domingo, 28 de febrero de 2021

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle

El 18 de abril de 1942 se llevó a cabo una audaz misión de combate inigualable que hizo volar a los bombarderos Mitchell B-25 norteamericanos desde la cubierta de un portaaviones y atacar Tokio, la capital del enemigo. El líder de la incursión, única en la historia, fue el legendario aviador de la Primera Guerra Mundial, el teniente coronel James H. "Jimmy" Doolittle.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
Aunque el daño causado por el bombardeo de los bombarderos de Doolittle fue menor en comparación con el ataque que llevó a cabo Japón en Pearl Harbor, esta acción de represalia estadounidense rompió la aparente inviolabilidad del Japón, debido al daño causado en Pearl Harbor y la tremenda distancia entre ambos países, y recordó a los japoneses que ellos también eran vulnerables. Aunque llegó temprano en la guerra, el ataque significó el comienzo de la espiral descendente de la Tierra del Sol Naciente y su eventual derrota en la Segunda Guerra Mundial.

El Raid fue la primera acción conjunta entre las Fuerzas Aéreas del Ejército y la Marina de los Estados Unidos. Esta innovadora misión transportó 16 bombarderos Mitchell B-25B y sus tripulaciones de cinco hombres a bordo del portaaviones USS Hornet a 500 millas de la costa japonesa. La misión culminó con el bombardeo de Tokio y otros centros industriales.

Debido a que el éxito del raid dependía completamente del secreto y el elemento sorpresa, había un código de silencio tan generalizado que los rastros de papel a menudo eran inexistentes y la información era críptica. Dos días después del ataque, el Departamento de Guerra de EE.UU. Informó de la misión al país, pero no su punto de partida. El presidente Roosevelt mantuvo este aire misterioso diciendo que habían despegado de "Shangri-la", en referencia al libro más vendido de 1933 del autor inglés James Hilton, Lost Horizon. El raid comenzó y terminó en secreto y, más de 70 años más tarde, el secreto sigue en el aire. Algunos misterios de la incursión aún permanecen.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
El avión 8
El octavo avión que despegó de USS Hornet fue el único B-25 que se vio envuelto en controversia debido a su aterrizaje poco propicio en Rusia y sus consecuencias. Aunque los 16 aviones no tenían suficiente combustible debido al lanzamiento prematuro del portaaviones, al ser divisado el portaaviones por un barco de pesca japonés, 15 aparatos se dirigieron a China después de lanzar sus bombas. El número 8 se desvió y aterrizó en Vladivostok, Rusia. La idea de que el aterrizaje fue "ordenado" ha seguido al avión y la tripulación desde entonces.

El teniente Nolan A. Herndon, el bombardero-navegante en el avión 8 que, junto con el piloto capitán Edward J. "Ski" York, el copiloto teniente Robert G. Emmens y otros dos tripulantes, fueron internados 13 meses en Rusia después del aterrizaje, supuestamente no autorizado. El teniente Herndon percibió que la verdadera razón del desvío era poner a prueba la lealtad de Rusia en tiempos de guerra y descubrir si su avión tendría permiso para repostar y continuar a China, y también para recopilar información sobre el aeródromo de Rusia para su uso en posibles ataques futuros en Japón. Herndon creía que tanto Emmens como York estaban al tanto del propósito real del vuelo.

Si bien el documento con las instrucciones al avión número 8 sigue siendo prácticamente imposible de obtener, si realmente existe, hay un interesante rastro en otros documentos del raid sobre Tokio. La última línea del informe de viabilidad de la misión que presentó Doolittle en febrero de 1942 al general Arnold dice:
Si los rusos estuvieran dispuestos a aceptar la entrega de 18 aviones B-25-B, en préstamo, en Vladivostok, nuestros problemas deberían simplificarse enormemente... Vladivostok está a unas 600 millas de Japón, mientras que los campos de China duplicaban esa distancia, por lo tanto, la cooperación de Rusia facilitaría las cosas.
Que los Estados Unidos se fijaron en Rusia para el aterrizaje posterior al bombardeo de Japón, lo demuestra el informe de Doolittle y la Ley de Préstamo y Arriendo que proporcionó miles de millones de dólares de material de guerra a las naciones aliadas, incluida la Unión Soviética. Sin embargo, la Unión Soviética quería mantener a distancia a los Estados Unidos, por lo que la misión siguió adelante sin la cooperación de Rusia y las restantes 15 tripulaciones tuvieron que conformarse con China debido al bajo nivel de combustible, excepto la del número 8.

