domingo, 5 de abril de 2026

Un destructor con poca suerte

El destructor estadounidense USS William D. Porter se ganó la reputación de ser un barco que daba “mala suerte” durante su primer servicio operativo. La verdad es que su supuesta mala suerte no tiene una base real, aunque terminó hundido por el ataque de un kamikaze en 1945.

Un destructor con poca suerte
Su reputación de gafe comienza el 14 de noviembre de 1943, cuando formaba parte de la escolta del acorazado USS Iowa, en el que viajaba el presidente Franklin D. Roosevelt en la primera etapa de su viaje a la Conferencia de Teherán, donde se reuniría con Churchill y Stalin. Junto al William D. Porter iban los, también destructores, USS Cogswell y el USS Young. Mientras el Iowa realizaba prácticas de tiro antiaéreo, los destructores practicaban ataques con torpedos, usando al Iowa de objetivo. Mientras el Presidente observaba interesado cómo el acorazado hacía estallar los globos meteorológicos desde el costado de babor, sonó la alarma general y se escuchó por los altavoces: “¡Torpedo! ¡Torpedo en el costado de estribor!”. Rooselvelt pidió que lo llevaran en su silla de ruedas al costado de estribor para ver mejor el torpedo.

Desde el William D. Porter intentaron alertar al Iowa del lanzamiento involuntario con una linterna de señales debido a que se había establecido silencio de radio. Un primer mensaje decía erróneamente que el torpedo se acercaba por el costado de babor. El siguiente comunicaba que el destructor estaba en reversa total. A la tercera fue la vencida y el William D. Porter finalmente transmitió con claridad: “¡Lion, Lion, Lion! ¡A la derecha, con fuerza, a la derecha!”. Lion (león) era el nombre en clave del Iowa. 

El Iowa registró haber recibido aviso del torpedo a las 14:38 y realizó un giro de emergencia a babor a toda velocidad: a 28 nudos. Dos minutos después, los observadores a bordo sintieron una explosión en las inmediaciones del navío. Por suerte, la estela de alta velocidad del Iowa había detonado el torpedo a una distancia que los informes sitúan entre los 100 y los 1000 metros.

Un destructor con poca suerte
En el diario del William D. Porter se cuenta: “14:36. Torpedo disparado accidentalmente desde el montaje n.° 2 mientras la batería de torpedos estaba haciendo ejercicios de entrenamiento. Se está llevando a cabo una investigación... 15:03 Iowa reanudó la práctica de disparos de AA”

Una vez que el torpedo explotó y quedó claro que no había habido un ataque de un submarino, desde el destructor se reconoció que había lanzado el torpedo sin darse cuenta por qué no se había quitado un cebador de uno de los tubos. A partir de aquí la exageración y la ficción comienzan a mezclarse con lo que sucedió realmente. Se cuenta que un informe del Iowa indicaba que todos sus cañones apuntaban al destructor. Añadía que la carrera de su capitán había terminado y que el barco y su tripulación fueron arrestados y enviados a Bermudas para someterse a juicio por negligencia grave. Hay quien afirma que esta fue la primera vez en la historia de la US Navy en que se había arrestado a toda la tripulación de un buque de guerra. En el cuaderno de bitácora del Iowa no hay constancia de que se apuntara al destructor. El capitán del William D. Porter, Wilfred A. Walter, permaneció al mando hasta el 30 de mayo de 1944 y se retiró como contralmirante. La historia oficial de la Marina estadounidense no cita ni el arresto del destructor ni de toda su tripulación. El destructor fue enviado a Bermudas con los otros dos escoltas el día 15, cuando se reunieron con tres destructores de relevo.

