domingo, 2 de marzo de 2014

Las lágrimas del General Patton

La Segunda Guerra Mundial en Europa estaba llegando a su fin y mientras los aliados se iban aproximando cada vez más al corazón de Alemania, lo que resultaría el mayor horror oculto del III Reich había empezado a revelarse. A lo largo de todo el frente, los aliados habían quedado espantados al conocer los campos de concentración de Hitler con sus centenares de miles de prisioneros y la evidencia de sus millones de muertos.
Aquellos soldados endurecidos por las batallas apenas podían creer lo que veían cuando docenas de campos de concentración cayeron en su poder. Estos hombres siempre recordarían aquellas escenas con tremenda ira: los prisioneros extremadamente delgados que les salían al encuentro y la voluntad de éstos de sobrevivir a lo único que habían salvado del régimen nazi: las tumbas, los pozos y trincheras llenos de cuerpos; las filas de crematorios con su trabajo a medias, el mudo y horroroso testimonio del sistemático exterminio en masa de seres humanos.


¿Cuántos habían muerto? Al principio, nadie podía ni siquiera calcularlo aproximadamente. Pero se supo, cuando fueron llegando informes de todo el frente, que el total sería astronómico. En cuanto a quiénes eran las víctimas, estaba muy claro. Era predominantemente judíos. Entre ellos había polacos, franceses, checos, holandeses, noruegos, rusos y alemanes. En el asesinato en masa más diabólico de la historia, habían sido eliminados por muy diversas e innaturales maneras. Algunos fueron usados como conejillos de indias en experimentos de laboratorio. Miles de ellos fueron asesinados de muy diversos modos; a otros, sencillamente, les dejaban que murieran de hambre.


En el campo de Ohrdruf (subcampo de Buchenwald), tomado por el 3er Ejército de los Estados Unidos el 12 de abril de 1945, el general George S. Patton, conocido como el más duro y gélido de los jefes militares norteamericanos entró en una de las casas del horror y tuvo que salir de allí con el rostro surcado por las lágrimas y encontrándose visiblemente afectado. Al día siguiente, Patton ordenó a la población de un pueblo cercano, cuyos habitantes sostenían que nada sabían de los crímenes en aquel campo, que lo vieran ellos mismos. Los que se resistían a ir eran obligados a ello con los fusiles. A la mañana siguiente, el alcalde del pueblo y su esposa se suicidaron.

Para saber más:
KZ
Wikipedia
fold3

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