miércoles, 8 de marzo de 2017

La espía que utilizaba el dormitorio como Bond utiliza una Beretta

La historia del espionaje está llena de historias apasionantes, pero la de Betty Pack, alias "Cynthia", es probablemente la más desconocida, a pesar de ser, probablemente, la espía más importante de la Segunda Guerra Mundial. Sin ella y su tremendo poder de seducción, seguro que el resultado del conflicto hubiese sido muy diferente.

Nacida en Minneapolis en 1910, como Amy Elizabeth,  comenzó a destacar en la visa social de Washington por sus habilidades sociales y su promiscuidad. Debido a su promiscuidad, con tan solo 19 años, se quedó embarazada y se casó con Arthur Pack, un diplomático británico mucho mayor que ella y que no era el padre de la criatura que llevaba en su vientre. El matrimonio paso por la embajada británica en Madrid, al comienzo de la Guerra Civil. Ya por entonces era conocida por la inteligencia británica, a través de uno de sus múltiples amantes.


Durante su estancia en España ayudó a pasar a algunos soldados al bando nacional y gestionó el envío de material de la Cruz Roja a los nacionales. Finalmente fue denunciada por republicana, al parecer por la mujer celosa de una amante español, y tuvo que abandonar el país en dirección a un nuevo destino, Varsovia.

En Varsovia, Betty aprovecho la posición de su marido para obtener información de los trabajadores del ministerio de asuntos exteriores polaco. La información más importante la obtuvo de un oficial polaco, que tras una de sus numerosas noches de sexo, le confesó que Polonia estaba conspirando con los nazis para invadir la vecina Checoslovaquia. La información tenía tanta importancia que el MI6, le pidió que sugiera trabajando en Varsovia mientras su marido estaba en Inglaterra recuperándose de una grave enfermedad. También sedujo a un colaborador muy importante del ministro polaco de asuntos exteriores, el conde Michael Lubienski,que le hablo sobre las negociaciones secretas del ministerio de exteriores con Hitler para evitar la guerra.
Su estancia en Polonia fue aún más fructífera. Gracias a su amante, el conde Lubienski, Betty conoció a unos matemáticos polacos que trabajaban en un proyecto, destinado a romper los códigos de la maquina de cifrado alemana, Enigma. La información se la paso a los británicos, desde el mismo corazón del III Reich, cuando visitaba Berlín, con su amante.

Pasó por Praga, donde logró robar documentos con los planes alemanes para el centro de Europa y tras pasar por Varsovia volvió a Estados Unidos, donde empezó a aprovechar sus viejos contactos en Washington. Uno de gran importancia para los británicos era el almirante Alberto Lais, pues al parecer poseía los códigos secretos de la marina italiana. Aunque Lais estaba prendado de Betty, era difícil de engatusar y solo tras pasar varias horas dejándose acariciar el cuerpo desnudo (no hubo sexo entre ellos) tan solo de facilitó el nombre de un bibliotecario que los custodiaba. El bibliotecario resulto ser aún más duros que el almirante, no le interesaba el sexo, así que Betty tuvo que sobornarle con dinero. Por una importante suma, finalmente consiguió los códigos, que permitieron que la Royal Navy venciera en la batalla del Cabo Matapán, en el Peloponeso.


Un objetivo importante era la embajada de la Francia de Vichy, donde conoció al adjunto de prensa, Charles Brousse, de quien se enamoró rápidamente después de una ardiente primera cita. Betty sonsacó a Brousse bastante información, como que estaban buscando toda la información posible sobre los navíos británicos que estuvieran fondeados en los puertos norteamericanos para que posteriormente pudieran atacarles las "Manadas de Lobos" de la Kriegsmarine en el Atlántico. Pero el gran golpe llegó cuando, aparentando que la embajada era su rincón de lujuria y pasión desenfrenada, una noche se plantó totalmente desnuda frente guardia, que se aparto desconcertado, momento que aprovecho para robar los códigos de la embajada, que fueron de gran importancia para la Operación Overlord.

Tras el suicidio de su marido en 1945 se caso con Brousse, su amante y cómplice, yéndose a vivir a un castillo en Francia. A comienzos de los años 50 Brousse murió en el incendio de su castillo.
Antes de morir dijo, sobre su actuación durante la guerra:
¿Avergonzada? Ni lo más mínimo.
Mis superiores me dijeron que el resultado de mi trabajo había salvado miles de vidas.
Hice cosas que que las mujeres, consideradas respetables, evitaban, pero mi compromiso era absoluto. Las guerras no se ganan con métodos respetables.
Un cáncer la mató a los 53 años, en 1963, y el obituario que le dedicó la revista Time, decía: “Utilizaba el dormitorio como Bond utiliza una Beretta”.

Para saber más:
The Last Goodnight: A World War II Story of Espionage, Adventure, and Betrayal, de Howard Blum
Exordio
Howard Blum Blog
Daily Mail
El Confidencial
The Sun
La Cueva de Susana

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