viernes, 12 de octubre de 2012

Caballos de Guerra

Desde su domesticación, con seguridad desde el cuarto milenio A.C. y quizá incluso antes, las distintas especies de caballos han sido utilizadas para una amplia variedad de tareas: labores agrícolas, carga, exhibición y prestigio y, por supuesto, la guerra.

Carroza ornamental persa
El primer uso bien documentado de los équidos se conoce en el Cáucaso y sobre todo en Sumer, en el actual Iraq, cuando se uncieron asnos asiáticos para tirar de carros de transporte y en actos ceremoniales y funerarios. Pero luego también para usos militares, como muestra el Estandarte de Ur de hacia 2600 a.C.

Con el tiempo, la aparición del bocado facilitó mayor control, y los yugos y atalajes mejor adaptados mejoraron la tracción. De modo que, hacia 1500 a.C., los carros de guerra guiados por parejas de caballos se convirtieron en armas eficaces, y también en el mejor símbolo de poder de las grandes monarquías del Próximo Oriente y del Egeo. Desde entonces, hombre y caballo han formado un tándem inseparable.

Estandarte de Ur
El impacto de la “revolución equina” en las antiguas civilizaciones de Oriente Medio y la evolución de la tradición ecuestre durante cinco mil años hasta la actualidad, cuando el caballo, perdida su fuerza bélica, ha quedado confinado a alguna actividad ganadera y a eventos deportivos como las carreras hípicas o las competiciones de saltos de los Juegos Olímpicos.

Caballero medieval
Las culturas urbanas más complejas de la Edad del Hierro, sobre todo Grecia y Roma, consideraron el caballo, un animal costoso y delicado y menos útil en las labores diarias que los humildes asnos o mulos, como uno de sus grandes símbolos de prestigio: los nobles griegos se llamaron a sí mismos hippeis, y los romanos equites, y formaron grupos sociales privilegiados. Sin embargo, nunca crearon unidades de caballería de la mayor calidad, y tendieron a emplear jinetes auxiliares procedentes de zonas periféricas, como Tesalia, en el caso de Grecia, o Numidia, Hispania o la Galia en Roma.

Con el paso de los siglos, sin embargo, y frente a enemigos orientales en Mesopotamia o el Danubio, la caballería, y, en especial, una variedad específica, cubiertos hombres y caballos con armadura metálica, fue adquiriendo un protagonismo creciente, hasta bien entrado el siglo XIX, cuando comenzó su declive a causa del desarrollo de las armas automáticas, el ferrocarril y el motor de combustión. Aunque aún hubo destacadas unidades de caballería en las dos guerras mundiales, sobre todo unidades alemanas.


Precisamente, durante la Segunda Guerra Mundial la tan alabada mecanización de la Wehrmacht se limitó a una reducida fracción del ejército. Frente a las 67 divisiones acorazadas y motorizadas, (incluyendo a las SS) había 310 divisiones de infantería y de montaña que dependían sobre todo del transporte equino, y cada vez más según avanzaba la guerra. Por ejemplo, una división de infantería alemana en el año 1939 incluía 1.143 vehículos de tracción animal y 5.375 caballos, frente a tan solo 942 vehículos a motor (sin contar las motocicletas), algo que no cambió demasiado hasta el final de la guerra. Se estima que aproximadamente el 80% del transporte total de la Wehrmacht en el frente llegó a depender de los equinos.

La caballería alemana entra en París
Para saber más:
Militar
La aventura de la historia
Pentacaballeria

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