La misión secreta del avión 8 del Raid de Doolittle
De izquierda a derecha: Tte. Nolan A. Herndon, Cap.Edward J. York,
Sgt. Theodore H. Laban, Tte. Robert Emmens. Sgt. David W. Pohl.
El informe del capitán York, tras ser liberado, alimentaron las sospechas de Herndon. York informó que el bajo nivel de combustible fue su única razón para volar a la Unión Soviética, pero también proporcionó información importante sobre los aeródromos de Vladivostok.

También hay escépticos de la historia del número 8. 
Tom Casey, presidente de la asociación Doolittle Tokyo Raiders, calificó la historia de Herndon como una historia que los oficiales militares nunca confirmaron ni negaron. Carroll V. Glines, un historiador que ha escrito tres libros sobre el tema y coescribió la autobiografía de Doolittle, dijo que "Todo lo que sé es que Nolan estaba allí y yo no, pero nunca pude encontrar ninguna pista para confirmar que sucedió de esa modo".

En 1989, el copiloto del avión 8, el teniente Robert G. Emmens, habló sobre el controvertido vuelo y las condiciones cuestionables de la formación de su tripulación en una carta a un amigo. "La nuestra era una especie de tripulación bastarda de Eglin [Base de la Fuerza Aérea, Florida]. Nos formamos como tripulación después de que el resto de los aviones hubieran dejado Eglin para dirigirse a la costa oeste… Nunca habíamos volado juntos y nunca habíamos hecho un despegue antes del verdadero que hicimos con el Hornet".

La afirmación de Emmens de que la tripulación del avión 8 se formó a última hora deja la puerta abierta para especular sobre por qué este avión fue puesto en acción. Hubo 24 tripulaciones, de las que solo 16 volarían en la misión, que pasaron tres semanas de entrenamiento en Eglin perfeccionando las habilidades críticas de despegue del portaaviones, excepto la tripulación del número 8. Todos los aviones tuvieron sus carburadores ajustados cuidadosamente en Eglin para volar la misión de 2,000 millas sin reabastecimiento de combustible, excepto el número 8. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué un equipo no entrenado y un avión no ajustado entraron en servicio cuando ya había suficientes aviones modificados y equipos entrenados?

Para saber más:

domingo, 21 de febrero de 2021

El lápiz de labios también gana la guerra

Mantener alta la moral de las tropas que luchan en el frente, así como la de la población civil en el frente interno es de gran importancia, algo que demostró con creces la población británica durante la batalla de Inglaterra. Esto fue posible, entre otras cosas muy importantes, gracias al pintalabios y al maquillaje.

El lápiz de labios también gana la guerra
El Primer Ministro británico Winston Churchill, fue uno de los que vio la importancia del maquillaje en las mujeres británicas como motivador de la moral, haciendo suyo un eslogan aparecido en la revista Vogue, en 1941: "beauty is your duty" (la belleza es tu deber).

Tambien pidió a las británicas que se maquillaran para levantar el ánimo de los soldados que luchaban por volver a casa con aquellas esposas y novias que los esperaban más guapas que nunca.

Vogue publicó en 1942:
Ser lo más atractiva posible es casi un deber cívico; Hay tantas cosas tristes y feas en el mundo que las mujeres deberían decirse a sí mismas con humildad, no con vanidad: "Trataré de ser lo más bonita posible para que cuando la gente me mire, se sientan renovadas. haré un esfuerzo para ser agradable a la vista"
Esto puede parecer banal y superficial, pero en su contexto histórico es mucho más importante de lo que parece, teniendo en cuenta el sexismo que existía en la sociedad de esa época. Tanto es así que las autoridades británicas publicaron un documento en el que se afirmaba que, para una mujer su maquillaje era tan importante como el tabaco para el hombre. Pero tambien maquillarse era una forma de dar normalidad a la vida en tiempos de guerra. En tiempos extraordinarios, la gente siente el deseo de arreglarse y lucir lo mejor posible.

