miércoles, 22 de abril de 2015

Visas que valen miles de vidas

Chiune Sugihara entró en el cuerpo diplomático en 1919 y el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés lo destinó a China, donde dejó su puesto por el maltrato a los chinos de Manchuria por parte de los japoneses. Allí se convirtió al cristianismo ortodoxo.
Tras trabajar en el departamento de información del ministerio de asuntos extranjeros y en la legación japonesa en Helsinki, Finlandia, llegó a Kaunas (entonces capital) en 1939 como cónsul de Japón, cuando Lituania aún era un país independiente.


Cuando a mediados de 1940 Lituania fue ocupada por la Unión Soviética, los judíos polacos y lituanos intentaron conseguir por todos los medios visados para poder viajar. Tras la ocupación el Ministro japonés de Exteriores ordenó que todos los diplomáticos abandonaran el país.
Mientras se desmantelaba el Consulado, se reunió con una delegación judía. Viendo la desesperación de los judíos ante la proximidad de los ejércitos alemanes, que ocuparon definitivamente Lituania en 1941, Sigihara pidió formalmente hasta en tres ocasiones instrucciones a su Ministerio de Asuntos Exteriores y en cada una de las tres le contestaron que a todo al que le concediera un visado a Japón debía tener un visado de un tercer país y una cantidad importante de dinero.


A pesar de la recta obediencia japonesa, Sugihara decidió arriesgar su carrera y su vida, así como la de su familia. Se dedicó a conceder visados que permitían la entrada a Japón, gracias a que Curaçao y la Guayana Holandesa no pusieron problemas de entrada a los refugiados. Antes de que el Consulado fuera clausurado definitivamente Sugihara había expedido 3.500 visados. Incluso estuvo expendiendo visados en la estación de ferrocarril cuando debía tomar el tren para abandonar el país. La cifra real de los judíos que obtuvieron visado (algunos eran de familia) se desconoce pero se estima que logró salvar la vida a 6.000 judíos de la persecución nazi.


En 1985 Chiune Sugihara fue nombrado Justo entre las Naciones. Al año siguiente murió sin que en su país se conociera su historia. Lituania le ha puesto su nombre a dos calles en Kaunas y Vilna, en su honor. En su ciudad natal tiene tambien un monumento.

Fuente:
Visas por la vida de Yukiko Sugihara
Yad Vashem
Raoul wallenberg Fundation

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