tuvieron numerosos problemas para mantener una estadística fiable. Tambien miles de soldados pidieron a sus superiores permiso para casarse. Pero estas relaciones quedaron interrumpidas cuando los soldados fueron acuartelados en las fechas previas al Día D. Aún así cerca de 70.000 mujeres se trasladaron a los EEUU como esposas o novias de los combatientes norteamericanos.


Respecto a la comida, los norteamericanos tuvieron problemas para adaptarse. No les gustaba especialmente la cerveza, que se servía tibia. Tampoco se acostumbraron a los pasteles de riñones, las coles o al té que les parecía que "sabía a barro". A los tan británicos "Fish and Chips" si se acostumbraron con facilidad.

Realmente hubo menos problemas de los previstos. La mayor parte de los británicos tuvieron muy buena relación con los norteamericanos, les acogieron en sus casas y supieron apreciar los gestos de generosidad con que agradecían su hospitalidad, con regalos como chocolatinas y chicles para los niños. Los soldados afroamericanos encontraron una cálida bienvenida por parte de las familias británicas, en contraste con el abuso racista impuesto por sus compatriotas.

Para saber más:
Imperial War Museum
Daily Mail
BBC
WW2 History
Instructions for American Servicemen in Britain 1942, del War Department, Washington D.C.
El Día D: La Batalla de Normandía, de Anthony Beevor.
Over Here: The GIs in Wartime Britain, de Juliet Gardiner
Soldats en Normandie-Les Américains. Nª 22 Revista Les Mini-Guides Histoire & Collections
La Segunda Guerra Mundial Ed Sarpe.

sábado, 15 de octubre de 2016

Los juicios de Nüremberg

El tribunal internacional militar de Nüremberg, compuesto por jueces representantes de las cuatro grandes potencias vencedoras de la guerra, se constituye para juzgar a 22 jefes del III Reich, por la responsabilidad de la muerte de 12 millones de personas, en base a tres imputaciones fundamentales:

Crímenes contra la paz (la dirección, el desencadenamiento o la persecución de una guerra de agresión o que viola los tratados), crímenes de guerra (matanza de prisioneros, torturas, bombardeos de ciudades indefensas), crímenes contra la humanidad (asesinato, exterminio, reducción a esclavitud, deportación y otros actos inhumanos cometidos contra la población civil).


Los Juicios de Nüremberg comenzaron el 20 de noviembre de 1945, presididos por lord Geoffrey Lawrence, y terminan tras 403 sesiones, con la sentencia el 1 de octubre de 1946.
Durante los juicios se oyeron los testimonios de 236 testigos, se vieron imágenes de los campos de concentración y se mostraron un gran número de pruebas y documentos descubiertos por los Aliados en los edificios de los cuarteles generales alemanes, que más tarde han constituido la base para una primera reconstrucción histórica del nazismo. Mientras, los acusados tuvieron que estar presentes en la sala del juzgado.

Con el proceso de Nüremberg se obtiene una primera y fundamental afirmación de un principio destinado a convertirse en algo decisivo en el derecho internacional, según el cual se definen nuevas categorías de crímenes que por su naturaleza pueden ser juzgados por autoridades distintas de las del Estado al que pertenecen, representando los derechos de la humanidad. De este modo el principio de la defensa que sostiene que nadie puede ser incriminado por actos no constituyentes de delito en el momento en que era cometidos, deja de ser valido y que opone un supuesto "deber de obediencia" de los acusados.


Un año después de iniciarse el proceso, el 2 de septiembre de 1946, los jueces se retiraron a deliberar. Tras casi un mes se alcanzó un consenso y finalmente el 1 de octubre se anunciaron los veredictos: 12 de los acusados fueron condenados a morir en la horca, siete recibieron sentencias de cárcel y tres fueron absueltos. Tambien diversas organizaciones nazis, como las SS, la SD o la Gestapo, son declaradas criminales.

Hermann Göring, Comandante de Luftwaffe, evitó la horca, al tragarse una cápsula de cianuro poco antes de su ejecución. Martin Bormann, jefe de la Cancillería, fue enjuiciado en ausencia y sentenciado a pena de muerte, aunque se cree que también se quitó la vida.
Ante el Tribunal de Núremberg no comparecieron Adolf Hitler, Heinrich Himmler ni Joseph Goebbels, pues se habían suicidado. Fueron juzgados "en ausencia"


La ejecuciones de los reos se iniciaron en la madrugada del 16 de octubre y el primero es Von Ribbentrop, que murió gritando ¡Viva Alemania! A los seis minutos le sigue el general Keitel, dijo: ¿Me precedieron dos millones de alemanes?, ahora los sigo, ¡viva Alemania! El siguiente es Kaltenbrunner, jefe de la Gestapo que dijo, antes de morir: Amé a mi patria, cumplí con mi deber. No cometí los delitos que me imputan. El cuarto es Rosemberg que muere sonriendo. Hans Frank, el “carnicero de Polonia”, muere rezando y besando el crucifijo. no dice nada. Le siguen Frick, Streicher y Sauckel, que mueren de un modo similar. A continuación fue Alfred Jodl, tras él es el turno de Seys-Inquart que dice al fina de un largo discurso: "…espero que esta ejecución sea el acto final de la tragedia y que la guerra sirva para la armonía y la paz entre los pueblos".
La ejecución duró en total 103 minutos y los cuerpos de los ejecutados fueron incinerados. Sus cenizas fueron esparcidas en el río Isar.

