lunes, 23 de abril de 2012

Las miserias en un U-Boot de la Segunda Guerra Mundial

Los alemanes consideraban a sus "lobos de mar" como héroes que llevaban vidas glamorosas, pero la realidad de la vida en un submarino alemán era algo completamente distinto.


En los U-Boote se vivía en un mundo angosto y fétido, y la vida era una mezcla de aburrimiento, incomodidad y terror. Las tripulaciones ocupaban aposentos atestados de maquinaria, instrumentos o torpedos, y dormían en planchas encima de los proyectiles hasta que éstos habían sido utilizados contra blancos, dejando sitio para literas y hamacas.


Los motores diésel elevaban la temperatura hasta casi los 50 °C. El aire se volvía sofocantemente rancio durante los largos períodos bajo el agua. El agua potable era escasa; no había duchas, y nadie se bañaba durante los hasta tres meses que duraba una patrulla. El olor de los sudorosos cuerpos se añadía al olor de sentinas, letrinas, cocina, ropas mohosas, gasóleo y la colonia al limón que utilizaban los hombres para eliminar la sal de sus rostros.

 
No había intimidad ni tranquilidad. De fondo había siempre luces encendidas, el chillido de las comunicaciones por radio, el siseo de las mojadas botas de goma, el zumbar de una bomba de sentina, el sorber de las válvulas de entrada de aire y el pulsar de los motores diésel.


El peligro estaba siempre presente. Con mal tiempo, el océano provocaba olas que saltaban por encima de la torreta, en ocasiones arrastrando a los hombres por encima de la borda. En octubre de 1941, cuando el "U-106" cruzó el golfo de Vizcaya en un tranquilo día azul, una nueva guardia salió al exterior para descubrir que habían desaparecido los cuatro hombres del turno anterior a los que acudían a reemplazar. Una tremenda ola de popa los había barrido.


Estos incidentes se mezclaban con la paranoia de los submarinistas que los alemanes llamaban Blechkoller, o neurosis de la "lata de conserva", una forma de tensión nerviosa que podía conducirles a una violenta histeria, particularmente bajo ataques con cargas de profundidad. Cuando los cazasubmarinos aliados abandonaban un ataque, el primer pensamiento del comandante era llevar a su submarino a respirar a la superficie. Con suerte, pronto hallarían una presa, y la victoria aliviaría la tensión de sus tripulantes.


El terror provocado por los submarinos alemanes era igual al que enfrentaban los hombres de estos mismos submarinos. Porque ser capitán o miembro de la tripulación de un submarino alemán era uno de los puestos de combate más duros de la Segunda Guerra Mundial. Los U-Bootes alemanes hundieron un total de 2.828 buques mercantes durante la Segunda Guerra Mundial, pero a un coste elvadísimo, Alemania perdió 28.542 de sus 41.300 tripulantes de sumergibles, y 753 de sus 863 U-Boote.


El cine ha aportado muchas películas de submarinos, pero la que mejor muestra la vida en un U-Boote es "Das Boot" de Wolfgang Petersen. Magnífica.


Para saber más:
U-Historia
Uboat
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