domingo, 6 de enero de 2013

Vigo fue una base de comunicaciones nazi

Faltaba un año para que estallase la Segunda Guerra Mundial y la ciudad gallega de Vigo era un confortable nido nazi. Entre 1938 y 1939, el ministro de Asuntos Exteriores del III Reich, Joachim von Ribbentrop, se reveló para los trabajadores gallegos de la compañía de telégrafos británica como un ser insaciable. Según Alberto Carballo, un empleado de la Eastern Telegraph Company,“Cada día eran muchos los telegramas cursados en clave secreta que enviaba Von Ribbentrop a sus colegas nipones el príncipe Konoe y el general Hideki Tojo. Desde Hamburgo eran recepcionados aquí, en Vigo, y por nuestras vías del Cable Inglés eran retransmitidos por escalas sucesivas hasta Japón”.  


El edificio del Cable Alemán (Deutsch Atlantische Telegraphengesellschaft) y el del Cable Inglés en la calle Velázquez Moreno compartían tabique y ambas  firmas acabaron por abrir un par de ventanillas en él para pasarse los telegramas que la una o la otra debían rebotar al mundo desde este puerto atlántico. El cableado submarino de la Alemania nazi, inferior en extensión, calidad y seguridad al inglés, no tenía línea hasta Japón, y precisaba de los servicios de la nación que se perfilaba como enemiga para comunicarse con su inminente aliada.


La comunicación se hacía siempre en clave, por medio de máquinas como la Enigma y la Lorenzo, que dejaban irreconocible cualquier texto. Con el tiempo todos los servicios de espionaje se hicieron con alguna Enigma, pero para descifrar aquellos códigos secretos era imprescindible, además, apropiarse del libro de claves y saber cuál estaba en vigor.

Del Cable Inglés ya no queda mucho. Libros, muebles, puertas victorianas recicladas, una bandera, un cabo de cable que asoma entre las rocas en la costa de Alcabre con la bajamar, y un conserje, Serafín Otero, de 92 años. 

Fuente:
El País
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