domingo, 2 de julio de 2023

El diario del profeta nazi

Alfred Rosenberg, considerado el filósofo e ideólogo del nazismo, fue uno de los colaboradores más cercanos a Adolf Hitler y el escritor del único libro que compitió en ventas con "Mi Lucha", del mismísimo Führer. El libro de Rosenberg, "El mito del siglo XX" se publicó en 1928 y está considerado como la "biblia nazi".

Además de este libro y su trabajo en el Völkischer Beobachter, el periódico del NSDAP, escribió un diario personal que tiene una gran importancia para conocer el nazismo y el III Reich.

En su diario, que tiene su primera entrada en 1934, se puede apreciar su carencia total de empatía, su tremendo narcisismo y su extremismo político llevado a la obsesión. En sus apuntes trata temas como la religión, el exterminio de los judíos o las luchas internas dentro del partido nazi.

Sobre los judíos, escribe:
[..] el Este está llamado a resolver una cuestión a la que se enfrentan los pueblos de Europa: la cuestión judía. En el Este viven aún seis millones de judíos, aproximadamente, y esta cuestión solo podrá resolverse a través del exterminio biológico de todo el pueblo judío en Europa. La cuestión judía solo se resolverá en Alemania el día en que hasta el último judío haya abandonado el territorio alemán, y en Europa, el día en que no quede ni un solo judío más en el continente europeo, hasta los Urales.
Tambien tenia su propia visión de la religión:
Se escribiría un quinto evangelio que reflejara las verdaderas doctrinas de Jesús. Se retirarían todos esos horribles crucifijos, pues la Iglesia no fijaría su mirada en los sufrimientos de Cristo, sino en su vida heroica. El Jesús germánico era el vigoroso predicador y el hombre airado en el Templo, y sería representado como un joven esbelto, alto, rubio, de frente elevada, pues con toda probabilidad había sido ario, no judío.
Cuando habla de las peleas internas entre los jerarcas nazis, se lanza con gusto a la critica y la descalificación de sus rivales. A Goebbels, el Ministro de Propaganda, los define como el "foco de pus", y señala como este no era demasiado apreciado por la élite nazi. Precisamente sobre Hitler no hay ni una sola palabra de desaprobación, se podría decir que los comentarios hacia el Führer son más bien serviles, de autentica adoración por el líder. Anota cada muestra de favor del Führer, hasta las palmadas en el hombro.

Otro tema interesante, tratado en el diario, es el arte, y concretamente su robo cuando estuvo al frente de la Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg, con la que saqueo colecciones de arte de los territorios ocupados. Por ello tuvo que enfrentarse a Hermann Göring, otro "amante del arte":
Las cosas que mi Einsatzstab confiscó en París son sin duda únicas, [...] mil doscientos veinticuatro cajones de libros en once vagones de tren.
El diario en si mismo tiene su historia. Se usaron en los juicios de Núremberg y desaparecieron tras la sentencia de muerte a Rosenberg, en 1946. El diario de lo había agenciado Robert Kempner, que formaba parte de la acusación de los crímenes cometidos en el Este.

Un par de investigadores intentaron obtener los documentos que tenía Kempner, sin conseguir nada.  Tras su fallecimiento en 1993 y hasta 2001 todo es confuso, hasta que una parte cayó en manos del Museo Memorial del Holocausto. Parte incluso fue vendida a un comerciante de trasto viejos. Por fin en 2013, se lograron recuperar 425 páginas manuscritas. En total son 850.

Como afirman los editores del diario, quizás Rosenberg sea el líder del nacionalsocialismo que más se merezca el calificativo de "criminal por convicción". Creyó hasta el final en lo que predicaba, y llevó a la práctica lo que para él era simplemente obvio.

Para saber más:
Diarios 1934-1944, de Alfred Rosenberg
Ushmm
El Español
El País
Culturplaza

domingo, 18 de junio de 2023

El gaitero del Día D

Durante la Gran Guerra muchos soldados dejaron su vida en inútiles ataques a las trincheras enemigas atravesando la tierra de nadie entre alambradas, barro y cadáveres mientras sonaban la gaitas. En la Segunda Guerra Mundial, durante la batalla de El Alamein, la División Highland, del VIII ejército británico perdió 13500 hombres cebándose especialmente en los gaiteros que conducían a los soldados a la batalla. Eso llevó al ejército británico a prohibir su uso a partir de entonces, reconvirtiendo a muchos de los gaitero en camilleros.  

