martes, 5 de marzo de 2013

Correspondecia dirigida al Führer

Gran parte de la correspondencia que llegaba a la cancillería privada de Hitler se trataba de felicitaciones y peticiones, consejos o enérgicas protestas. A Hitler le escriban de todas las clases sociales y profesiones, miembros de su partido e incluso judíos.
Había ciudadanos que realmente creían amar al Führer. Para algunos era la reencarnación del Mesías, otros lo veían como la reencarnación del mal.


El número de cartas que recibió son también refleja su popularidad: en los tres primeros meses de 1933 recibió 3.000 misivas, coincidiendo con su llegada al poder y a finales de año llegaron a 5.000. En 1934 fueron 12.000, y en 1941, otras 10.000. En abril de 1945, por su cumpleaños, menos de 100 personas le felicitaron por su onomástica.

El contenido también fue cambiando. En 1932, muchos creían que Hitler era la única solución. Entre 1933 y 1934 empezaban las criticas, varios judíos se quejaban de su marginación en la sociedad alemana. Según se iba fortaleciendo la dictadura nacionalsocialista, entre 1935 y 1938, la correspondencia se iba llenando de una creciente admiración. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, el carácter de las cartas adquieren un tono muy radical, muchas de ellas le exigían la aniquilación total de los judíos e incluso muchos pretendían aprovecharse de la desgracia ajena, como agenciarse parte de los bienes confiscados a los judíos deportados.

Tras la dura derrota de Stalingrado, no llegaron apenas cartas con es tono radical. Por entonces solo le pedían a Hitler que utilizase las "armas prodigiosas" que tanto alababa Goebbels, para evitar definitivamente la derrota total.


Hitler no leía las cartas pero sabía de la importancia de la correspondencia que le enviaba el pueblo como un modo de medir el pulso de la sociedad alemana, por lo que se sirvió de ella hasta el comienzo de la guerra para estar informado de las preocupaciones y necesidades de la población. Las cartas las filtraban, hasta 1931 Rudolf Hess y posteriormente Albert Bormann.

Resultan interesantes, los textos, su contenido y su forma, pues se encuentran tanto cartas de amor (incluso pidiéndole un hijo), votos de lealtad incondicional, como testimonios de oposición y resistencia. El hecho de que miles de estas cartas se escribieran, muestran una confianza en el gobierno que jamás se ha visto en la historia. En sus cartas a Hitler, a quien la mayoría llamaban "Mi Führer", las gentes abrían su corazón al dictador, hablaban sobre lo que les preocupaba o les animaba, como un gobernante cercano y preocupado por su bienestar, en ocasiones le trataban como un familiar cercano al que respetar.


Entre la correspondencia destacan las peticiones de gracia. Pero todas la peticiones que se recibían para que se liberasen al marido, al hijo o al familiar, eran archivadas sin responderlas o reenviadas a Himmler, el todopoderoso jefe de las SS.

Miles de estas cartas se recuperaron por las comisiones de trofeos del ejército rojo y se encuentran depositadas en el Archivo Estatal Militar de Moscú.







Fuente:
Cartas a Hitler, Henrik Eberle
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