Este hecho se produjo a las 11 horas del 11 de noviembre de 1919 para rendir homenaje a las víctimas de la Primera Guerra Mundial en el primer aniversario del fin de la contienda.
La idea de guardar esos dos minutos de silencio surgió de Edward Honey, periodista y soldado australiano que sirvió en el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial.
Tras la guerra se afincó en Londres y el 8 de mayo de 1919 envió una carta al Evening News bajo el pseudónimo de Warren Foster. En la misiva sugería una conmemoración adecuada para el primer aniversario del tratado de armisticio que marcó el final de la Primera Guerra Mundial , firmado el 11 de noviembre 1918 en la “hora undécima del undécimo día del undécimo mes”.
A Honey le había molestado ver como la gente salió a la calle bailando y cantando para celebrar el fin de la guerra y estaba convencido que guardar un par de minutos de silencio estaba más acorde para honrar la memoria de los fallecidos a causa de la guerra.
Todo parece indicar que tras varias gestiones la idea de guardar dos minutos de silencio llegó hasta el rey George V y éste dio el visto bueno para que se llevase a cabo.
Durante mucho tiempo se tenía el convencimiento que fue el político sudafricano Sir Percy Fitzpatrick quien ideó el minuto de silencio ya que envió el 27 de octubre de 1919 una carta al secretario personal del rey George V proponiéndoselo. Con los años se demostró que cinco meses antes, Edward Honey había enviado su carta al Evening News.
Para saber más:
Planeta curioso
sábado, 23 de junio de 2012
martes, 19 de junio de 2012
¡Aquí el vuelo G-AGBB, nos atacan aviones enemigos!
La historia, repleta aún de incógnitas, comienza al invadir Alemania la vecina Holanda. Un puñado
de pilotos holandeses de la KLM traslada rápidamente sus aviones a
Inglaterra. Los ingleses, por su parte, han cerrado los aeropuertos de
Londres, igual que todas las líneas regulares con el continente excepto
una: desde el aeropuerto de Whitchurch, cerca de Bristol, se vuela cada
día a Lisboa. Para la mayoría de estos vuelos se usan las tripulaciones y
aparatos de la KLM, rebautizados como BOAC, Corporación Británica de Aerolíneas de Ultramar.
Aunque los aliados y los países del eje respetan la neutralidad de Portugal, el aeropuerto de Lisboa es un hervidero de espías de ambos bandos. Al parecer, uno espías alemán vio aquella mañana del 1 de junio de 1943 cómo Winston Churchill pasa por delante del mostrador de la compañía alemana Lufthansa y se dirige al avión, llamado "Ibis". El agente informa inmediatamente. Churchill, en un avión comercial y sin cazas de escolta, a plena luz de día. Una oportunidad como esa no se presenta dos veces.
La presencia de Churchill en la capital portuguesa no sorprende. Acaba de estar unos días en el norte de África, donde se ha visto con Eisenhower y un año antes, ya había viajado una vez en un avión comercial a Bermuda, para no llamar la atención.
El avión despega del aeropuerto de Lisboa a las 7.35 y a las 10.54 horas, comienza su última comunicación. "Aquí G-AGBB", "Nos están siguiendo aviones desconocidos... ¡Nos están atacando aviones desconocidos!".
El comandante del aparato, Quirinus Tepas, intenta esquivar los disparos, como antes había hecho su compañero Koene Dirk Parmentier, que logró huir. Pero no hay suerte y el aparato cae como una bola de fuego al mar.
No hay supervivientes y una misión de rescate inicia la búsqueda el día después y no halla ni cadáveres ni supervivientes, aunque abate seis cazas alemanes cuando estos atacan al buque de guerra.
"En Londres creen que los cazas nazis atacaron el avión pensando que a bordo podría estar el primer ministro Winston Churchill"
Pero en el avión no viaja el primer ministro británico. A quien ve el espía en Lisboa es, probablemente, a Alfred T. Chenhalls, un hombre bajo, regordete (pesaba 101 kilos) que fuma puros, igual que Churchill. Chenhalls es el contable personal del actor Leslie Howard y al que algunos amigos le llama el segundo Churchill.
En el avión va Leslie Howard. Cuando coge el avión había vuelto de entrevistarse con Franco, para evitar que España entrara en la guerra al lado de Alemania. Nada más estallar la guerra, Howard había regresado de Hollywood a Inglaterra y se había convertido en un importante factor de propaganda aliada. Howard muere a los 50 años.
