domingo, 8 de febrero de 2026

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels

A primeros del año 2026, la entonces líder de la oposición venezolana al capturado Nicolás Maduro, Corina Machado y premiada con el Nobel de la Paz entregó al presidente de los EE. UU. Donald Trump su galardón. Es sabida la necesidad de reconocimiento que tiene Trump y que el mismo ha dicho que se merece el Nobel. A parte de esas consideraciones, no es la primera vez que ha sucedido algo parecido.

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels
El Premio Nobel de la Paz se ha otorgado 105 veces y en lo que a la medalla se refiere, ha cambiado de manos en pocas ocasiones. Un caso reciente fue el de Dmitry Muratov que la vendió por 103.5 millones de dólares en 2022 para ayudar a los niños refugiados ucranianos.

El caso que nos ocupa sucedió en 1943. Es el del escritor noruego Knut Hamsun, seudónimo de Knut Pedersen, que regaló su Nobel de Literatura, obtenido en 1920, al Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels.

Es bastante conocido el futuro frustrado como pintor de Adolf Hitler pero mucho menos es que lo mismo le sucedió a Goebbels con la literatura. Sabiendo esto, Hamsun quiso ganarse el favor del jerarca nazi para reunirse con su admirado Hitler. Y funcionó: poco tiempo después se reunió con el Führer en su refugio del Berghof.

Hamsun era un nazi convencido que abogaba por una confederación de pueblos germánicos, que incluía a los noruegos, y que profesaba los ideales racistas del estado nazi que incluso lo llegó a expresar en uno de sus libros y publicaciones en diversos periódicos noruegos.

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels
No ha trascendido todo el contenido de la reunión con Hitler pero si es sabido que no hubo sintonía entre ambos. Al parecer, Hamsun tuvo una actitud pedante, aburriendo al líder por su pesadez y monotonía. No dejaba hablar al líder nazi. Constantemente le interrumpía porque padecía de sordera. Si se sabe que solicitó a Hitler que destituyera a Josef Terboven el brutal dirigente nazi de la ocupación de Noruega. Petición que Hitler no llevó a cabo ya que estuvo en su puesto hasta la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945 cuando se suicidó en su búnker haciendo explotar su cuerpo con 50 kilos de dinamita. 

Otra petición a Hitler, que por supuesto se negó a aceptar, fue que se amnistiara a varios presos políticos noruegos y miembros de la resistencia. Aunque su reunión no sirvió, no dejó de admirar a Hitler. Cuando este se suicidó, Hamsun escribió: "Fue un guerrero, un guerrero por la humanidad y un profeta del evangelio de la justicia para todas las naciones".

A pesar del acto de regalar su medalla del Nobel para intentar mejorar, de algún modo, la vida de los noruegos sus conciudadanos no le perdonaron su colaboración con los nazis e incluso fue acusado de alta traición. Aun condenado a prisión fue absuelto debido a que padecía demencia, aunque tuvo que pagar una multa de 325 000 coronas y estuvo de asilo en asilo. Ser sometido a juicio le llevó a usar su último libro para despotricar de jueces y psiquiatras. No se sabe nada del paradero de la medalla.

Aunque siempre negó pertenecer al partido filonazi de Vidkun Quisling, si estuvo afiliada su esposa Marie, también escritora, y sus hijos Tore y Arild. De hecho, este último fue miembro de las SS.

Para saber más:
Historias Desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz
Wikipedia
Biografías y Vidas
La Vanguardia
Infobae
La Razón

domingo, 25 de enero de 2026

Nada de ropa interior blanca

La entrada en la guerra pilló a los Aliados con unos ejércitos que funcionaban casi como en la Primera Guerra Mundial. Se mantenían tácticas de posiciones estáticas del estilo a la Línea Maginot y armamento, en muchos aspectos, desfasado. En el caso de la uniformidad hubo algunos cambios.

Nada de ropa interior blanca
En la Gran Guerra los franceses llegaron a usar uniformes con pantalones rojos y casacas de color azul, pero finalmente adoptaron colores más neutros y estos prácticamente se mantuvieron hasta la siguiente guerra. En un conflicto, más moderno, como el que se estaba desarrollando, el camuflaje en los uniformes tenía cierta importancia. Apenas se trabajó en ello salvo en unidades especiales de combate como paracaidistas o comandos o en el caso de los Marines yanquis que combatían en el Pacífico. 

La uniformidad mantenía el gris en el caso de los alemanes, el verde oliva para el Ejército estadounidense o el caqui de los británicos. Esas coloraciones eran tan solo para el uniforme, la ropa interior era de color blanco. De este modo, si los soldados de infantería ingleses tendían sus calzoncillos o camisetas en zona de combate, esto hacía perfectamente visible su posición para el enemigo. 