El lápiz de labios también gana la guerraDurante la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña se paralizó prácticamente toda industria no esencial para el esfuerzo de guerra, excepto el carmín para los labios, considerado tan de primera necesidad, como el pan, las patatas o la carne y el pescado. Las ventas de cosméticos subieron.

Ante la escasez de medias de seda, por ser esencial para los paracaídas, las mujeres se pintaban la línea de las medias directamente su piel para simular que llevaban medias. Utilizaban los tampones de tinta roja para fabricarse el colorete, se teñían los labios con remolacha o el betún de zapatos era usado como máscara de pestañas, pero el pintalabios se consideró esencial. De este modo un elemento básico de la belleza femenina se convirtió en un elemento que levantaba la moral de la población y en un símbolo de la sociedad moderna.

El lápiz de labios también gana la guerra
En Estados Unidos, la firma cosmética Elizabeth Arden creó un kit de lápiz de labios y esmalte de uñas para que fuera utilizado de forma oficial como parte de la uniformidad de las mujeres que servían en los Marines, de un color llamado Rojo Moctezuma que hacía juego con sus uniformes verdes y Helena Rubinstein tambien se sumó a la cosmética patriótica con pintalabios con nombres como Red Combat o Commando. A ellas se sumaron otras marcas como Ivory soap y Yardley.

Finalizada la guerra la Reina Isabel II, que sirvió en el Servicio Territorial Auxiliar (ATS), encargó que se le fabricara su propio tono de pintalabios en un color rojo con matices azulados, con motivo de su coronación en 1952.

La importancia del pintalabios en la Segunda Guerra Mundial queda clarísimamente reflejado en una entrada del diario del oficial británico Mervin Willet Gonin. Tras liberar con sus tropas el campo de concentración de Bergen-Belsen, descubre que la Cruz Roja llegó al campo con cajas de pintalabios:
No sé quién las pidió, pero me encantaría saberlo. Fue obra de un genio, inteligencia en estado puro. Creo que nada hizo más por estas internas que esas barras de labios. Las mujeres se tumbaban en la cama sin sábanas ni camisones, pero con los labios rojos. Las veías deambular sin nada más que una manta por encima de los hombros, pero con los labios pintados de rojo. Por fin alguien había hecho algo para convertirlas de nuevo en individuos. Eran alguien, ya no solamente un nombre tatuado en el brazo, les había devuelto su humanidad. 
Al contrario que Churchill, Adolf Hitler detestaba que las mujeres se maquillaran. Los pintalabios representaban el espíritu de la independencia, lo contrario de lo que debía tener una mujer en el Reich alemán. Para los nazis las mujeres debían ir "con la cara lavada" y ser sanas y fuertes para poder engendrar hijos para Alemania. El maquillaje se relacionaba con mujeres de escasa moral. Por ese motivo a las muchachas de la Liga de Muchachas Alemanas (BDM) se les indicaba que no usaran ningún tipo maquillaje en sus encuentros con el Führer. De hecho a Hitler no le gustaba nada que su amante Eva Braun usara maquillaje, motivo por el que solía burlarse de ella en privado.
 
Para saber más:
Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon, de Rachel Felder

domingo, 14 de febrero de 2021

La aventura del submarino italiano Michele Bianchi

El 3 de noviembre de 1940, tras un combate frente al puerto neutral de Tánger contra el destructor inglés HMS Greyhound y con algunos daños, entra en el puerto el submarino italiano Michele Bianchi, pero el viaje hasta allí no había sido fácil.

Michele Bianchi
Michele Bianchi
El Michele Bianchi, un submarino transoceánico de la clase "Marconi", había salido de La Spezia, el 28 de octubre con destino a la base atlántica de Le Verdon (Burdeos). Pero para ello debía cruzar el estrecho de Gibraltar, permanentemente vigilado por los británicos. No era una empresa fácil, pero ya lo habían logrado otros submarinos antes.
El mayor peligro no venía realmente de los ingleses, sino del mar constantemente agitado por el encuentro de las corrientes atlántica y mediterránea, que provocaba remolinos y vacíos de agua tan profundos como abismos.

