jueves, 2 de octubre de 2014

Lisboa, la Casablanca europea

Durante la Segunda Guerra Mundial Lisboa fue la única ciudad europea en la que operaron abiertamente tanto los Aliados como el Eje. Era una ciudad rodeada por el horror de la guerra, donde convivieron judíos y refugiados que huían de los nazis y buscaban otra vida, y miembros de la realeza como Carol II de Rumania, que viajaba con su amante, sirvientes y todas sus posesiones o los duques de Windsor.

El dictador António de Oliveira Salazar mantuvo Portugal en una neutralidad muy lucrativa. Para ello no dudó en jugar a dos bandas y mostrar a alemanes y aliados sólo las cartas que le convenían. Algo muy similar a la actitud de Franco en España que tenía claras simpatías por la Alemania nazi. El wolframio era moneda de cambio ya que era vital para los alemanes que lo necesitaban para el blindaje de sus tanques.



La neutralidad de la dictadura de Salazar y el uso del país como escala obligada para poder partir hacia América, atrajo a espías y vividores que se intentaban aprovechar de los refugiados que pasaban semanas esperando un visado que les permitiera salir de Europa. Los muelles estaban abarrotados de gente dispuesta a cualquier cosa por un pasaje, en hidroavión para los ricos y en barco para los más pobres.
Los cafés cercanos a la plaza del Rossio eran una torre de babel en la que se escuchaba hablar polaco, francés, alemán o ruso.
Muchos portugueses actuaban de informadores a cambio de dinero, alimentos o ropa, pero por lo general ni los británicos ni los alemanes se fiaban de ellos. Un caso singular fue el de un funcionario portugués que vigiló a los duques de Windsor y que exigió a los alemanes zapatos para toda su familia porque decía que todos le habían ayudado en sus pesquisas.

 
Por Lisboa pasaron en su viaje a América Chagall, Jean Renoir, Man Ray o Thomas Mann, mientras que otros decidieron establecerse en la ciudad, como el millonario Calouste Gulbenkian, que se estableció en el hotel Aviz y que compró parte de la colección de pintura de Henri Rothschild.

Entre los espías más importantes que se movieron por la ciudad estaba Juan Pujol, alias Garbo, que fingía estar en Londres, desde donde enviaba información al Abwehr, a través de Madrid y que fue fundamental en las operaciones de engaño que hicieron creer a los alemanes que el desembarco en Francia se realizaría en el Paso de Calais y no en Normandía, como ocurrió el 6 de junio de 1944, el Día D. Otro espía famoso que estuvo en Portugal fue Ian Fleming, el creador de James Bond, que combinaba sus labores de espía con el juego en el casino de Estoril.

Fuente:
El País
La Información
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Lisboa 1939-1945 de Neill Lochery

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