domingo, 25 de enero de 2026

Nada de ropa interior blanca

La entrada en la guerra pilló a los Aliados con unos ejércitos que funcionaban casi como en la Primera Guerra Mundial. Se mantenían tácticas de posiciones estáticas del estilo a la Línea Maginot y armamento, en muchos aspectos, desfasado. En el caso de la uniformidad hubo algunos cambios.

Nada de ropa interior blanca
En la Gran Guerra los franceses llegaron a usar uniformes con pantalones rojos y casacas de color azul, pero finalmente adoptaron colores más neutros y estos prácticamente se mantuvieron hasta la siguiente guerra. En un conflicto, más moderno, como el que se estaba desarrollando, el camuflaje en los uniformes tenía cierta importancia. Apenas se trabajó en ello salvo en unidades especiales de combate como paracaidistas o comandos o en el caso de los Marines yanquis que combatían en el Pacífico. 

La uniformidad mantenía el gris en el caso de los alemanes, el verde oliva para el Ejército estadounidense o el caqui de los británicos. Esas coloraciones eran tan solo para el uniforme, la ropa interior era de color blanco. De este modo, si los soldados de infantería ingleses tendían sus calzoncillos o camisetas en zona de combate, esto hacía perfectamente visible su posición para el enemigo. 

Nada de ropa interior blanca
Debido a que eso suponía un riesgo para las tropas, y supuso algún que otro contratiempo, se decidió que la ropa interior también tomara tonos verdosos que la hiciera menos visibles. Ese intento de camuflaje fue aún más allá y hasta se tomó la decisión de fabricar papel higiénico del mismo tono verdoso. 

La medida de asumir colores menos visibles para la lencería masculina se fue adaptando con carácter general en todos los Ejércitos en conflicto, pero los Marines estadounidenses continuaron con el color blanco, aunque con el paso del tiempo optaron por utilizar el verde.

Para saber más:
Episodios ocultos de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz 

domingo, 11 de enero de 2026

El milagro alemán de la posguerra

Hitler llevó a Alemania a una guerra devastadora que dejo al país arrasado. Los bombardeos de los estadounidenses durante el día y británicos durante la noche asolaron ciudades y fábricas. Había hambre y el dinero carecía prácticamente de valor. El imperio que el Führer prometió había desaparecido por completo. Alemania estaba peor que tras la Primera Guerra Mundial.

El milagro alemán de la posguerra
El III Reich quedó desmembrado y repartido entre las potencias vencedoras pero la resiliencia de los germanos hizo que su país se recuperara en lo que se conoció como "el milagro alemán".  Al frente se encontraba Konrad Adenauer. Para 1948 dos economías dibujaban Alemania. Por un lado la capitalista de EE.UU., Reino Unido y Francia y por el otro la comunista de la Unión Soviética. La parte occidental debía afianzarse frente al bloque oriental. Asi nació el Plan Marshall que intentaría afianzar la economía y la democracia en Europa.

El Plan Marshall supuso un aporte de 1.400 millones de dólares, que equivaldría a unos 5.000 millones de euros, pero aún no era suficiente ya que era menos del 5% de los ingresos alemanes. El milagro lo lograron las medidas impuestas por los mismos alemanes.

El primer paso lo dio el economista Ludwig Erhard el domingo 20 de junio de 1948 al aplicar en las zonas controladas por los aliados una nueva moneda que sustituiría al Reichmark. La nueva divisa fue el Deutsche Mark que aunque era mucho más caro que la moneda heredada del III Reich tambien era mucho más robusta. Varios días después, se dio el segundo paso cuando se eliminó el control de precios durante el régimen de Hitler, lo que llevó a que los precios alcanzaran su auténtico valor. Esa misma semana en los estantes de las tiendas aparecieron la mayoría de los productos que habían escaseado hasta entonces. Así se terminó con el racionamiento y las largas colas para conseguir alimentos o ropa. Prácticamente se acabó con el mercado negro. El tercero fue reestructurar el sistema fiscal revisando el impuesto sobre la renta empresarial para hacerlo mas equitativo y rebajar el de las personas físicas. Los alemanes vieron reducidos sus impuestos de la renta en cerca de un 70%.

Esta nueva moneda más fuerte frenó, casi totalmente, la inflación y los sueldos volvieron a tener un valor real, al igual que los prestamos y sus intereses. La oferta y la demanda comenzó a corregirse y permitió una competencia más sana, dando nuevas alas a la productividad y el comercio. La industria creció muy rápidamente no solo por las nuevas reformas, también por el acuerdo entre patronal y  el tejido laboral que se encontraban en un paro inferior al 1%. El incremento del poder adquisitivo de los trabajadores impulsó el consumo interno, pero el crecimiento más sorprendente se produjo en el mercado exterior. Una parte menos conocida del "milagro alemán" es la agricultura. El crecimiento de la industria modernizó el campo. Aumentó el parque de maquinaria agrícola y se duplicó el rendimiento de las cosechas gracias a los nuevos fertilizantes producidos por la innovadora y floreciente industria química. 

Aunque la tensión creciente de la guerra fría terminó por dividir el país en dos estados, también benefició el comercio exterior de la República Federal de Alemania. La guerra de Corea que estalló apenas cinco años del fin del conflicto mundial fue un revulsivo importante para la economía germano occidental llegando a duplicar por ello sus exportaciones. Por otro lado, la política de acercamiento de Adenauer, que promovió el germen de lo que sería la futura Unión Europea y su incorporación a la OTAN, consiguió ampliar mercados y multiplicar por tres los ingresos exteriores de Alemania.

