domingo, 19 de enero de 2014

Los buscadores de cadáveres de la Segunda Guerra Mundial

De los aproximadamente 70 millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, 26 millones murieron en la frontera de Europa oriental y cuatro millones de ellas siguen siendo consideradas oficialmente como desaparecidas en combate. Pero no han sido olvidadas.


Un grupo llamado Pазведка (Exploración) trabaja en un bosque cercano a San Petersburgo.
Las condiciones son básicas: acampan entre los árboles y hay días en los que tienen que desplazarse con el barro llegandoles a la cintura para encontrar los cuerpos de los caídos que a menudo tienen granadas en sus mochilas o puede haber proyectiles de artillería atascados en los árboles. Algunos de estos rastreadores han perdido sus vidas.

Como parte de la Operación Barbarroja, Leningrado (hoy San Petersburgo), era uno de sus objetivos principales. En menos de tres meses, el ejército alemán tenía a la ciudad rodeada y empezó a bombardearla desde el aire. Hitler decidió doblegarla haciéndola morir de hambre y durante más de dos años, el Ejército Rojo luchó por cruzar las filas alemanas.


El grupo Exploración está trabajando cerca de la ciudad de Liubán, a 80 kilómetros al sur de San Petersburgo, un área de apenas 10 kilómetros cuadrados, donde se estima que murieron 19.000 soldados soviéticos en unos pocos días de 1942. Pero hasta ahora solo han encontrado 2.000 cadáveres.

Ilya Prokoviev, el más experimentado del equipo Exploración, es un ex oficial del ejército que encontró su primer soldado en 1983 cuando caminaba por el campo y de repente vio unas botas entre el barro, un poco más allá, encontró un casco soviético y tras retirar un poco de musgo y vio los restos de un soldado. Después de eso, encontró otros y se dio cuenta de que estos cuerpos estaban en todas partes.

No había mucho tiempo en medio de la batalla para enterrar a los muertos. En sólo tres meses, la máquina de guerra alemana penetró en más de 2.000 kilómetros de la Unión Soviética y muchas de las unidades del Ejército Rojo murieron o fueron rodeadas, lo que hacía prácticamente imposible enterrar y registrar cada uno de los muertos. Tras acabar la guerra, la prioridad era reconstruir un país que había sido arrasado. Pero no explica por qué los campos de batalla no fueron revisados más tarde y los caídos, identificados y enterrados. Fueron deliberadamente ocultados ya que el gobierno soviético decretó en 1963 la destrucción de cualquier rastro de guerra. Tanto es así, que si se mira un mapa que muestra dónde tuvieron lugar las batallas y se comparara con todas las nuevas plantaciones forestales y proyectos de construcción, coinciden con los campos de batalla, sospechoso ¿no?


La ribera del río Neva, fue el escenario de una de las batallas más sanguinarias del sitio de Leningrado, donde el Ejército Rojo luchó ferozmente para asegurarse una estrecha franja de la rivera en un intento por romper el bloqueo y donde cientos de miles de soldados fueron sacrificados.
El verano de 2013 se descubrió una fosa común en este área, en la que había entre 30 y 40 soldados en cuatro capas de cuerpos. Pero los esqueletos estaban todos revueltos y hechos pedazos. Una cabeza aquí, una pierna allá.


Pero, descubrir quiénes eran estas personas no es una tarea fácil después de tanto tiempo. Entre más información se pueda recolectar en el lugar, hay más posibilidades de identificar al soldado, como viejas monedas, que sus familias les habían dado a los soldados. Se creía que si la familia le prestaba unas monedas, el soldado volvería a casa a devolver el préstamo.
Aunque los efectos personales pueden reconstruir una idea de la persona, no ayudan a saber cuál era su nombre o dónde nació. Iniciales grabadas en cucharas o tazas son buenas pero la clave usualmente es la placa de identificación.


Durante la Segunda Guerra Mundial, las placas de los soldados soviéticos no eran de metal, eran pequeñas cápsulas de ébano que contenían un pequeño pedazo de papel con sus detalles personales y a menudo son ilegibles. Otras no tienen nada escrito, pues muchos de los soldados eran supersticiosos: pensaban que si los rellenaban les traería la muerte segura.
Algunos escribieron: "Si me matan, por favor denle esto a mi mamá o a mi novia".

Los grupos como Exploración son conocidos como los "excavadores blancos", pero hay otros llamados "excavadores negros", que buscan medallas, armas, monedas y hasta dientes de oro para vender en internet o a negociantes especializados. No están interesados en identificar a los soldados, simplemente dejan los huesos en la tierra.


En Moscú brilla una llama eterna en la Tumba del Soldado Desconocido a la sombra del Kremlin, pero para los rastreadores, la mejor manera de honrar a quienes perdieron sus vidas es devolverles su identidad.

Fuente:
BBC

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