Nada de ropa interior blanca
Debido a que eso suponía un riesgo para las tropas, y supuso algún que otro contratiempo, se decidió que la ropa interior también tomara tonos verdosos que la hiciera menos visibles. Ese intento de camuflaje fue aún más allá y hasta se tomó la decisión de fabricar papel higiénico del mismo tono verdoso. 

La medida de asumir colores menos visibles para la lencería masculina se fue adaptando con carácter general en todos los Ejércitos en conflicto, pero los Marines estadounidenses continuaron con el color blanco, aunque con el paso del tiempo optaron por utilizar el verde.

Para saber más:
Episodios ocultos de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz 

domingo, 11 de enero de 2026

El milagro alemán de la posguerra

Hitler llevó a Alemania a una guerra devastadora que dejo al país arrasado. Los bombardeos de los estadounidenses durante el día y británicos durante la noche asolaron ciudades y fábricas. Había hambre y el dinero carecía prácticamente de valor. El imperio que el Führer prometió había desaparecido por completo. Alemania estaba peor que tras la Primera Guerra Mundial.

El milagro alemán de la posguerra
El III Reich quedó desmembrado y repartido entre las potencias vencedoras pero la resiliencia de los germanos hizo que su país se recuperara en lo que se conoció como "el milagro alemán".  Al frente se encontraba Konrad Adenauer. Para 1948 dos economías dibujaban Alemania. Por un lado la capitalista de EE.UU., Reino Unido y Francia y por el otro la comunista de la Unión Soviética. La parte occidental debía afianzarse frente al bloque oriental. Asi nació el Plan Marshall que intentaría afianzar la economía y la democracia en Europa.

El Plan Marshall supuso un aporte de 1.400 millones de dólares, que equivaldría a unos 5.000 millones de euros, pero aún no era suficiente ya que era menos del 5% de los ingresos alemanes. El milagro lo lograron las medidas impuestas por los mismos alemanes.

El primer paso lo dio el economista Ludwig Erhard el domingo 20 de junio de 1948 al aplicar en las zonas controladas por los aliados una nueva moneda que sustituiría al Reichmark. La nueva divisa fue el Deutsche Mark que aunque era mucho más caro que la moneda heredada del III Reich tambien era mucho más robusta. Varios días después, se dio el segundo paso cuando se eliminó el control de precios durante el régimen de Hitler, lo que llevó a que los precios alcanzaran su auténtico valor. Esa misma semana en los estantes de las tiendas aparecieron la mayoría de los productos que habían escaseado hasta entonces. Así se terminó con el racionamiento y las largas colas para conseguir alimentos o ropa. Prácticamente se acabó con el mercado negro. El tercero fue reestructurar el sistema fiscal revisando el impuesto sobre la renta empresarial para hacerlo mas equitativo y rebajar el de las personas físicas. Los alemanes vieron reducidos sus impuestos de la renta en cerca de un 70%.

Esta nueva moneda más fuerte frenó, casi totalmente, la inflación y los sueldos volvieron a tener un valor real, al igual que los prestamos y sus intereses. La oferta y la demanda comenzó a corregirse y permitió una competencia más sana, dando nuevas alas a la productividad y el comercio. La industria creció muy rápidamente no solo por las nuevas reformas, también por el acuerdo entre patronal y  el tejido laboral que se encontraban en un paro inferior al 1%. El incremento del poder adquisitivo de los trabajadores impulsó el consumo interno, pero el crecimiento más sorprendente se produjo en el mercado exterior. Una parte menos conocida del "milagro alemán" es la agricultura. El crecimiento de la industria modernizó el campo. Aumentó el parque de maquinaria agrícola y se duplicó el rendimiento de las cosechas gracias a los nuevos fertilizantes producidos por la innovadora y floreciente industria química. 

Aunque la tensión creciente de la guerra fría terminó por dividir el país en dos estados, también benefició el comercio exterior de la República Federal de Alemania. La guerra de Corea que estalló apenas cinco años del fin del conflicto mundial fue un revulsivo importante para la economía germano occidental llegando a duplicar por ello sus exportaciones. Por otro lado, la política de acercamiento de Adenauer, que promovió el germen de lo que sería la futura Unión Europea y su incorporación a la OTAN, consiguió ampliar mercados y multiplicar por tres los ingresos exteriores de Alemania.

El resultado fina de todas estas innovaciones y reformas supuso que el PIB se multiplicara por tres en poco más de quince años y que el Deutsche Mark aumentara una media del 8% anual. En unos decenios Alemania occidental se había convertido en la primera potencia industrial de Europa y la segunda economía mundial. 

Para saber más:
Tiempo de lobos, de Harald Jähner 
Otoño Alemán, de Stig Dagerman 
Política Exterior