El resultado fina de todas estas innovaciones y reformas supuso que el PIB se multiplicara por tres en poco más de quince años y que el Deutsche Mark aumentara una media del 8% anual. En unos decenios Alemania occidental se había convertido en la primera potencia industrial de Europa y la segunda economía mundial. 

Para saber más:
Tiempo de lobos, de Harald Jähner 
Otoño Alemán, de Stig Dagerman 
Política Exterior

domingo, 28 de diciembre de 2025

El misterioso suicidio de Göring

Acabado el proceso a los criminales nazis en Núremberg, los grandes jerarcas nazis han sido condenados a diversas penas, pero uno de ellos estaba especialmente tranquilo: Hermann Göring, como varios de sus camaradas, fue sentenciado a morir en la horca, aun así, caminó con serenidad hacia su celda. 

El misterio del suicidio de Göring
Presentó una apelación en la que pidió morir ante un pelotón de fusilamiento, como le corresponde a un soldado, en lugar de ser ahorcado como un criminal común, pero el tribunal negó la solicitud. Desde que se entregó a los aliados estuvo calmado y no perdió el buen humor. De vez en cuando, el guardia echaba un vistazo por la mirilla de la celda. Siempre lo veía tumbado en el camastro, leyendo. Daba la sensación de que la condena a muerte que ha oído en el tribunal no era para él, sin embargo, no todo fue calma en las horas siguientes. El médico encargado del cuidado de los prisioneros le ofreció un calmante para dormir, que Göring rechazó. Por la mañana apareció muerto. Se había envenenado con una cápsula de cianuro potásico que había ingerido.  

El misterio del suicidio de Göring
El misterio comenzó nada más intentar descubrir el modo en que había conseguido el mariscal nazi la cápsula de veneno. Su ropa, la celda, incluso cada rincón de su cuerpo, fueron registrados con gran minuciosidad al ingresar en prisión. Todo, absolutamente todo, fue examinado a conciencia y no encontraron nada sospechoso. Además se practicaba un registro a diario. Por eso surgieron dos preguntas fundamentales: ¿Cómo es posible que se hiciera con una cápsula de veneno?, ¿De dónde la sacó? Es un enigma que los servicios de inteligencia estadounidenses no fueron capaces de averiguar. Quien podía responder a esas preguntas ya estaba muerto. Había engañado al verdugo

Aparentemente parece inexplicable. Tras el suicidio de Heinrich Himmler con una cápsula que llevaba oculta en la dentadura, también se revisó la boca a Göring, milímetro a milímetro. Durante años no se supo nada sobre la "mágica aparición" de la  cápsula de cianuro, pero existieron sospechas de que no fue suficientemente bien registrado o que se la pasó alguno de sus carceleros. Al final, para no crear más problemas, la investigación fue archivada. Al fin y al cabo Göring iba a acabar muriendo de todos modos y no era cuestión de que se pusiera en entredicho la seguridad de la prisión. 

El misterio del suicidio de Göring
Fue, tras varios años, cuando pareció que se hizo la luz sobre el caso. Surgió la confesión del ex general de las SS, Erich von Bach-Zalewsky. Según contó, en la misma tarde en que se había dictado la sentencia de muerte se cruzó con Göring en el pasillo de la prisión. En ese momento le entregó una pastilla de jabón que escondía en su interior una cápsula de cianuro potásico. Era para el SS, pero como no fue condenado a muerte, optó por entregársela al antiguo mariscal del aire. 

Ese testimonio parece que dejó zanjado el asunto, pero aún hoy, se siguen manteniendo dos teorías sobre cómo Göring llego a hacerse con el veneno: en la primera se afirma que el teniente estadounidense Jack G. Wheelis, que servía como vigilante en los juicios de Núremberg, recuperó las cápsulas de su escondite entre las pertenencias confiscadas por el Ejército y se las entregó al prisionero a cambio de un reloj de oro y otros objetos de valor. La segunda teoría apareció en 2005, cuando Herbert Lee Stivers, que también fue guardia durante los juicios, dijo haberle dado a Göring una medicina oculta en el interior de una estilográfica que le había dado una mujer desconocida, pero que no tenía ni idea de qué había dentro. 

El misterio del suicidio de Göring
Cualquiera de las tres tres opciones es plausible y toda la investigación montada por los servicios de seguridad estadounidense no fue más que una cortina de humo, destinada a ocultar un fallo en la seguridad y en la profesionalidad o la ética de los guardias. 

En cualquiera de los casos la vigilancia no fue tan minuciosa como mantuvieron los estadounidenses. Además es imposible comprobar si es auténtica la historia de Erich von Bach-Zalewsky. El caso de los dos guardias no es mas que corrupción y difícilmente demostrable. La cuestión es que Göring se salió con la suya y consiguió lo que se proponía: no ser ajusticiado como un preso común. Asi se libró de una muerte en la horca, llevada a cabo por un verdugo torpe y chapucero, como el resto de los otros mandamases nazis.

Para saber más:
National Geographic
Wikipedia
Enciclopedia del Holocausto
El País
Warfare History Network
History Extra