jueves, 29 de septiembre de 2016

Heil Honey, I’m Home!

Heil Honey, I’m Home! producida en 1990 y escrita por Geoff Atkinson, fue emitida por British Broadcasting Satellite en su canal de comedia Galaxy. Tras su emisión, grupos de presión emitieron una protesta, y el canal Galaxy sacó la serie de su programación después de un único episodio, aunque estaban previstos ocho.

Heil Honey, I’m Home!, era una comedia de situación que mostraba en 1938 la vida en un apartamento berlinés de Adolf Hitler y Eva Braun, que tienen como vecinos a una pareja judía, Arny y Rosa Goldenstein. La serie no pretendía ser una parodia del III Reich, usa los típicos recursos de las comedias americanas de los años 50 tomando como eje la incapacidad de Hitler de congeniar con sus vecinos.

La trama del episodio, emitido tras un capitulo de la comedia "El ejército de papá", se centra alrededor de la visita del primer ministro británico Neville Chamberlain a casa de los Hitler. Hitler quiere impedir que los Goldenstein estropeen la visita y pide a Eva que evite a su vecina Rosa, pero le resulta imposible y se auto-invita a sí misma con la esperanza de juntar a Chamberlain con su sobrina Ruth. Arny y Eva terminan por formar una conga alrededor de la sala de estar mientras Hitler oculta en la nevera el acuerdo que Chamberlain llamó "la paz para nuestro tiempo".


"La paz para nuestro tiempo" es una frase que pronunció, el 30 de septiembre 1938, el primer ministro británico Neville Chamberlain en su discurso en relación con el Acuerdo de Munich firmado con Hitler, que le permitía anexionarse los Sudetes. Algo tremendamente irónico: menos de un año después del acuerdo, Hitler invade Polonia tras lo cual Francia y el Reino Unido declaran la guerra a Alemania.

Para saber más:
Wikipedia
The Vintage News
YouTube

domingo, 25 de septiembre de 2016

La radio de trinchera

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos soldados fabricaron "radios de trinchera" para escuchar noticias, música, a Rosa de Tokyo, a Axis Sally, o a Lord Haw Haw mientras tenían que esperar entre combates en sus trincheras o campamentos improvisados. También fueron muy importantes para los prisioneros de guerra que las usaban a escondidas de los vigilantes del campo de prisioneros.

radio de trincheraAunque la propaganda enemiga podía resultar ridícula para los soldados, esas estaciones de radio les atraía por su música popular emitida por poderosos transmisores de radio. Por otro lado la BBC o la radio de las fuerzas amadas les traían noticias de casa, la música o los resultados deportivos, que eran muy importantes para ellos ya que les mantenían más cerca de casa.

El ingenio de los soldados llevó a la fabricación de sencillas radios que no requerían de baterías, pues usaban la señal de la emisora ​​de radio recogida por la antena receptora.

La radio podía construirse a partir de chatarra, con la excepción de los auriculares; generalmente tomados de un tanque enemigo o los restos de un avión derribado, que también podría ser una fuente para el alambre necesario para la bobina de entronización y de la antena. Hay variaciones en el diseño y los materiales. Hay que recordar que estos fueron improvisados ​​en condiciones, a menudo adversas; no hubo un diseño "estándar".

radio de trinchera
Radio utilizada por el teniente norteamericano M. L. Rupert durante la campaña de Italia
La bobina (cilindro de cartón o bambú) estaba unida a una antena de hilo largo y a tierra. Para el sintonizador se utilizaba una mina de lápiz de grafito unido a la punta de un clip o un imperdible, presionando contra una hoja afeitar de acero "azul" que si estaba oxidada ayudaba. La punta de grafito debía tocar la hoja de afeitar formado un punto de contacto de diodo semiconductor que rectifica la señal de radio de la bobina. La señal de audio de la frecuencia de radio se escucha con los auriculares. Aunque su fabricación es sencilla, es difícil de ajustar, y requiere de varios intentos para encontrar una hoja de afeitar adecuada para el sintonizador.

Para sintonizar la radio el operador debía desplazar la punta del lápiz sobre la superficie de la hoja de afeitar hasta que se encontraba un punto sensible y se oía la emisión, pero para esto se requiere mucha paciencia.

radio de trinchera

Aquí se puede encontrar un manual sencillo de como fabricarla, en Español.

Para saber más:
Popular Science
Jim Lawless' Other Blog
N6CC
For Dummies
Slide Serve

domingo, 18 de septiembre de 2016

La Luna helada de Hitler

Hoy nos parece una tontería, pero Adolf Hitler estaba convencido de que la luna estaba hecha de hielo. La idea partió de un ingeniero austriaco llamado Hanns Hörbiger, que en 1913 desarrolló la Welteislehre, una teoría seudocientífica que había desarrollado partiendo de una visión que tuvo. Hörbiger afirmaba que el Sistema Solar nació a partir de la colisión de una estrella muerta y helada con nuestro Sol y que la Vía Láctea era una estela formada por rocas heladas. Las manchas que se observan en el Sol que cambian de forma y de lugar cada 11 años son producidas por la caída de bloques de hielo que se desprenden de Júpiter que órbita alrededor del Sol y que dura 11 años.

Luna helada de Hitler
Tan disparatada teoría también afirmaba que la Tierra había tenido cuatro lunas que habían ido cayendo a la Tierra quedando tan solo la última que está con nosotros desde hace 12000 años. De este modo explicaba la desaparición de la Atlántida, el Diluvio Universal y la desaparición de grandes civilizaciones de la antigüedad. El hielo se encuentra por todo el universo.

Estas teorías las publicó con el titulo "Cosmología Glaciar" (Glazial Kosmologie), que nadie tomó en serio en su momento, pero los nacionalsocialistas alemanes comenzaron a apoyarlo durante la década de 1920, y con el tiempo se convirtió en política oficial nazi, una alternativa a la falsa ciencia "judía". Hitler llegó a comentar en una cena que se sentía muy atraído por las teorías de Hörbiger, y que Luna y otros astros brillan porque estaban hechos de hielo. Los nazis llegaron a llamar a Hörbiger el Copérnico del Siglo XX.

Luna helada de Hitler

En un estudio realizado en 1953 más de un millón de personas en Alemania, Inglaterra o los Estados Unidos todavía creían en las teorías de Hanns Hörbiger.

Para saber más:
El plan maestro. Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi, de Heather Pringle
El retorno de los brujos, de L. Pauwels y J. Bergier