jueves, 28 de mayo de 2015

Los artículos de broma que ayudaron a ganar la guerra

Se dice que en la guerra todo vale, y eso es lo que debieron de pensar los científicos aliados cuando se le ocurrieron estas bromas más propias de los Santos Inocentes como arma de guerra.

Los británicos idearon una herramienta muy potente cuya finalidad principal era despistar al enemigo y que no se diera cuenta del verdadero ataque. Eran los polvos pica-pica. Se fabricaron con diferentes semillas y se camuflaban en botes o latas de polvos de talco para poder disimularlos. La idea era que los agentes encubiertos o los miembros de la resistencia lo esparcieran en la ropa del enemigo, principalmente en la ropa interior con lo que el picor era aún más embarazoso.


Este producto funcionó bastante bien en algunos acuartelamientos, como en Noruega en 1941 donde la resistencia lo distribuyó por todas las camas y la ropa de los soldados alemanes. Más rebuscada fue la idea de Erick Gjems, miembro de la resistencia noruega que introdujo los polvos pica-pica en los preservativos de los burdeles militares, lo que hizo creer a los mandos alemanes que los picores eran producto de una enfermedad venérea.


Por su parte los norteamericanos utilizaron una sustancia que ellos llamaban Who I? (¿Quien yo?) creada por la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos) para distribuirla a la Resistencia francesa en sprays de bolsillo. Esta "bomba fétida" era un compuesto que tenía un fortísimo olor pútrido. Los miembros de la Resistencia debían acercarse todo lo posible a cualquier oficial alemán y rociarlo con el. De ese modo todos los que estuvieran cerca sentirían nauseas y se alejarían con asco del oficial. Pero tambien tenía una contrapartida. Quien lo rociaba tambien podía quedar impregnado con el "aroma", por lo que se consideró un fracaso y solo estuvo en practica durante un par de semanas.

La resistencia noruega, al parecer, tambien era aficionada a estas armas tan peculiares ya en ocasiones lanzaban bombas fétidas en los lugares públicos donde se solían reunir los alemanes.

Fuente:
¡Fuego a discreción!: Historias sorprendentes de la Primera y Segunda Guerra Mundial de Javier Sanz y Guillermo Clemares
How to Be a Spy: The World War II SOE Training Manual
IO9

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