Un destructor con poca suerte
En Bermudas se realizó una investigación y el primer oficial torpedero Lawton C. Dawson fue trasladado a un tribunal militar general. Se sabe que Dawson fue degradado a torpedero de primera clase. Varias fuentes indican que se le sentenció a 14 años de trabajos forzados y que Roosevelt intervino para que no se le castigara, por lo que él consideraba un accidente. A la historia se le han ido añadiendo más adornos. Se cuenta que el día antes de la salida, y otras que fue durante la partida, del William D. Porter de Norfolk, el 12 de noviembre, su ancla raspó el costado del Cogswell, arrancando las barandillas, algunas balsas salvavidas, un bote del barco, además de otros daños. En ninguno de los registros de cubierta de los tres escoltas, que amarraron juntos en varios momentos durante las dos semanas anteriores a la salida, aparecen registros sobre este suceso. También se suele contar otra historia que dice que el William D. Porter lanzó accidentalmente una carga de profundidad el día 13, que detonó en el mar, provocando la alarma entre los demás buques del convoy, en alerta antisubmarina. Los registros tampoco dicen nada al respecto.

Justo antes de que terminara el supuesto “arresto” del Porter en las islas Aleutianas, a finales de 1945, aunque realmente estuvo ocho meses, hasta septiembre de 1944, se dice que un miembro de la tripulación se emborrachó y disparó un proyectil de 5 pulgadas mientras estaba en el puerto que cayó en el jardín delantero de la casa del comandante de la base. No existen pruebas documentales y en algunas versiones se afirma que cayó en el jardín trasero durante una fiesta.

Aunque sí es cierto que el William D. Porter lanzó un torpedo cargado al Iowa, la única evidencia real de su mala fortuna es la relativa a su hundimiento. El 10 de junio de 1945, mientras realizaba tareas de vigilancia frente a Okinawa, fue atacado por un bombardero en picado Aichi D3A1 "Val". Aunque lograron derribarlo los artilleros del destructor, fue muy cerca. Según se hundía el bombardero, las bombas que llevaba explotaron directamente debajo del casco del navío. La tripulación luchó durante más de tres horas para salvarlo, pero fue en vano. El capitán dio la orden de abandonar la nave, y después de 12 minutos, el destructor se hundió. El "barco de la mala suerte" solo la tuvo para consigo mismo, ya que todos los hombres a bordo sobrevivieron. 

Para saber más:
100 historias secretas de la Segunda Guerra Mundial, de Jesús Hernández 
Fuego a discreción, de Javier Sanz y Guillermo Clemares  
UV

domingo, 22 de marzo de 2026

El bombardeo del Vaticano

Ciudad del Vaticano, situada en el corazón de Roma, era un país neutral, pero el 5 de noviembre de 1943 cinco bombas de aviación cayeron sobre su reducido territorio. Cuatro explotaron, causando serios daños en el depósito de agua próximo a la estación de tren, en las oficinas del Governatorato (gobierno) y el taller de restauración de mosaicos. Por efecto de las ondas expansivas, parte de las vidrieras de la Basílica de San Pedro quedaron hechas añicos.

El bombardeo del Vaticano
Tras el suceso, Secretaría de Estado del Vaticano pidió explicaciones tanto al estado italiano y a su aliado alemán como a las fuerzas aliadas, pero nadie se hizo responsable del ataque y tanto la prensa italiana como internacional se hicieron eco del bombardeo.

El mismísimo Duce, Benito Mussolini, afirmó que fue un avión estadounidense, pero el alto mando aliado siempre negó el hecho, quedando sin esclarecer la autoría. Durante décadas se fueron desarrollando diversas teorías sobre la culpabilidad. Estas se resumen básicamente en tres posibles responsables: los fascistas de Mussolini, los nazis de Hitler y los aliados. Los tres en los que se pensó desde un principio. 

