martes, 8 de septiembre de 2015

Señor Presidente: "Los bebés han nacido bien"

A comienzos del año 1943, el ejército estadounidense decide que la base de Álamo Gordo, en Nuevo México, sea el lugar donde se desarrolle su programa nuclear. El proyecto Manhattan. La construcción de la instalaciones emplea a 3000 personas. Las medidas de seguridad son extremas. Apenas pueden llamar por teléfono, ni escribir (las llamadas son registradas y el escaso correo es censurado para evitar filtraciones). Se debe mantener su paradero totalmente en secreto y cada vez que tienen que salir del complejo son vigilados por el servicio secreto del ejército. Al mando del proyecto y el personal civil está el físico Robert Oppenheimer y al mando de los militares y la seguridad está el general Leslie Groves.


En la Primavera de 1945, ya está todo a punto para hacer estallar la primeras de las bombas nucleares que se están creando. Durante meses se está estudiando la climatología para que la explosión se haga con seguridad y para que la radiactividad no se pueda extender fuera de una zona controlada y llegue a ningún núcleo urbano. Mientras, el ejército organiza los planes para evacuar a la población civil de las poblaciones más cercanas.
En la base de Roswell también se están realizando vuelos de prueba con un B-29, el mismo aparato que los que lanzaran las bombas de Hiroshima y Nagasaki. El avión se dirige a un punto de lanzamiento sobre el que lanzan un paquete de tamaño similar a las bombas y luego se aleja del lugar a toda velocidad para conocer si una vez lanzada la bomba el aparato puede escapar de la explosión.


El día 16 de julio, a las 5:30 de la mañana, Oppenheimer ordena detonar la bomba. La bomba, de 21 kilotones como la que se lanzará en Nagasaki (la de Hiroshima será de 15), se encuentra en una torre a 30 metros de altura. Cuando la bomba hace explosión todo se llena de una luz cegadora más intensa que el sol seguida de un tremendo impacto de aire caliente a gran velocidad. La explosión produce un cráter de un diámetro de casi 400 metros y el calor fue tan intenso que funde la arena del desierto. La explosión se hizo sentir en muchos kilómetros y para evitar el pánico el ejército da la noticia de que ha sido un accidente que se ha producido en un depósito de munición.


El día 17 llega un mensaje a la Casa Blanca para el presidente Harry S. Truman que dice escuetamente: "Los bebés han nacido bien". Truman sabe muy bien que significa. Los norteamericanos han conseguido la bomba más mortífera de la historia.

Fuente:
Voices of the Manhattan Proyect
Wikipedia
Hipertextual
ABC
Platea

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