Al principio todo iba dentro de lo normal. Durante el día sumergidos y durante la noche en superficie para recargar las baterías. Tras una semana el Michele Bianchi avista las costas de Gibraltar y el comandante, capitán de corbeta Adalberto Giovannini, ordena la inmersión. Si todo va bien es misma tarde emergerán en el Atlántico. Pero no sería tan sencillo.

La luna nueva de noviembre había aumentado las mareas. El "baile" comenzó a las poca millas, la profundidad descendía, se estaban acercando demasiado a la costa africana, Los saltos eran continuos, algunos de decenas de metros. A las 8:20 el Michele Bianchi es tragado por un vacío de agua. El descenso al abismo se detuvo a los 120 metros, al límite de resistencia del sumergible, más profundidad podría ser la muerte.

Michele Bianchi
Capitán de corbeta Adalberto Giovannini
Para frenar el descenso, soltaron lastre y subieron a una velocidad de vértigo, con el temor de emerger repentinamente ante los cañones británicos del peñón. Se detuvieron a 50 metros de la superficie para ser, de nuevo, engullidos por otro vacío.

Las manecillas de los manómetros de profundidad no dejaban de descender: 100 metros, 120, 130, 140 hasta llegar a los 142 metros. A pesar de los crujidos del casco, este parece aguantar. De nuevo otra subida a gran velocidad y otra caída hacia el fondo. Los hombre maldicen, rezan y gritan mientras las manecillas marcan: 120, 130, 140, 150, parando en 154. El casco resiste de milagro. Todos rezan. El Michele Bianchi se vuelve a lanzar hacia la superficie. A las 15:50 emerge y el capitán sale a la torreta. A poca distancia se encuentran las baterías británicas, pero milagrosamente todo está en calma. Tan solo hay un par de pesqueros y el submarino puede cruzar el estrecho.

Durante una hora todo transcurre con relativa tranquilidad hasta que aparecen algunos navíos enemigos. El más cercano es el Greyhound que avanza hacia ellos. El comandante Giovannini sabe que no puede enfrentarse al enemigo y decide sumergirse para llegar al puerto de Tánger. Mientras el Greyhound le dispara con sus cañones de 120 mm y le lanza cargas de profundidad.

Michele Bianchi
HMS Greyhound
Tras pasar un mes en Tánger realizando reparaciones, en total silencio y en secreto, el Michele Bianchi zarpa en una noche de luna llena y mar en calma con la ropa de la tripulación aún colgada en el exterior. A las 2:44 giran en la punta del puerto a toda máquina. Aunque los británicos siembran el mar de cargas de profundidad logran escapar. Habían salido de Tánger un viernes 13. Finalmente llegaron a Le Verdon sin novedad.

Su suerte terminó el 5 de julio de 1941 cuando fue hundido por otros submarino, el británico HMS Tigri,s a 150 millas náuticas del estuario de Gironde, cuando el Michele Bianchi se dirigía hacia el Atlántico.

Para saber más:
La Segunda Guerra Mundial, ed SARPE (p. 312)
ABC (Hemeroteca)
Mundo SGM
Wikipedia
El Gran Capitán
Exordio

domingo, 7 de febrero de 2021

Historia de una imagen: Ustachas cubiertos con la sangre de sus victimas

Cuando vi esta foto por primera vez, me parecieron dos buenos amigos pasándolo bien. Me recordaba a los tiempos que pasé en el ejército. Una buena foto, llena de vida y alegría.

Historia de una imagen: Ustachas cubiertos con la sangre de sus victimas
Sin embargo, todo es muy diferente. Sus caras y sus manos están literalmente cubiertas de sangre humana.

Ambos son miembros de una formación Ustacha (Ustaša), que en 1941 cometió crímenes indescriptibles sobre aquellos que creían indignos de vivir. Resulta irreal que alguien que mató a un hombre, una mujer o un niño, hace apenas unos minutos, pueda reírse y parecer feliz y ajeno a la atrocidad que acaban de cometer.