El bombardeo del Vaticano
Tras diversas investigaciones y una serie de fotografías encontradas en un mercadillo, el periodista italiano Augusto Ferrara dio definitivamente con el culpable en su libro de 2010 "1943: bombe sul Vaticano". Fueron los mismos italianos y las cinco bombas se lanzaron desde un Savoia-Marchetti SM.79 Sparviero (gavilán), el bombardero medio italiano más importante de la Segunda Guerra Mundial. El aparato despegó de Viterbo, con la misión de bombardear la emisora Radio Vaticana, porque se sospechaba que era utilizada para enviar mensajes ocultos a los partisanos dentro de su programación. Este sistema fue bastante utilizado por la BBC en sus emisiones para el extranjero. La orden provino de Roberto Farinacci, uno de los dirigentes fascistas más destacados y extremista antirreligioso. Responsable de la Albania ocupada por los italianos, en 1945 fue ejecutado por los partisanos.

El bombardeo del Vaticano
Una semana después del bombardeo, el Papa ordenó silencio total a todos los estamentos del Vaticano para "no alimentar el riesgo de una guerra civil" y evitar toda clase de especulaciones. Italia estaba en guerra y en una situación muy compleja. Equivocarse en los culpables podría haber sido catastrófico. Casi con total seguridad Pío XII sabía quién había sido el responsable.

Aunque este fue el único ataque que sufrió la Ciudad del Vaticano, Roma sufrió un primer bombardeo aliado unos meses antes, concretamente el 19 de julio de 1943, que causó unos 3.000 muertos y miles más de heridos. Durante aquel ataque, el Papa Pío XII, aun a riesgo de su propia vida mientras las bombas seguían cayendo y explotando, salió del Vaticano para consolar y ayudar a los romanos. El Papa lo volvió a hacer durante un segundo bombardeo contra la Ciudad Eterna el 13 de agosto. Ese mismo día iba a celebrarse una misa por los muertos en el ataque de hacía menos de un mes.

El bombardeo del Vaticano
La Ciudad del Vaticano estuvo a punto de ser ocupada cuando Italia pasó a estar bajo control alemán cuando Hitler ordenó invadirla, capturar y deportar al Papa Pío XII y hacerse con los archivos y obras de arte del Vaticano, en septiembre de 1943. El general alemán Karl Friedrich Otto Wolff, comandante de las SS en Italia desde el 9 de septiembre de 1943 fue posponiendo el asalto hasta que Hitler desistió. Roma se terminó por establecer como ciudad abierta, para evitar su destrucción, y el 5 de junio de 1944 fue liberada por los aliados. Wolff rindió las fuerzas alemanas en el Norte de Italia, sin permiso de Hitler, y participó en la Operación Sunrise (también conocida como operación Crossword), para llegar a un acuerdo de armisticio con los Estados Unidos para dar fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Para saber más:
1943. Bombe sul Vaticano, de A. Ferrara 

domingo, 8 de marzo de 2026

Lucha de espías en las Islas Canarias

El archipiélago canario tuvo un papel relevante en la Segunda Guerra Mundial, de hecho, por orden de Hitler se preparó un plan para apoderarse de las islas españolas y de las portuguesas Azores. Este plan no era demasiado factible, ya que poder mantener esos territorios era costoso y muy complejo. Hitler desistió y planteó controlar el mar mediante la "Operación Seeräuber" con el que atacaría a cualquier navío aliado que se aproximara a las islas. 

Lucha de espías en las Islas Canarias
Los Aliados no eran desconocedores de la posición estratégica de Canarias para los alemanes y los británicos tenían sus planes para invadir Canarias si España atacaba Gibraltar, pero, con el desarrollo de los acontecimientos, los aliados decidieron tratar a España como una nación neutral en 1942. Aunque no lo era del todo. Debido a la importancia que el Eje y los Aliados daban a Canarias, en las islas hubo una destacada lucha de espías. Principalmente entre estadounidenses y germanos. 

Para los estadounidenses, había dos lugares clave dentro de su control: el Puerto de La Luz en Las Palmas de Gran Canaria y la refinería de Tenerife. En esta última, Thomas Alfree Weir, del OSS ejercía como "observador de petróleo" gracias a un acuerdo con el gobierno español para que Estados Unidos siguiese suministrando petróleo a España, pero aprovechó este trabajo para el espionaje. Colaborando con él se encontraba Harry Clifton Jordan, un oficial que ejercía de observador para la US Navy en el Puerto de La Luz que se encargaba de vigilar todas las actividades navales alemanas en el archipiélago. Los estadounidenses también se dedicaron a llevar un control de los alemanes que vivían en las islas.