El gaitero del Día D
Hasta 1944 se había cumplido la orden, pero cuando llegó el día de cruzar el Canal de la Mancha hacia Francia un comando británico decidió que ese día era tan especial que las tropas debían desembarcar al son de las gaitas escocesas.

Ese comando era el brigadier Simon Fraser y quería un gaitero. En los Highlands Light Infantry encontró a Bill Millin que ya había se había adiestrado en los comandos con Frasier en campo de entrenamiento de comandos del castillo de Achnacarry, en Escocia. Para convencer a Millin de incumplir la prohibición Fraser le dijo: “Esa orden es de la Oficina de Guerra inglesa. Usted y yo somos escoceses, y no se aplica”.

Comenzaba la Operación Overlord y los soldados que desembarcarían en Normandía fueron subiendo a los navíos que le llevarían hasta Francia. Millin subió como lo hizo casi treinta años antes su padre. Vestía su kilt, el tradicional Dirk Sgian Dubh, la daga larga escocesa y su gaita. Algunos historiadores cuentan que llevaba un Sgian Dubh, un pequeño puñal de las tierras altas que se introducía en los calcetines.

El gaitero del Día D
La unidad de Millin desembarcó en el amanecer del 6 de junio en Sword Beach, en las proximidades de Ouistreham. Mientras sus compañeros de unidad caían segados por las ametralladoras alemanas, Millin recibió la orden de comenzar a tocar "Highland Laddie". Frente a ellos se encontraba la 716 división de infantería del Heer que les recibían con el mortal fuego de sus ametralladores y artillería.

En el momento de salir de la lancha infló el fuelle de su gaita y comenzó a tocar la melodía tan pronto tocó el agua. El resto de los soldados se quedaron sorprendidos. Los heridos lo miraban atónitos. Esperaban un sanitario y lo que se encontraban era un gaitero escoces. Los británicos no eran los únicos que se quedaron boquiabiertos. Los alemanes dejaron de disparar momentáneamente al oír la gaita de Millin, pero a los pocos segundos volvió el infierno a la playa.

La realidad no era tan épica. Millin se acercó a un grupo de soldados heridos. Mientras Millin se refugiaba tras un pequeño muro vio cómo un tanque avanzaba hacia los soldados heridos. Se levantó y agitó los brazos para que el blindado se detuviera. En el vehículo parecieron no verle y siguió avanzando. Pasó por encima de los pobres desgraciados aplastándolos bajos sus orugas

El gaitero del Día D
Como manda la tradición se movió entre las tropas intentando hacer sonar su gaita entre el sonido de las explosiones y las ráfagas de ametralladora para animarles en el combate y a pesar de ello ningún alemán disparó contra Millin todos pensaban que el escocés de la gaita se había vuelto loco. La última canción que Millin tocó en el Día D fue "The Nut-Brown Maiden" a petición de una niña francesa.

Tras el desembarco Millin y el resto de su unidad fueron al encuentro de la unidad de paracaidistas que habían tomado el puente Pegasus para ayudarles en la defensa del puente.

Bill Millin, tras avanzar por Holanda y Alemania sobrevivió a la guerra y falleció en 2010 a los 88 años. La gaita de que tocó durante los desembarcos del Día D se encuentra en el Museo Dawlish, cerca de Exeter junto a su gorra y el Kilt de su padre. Otra gaita que uso durante la guerra, ya que la del Día D sufrió algunos daños, está expuesta en el museo del Puente Pegasus. En 2013 se erigió una estatua de Millin a tamaño real en la playa Sword

La acción de Millin durante el Día D fue plasmada en la película El Día Más Largo (1962). 

Para saber más:

domingo, 11 de junio de 2023

Operaciones de engaño para el Día D

El Día D fue una operación de una envergadura colosal en la que participaron 156.000 soldados, 11.590 aviones y 6.939 buques aliados. La Operación Overlord, y específicamente Neptune, su fase inicial en la costa normanda, constituye hasta la fecha el desembarco más grande y complejo realizado en la historia de la guerra. 