Esta instantánea fue tomada en el campo de concentración de Jasenovac, uno de los lugares más espantosos de la historia. El principal objetivo era torturar a sus víctimas y humillarlas del modo más horrible posible antes de asesinarlas. Al mismo tiempo, los guardias croatas del campo disfrutaban de administrar tortura.

En esta fotografía aparece el ustasha Miško Ratković, nativo de la ciudad de Trilj en Dalmacia, y su colega croata, cuyo nombre no he podido averiguar. La foto fue tomada a finales del verano de 1941, probablemente en algún lugar dentro del complejo de la fábrica de muerte de Jasenovac.

Los asesinos croatas aparecen en la foto burlándose y riéndose después de un día de cruel masacre, cubiertos de la sangre de niños, mujeres y ancianos serbios inocentes.

Esta escena es tan surrealista e increíble que, incluso hoy, un importante número de serbios no saben nada sobre esta foto y del tipo de personas involucradas en la muerte de sus compatriotas, su ideología y símbolos que usaron para obtener la muerte.

Historia de una imagen: Ustachas cubiertos con la sangre de sus victimasLos ustachas eran una milicia radical, racista y ultranacionalista croata fundada en 1929 por Ante Pavelić, que perpetraba atentados y sabotajes para desestabilizar a Yugoslavia mediante una violencia terrorista con crueldad extrema. Cuando la Alemania nazi invadió Yugoslavia, Hitler optó por dividirlo en dos partes: Serbia y el Estado Independiente de Croacia, donde los ustachas manejaban un gobierno títere. Teniendo el poder gracias al Eje y el apoyo de la Iglesia croata, los ustachas implantaron un régimen totalitario y genocida. 

Entre 1941 y 1945, los ustachas construyeron al menos 25 campos de exterminio. El más cruel fue el de Jasenovac, al mando de Miroslav Filipovic, un  fraile franciscano y capellán militar conocido como "Padre Satán". En este campo, en el que murieron más de 700.000 personas, no se limitaban al asesinato sistemático sino que utilizaban los métodos más crueles que se puedan imaginar: empalados, a hachazos, degollados con una sierra, a mazazos...

Historia de una imagen: Ustachas cubiertos con la sangre de sus victimas
Fueron especialmente crueles con las mujeres
. Tras violarlas, les cortaban los pechos y los brazos, mientras que a las embarazadas les abrían el vientre para sacar el bebé no nacido y matarlo. Ni siquiera respetaban a las ancianas, a las que sacaban los ojos y enterraban vivas.

Un fraile franciscano y teniente ustacha, llamado Petar Brzica, ostenta el terrible y sanguinario récord mundial de degollamiento en el campo de concentración de Jasenovac. Degolló a 1.360 serbios con la única ayuda de un "srbosjek", que se viene a traducir como "corta serbios", un chuchillo especial que se ajustaba a la mano mediante un correaje. 

Los ustachas eran tan crueles que hasta los mismos nazis estaban espantados por sus actos. Como dijo en una ocasión el oficial alemán Herman Neubacher: "es el crimen más feroz de la historia, que solo se puede comparar con el infierno de Dante".

Historia de una imagen: Ustachas cubiertos con la sangre de sus victimas
Otra muestra de la crueldad de los ustachas la relata el periodista italiano Curzio Malaparte en un reportaje, donde aseguró que durante una entrevista con Ante Pavelic en el despacho de Hitler, vio un cesto de mimbre que "parecía estar lleno de mejillones u ostras sin concha", pero que el mismo fascista le explicó sonriendo que se trataba de "un regalo de mis leales ustachas. 20 kilos de ojos humanos". Hay algunas fuentes que afirman que esto es tan solo un mito, pero sea verdad o no, esta historia contada por Malaparte, los actos de crueldad cometidos por los ustachas son tristemente reales.

Entre los ustachas gustaba coleccionar partes de cadáveres, como collares hechos con la lengua, los ojos y las orejas de sus víctimas. Incluso en algunas ciudades croatas se vendían ojos de serbios.

La imagen original forma parte del archivo del Museo de Yugoslavia, en Belgrado.

Para saber más:
Ustashas: El Ejercito Nazi De Perón y El Vaticano, de Ignacio Montes de Oca
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