Lucha de espías en las Islas Canarias
Mientras tanto, por parte Alemana, se encontraba el espía del Abwehr del almirante Canaris, Edmund Nehrkorn, alias Niemann o Nemo. Nehrkorn se encargaba de más de 70 agentes alemanes y españoles que llegaban a Cabo Juby, Ifni o Fernando Poo, o al norte de África desde Canarias, y fue un auténtico quebradero de cabeza para el OSS. Además, los alemanes tenían a Jacob Ahlers, Walter Sauermann u Otto Bertram, agentes de inteligencia naval vinculada con la Etappenorganisation, que se encargaba del suministro a los U-Boote y la vigilancia marítima. La Abwher además instaló en las islas una red de estaciones de radio para controlar las comunicaciones de los aliados. Hay quien afirma que la Casa Winter en Fuerteventura fue una de ellas, pero hay ninguna prueba que lo corrobore.  

Los alemanes contaban con una amplia comunidad histórica, al igual que los británicos, aunque los alemanes contaban con ciudadanos que llegaron durante el conflicto. Mientras, la presencia de ciudadanos estadounidenses en el archipiélago era prácticamente inexistente. Este hecho, junto a las buenas relaciones de los alemanes con las autoridades españolas, complicó el papel de EE.UU. en Canarias, aunque el control del petróleo era un arma importante.

Lucha de espías en las Islas Canarias
Entre los miembros del espionaje estadounidense es reseñable el papel de Lillie Mae Hubbard, una de las primeras mujeres afroamericanas en EE.UU. en servir en el servicio diplomático. Aprovechando su puesto como secretaria del cónsul estadounidense en Las Palmas de Gran Canaria, Clifton Reginald Wharton, organizó una muy destacable red de información durante la guerra.

El archipiélago canario fue además un escenario clave para el suministro de submarinos y la vigilancia marítima, contando con el apoyo directo de oficiales del ejército español, autoridades portuarias y de la aviación, así como colaboradores civiles, lo que facilitó las operaciones clandestinas del III Reich en Canarias y el océano Atlántico. De hecho, Alemania con sus "manadas de lobos grises" estuvieron a punto de cortar las comunicaciones entre América y Europa en marzo de 1943.

Para saber más:
Universidad de Las Palmas
La Provincia
El Imparcial
Atlántico Hoy
ABC

domingo, 22 de febrero de 2026

Las monedas Moboroshi

Olvidadas en lo más profundo de un almacén de Kioto se encontraron 15 cajas de madera con más de medio millón de monedas fabricadas en cerámica, conocidas en el país del sol naciente como Maboroshi, que traducido sería fantasma. El almacén perteneció a Shofu Kogyo, una de las empresas que fabricaron monedas de terracota para asegurar la continuidad del comercio y la adquisición de bienes y servicios en el frente interno. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón se encontró con una gran escasez de metales, ya que estos materiales fueron destinados principalmente a la producción de armas y municiones. Ante esta falta de metales Shofu Kogyo, reconocida por su experiencia en la fabricación de dientes de porcelana de alta calidad, fue una de las compañías elegidas en Kyoto, Seto y Arita por la casa de la moneda japonesa. Entre todas las compañías, llegaron a fabricar más de 15 millones de estas curiosas monedas, aunque la mayoría de ellas terminaron destruidas con la ocupación estadounidense, tras la firma de la rendición de Japón a primeros de septiembre de 1945.  

Las monedas Maboroshi tienen un valor nominal de un Sen, que corresponde a un céntimo de Yen y miden 15 milímetros de diámetro. En su acuñado se representan imágenes tradicionales de Japón: en una cara, una imagen del Monte Fuji y, en la otra, flores de cerezo, la flor tradicional japonesa. La rareza de este hallazgo se debe a que es un gran número de piezas y que estas se encuentran en perfecto estado. Al cambio actual los 5000 yenes que suman, serían poco más de 30 Euros, aunque el valor numismático es muy superior debido a su perfecto estado y no haber circulado.