Para saber más:
El Proceso de Núremberg, El archivo Kaplan, de varios autores (catálogo de la exposición en el Círculo de Bellas Artes (Madrid), noviembre 2006-enero 2007)
El Mundo
El Sol
El País

lunes, 10 de octubre de 2016

El DJ nazi

La imagen corresponde a un stand de radio nazi en una exposición de radio en Berlín el 19 de agosto de 1932. La cabina fue diseñada como parte de la propaganda de la industria discográfica nazi que produjo sólo grabaciones del movimiento nacionalsocialista.


La propaganda era un instrumento esencial del movimiento nazi. Entendieron muy bien el poder de las tecnologías emergentes, como el cine, la radio, y la más moderna televisión y supieron diseminar su mensaje en las casas y los lugares de trabajo y ocio.
El gramófono era una pieza clave para la propaganda. Con ello, los nazis fueron capaces de reproducir discursos claves por las calles de las ciudades de Alemania a través de altavoces montados sobre camiones. También fueron usados en casas y reuniones locales. Más tarde, cuando los nazis subieron al poder y controlaron totalmente los medios de difusión, el Ministerio de Propaganda dirigido por Joseph Goebbels la producción de receptores de radio a precios económicos, como medio de llegar a todos los roncones del III Reich.

Adolf Hitler dedicó varios capítulos de su libro Mein Kampf (Mi Lucha) al estudio y la práctica de la propaganda. Hitler escribe en el capítulo VI, Propaganda de Guerra:
La propaganda es un medio y debe ser considerada desde el punto de vista del objetivo al cual sirve. Su forma, en consecuencia, tiene que estar condicionada de modo que apoye el objetivo perseguido. Es también claro que la importancia del objetivo que se tiene a la vista se puede presentar de diferentes maneras, teniéndose en cuenta el interés social. Por lo tanto, la propaganda puede variar en su valor intrínseco.
(...) ¿a quién debe ser dirigida la propaganda, a los intelectuales o a la masa menos culta? ¡La propaganda siempre deberá dirigirse a la masa! (...)
El fin de la propaganda no es la educación científica de cada cual, y sí llamar la atención de la masa sobre determinados hechos, necesidades, etcétera, cuya importancia sólo de esta forma entra en el círculo visual de la masa.
(...) La propaganda no es y no puede ser una necesidad en sí misma, ni una finalidad. (...) su acción debe estar cada vez más dirigida al sentimiento y sólo muy condicionalmente a la llamada razón.
La capacidad receptiva de la gran masa es sumamente limitada y no menos pequeña su facultad de comprensión; en cambio, es enorme su falta de memoria. Teniendo en cuenta estos antecedentes, toda propaganda eficaz debe concretarse sólo a muy pocos puntos y saberlos explotar como apotegmas hasta que el último hijo del pueblo pueda formarse una idea de aquello que se persigue.
Para saber más:
Der Stumer (descarga del libro Mi Lucha en varios idiomas)
Paperblog
Culturizando
Las historias de Doncel
Historia Mundo

martes, 4 de octubre de 2016

La roca de la isla de Wake

A pesar de comenzar la invasión tan solo 5 horas después del ataque a Pearl Harbor, quince días después, las fuerzas japonesas tomaron la isla de Wake, en el Pacífico, tras duros combates contra poco más de 500 soldados y un puñado de civiles. Capturaron a todos los supervivientes, la mayoría civiles que trabajaban para la Morrison-Knudsen Company encargados de construir una base militar aprovechando las instalaciones de un pequeño aeródromo de emergencia de Panamerican Airlines que ya disponía una decena de trabajadores en Wake. Los prisioneros fueron obligados a realizar trabajos forzados para habilitar el aeródromo de la isla, aunque los japoneses no los utilizaron durante toda la guerra. La isla solo fue abastecida de provisiones mediante submarinos.


Cuando el ejército estadounidense amenazó con retomar Wake en octubre de 1943, los japoneses tomaron a 98 trabajadores civiles y los llevaron al extremo norte de la isla y fueron ejecutados por orden del contraalmirante Shigematsu Sakaibara, como represalia. Uno de los prisioneros logró escapar de algún modo a la masacre. Lo sabemos porque volvió al lugar y grabó la leyenda "98 US PW 05/10/43" (98 prisioneros norteamericanos 5 de octubre de 1943) en una roca de coral cerca de la fosa común. Fue capturado y decapitado posteriormente por el propio Sakaibara.

Tras casi cuatro años de ocupación, el 4 de septiembre de 1945, la guarnición japonesa se rindió a los Marines. Finalizado el conflicto, Shigematsu Sakaibara fue condenado a muerte por crímenes de guerra.

La roca sigue siendo un punto de referencia en la isla. La identidad del autor nunca ha sido descubierta.

Para saber más:
Pacific Alamo. La Batalla de la Isla de Wake, de John Wukovits.