Operaciones de engaño para el Día D
Tal numero de efectivos hizo que el Día D fuera un auténtico quebradero de cabeza de organización y cooperación, que implicó primero la llegada de millones de soldados estadounidenses a las islas británicas, meses de entrenamiento junto a los británicos y numerosos ejercicios de preparación, como la desastrosa Operación Tigre. Pero una auténtica pesadilla fue mantener una operación tan colosal en secreto y engañar a los servicios de información alemanes.

Entre estos planes de engaño se encontraba la Operación Fortitude que consistía principalmente en confundir a los alemanes haciéndoles creer que un posible desembarco se haría por el Pas de Calais, la parte más estrecha del Canal de la Mancha. En esa operación se creó un ejercito fantasma al mando del general Patton, así como diferentes operaciones de diversión para mantener al mayor numero de tropas alejadas del verdadero objetivo. Fortitude se dividió en dos. La principal era Fortitude Sur, que haría creer que el desembarco sería en Calais y en la que participó activamente el agente español Juan Pujol, y Fortitude Norte, que pretendía mantener a las tropas alemanas de ocupación en Noruega. 

Complementarias a Fortitude se realizaron otras operaciones de distracción como la Operación Copperhead, con la que se hizo creer en nuevos desembarcos en el Mediterráneo con el envió de un doble de Montgomery a Gibraltar.

Operaciones de engaño para el Día D
Durante el Día D y en las siguientes semanas los aliados se crearon toda clase de distracciones y engaños, en las que tambien participaron activamente las fuerzas de la Resistencia francesa, para apoyar las falsas informaciones creadas por la Operación Fortitude.

Para ellos se crearon tres operaciones aeronavales combinadas, llamadas Taxable, Glimmer y Big Drum que formaban parte de un plan más grande llamado Operación Bodyguard y que simulaban una flota de invasión que desembarcaría en Pas de Calais y Normandía. Taxable y Glimmer aumentaron la creencia de que la principal fuerza de invasión desembarcaría en  Calais, mientras que "Big Drum" se encargaría, en el flanco occidental del desembarco, de confundir a las fuerzas alemanas sobre el tamaño real de la operación aliada.

Operaciones de engaño para el Día D
Taxable y Glimmer se encargaron de simular una gran flota de invasión lanzado desde el aire señuelos que harían aparecer multitud de señales en los radares enemigos, aumentando la sensación de unidades de desembarco inexistentes. Estos señuelos eran principalmente tiras de aluminio lanzadas desde el aire por aparatos de la RAF. Por mar, pequeñas unidades navales arrastraban globos simulando un gran tráfico de radio, como el que produciría una gran fuerza de invasión. Entre las unidades aéreas que participaron en estas distracciones se encontraban los bombarderos del Escuadrón 617 "Dambusters" que destruyeron las presas del Ruhr a mediados de mayo de 1943. 

Big Drum tambien utilizó pequeñas unidades navales con globos que, además de las comunicaciones falsas, llevaban aparatos para crear interferencias manteniéndose a pocos kilómetros de la costa.

Operaciones de engaño para el Día D
El mal tiempo hizo que las operaciones Taxable, Glimmer y Big Drum fueran difíciles de realizar combinado elementos aéreos y navales. No está muy claro si fueron realmente efectivas aunque los aliados interceptaron mensajes alemanes en los que se hablaba de una flota de invasión en el Pas de Calais, así como informes de disparos de la baterías costeras hacia los señuelos. En un informe del 11 de junio sobre las operaciones de engaño se indicaba que las fuerzas alemanas estaban convencidas del falso tráfico de radio.

Simultáneamente al lanzamiento de las fuerzas paracaidistas se realizó la Operación Titanic en la que 40 aviones lanzaron tiras de aluminio como en Taxable y Glimmer, además de falsos paracaidistas explosivos que los alemanes interpretaron como una confirmación de que los desembarcos en Normandía eran una operación de diversión.

Puede que unas operaciones de engaño fueran más efectivas que otras pero lo que si está claro es que la Operación Overlord terminó siendo un éxito y que Hitler creyó durante mucho tiempo que el auténtico desembarco se realizaría por el Pas de Calais.

Para saber más:
El día D. La batalla de Normandía, de Anthony Beevor