martes, 7 de enero de 2014

El miedo en cada bocado

Margot Wölk tardó mucho tiempo en disfrutar de nuevo de la comida y a sus 95 años se atrevió a recordar el pánico constante que sintió durante los casi dos años y medio (1942 -1944) que fue una de las catadoras oficiales de Hitler.


Margot Wölk fue reclutada por las SS tras instalarse en casa de su suegra, en Gross-Partsch, en la Prusia Oriental (que actualmente forma parte de Polonia), a sólo dos kilómetros y medio de la localidad donde el Führer había instalado su cuartel general, la Wolfsschanze.
El alcalde del pueblo era un viejo nazi. Nada más llegar allí, ya tenía a las SS delante de la puerta anunciándome: '¡Tú vienes con nosotros!'
Nunca había carne, porque Hitler era vegetariano. La comida era buena, incluso muy buena, pero no la podíamos disfrutar, pues existían rumores de que los aliados pretendían envenenar a Hitler.
A primera hora de la mañana era trasladada por las SS de casa de su suegra, junto a otras jóvenes, a una serie de barracones en la que varios cocineros preparaban la comida para el cuartel general de Hitler. Las bandejas y fuentes con la comida debían ser probadas por las catadoras y Wölk ponía su vida en peligro por un hombre al que detestaba.
Todo el día nos tenían encerradas como animales y nos vigilaban constantemente.
Cuando los soviéticos se hallaban a pocos kilómetros del cuartel general de Hitler, un teniente la envió a Berlín y le salvó la vida, sus 14 compañeras fueron fusiladas por los soviéticos.

Al regresar a su apartamento de Berlín, cayó en manos del Ejército Rojo y fue brutalmente violada durante dos semanas.
Estaba tan desesperada. Ya no quería vivir.
Nunca dejó de tener pesadillas y sólo con motivo de su 95 cumpleaños, decidió romper su silencio y hablar sobre los peores años de su vida.
Solamente quería contar lo que ocurrió, que Hitler era un tipo asqueroso. Y un cerdo.
Fuente:
Televisa
The Times
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