Este tipo de monedas corresponden al llamado dinero de necesidad, que sirvió para resolver la falta de moneda en diferentes situaciones de emergencia. Estas se fabricaban, debido a las circunstancias, en materiales pobres o con técnicas de fabricación rudimentarias. No eran de curso legal, sin embargo, una vez terminada la crisis, podía ser canjeado por dinero valido.

Un ejemplo de dinero de necesidad en España se dio durante la Guerra Civil y en ambos bandos. Además de las oficiales emitidas por los dos contendientes, multitud de instituciones públicas y privadas, autoridades locales, corporaciones municipales, cooperativas y asociaciones de diversa índole emitieron dinero propio. El Gobierno aprobó un Decreto en 1938 prohibiendo la emisión de billetes y monedas locales, pues solo el estado podía emitir moneda, pero, las circunstancias de la guerra, hicieron que estas emisiones siguieran circulando. La de la foto superior está fabricada con cuero y cartón por el Sindicato de Industrias Alimenticias BORNE, perteneciente a la CNT.

En Alemania y Austria, durante la crisis económica posterior a la Primera Guerra Mundial, se emitió el Notgeld en pequeñas tiradas, según la necesidad. Al principio algunos ayuntamientos emitieron este dinero generalmente de poco importe, aunque los hubo de un millardo, el equivalente a mil millones, un claro ejemplo del escaso valor del dinero en esos años. La emisión de este dinero de necesidad se debió a que las monedas metálicas empezaron a desaparecer de las calles debido a la inflación. Estos Notgeld solían tener poco tiempo de validez o eran útiles solo para servicios públicos y estaban respaldados por los ayuntamientos o por cajas de ahorro locales, y su uso estaba limitado a la población de origen. Finalmente, algunas casas comerciales o empresas industriales emitieran sus propios Notgeld como medio de pago interno. 

Para saber más:
Diario de Mendoza
MDZ
Museo Arqueológico Nacional
Numismática e Historia
Cronista

domingo, 8 de febrero de 2026

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels

A primeros del año 2026, la entonces líder de la oposición venezolana al capturado Nicolás Maduro, Corina Machado y premiada con el Nobel de la Paz entregó al presidente de los EE. UU. Donald Trump su galardón. Es sabida la necesidad de reconocimiento que tiene Trump y que el mismo ha dicho que se merece el Nobel. A parte de esas consideraciones, no es la primera vez que ha sucedido algo parecido.

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels
El Premio Nobel de la Paz se ha otorgado 105 veces y en lo que a la medalla se refiere, ha cambiado de manos en pocas ocasiones. Un caso reciente fue el de Dmitry Muratov que la vendió por 103.5 millones de dólares en 2022 para ayudar a los niños refugiados ucranianos.

El caso que nos ocupa sucedió en 1943. Es el del escritor noruego Knut Hamsun, seudónimo de Knut Pedersen, que regaló su Nobel de Literatura, obtenido en 1920, al Ministro de Propaganda nazi Joseph Goebbels.

Es bastante conocido el futuro frustrado como pintor de Adolf Hitler pero mucho menos es que lo mismo le sucedió a Goebbels con la literatura. Sabiendo esto, Hamsun quiso ganarse el favor del jerarca nazi para reunirse con su admirado Hitler. Y funcionó: poco tiempo después se reunió con el Führer en su refugio del Berghof.

Hamsun era un nazi convencido que abogaba por una confederación de pueblos germánicos, que incluía a los noruegos, y que profesaba los ideales racistas del estado nazi que incluso lo llegó a expresar en uno de sus libros y publicaciones en diversos periódicos noruegos.

