El cartero se supone que debe entregar el correo, no importa cuál sea la situación, a menos que, por supuesto, se pierde en el sistema en alguna parte.
Después de 94 años, esta postal de un soldado en la Primera Guerra Mundial finalmente ha llegado a su destino, Pero aún así fue entregada a la dirección equivocada. Nell, la hermana del soldado, ya no vivia allí, pero Lauren Bleach y su pareja Jill Liversidge -los actuales inquilinos- después de ver la postal decidió buscar a algún familiar del soldado y encontró a Brian Buxton el único pariente vivo, que tiene 68 años, y que viven en Salhouse, Norfolk.
La postal estaba fechada el 1916 y nuevamente en septiembre de 2010. Por último, llegó en noviembre con una nota qde disculpas por los daños y demora en su llegada. El sello original y el matasellos se considera oficial y auténtico. En el reverso Alfred dice que se acuerda mucho de su hermana Nell, y que le gustaría saber de ella. Alfred, fue herido en Grecourt en 1918 y murió cuatro días después. Su hermana Nell falleció en 1964 sin ver esta postal.
El Royal Mail afirmó que es muy poco probable que la tarjeta estuviera con ellos todo ese tiempo ya que revisan las oficinas y los buzones de correos con regularidad.
Así que... ¿dónde estuvo la postal todo este tiempo?
Para saber más:
The British Postal Museum
viernes, 15 de junio de 2012
miércoles, 13 de junio de 2012
¿Hola a las armas?
En diciembre de 1941, después de que el premier británico Winston Churchill llamaba a sus compatriotas a luchar y resistir, algunos miembros de su plana mayor se reunían a sus espaldas con representantes de la Francia de Vichy, colaboradora de la Alemania nazi.
Su intención era discutir la posibilidad de armar a varias divisiones del régimen galo en caso de que los alemanes se retirasen de Francia. El descubrimiento del archivo militar de alto secreto que lo revela corresponde a Eric Grove, profesor de Historia Naval en la Universidad de Salford.
El 13 de mayo de 1940, Churchill se dirigió en un histórico discurso a la Cámara de los Comunes, solo tres días después de ser elegido primer ministro, tras la dimisión de Chamberlain:
Para saber más:
Revista Historia y Vida nº 530
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| ¡Merecemos la victoria! |
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| El Mariscal Petain saluda a Hitler en París |
...Debemos recordar que estamos en las fases preliminares de una de las grandes batallas de la historia, que nosotros estamos actuando en muchos puntos de Noruega y Holanda, que estamos preparados en el Mediterráneo, que la batalla aérea es continua y que muchos preparativos tienen que hacerse aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».
Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis:
¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.
Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra:
Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.
Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: "Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas".
Para saber más:
Revista Historia y Vida nº 530
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martes, 12 de junio de 2012
Los nazis buscaron el Santo Grial en España
Las investigaciones que llevó a cabo la Ahnenerbe nos hacen recordar las películas de Indiana Jones. La organización paracientífica creada por Heinrich Himmler recorrió el mundo en busca del origen del pueblo ario, de pruebas de su superioridad racial y de "objetos de poder" que le permitiesen dominar el planeta. La organización ocultista también estuvo en España. Los nazis creyeron que en nuestro país podrían encontrar alguna pista de esos preciados tesoros que los iban a hacer invencibles.
La Deutsches Ahnenerbe, o Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, fue una organización integrada en las SS como sección antropológica y arqueológica que investigó los orígenes misteriosos de la raza aria. Liderada por Heinrich Himmler, y dirigida por el coronel Wolfram von Sievers, convirtió el castillo de Wewelsburg, en Westfalia, en su cuartel general y destino de las reliquias que recogía por todo el mundo.
De entre todos los "objetos de poder" que buscó la Ahnenerbe, la pieza más codiciada por la sección ocultista de las SS era el Santo Grial, que utilizó Jesús en la última Cena y que recogió su sangre cuando moría crucificado. Se supone que José de Arimatea lo llevó a Europa, y que los cátaros fueron los últimos en guardarlo en el Languedoc francés. Allí, en las ruinas de Montsegur, lo buscó infructuosamente uno de los miembros más destacados de la Ahnenerbe, el ocultista Otto Rahn.
