La higiene es un elemento de gran importancia en la moral de la tropa, poder acicalarse en los momentos de descanso ayuda, como dijo un Marine cuando podía ducharse y afeitarse, “a sentirse un ser humano”. Además, es un asunto sanitario de peso pues evita infecciones.
El lugar mas complejo para asearse era en el frente donde se montaban duchas improvisadas a menudo usando cubos o sus cascos con la poca agua disponible. A veces se usaban duchas químicas para descontaminación. Ante esas limitaciones la higiene era básica: Se lavaban la cara y las manos, se cortaban el pelo y la barba. Tambien intentaban cambiarse la ropa interior lo más regularmente que fuera posible, entre otras cosas para evitar piojos y sarna. Un rio era un lugar perfecto.En la retaguardia, o en los campos de prisioneros (con serias excepciones) había duchas comunitarias con agua caliente y ropa limpia para combatir los parásitos y mejorar la moral. Al igual que en el frente, muchas eran improvisadas.
Un caso peculiar es el de los hombres que servían en las diferentes marinas de guerra. Puede parecer que estar rodeados de agua era una ventaja pero era más un inconveniente que una ayuda. El agua salada no la mejor para el aseo aunque tenga otras ventajas. Por eso, los marineros usaban duchas en las que gastaban apenas unos pocos litros de agua. Eran las llamadas duchas navales.La higiene era una prioridad y se manejaba con ingenio y recursos limitados para mantener a los soldados lo más limpios posible y ayudarles a salvar la vida. Otro bien valioso para la tropa era el tabaco, pues les ayudaba a relajarse de la gran tensión que se sufre en el campo de batalla. La higiene y el tabaco tienen una importante relación entre ellas, más allá de sentirse bien y aumentar la moral de la tropa.
En el frente del Este las patrullas alemanas estaban formadas generalmente por soldados no fumadores. Se puede pensar que la razón residía en que, de este modo, se eliminaba el riesgo de ser vistos por el enemigo cuando, por un descuido, a algún fumador se le ocurría encender un cigarrillo o por las campañas antitabaco lanzadas por el estado nazi y enérgicamente promovidas por Hitler que odiaba el tabaco.
Pues no, no es por nada de eso. Se sabe que los fumadores sufren una reducción del sentido del gusto y del olfato. De este modo, quien no sea fumador tiene mejor aptitud para sentir los olores. Esa capacidad de detección era muy importante para conocer la posición de los soldados soviéticos. En el frente la higiene no suele ser demasiado buena, pero en el caso de los pobres soldados del Ejército Rojo esta era prácticamente inexistente. Así que su olor corporal se podía percibir a bastante distancia.Por si el intenso olor a sudor reconcentrado no fuera suficiente, había que sumar al hedor, el penetrante aroma que desprendía una loción que solían utilizar para acabar con los parásitos y que intentaba camuflar la peste corporal. El tabaco de escasa calidad que fumaban terminaba por rematar la pestilencia que emitían desde sus posiciones. De este modo los soldados alemanes podían olfatear la presencia del enemigo que se encontraba en las proximidades.



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