Cuando regalaron el Nobel a Goebbels
No ha trascendido todo el contenido de la reunión con Hitler pero si es sabido que no hubo sintonía entre ambos. Al parecer, Hamsun tuvo una actitud pedante, aburriendo al líder por su pesadez y monotonía. No dejaba hablar al líder nazi. Constantemente le interrumpía porque padecía de sordera. Si se sabe que solicitó a Hitler que destituyera a Josef Terboven el brutal dirigente nazi de la ocupación de Noruega. Petición que Hitler no llevó a cabo ya que estuvo en su puesto hasta la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945 cuando se suicidó en su búnker haciendo explotar su cuerpo con 50 kilos de dinamita. 

Otra petición a Hitler, que por supuesto se negó a aceptar, fue que se amnistiara a varios presos políticos noruegos y miembros de la resistencia. Aunque su reunión no sirvió, no dejó de admirar a Hitler. Cuando este se suicidó, Hamsun escribió: "Fue un guerrero, un guerrero por la humanidad y un profeta del evangelio de la justicia para todas las naciones".

A pesar del acto de regalar su medalla del Nobel para intentar mejorar, de algún modo, la vida de los noruegos sus conciudadanos no le perdonaron su colaboración con los nazis e incluso fue acusado de alta traición. Aun condenado a prisión fue absuelto debido a que padecía demencia, aunque tuvo que pagar una multa de 325 000 coronas y estuvo de asilo en asilo. Ser sometido a juicio le llevó a usar su último libro para despotricar de jueces y psiquiatras. No se sabe nada del paradero de la medalla.

Aunque siempre negó pertenecer al partido filonazi de Vidkun Quisling, si estuvo afiliada su esposa Marie, también escritora, y sus hijos Tore y Arild. De hecho, este último fue miembro de las SS.

Para saber más:
Historias Desconocidas de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz
Wikipedia
Biografías y Vidas
La Vanguardia
Infobae
La Razón

domingo, 25 de enero de 2026

Nada de ropa interior blanca

La entrada en la guerra pilló a los Aliados con unos ejércitos que funcionaban casi como en la Primera Guerra Mundial. Se mantenían tácticas de posiciones estáticas del estilo a la Línea Maginot y armamento, en muchos aspectos, desfasado. En el caso de la uniformidad hubo algunos cambios.

Nada de ropa interior blanca
En la Gran Guerra los franceses llegaron a usar uniformes con pantalones rojos y casacas de color azul, pero finalmente adoptaron colores más neutros y estos prácticamente se mantuvieron hasta la siguiente guerra. En un conflicto, más moderno, como el que se estaba desarrollando, el camuflaje en los uniformes tenía cierta importancia. Apenas se trabajó en ello salvo en unidades especiales de combate como paracaidistas o comandos o en el caso de los Marines yanquis que combatían en el Pacífico. 

La uniformidad mantenía el gris en el caso de los alemanes, el verde oliva para el Ejército estadounidense o el caqui de los británicos. Esas coloraciones eran tan solo para el uniforme, la ropa interior era de color blanco. De este modo, si los soldados de infantería ingleses tendían sus calzoncillos o camisetas en zona de combate, esto hacía perfectamente visible su posición para el enemigo. 

Nada de ropa interior blanca
Debido a que eso suponía un riesgo para las tropas, y supuso algún que otro contratiempo, se decidió que la ropa interior también tomara tonos verdosos que la hiciera menos visibles. Ese intento de camuflaje fue aún más allá y hasta se tomó la decisión de fabricar papel higiénico del mismo tono verdoso. 

La medida de asumir colores menos visibles para la lencería masculina se fue adaptando con carácter general en todos los Ejércitos en conflicto, pero los Marines estadounidenses continuaron con el color blanco, aunque con el paso del tiempo optaron por utilizar el verde.