Aunque los aliados y los países del eje respetan la neutralidad de Portugal, el aeropuerto de Lisboa es un hervidero de espías de ambos bandos. Al parecer, uno espías alemán vio aquella mañana del 1 de junio de 1943 cómo Winston Churchill pasa por delante del mostrador de la compañía alemana Lufthansa y se dirige al avión, llamado "Ibis". El agente informa inmediatamente. Churchill, en un avión comercial y sin cazas de escolta, a plena luz de día. Una oportunidad como esa no se presenta dos veces.La presencia de Churchill en la capital portuguesa no sorprende. Acaba de estar unos días en el norte de África, donde se ha visto con Eisenhower y un año antes, ya había viajado una vez en un avión comercial a Bermuda, para no llamar la atención.
El avión despega del aeropuerto de Lisboa a las 7.35 y a las 10.54 horas, comienza su última comunicación. "Aquí G-AGBB", "Nos están siguiendo aviones desconocidos... ¡Nos están atacando aviones desconocidos!".
El comandante del aparato, Quirinus Tepas, intenta esquivar los disparos, como antes había hecho su compañero Koene Dirk Parmentier, que logró huir. Pero no hay suerte y el aparato cae como una bola de fuego al mar.
No hay supervivientes y una misión de rescate inicia la búsqueda el día después y no halla ni cadáveres ni supervivientes, aunque abate seis cazas alemanes cuando estos atacan al buque de guerra.
"En Londres creen que los cazas nazis atacaron el avión pensando que a bordo podría estar el primer ministro Winston Churchill"
The New York Times, 4 de junio de 1943.
Pero en el avión no viaja el primer ministro británico. A quien ve el espía en Lisboa es, probablemente, a Alfred T. Chenhalls, un hombre bajo, regordete (pesaba 101 kilos) que fuma puros, igual que Churchill. Chenhalls es el contable personal del actor Leslie Howard y al que algunos amigos le llama el segundo Churchill.En el avión va Leslie Howard. Cuando coge el avión había vuelto de entrevistarse con Franco, para evitar que España entrara en la guerra al lado de Alemania. Nada más estallar la guerra, Howard había regresado de Hollywood a Inglaterra y se había convertido en un importante factor de propaganda aliada. Howard muere a los 50 años.
Realmente, el ataque fue fruto del azar ya que los aviones alemanes se encontraron con el G-AGBB por casualidad tras desviarse de su ruta de escolta a dos U-Boote debido al mal tiempo.
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lunes, 18 de junio de 2012
El Día D pudo haber sido en Galicia
“Siento confirmarle, doctor, que, en efecto, va a tener que marcharse. La Gestapo nos acecha constantemente, ya han muerto cuatro de nuestros agentes en España y no puedo permitir que usted sea la quinta víctima. Me notifican que están enterados de sus actividades en la vía de escape española, y ni siquiera en su finca gallega estamos seguros de poder mantener el anonimato. Nuestra máxima prioridad es que España no entre en guerra. Cualquier cuestión que lo entorpezca tendrá que evitarse”.
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| Eduardo Martínez Alonso |
La guerra civil no se acabó en Galicia en 1939. Continuo en el régimen de Franco y la Segunda Guerra Mundial. Galicia se había convertido en un objetivo de gran importancia estratégica por su ubicación privilegiada para la vigilancia del tráfico marítimo, el aprovisionamiento de buques y el apoyo en combates navales y por su cercanía a la frontera portuguesa y, sobre todo, por la producción del wolframio. Tanto los aliados como el Eje tenían planes de invasión que podrían haber convertido la costa de Lugo y el norte de A Coruña en una nueva Normandía.
Fue, de hecho, el MI5 el que califico Galicia como una zona de guerra. Precisamente por la movilización masiva de tropas hacia el norte, con miles de soldados instalados en campamentos provisionales cerca de la costa y la reorganización de la resistencia clandestina, tras la salida de la cárcel de antiguos militantes capturados en 1936. Gran Bretaña no era ajena a estos movimientos en el noroeste de España y los aliados incluso habían previsto una fecha para la posible invasión: el 8 de octubre de 1943.Samuel Hoare, solicitó una reunión de urgencia con Franco en el Pazo de Meirás, donde el dictador pasaba las vacaciones. En ella, Hoare le dijo a Franco que, o dejaba de ayudar a los alemanes en asuntos como el tráfico del wolframio, los espías, o el uso de los puertos por los navíos italianos y alemanes, podía enfrentarse a una invasión aliada. Finalmente, Franco aflojó en su ayuda al EJE, como los aliados pretendían.
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