jueves, 20 de febrero de 2014

Soldados de reemplazo EEUU

La burocracia militar americana trató todo el sistema de "reemplazos" con una tremenda falta de imaginación. El mismo término "reemplazo", ya daba a entender que el soldado iba a heredar los zapatos de un muerto. Varios meses les llevó a cambiarlo por "refuerzo".
El problema fundamental era que los recién llegados eran hombres mal entrenados y no estaban preparados en absoluto para lo que les aguardaba. Eran demasiado jóvenes para matar y demasiado blandos para aguantar los rigores del combate.


Según un informe de la 4º División de infantería de junio de 1944:
Prácticamente todos los reemplazos han llegado directamente de los centros de instrucción de reemplazos. No han recibido ningún entrenamiento de unidad ni de campaña y nunca se han encontrado bajo fuego de artillería procedente de una posición superior. Muchos de los que han sido presentados como especialistas nunca han recibido instrucción alguna en la especialidad que se les atribuye oficialmente. Se ha encontrado a algunos hombres que habían sido entrenados para ordenanzas de correos, cocineros, asistentes de oficiales, conductores de camión, etc., durante períodos de entre seis meses y un año; luego asignados a una unidad de combate. En definitiva estos hombres están preparados de manera totalmente inadecuada para el combate.
Los reemplazos se integraban en sus unidades habitualmente por la noche, sin tener la menor idea de dónde estaban. Los veteranos les daban de lado, en parte porque su llegada se producía justo después de que hubieran perdido a algún compañero y por consiguiente no estaban dispuestos a abrir su corazón a unos recién llegados. Además todos sabían que iban a ser los primeros en morir y los condenados a muerte eran vistos como una especie de apestados. Se trataba de una profecía destinada a cumplirse, pues a los reemplazos solían asignárseles las tareas más peligrosas. Una unidad no estaba dispuesta a desperdiciar a sus hombres más experimentados.


Muchos reemplazos quedaban conmocionados en cuanto entraban en combate. Los sanitarios se veían obligados a actuar de consejeros de los reemplazos encogidos de terror en el fondo de sus trincheras. Muchos estaban convencidos de que estaban directamente bajo el fuego de la artillería debido a las intensas vibraciones del suelo debido a la caída de las bombas a lo lejos. Los sanitarios tenían que intentar convencerles de que sacaran la cabeza de su trinchera para que comprobasen que no corrían peligro inmediato.
      
Los reemplazos eran también los que más probabilidad tenían de intentar escapar del frente autolesionándose. Habitualmente, se pegaban un tiro en el pie izquierdo o en la mano izquierda. Los más listos utilizaban cualquier material para evitar las quemaduras de pólvora alrededor del orificio de entrada, pero el patrón de la herida era demasiado obvio.


Los que utilizaban este truco eran relegados en los hospitales a secciones especiales y cuando eran dados de alta, se enfrentaban a una condena de seis meses en una prisión militar.

Los reemplazos eran un problema de extrema urgencia. Se decidió reestructurar totalmente el sistema. En lugar de enviarlos a una unidad de primera línea durante la noche el primer día que llegaban, se les dejaba en la retaguardia para adiestrarles con fuego de ametralladora y con explosiones efectuadas a su alrededor con el fin de simular el estallido de proyectiles, hasta que el regimiento al que estuvieran asignados volviera a la reserva. Además, para integrar mejor a los reemplazos se les entregaba el parche de la división para que se lo pusieran en el uniforme antes de llegar a sus unidades.

Fuente:
Defense Media Network
History Army
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