Tras el fracaso de Rahn, Himmler visitó el monasterio de Montserrat y preguntó por el Cáliz. El jefe de las SS quiso visitar los pasadizos subterráneos de la montaña, pero el padre Ripol, que actuaba de guía por la abadía, lo rechazó así que el líder de las SS exigió ver toda la documentación del monasterio que tuvieran relación con el Cáliz. Ante otra negativa del padre Ripol, Himmler gritó: ¡Todo el mundo en Alemania sabe que el Grial está en Montserrat!. Además Himmler demostró su ignorancia cuando mientras visitaba el museo del monasterio, al ver unos restos de un hombre íbero de grandes dimensiones, aventuró que se trataba sin duda de un guerrero nórdico. Cuando le dijeron que era un íbero, no un nórdico, aseguró que los íberos eran oriundos del norte de Europa. Incluso llegó a decir sobre la Moreneta que pese a su color de piel, ocultaba en la finura de sus facciones rasgos claramente arios.
Himmler y su organización también buscaron otros objetos en España, principalmente el Arca de la Alianza, lo que les llevó hasta la comunidad judía de Toledo. Allí los nazis debieron encontrar alguna pista del Arca, porque poco después el almirante Wilhelm Canaris, máximo responsable del Abwehr, decidió dirigirse al madrileño Museo Arqueológico Nacional, donde creía que podría encontrar el Arca entre una colección de piezas del Antiguo Egipto supuestamente recopiladas por los masones. Evidentemente los nazis no lograron hacerse con este potente "arma", porque fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial.
Para saber más:
ABC
El País
La Deutsches Ahnenerbe, o Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, fue una organización integrada en las SS como sección antropológica y arqueológica que investigó los orígenes misteriosos de la raza aria. Liderada por Heinrich Himmler, y dirigida por el coronel Wolfram von Sievers, convirtió el castillo de Wewelsburg, en Westfalia, en su cuartel general y destino de las reliquias que recogía por todo el mundo.
De entre todos los "objetos de poder" que buscó la Ahnenerbe, la pieza más codiciada por la sección ocultista de las SS era el Santo Grial, que utilizó Jesús en la última Cena y que recogió su sangre cuando moría crucificado. Se supone que José de Arimatea lo llevó a Europa, y que los cátaros fueron los últimos en guardarlo en el Languedoc francés. Allí, en las ruinas de Montsegur, lo buscó infructuosamente uno de los miembros más destacados de la Ahnenerbe, el ocultista Otto Rahn.
Tras el fracaso de Rahn, Himmler visitó el monasterio de Montserrat y preguntó por el Cáliz. El jefe de las SS quiso visitar los pasadizos subterráneos de la montaña, pero el padre Ripol, que actuaba de guía por la abadía, lo rechazó así que el líder de las SS exigió ver toda la documentación del monasterio que tuvieran relación con el Cáliz. Ante otra negativa del padre Ripol, Himmler gritó: ¡Todo el mundo en Alemania sabe que el Grial está en Montserrat!. Además Himmler demostró su ignorancia cuando mientras visitaba el museo del monasterio, al ver unos restos de un hombre íbero de grandes dimensiones, aventuró que se trataba sin duda de un guerrero nórdico. Cuando le dijeron que era un íbero, no un nórdico, aseguró que los íberos eran oriundos del norte de Europa. Incluso llegó a decir sobre la Moreneta que pese a su color de piel, ocultaba en la finura de sus facciones rasgos claramente arios.
Himmler y su organización también buscaron otros objetos en España, principalmente el Arca de la Alianza, lo que les llevó hasta la comunidad judía de Toledo. Allí los nazis debieron encontrar alguna pista del Arca, porque poco después el almirante Wilhelm Canaris, máximo responsable del Abwehr, decidió dirigirse al madrileño Museo Arqueológico Nacional, donde creía que podría encontrar el Arca entre una colección de piezas del Antiguo Egipto supuestamente recopiladas por los masones. Evidentemente los nazis no lograron hacerse con este potente "arma", porque fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial.
Para saber más:
ABC
El País
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