Para saber más:
Episodios ocultos de la Segunda Guerra Mundial, de Juanjo Ortiz 

domingo, 11 de enero de 2026

El milagro alemán de la posguerra

Hitler llevó a Alemania a una guerra devastadora que dejo al país arrasado. Los bombardeos de los estadounidenses durante el día y británicos durante la noche asolaron ciudades y fábricas. Había hambre y el dinero carecía prácticamente de valor. El imperio que el Führer prometió había desaparecido por completo. Alemania estaba peor que tras la Primera Guerra Mundial.

El milagro alemán de la posguerra
El III Reich quedó desmembrado y repartido entre las potencias vencedoras pero la resiliencia de los germanos hizo que su país se recuperara en lo que se conoció como "el milagro alemán".  Al frente se encontraba Konrad Adenauer. Para 1948 dos economías dibujaban Alemania. Por un lado la capitalista de EE.UU., Reino Unido y Francia y por el otro la comunista de la Unión Soviética. La parte occidental debía afianzarse frente al bloque oriental. Asi nació el Plan Marshall que intentaría afianzar la economía y la democracia en Europa.

El Plan Marshall supuso un aporte de 1.400 millones de dólares, que equivaldría a unos 5.000 millones de euros, pero aún no era suficiente ya que era menos del 5% de los ingresos alemanes. El milagro lo lograron las medidas impuestas por los mismos alemanes.

El primer paso lo dio el economista Ludwig Erhard el domingo 20 de junio de 1948 al aplicar en las zonas controladas por los aliados una nueva moneda que sustituiría al Reichmark. La nueva divisa fue el Deutsche Mark que aunque era mucho más caro que la moneda heredada del III Reich tambien era mucho más robusta. Varios días después, se dio el segundo paso cuando se eliminó el control de precios durante el régimen de Hitler, lo que llevó a que los precios alcanzaran su auténtico valor. Esa misma semana en los estantes de las tiendas aparecieron la mayoría de los productos que habían escaseado hasta entonces. Así se terminó con el racionamiento y las largas colas para conseguir alimentos o ropa. Prácticamente se acabó con el mercado negro. El tercero fue reestructurar el sistema fiscal revisando el impuesto sobre la renta empresarial para hacerlo mas equitativo y rebajar el de las personas físicas. Los alemanes vieron reducidos sus impuestos de la renta en cerca de un 70%.

Esta nueva moneda más fuerte frenó, casi totalmente, la inflación y los sueldos volvieron a tener un valor real, al igual que los prestamos y sus intereses. La oferta y la demanda comenzó a corregirse y permitió una competencia más sana, dando nuevas alas a la productividad y el comercio. La industria creció muy rápidamente no solo por las nuevas reformas, también por el acuerdo entre patronal y  el tejido laboral que se encontraban en un paro inferior al 1%. El incremento del poder adquisitivo de los trabajadores impulsó el consumo interno, pero el crecimiento más sorprendente se produjo en el mercado exterior. Una parte menos conocida del "milagro alemán" es la agricultura. El crecimiento de la industria modernizó el campo. Aumentó el parque de maquinaria agrícola y se duplicó el rendimiento de las cosechas gracias a los nuevos fertilizantes producidos por la innovadora y floreciente industria química. 

Aunque la tensión creciente de la guerra fría terminó por dividir el país en dos estados, también benefició el comercio exterior de la República Federal de Alemania. La guerra de Corea que estalló apenas cinco años del fin del conflicto mundial fue un revulsivo importante para la economía germano occidental llegando a duplicar por ello sus exportaciones. Por otro lado, la política de acercamiento de Adenauer, que promovió el germen de lo que sería la futura Unión Europea y su incorporación a la OTAN, consiguió ampliar mercados y multiplicar por tres los ingresos exteriores de Alemania.

El resultado fina de todas estas innovaciones y reformas supuso que el PIB se multiplicara por tres en poco más de quince años y que el Deutsche Mark aumentara una media del 8% anual. En unos decenios Alemania occidental se había convertido en la primera potencia industrial de Europa y la segunda economía mundial. 

Para saber más:
Tiempo de lobos, de Harald Jähner 
Otoño Alemán, de Stig Dagerman 
Política Exterior