lunes, 24 de diciembre de 2012

¿Dónde blindar un bombardero?

Durante la Segunda Guerra Mundial la aviación aliada estaba recibiendo un severo correctivo de las baterías antiaéreas alemanas: uno de cada diez aviones caía bajo el fuego enemigo. 

El mando de bombardeo examinaba los aviones restantes que volvían a Inglaterra, contaba los impactos de bala y añadía blindaje en aquellas zonas más dañadas.

Finalmente un alto oficial del mando de bombardeo decidió consultar al estadístico, de origen húngaro, Abraham Wald:
¿En qué parte del fuselaje debían reforzar el blindaje a los bombarderos? 
Su respuesta fue:
En las zonas en las que los aviones no hayan recibido impactos de proyectil.
En un principio, la recomendación de Wald puede parecer extraña pero sus motivos tenían una base sólida.

Los británicos sólo eran capaces de analizar los impactos de bala en los aviones que volvían a Inglaterra. Aquellos que eran derribados en territorio enemigo no podían ser analizados, de modo que la información procedente de sus agujeros se perdía para siempre.

Se analizaron los desperfectos recibidos por los aviones que sí regresaban dañados a sus bases. En realidad, esos daños mostraban las zonas en las que el avión podía permitirse recibir impactos. En otras palabras, las zonas que carecían de impactos en los supervivientes mostraban dónde debían haber recibido los disparos los aviones perdidos derribados por las baterías alemanas.

Wald asumió que los proyectiles se disparaban al azar y no con intención de atacar una parte concreta del avión pues era realmente difícil apuntar con efectividad debido a la altitud y a disparar a un objeto en movimiento.

Las baterías antiaéreas alemanas (Flak) disparaban formando un cortina de fuego y, de vez en cuando, lograban derribar un avión inglés. 

Si Wald veía muchos agujeros de bala en mitad de las alas no concluía que los nazis estaban apuntando allí, sino que debía haber en suelo europeo un montón de bombarderos con agujeros en cualquier otro punto del fuselaje pero, por las razones señaladas, no estaban en su recuento de daños.

En consecuencia, y tomando en cuenta este interesante aspecto, los agujeros en las alas mostraban que esa zona del fuselaje del avión era suficientemente resistente a los impactos, por lo que por lógica era mucho mejor blindar el resto del aparato.  

Para saber más:
CookingIdeas

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