domingo, 10 de febrero de 2019

El violinista de Stalingrado

En Stalingrado, durante la Nochevieja de 1942, los mandos del Ejercito Rojo que defendían la ciudad a orillas del Volga organizaron varios actos en homenaje de los artistas que llegaban a la ciudad con la intención de entretener a las tropas y hacer que por unos minutos olvidaran la dura batalla y el implacable invierno ruso.

Uno de esos artistas era el genial violinista Mijaíl Goldstein. Goldstein, tomó su violín y se encaminó hacia las trincheras de primera línea para dar un concierto, como solista, para los soldados.

Goldstein nunca había contemplado un campo de batalla de las dimensiones de  Stalingrado: una ciudad desolada destruida por las bombas. Una ciudad en la que había innumerables pilas de esqueletos de centenares de caballos descarnados por el hambre de un enemigo rodeado.

El horrible panorama que ofrecía el campo de batalla conmovió a de tal modo a Goldstein que tocó como jamás lo había hecho, para unos hombres que, como el pueblo ruso, amaban su música. Y, aunque todas las obras alemanas habían sido prohibidas por el Gobierno soviético, Goldstein dudaba de que ningún comisario político o miembro del NKVD protestase por ello durante aquella noche.

Las melodías que interpretaba fueron dirigidas hacia las trincheras alemanas a través potentes altavoces. A penas unos instantes después de comenzar, súbitamente, cesó el combate. En el sobrecogedor silencio del alto el fuego, el único sonido surgía del violín de Goldstein.

Al finalizar la primera pieza, un gran silencio cayó como una losa sobre los soldados.

Desde las trincheras alemanes, a través de otro altavoz, una voz rompió el silencio:
Por favor: Toquen algo más de Bach. No dispararemos. 
Goldstein tomó su violín de nuevo y empezó a deslizar el arco tocando una viva Gavotte de Bach, y durante más de una hora, los soldados de ambos bandos quedaron extasiados por la música, olvidando por unos instantes que estaban luchando y muriendo en la que sería la batalla más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial.

La interpretación de Goldstein con su violín no fue más que un breve momento sublime de suspensión en los combates: inmediatamente después los disparos continuaron. En Stalingrado dejaron su vida más de 2 millones de personas.

Para saber más:
La Batalla por Stalingrado, de William Craig
National Geographic
ABC

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3 comentarios:

  1. Querido amigo, Juanjo, me has hecho recordar, volveré a releerme el libro, que me apasionó(lo tengo en ebook). Fue duro y veces tuve que parar, porque literalmente se me empañaban los ojos. Es un clásico el libro de Craig, si alguien no lo ha leido le invito a ello encarecidamente. No defrauda.Escrito como una crónica de aquella batalla que marcó el principio del fin del Tercer Reich. Aquella cruenta, cruentísima batalla con tantas victimas como bien comentas,no se por qué me recuerda a un tablero de ajedrez gigante, todos , de uno y otro lado fueron victimas. Un horror que hay que conocer,para que no se repita.
    Me gusta el enfoque que resalta que la Música, sublime , arrancada a un violín por un virtuoso paró las hostilidades, al menos tuvieron un pequeño bocado de paz.
    La m´suica ha inspirado locuras bélicas yactos sublimes en la Humanidad.
    Gracias encarecidas Juanjo.
    Voy a compartirlo en mi blog, con tu permiso.
    Salud.

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    Respuestas
    1. Gracias Sonsoles por tu comentario.
      La música es una de las mejores medicinas para el alma y no distingue entre amigos y enemigos.
      Un beso y un abrazo.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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